Rubén Blades se despidió de Buenos Aires: emoción, swing, sabor y conciencia social
En las pantallas del Movistar Arena, por encima de la imponente big band y del cantante, audaz se eleva un águila guerrera. Azul un ala, del color del cielo. Azul un ala, del color del mar. Y Rubén Blades, panameño, latinoamericanista, poeta supremo de la salsa y activista consecuente, canta “Patria” como el primero de los bises de un concierto que, desde el puntapié inicial, sabíamos que estaba destinado a la historia. “¡Patria son tantas cosas bellas!”, define la canción de 1988, compuesta en el exilio cuando todavía gobernaba en Panamá la dictadura de Noriega. Y canta, Blades: “Son los mártires que gritan, bandera, bandera, bandera, bandera/ No memorices lecciones de dictaduras o encierros/ La patria no la define/ Los que suprimen a un pueblo”. Y arenga, también: “¡Las Malvinas son Argentinas!”. Y el público responde con un grito de resistencia que la patria no se vende.
Es el final de una noche inolvidable, una travesía musical de casi tres horas por la obra de uno de los artistas más icónicos en la historia de la salsa, esa extraordinaria fusión entre los ritmos caribeños y el lenguaje jazzístico que nació en los años 50 y explotó dos décadas más tarde. Y tiene una carga extra, porque este concierto forma parte de la única escala porteña de Fotografías, el tour con el que el cantante y letrista de 78 años le pondrá fin a sus giras. Sin embargo, Blades dirá que esta es “su penúltima vez” aquí, dejando la puerta abierta a la ilusión de gozarlo una vez más.

Blades recuerda, en distintos momentos del concierto, su mítico debut en Buenos Aires, en el Estadio Obras, junto a Los Abuelos de la Nada, en 1983. Recuerda que fue esa noche que cantó, por primera vez, “Buscando América”, el tema que le daría nombre a su indispensable álbum de 1984, junto a Seis del Solar. Desde entonces, el panameño ha establecido un vínculo afectuoso y fluido con la Reina del Plata. En el mismísimo estadio Obras, el recordado Horacio Fontova (1946-2020), grabó una de sus canciones, “El padre Antonio y su monaguillo Andrés”, para su disco en vivo Fontova Presidente, de 1989.
Unos años más tarde, en el indispensable El León, Los Fabulosos Cadillacs reinventaron “Desapariciones”, una de las canciones más celebradas del repertorio del concierto en el Arena de Villa Crespo.
Y, mucho más allá de la anécdota, la presencia de Charly García en el concierto (se saludaron antes de salir a escena), le da un aura aún más especial a la velada.
El público no es exclusivamente argentino, se distinguen algunas banderas de Venezuela, de Colombia y también de Perú. Expatriados de la diáspora salsera que encuentran en estas canciones un momento de goce y de celebración, pero también algo de nostalgia y melancolía.
A la par del carisma y el magnetismo de Blades está la impactante orquesta dirigida por el bajista y arreglador Roberto Delgado, una verdadera aplanadora de swing y sabor de 20 integrantes, y actuaciones especialmente destacadas de Juan Berna en el piano [eléctrico], el trompetista Juan Carlos López, el saxofonista Carlos Ubarte [en el soprano y el barítono], el trombonista Franciso Delvecchio y una línea de percusión conformada por Ademir Berrocal, José Ramón Guerra, Raúl Rivera y el baterista Daniel Jimenez-Bloise.
Hay tiempo para homenajear al gran Héctor Lavoe (1946-1993), con una soberbia versión de “El cantante” (oportunamente revisitada por Andrés Calamaro hace dos décadas en su disco homónimo de 2004). Hay tiempo para recordar a glorias de la salsa y, también, de la música popular argentina con imágenes en las pantallas mientras canta “Todos vuelven”. Las fotografías de glorias como Willie Colón, Roberto Roena, La Lupe, Tito Puente, Ray Barretto, Ismael Rivera, Celia Cruz y Arsenio Rodríguez se mezclan con las de Leopoldo Federico, María Elena Walsh, Gustavo Cerati, Luis Alberto Spinetta, Eladia Blazquez, Mercedes Sosa, Osvaldo Pugliese y el Indio Solari.

Entre “Plástico”, el clásico que abrió la lista, y “Pedro Navaja”, el clásico que cerró el concierto antes de los bises, el repertorio condensó cinco décadas de ritmo, melodía y conciencia social, con himnos como “Prohibido olvidar” (un alegato contra las dictaduras en Latinoamérica), “Decisiones” (prohibida originalmente en Panamá por apología del aborto, la infidelidad marital y el alcoholismo), “País portátil”, “Barricada” (en la línea más combativa de sus letras) y “Contrabando”, entre otras de la generosa lista de casi 25 canciones.
Vestido íntegramente de negro, igual que los integrantes de la imponente Big band de Delgado, Blades lució su característico sombrero pork pie. Un guiño a la estética jazzística de los años 50. Un modo de que la salsa dura no pierda nunca la elegancia.



















