Wolf Alice: “Tocar en Argentina es una de las grandes alegrías de nuestra vida”
Los tres músicos y la cantante salen del ascensor con dos cosas en común: caras de cansancio y café en mano. Anoche, los Wolf Alice no solo tocaron en el C Art Media sino que, después, fueron agasajados en un bar a pocas cuadras de distancia, en el mismo barrio de Chacarita, aunque llegaron un poco tarde por quedarse firmando autógrafos en la puerta de la sala de conciertos. Luego, en el bar, tampoco se negaron a las fotos con los fans que lograron acceder al evento. Sobre todo Ellie Rowsell, que no por eso dejó de entregarse a los placeres de la pizza porteña. Pero es el bajista, Theodore Ellis, el que, al día siguiente, de visita en la redacción de Rolling Stone, se anima a probar la delicatessen más exótica en las 48 horas que duró la estadía de la banda de rock alternativo británica en suelo argentino: el alfajor santafesino. No duda en abrir el envoltorio, repartir el contenido entre sus compañeros y ser el primero en degustarlo. Y hasta le parece toda una experiencia que el glaseado espeso le salpique la remera, ante la risa de los demás.
Los londinenses llegaron a Buenos Aires en plena promoción de The Clearing (2025), disco que los confirmó como una de las grandes sensaciones de la escena británica. Algo que se pudo corroborar también con el recital del Art Media, con una potencia pocas veces vista en grupos foráneos más o menos noveles (El último proyecto musical del Reino Unido que se estrenó con la chapa de “sensación” en la capital argentina fue Jungle, en abril de 2027, para hacer el Movistar Arena; Tame Impala sería el otro caso emblemático de bandas que tuvieron a Buenos Aires entre sus primeras paradas internacionales).
“Luego de lo que pasó en nuestro recital de acá, confirmé lo que me dijeron acerca del público argentino antes de venir: ustedes están muy locos”, confiesa el violero, Jonathan “Joff” Oddie, al tiempo que sus camaradas lo chicanean por su incredulidad. “Fue fantástico lo que vimos. En el comienzo del show, creo que hubo alrededor de cinco minutos de pogo sin parar, y nunca nos sucedió nada similar en ninguna parte hasta ahora. No dejo de pensar en lo increíble que estuvo ver esa imagen ni en la energía que nos transmitieron. Eso suma un montón al momento de tocar, es muy divertido. Es un recuerdo que atesoraré”. Theo Ellis añade: “Fue uno de los mejores recitales que dimos en los últimos tiempos. Vi que el público argentino se caracteriza por su libertad e intensidad”.
Es sabido a través de los propios músicos británicos que tocar en la Argentina no les deja rédito económico: lo hacen por placer y, en algunas circunstancias, llegan a invertir de su propio bolsillo para que esa circunstancia se produzca. Y es que los costos operativos locales son elevados, a nivel de logística, fletes, viáticos y visa laboral. Lo que afecta la rentabilidad de las giras. Es más: actuar en Nueva York, Los Ángeles o Tokio es mucho más lucrativo, y significa menos horas de viaje. Aunque si en algo coinciden casi todos los artistas es en que vale la pena. “Somos unos privilegiados, lo que vivimos anoche fue fabuloso”, opina el bajista. “Es una vergüenza escuchar a los artistas diciendo que la inversión se puede resolver subiendo el valor de una entrada. A la gente se le está haciendo difícil costear el ticket de un show”.
Formada en el norte de Londres en 2010, Wolf Alice empezó a probarse internacionalmente en 2014, como artista soporte de sus compatriotas de Alt-J. Recién un año más tarde, tras la salida de su primer álbum, My Love Is Cool, expandió su radio de acción hacia los Estados Unidos y Japón. Aunque fue con su cuarto y más reciente larga duración que finalmente inició la conquista latinoamericana, abarcando en esta oportunidad, aparte de esta orilla del Río de la Plata, a México y Brasil. “Hemos tenido un gran tour”, afirma Ellis. “El nivel de fanatismo y conocimiento de nosotros en esta parte del mundo ha sido sorprendente. A pesar de que llevamos varios años en esto, nos tomó mucho tiempo organizar esta aventura. Pero valió la pena. Viajar y compartir nuestra música es una de las grandes alegrías que nos dio la vida”.
En sus inicios, Wolf Alice exploró texturas sonoras mediante estilos como el shoegaze y el noise (siempre desde una perspectiva más pop). Pero en The Clearing pegaron el volantazo hacia el folk, que es básicamente el género con el que la vocalista y a veces violera unió fuerzas con el guitarrista Joff Oddie (influenciados por Nick Drake y Davey Graham). Lo que condimentaron con elementos que tomaron prestados de la carrera solista de George Harrison, al igual que de Electric Light Orchestra y Fleetwood Mac. Al punto de que para muchos, lo que involucra al CEO de Sony Music, Rob Stringer, que fue quien los firmó para esa discográfica, el cuarteto pasó a ser una suerte de versión milénica de la última banda. Y ahora que Stevie Nicks y Lindsey Buckingham hicieron las paces, esa analogía late con más fuerza.
