El David Aguilar: un cancionero que está más VIGENTE que nunca

La trayectoria de El David Aguilar ha estado marcada por la exploración sonora y la curiosidad artística, pero sobre todo por una libertad que pocos artistas se dan a sí mismos. Desde 2017, el músico sinaloense comenzó una serie de “anti-álbumes”, proyectos que carecen de una narrativa o de un universo sónico limitante y que en su lugar se convierten en recopilatorios de canciones de diversos géneros y con elementos sumamente distintos, que pueden ir desde del pop rock hasta el sierreño. 

Tras casi una década de haber comenzado esta serie de proyectos, El David Aguilar presenta Vigente, su más reciente material de larga duración, el cual está conformado por canciones de distintas épocas, pero con algo en común: han pasado la prueba del tiempo. El cantautor culichi explica que en el disco hay temas que fueron compuestos hace seis meses, pero otros que tienen hasta diez, 15 o 20 años de historia. Además, reúne a personas importantes en su vida y carrera como Jay de la Cueva —quien se ha convertido en un colaborador habitual—, Julieta Venegas y sus propios padres, Fito Aguilar y Lucy Dorantes. 

A tan solo horas de que Vigente viera la luz del día, el músico se reunió con ROLLING STONE en Español para hablar sobre el concepto del “anti-álbum”, los orígenes de algunas de las canciones más importantes del proyecto, incluyendo sus colaboraciones con Julieta Venegas y con sus papás, y mucho más. 

David, hoy estará disponible tu nuevo álbum de estudio. ¿Cómo vives la antesala de que el proyecto llegue al público?

Bien, emocionado, preguntándome cosas. En este momento coincide con que lo voy a presentar la semana que viene, así que estoy un poco ocupado, creativamente sobre todo, con el concierto. Estos días he estado montando eso.

Se siente bastante orgánico porque, como estoy pensando en el concierto, pienso en el disco y en algunas de las canciones. Si bien no hay una relación total, porque no voy a tocar el disco, ni mucho menos. Creo que voy a tocar cinco canciones, pero son 15 en el concierto; más bien voy a tocar canciones de otro tiempo también.

No es una presentación del álbum como tal, no la veo así. Es una presentación en el marco de que está saliendo el álbum. Y bueno, sí hablaré y tocaré algunas canciones completas. Pero lo vivo así y también un poco expectante de esta conversación que siempre surge cuando uno publica material con la gente que lo sigue, porque ves el feedback, ves los comentarios.

Este disco sigue esta línea de “anti-álbumes”, que es algo que llevas haciendo por un tiempo. ¿Qué te lleva a realizar este tipo de discos?

Desde el principio, desde el que se llama Siguiente —porque ya tengo publicados Siguiente y Reciente, este es Vigente y faltaría Pendiente—, siempre consideré que podrían ser cuatro anti-álbumes.

Lo que me lleva a hacerlo es un sentido de practicidad total. No me gusta mucho sentirme asfixiado en la creación de conceptos. Pensar en un concepto para un álbum, de manera que todas las canciones se adscriban a él. No sé por qué, nunca me ha gustado. Me parece limitante. La idea de hacer una canción del tinte que se me antoje, con la temática que se me antoje, el tempo, la temperatura y la profundidad que quiera, cuando quiera, es lo que más me ha gustado. Así que he venido haciendo canciones independientemente de pensar en proyectos como álbumes. Me considero cancionista de canción suelta.

En general el concepto de álbum me parece más del siglo XX. Me gusta esta idea de la canción aleatoria, que viene mucho de las nuevas plataformas, desde el iPod, desde el universo shuffle: escuchar proyectos que no tienen nada que ver entre sí y que el algoritmo los enlace sin que exista un concepto detrás.

Me siento muy bien haciendo anti-álbumes porque trabajo en la canción y, una vez que termino de producir una, ni la volteo a ver cuando abro la segunda, por decirlo de alguna manera.

Qué chilo. ¿Y qué crees que le ofrece al oyente escuchar un disco de este tipo?

Yo creo que, por ejemplo, esta es una pregunta que me he hecho, por supuesto, y que llega posteriormente. Yo ni siquiera sé si a mí mismo me gustaría escuchar un álbum así de un artista que me guste. Pero más bien lo que tengo que decir es que no conozco artistas que tengan esta postura tan marcada.

Por ejemplo, a mí me gustan algunos artistas del country, del universo de Texas y de Nashville, y los que hacen bluegrass y country; esa es su onda. O los discos de Willie Nelson: country, rock… están inmersos en un universo y los álbumes siempre se mantienen dentro de ese concepto, no se salen. Pero como yo, de alguna manera, como compositor, me inserté en la versatilidad desde el principio —porque me gusta la música anglo, pero también mucho la música del folclore latinoamericano, la música ranchera y regional— desde el principio me di cuenta de que había muchas distancias. Y dije: “No, pues mejor hago una cumbia, hago una balada y una canción psicodélica”. Aunque a la gente le parezca raro y sea difícil promoverme al principio, estoy apostando a largo plazo. Es una cosa a largo plazo: que la gente me lo reconozca después y diga: “Ah, es esto”.

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Leí que llevas mucho tiempo trabajando en este proyecto y que, aún así, no ha perdido, valga la redundancia, su vigencia. ¿Qué crees que hace que perdurar en tu gusto?