La metamorfosis se notó en el corolario de su recital en C Art Media, cuando la banda interpretó uno de sus hits, “Don’t Delete the Kisses”, despojado de su matiz sónico original para ataviarse de una impronta más descarnada y rockera. Y es que su presente sonoro terminó impactando en el repertorio. “En los últimos meses, tuvimos muchas conversaciones sobre nuestra lista de temas para los shows”, reconoce el baterista Joel Amey.
“Como amamos ir a recitales, entendemos que la dinámica es lo más importante. Tenemos cuatro álbumes para elegir canciones. Eso puede convertirse en una bendición o en una maldición al preparar una hora y media de música para tocarla en vivo. Siempre trabajamos para que las cosas cambien, y en Buenos Aires eso lo pudimos percibir a raíz de la reacción de la gente. Estaba muy conectada”. Amey le cede la palabra a Ellie Rowsell, con la que alterna voces en temas como “White Horses”: “Tengo la sensación de que fue una decisión natural”, supone.
“Creo que todos, si no me equivoco, estábamos escuchando mucha de esa música a la que hacés referencia. Me preguntaba recientemente si tuvo algo que ver con la era del coronavirus; me refiero a tener tiempo de sobra en casa para escuchar música. Durante ese período y esa experiencia, como me mantuve en búsqueda activamente, sentí que no quería consumir cosas que me hicieran sentir triste o deprimida. De esa forma llegué a un sonido más duro y pesado que, en lo personal, me encanta disfrutar en vivo. No tendía a escucharlo en mi casa, básicamente porque mi familia no es tan afecta. Ese fue un factor que contribuyó a este cambio”.
Parece una paradoja: el estudio de Los Ángeles donde se grabó The Clearing se llama No Expectations (“Sin expectativas”). La banda no se había dado cuenta del detalle, tomando en consideración que un rato antes la cantante hizo la salvedad de que cuando un artista inicia su trayectoria se preocupa más por las expectativas que por el giro que da su propuesta musical. Y eso cambió en ellos, por lo menos un poco. “Creo que probablemente es una tendencia que se desarrolla con el tiempo, pero que de alguna manera disminuye. No sé, está ahí, y lo aceptás”, reconoce el baterista. “Aunque siempre me sentí igual, al hacer el primero, el segundo, el tercer o el cuarto disco. En cada momento ha sido diferente”.
Los Brit Awards son algo así como la versión británica de los Grammy. No obstante, a diferencia de su par, solo premia a artistas del Reino Unido, dejando unas pocas categorías para los actos internacionales. La primera vez que Wolf Alice participó fue en 2016, en el rubro de “Artista revelación”, galardón que alzó la banda Catfish and the Bottlemen. En 2022, terminaron ganando la terna “Mejor grupo británico” gracias al disco Blue Weekend (2021). Y reincidieron en febrero pasado, venciendo nada menos que a Pulp y a Wet Leg. No solo eso: en esa misma edición, fueron postulados a “Mejor artista británico de rock alternativo” (concedido al solista Sam Fender), y The Clearing estuvo entre los favoritos para llevarse “Mejor álbum británico” (lo obtuvo The Art of Loving, de Olivia Dean).
Ante la consulta de si su despegue tuvo que ver con el salto de un sello chico a una multinacional, el guitarrista explica: “Nuestros tres primeros discos aparecieron por Dirty Hit Records, que es una disquera financiada por Universal Music. Pero en América del Norte nos editaba RCA, subsello de Sony Music. Y la verdad es que en la industria musical existen pocas compañías discográficas puramente independientes. Si bien la autogestión en esta época es una idea netamente romántica, nosotros decidimos ir por el cambio. Tratamos de buscar un público más amplio y la decisión, al igual que la experiencia, ha sido fantástica. Te aseguro que, de no ser así, no estaríamos acá hablando”.
Cada uno de sus álbumes contó con un productor distinto. El más reciente fue el estadounidense Greg Kurstin, cuya versatilidad le permitió ponerse al servicio de figuras del calibre de Kylie Minogue y Lily Allen. “Sabíamos lo que queríamos hacer, pero necesitábamos a alguien que nos ayudara. Y él era increíble para eso. Probablemente, es el músico más talentoso que he visto; con una profunda comprensión del sonido”, argumenta Oddie. “Le dijimos que esta vez queríamos hacer algo más cálido y orgánico, y nos contestó que siempre intenta que los álbumes suenen así. Muchos suponen que viene del palo del pop, pero es un tremendo pianista de jazz”.
La compositora principal de las letras de Wolf Alice es Ellie Rowsell, que, al menos en los dos últimos discos, puso a girar el repertorio en torno a varios tópicos. En Blue Weekend, por ejemplo, las canciones se refieren a la tentación que producen las drogas, la arrogancia, el éxtasis sexual y hasta aborda su estatus de celebridad. “Creo que podemos cantar sobre muchas cosas”, reflexiona, con un talento nato para la literatura. “Queremos mirar la vida en todos sus niveles y posibilidades. Debo confesar que no lo pienso mucho, no sé si hay algo puntual que me atraiga. Solo escribo acerca de lo que me inspira en un momento dado”.
En contraste con su antecesor, The Clearing aborda la madurez de quien acaba de dejar los 20 años para entrar en los 30 (la cantante y compositora cumplirá 34 este mes), con la vulnerabilidad, la introspección, el desgaste de la vida pública y el deseo de relajarse frente a la ambición. El título de este material (en español, significa algo así como “El claro” o incluso “La purificación”) refleja esa columna vertebral lírica de sus once canciones. “Sigo pensando en el futuro, por supuesto. La verdad es que no aprendí a vivir en el presente”, se sincera. “Para ser honesta, antes les cantamos a las mismas cosas, pero desde otro punto de vista. Estas son nuevas formas de pensarlas”.
“¿Tengo que hacer que te quedes con las manos cruzadas? Maldito bebé, hombre bebé. ¿Querés que te muestre quién soy? ¿Ves este fuego en mis ojos, muchacho? Esa es tu chispa pasajera”, canta Rowsell en “Bloom Baby Bloom”, uno de los hits de su cuarto álbum, confirmando su don para la canción. Sobre su método de composición, ilustra: “No sé muy bien qué decirte. Me gustaría creer que tengo un estilo propio. Si me siento atrapada, es bueno aprender de las canciones de otros. Cada vez que aprendés sobre la canción de alguien, te enseña algo de tu propia escritura. Antes compuse mucho con la guitarra y luego empecé a hacerlo en el piano. Así que tal vez en el próximo disco piense en un nuevo instrumento”.
Algunas canciones fueron usadas en bandas de sonido. “Smile” fue elegida para el videojuego Forza Horizon 5, “Moaning Lisa Smile” fue parte de la serie The Leftovers y “Silk”, del tráiler del film T2: Trainspotting. “¿Qué significado tiene la canción como formato hoy? Es uno de los principales motivos de creación”, expedita el guitarrista. “Debido a que las personas las cortan en pequeños trozos en internet, no sé dónde pueden terminar. Me gustaría creer que si vamos a tener pinturas en 100 años, las canciones pueden ir a parar al cine y la televisión”. Y el baterista agrega: “Me enamoré de la canción en The Clearing porque me recordó la importancia del formato. La necesidad de expandir tu idea inicial, y llenarla de acordes, es fascinante”.
Cuando sus colegas hablan en el tête-à-tête, la música ingresa en un grado de retiro pasmoso, en el que los bucles que hace con su cabello azabache (o, en su defecto, su manera de tomar su collar) se tornan en señal de que se encuentra conectada al cosmos. Algo parecido al momento en el que interpreta un tema como “The Sofa”, en el que, por más que haga los deberes performáticos, pareciera instalada en otro lugar. Sin embargo, en un santiamén, al volver a este plano terrenal, instigada por una canción como “Formidable Cool”, consigue que su temperamento tome un tinte visceral. Lo que marca una distancia rotunda entre la persona y el álter ego. Hacía rato que no se veía a una frontwoman de semejante magnitud, a medio camino entre la sensibilidad de Dolores O’Riordan (The Cranberries) y el brío de Jenny Haan (Babe Ruth).
“Eso significa que no tenés que hacer mucho: dejá que Ellie haga lo suyo y ya está”, dice Oddie. “Desde que nos conocemos, le tuve mucho respeto. Se volvió una gran performer con los años”. El guitarrista aprovecha para ponerle leña al fuego: “Es un rasgo que a Theo no le agrada”. Lo que realza Amey: “Él es muy resentido. Un miembro increíblemente resentido de la banda”. Entonces, el bajista mira al infinito, y lo reconoce. No obstante, la vocalista corta la joda para detallar: “Creo que todos, especialmente en los últimos tiempos, le pusimos mucha onda a la situación performática. Me parece muy divertido. Puede que tenga que ver con que no pensamos demasiado en el arte de la banda”. Y se la deja rebotando al batero para que remate: “Recuerdo el primer día y pienso: ‘Esto es una mierda, ¡me encanta!’”.
Durante su show en la Argentina el grupo colgó una bandera palestina justo detrás de Ellis, alineándose a la bajada de línea de los grupos y solistas de su país sobre el genocidio palestino. “Creo que cuando no tenés acceso a la información disponible, los artistas tienen la capacidad de mostrar un lado diferente de lo que ocurre. Podés ser una voz alternativa a la narrativa”, asegura el bajista. “Es muy inspirador e importante cuando veo a otros grupos o solistas hacerse cargo y hablar de cosas que significan tanto en el mundo. Vale la pena arriesgar cualquier cosa por eso, en todo nivel. Bien sea con una bandera, un discurso o un activismo que te ayude a concienciar”.
