Justo el concepto del anti-álbum. Como el anti-álbum no recoge necesariamente canciones frescas —hay algunas que sí lo son—, en Vigente hay una canción de hace seis meses, que está compuesta casi desde que estaba cerrando el disco. Fue la última que grabé, se llama ‘No me olviden’. Esa tiene muy poquito tiempo. Habrá una que tiene un año, pero hay una que tiene veinte años y hay otras que tienen diez, cinco años y algunas un año y medio, que sí son de las más recientes.

No hay una lógica de temporalidad, de frescura, y eso me ha hecho poder estar trabajando con canciones que todavía me representan, porque en su mayoría ya pasaron la prueba del tiempo. Yo las tengo en mi tintero. En este momento te puedo decir que hay cien canciones en mi tintero que no he grabado y que dejo macerar ahí. Después las toco; algunas naturalmente mueren y se van, pero las que pasan dos, tres años es por algo. Entonces, ya cuando pasan tres años y me siguen gustando, es muy difícil que, estando en un álbum, después vaya a decir: “Ya no conecta conmigo”. Es como que me las ingenié para salvaguardar esa posibilidad de alguna manera.

Ahorita que hablabas de ‘No me olviden’, la letra de esa canción me parece muy interesante porque habla de cómo las redes sociales se han vuelto una pieza fundamental para los artistas y para darse a conocer. ¿Tú cómo te relacionas con eso? 

Pues justo desde el misterio un poco, desde la duda total y desde la resignación, diciéndolo positivamente. Yo las veo como el territorio en donde más socializamos en la actualidad, mucho más que en el territorio físico y tangible. Creo que la digitalidad, sobre todo cuando uno se promociona y le habla a los demás, sucede más ahí que en el mundo físico.

Lo veo como nuestro universo, nuestro mundo; un porcentaje muy alto de nuestra realidad está digitalizado. Desde que tuve esa reflexión, dije: “Bueno, pues esto no me lo puedo saltar. Voy a ver cómo lo utilizo de la mejor manera, tratando de hablarle a mi comunidad lo más que pueda, siendo yo, sintiéndome bien y siendo honesto”. Y la llevo así: observando, tratando de crear y tratando de decidir cómo puedo ser yo ahí.

Háblame también de ‘Lo Que Por Ti Yo Siento’, la canción que tienes con Julieta Venegas. ¿Cómo surgió y cuánto tiempo tiene? 

Esa canción la compuse, yo creo, hace unos tres años, máximo cuatro. Es muy bonita la historia, aunque también es intensa, porque estuve en el funeral, en el velorio de un hermano de Adán Jodorowsky, que acababa de morir. Yo tenía que ir a cantar a la boda de Natalia Lafourcade esa misma tarde. Bueno, en realidad era al día siguiente, pero yo volaba esa misma tarde del funeral, aquí en la Ciudad de México, hacia Oaxaca. 

Llegué al velorio con la guitarra porque iba a volar a Oaxaca para cantar en la boda de Natalia. En algún momento, Adán me dice: “¿Puedes cantar?”. Yo no sabía qué cantar, pero le dije: “Por supuesto”. Me puse a rasguear la guitarra acústica unos cinco minutos pensando qué cantar. Nunca había estado en una situación así. Y me saqué de la manga una canción que tenía ahí en el tintero y que hablaba como de los astros. Era lo que tenía y estaba buscando en mi repertorio una canción de amor universal, porque ni siquiera tenía a la mano un cover fresco, tipo ‘Across the Universe’ o algo así. Pero creo que cumplí con mi rol de músico en ese momento, por lo que sucedió. Después me fui y, cuando llegué a Oaxaca esa noche empecé a pensar: “No tengo una canción. Cómo me hubiera gustado tener la canción perfecta para la despedida de alguien amado, una canción que pueda acompañar en un duelo”. Y además no quería hacerla desde una energía tan dramática; por más que la situación lo fuera, quería decir, hacerla como muy amorosamente.

Empecé a componer en retrospectiva, como la canción que me hubiera gustado tener. Tenía una música que sonaba como antigua y la compuse en Oaxaca. Al día siguiente, canté en la boda de Natalia una canción que le hice a ella y a su esposo, y la canté en el altar. Era una canción de un minuto y medio. Entonces, de pronto, me di cuenta de que sí estaba viviendo el sentido que tradicionalmente tenía ser cantante: ser cancionero, cantar para eventos, para situaciones concretas. Y eso me llevó a terminar con muchísima emoción ‘Lo Que Por Ti Yo Siento’.

Es una canción de despedida. Ya diciéndote lo que te conté, tú ves la letra y absolutamente está perfilada para ello. Pero si no cuento la historia, se defiende como una canción de alguien que se despide de alguien, digamos.

¿Y cómo se suma Julieta a esta ecuación?

Lo que pasa es que yo tenía un paquete de canciones. Yo venía trabajando en su disco y trato de que, cuando estoy trabajando con alguien de manera natural, ser consecuente y tratar de avivar esa llama, esa conexión, lo más que se pueda.

De pronto dije: “Quiero invitar a Julieta a cantar en mi anti-álbum”. Y cuando exploré el catálogo de las canciones que estaba trabajando y todo, esa fue la que me gustó a mí. Pero, ¿sabes qué? De hecho, ahora que lo dices, yo le mandé una terna, le mandé tres o cuatro canciones y dije: “La que ella elija”. Y ella eligió esa canción. Ya tenía abierta la producción y, cuando ella dijo eso, tuve que deshacer cosas porque la tonalidad era diferente para su voz. Tuvimos que rehacerla con mi socio, Ulises Agis. Volví a grabar todo, pero ya tuvo un enfoque diferente y su voz la llevó a otro lugar; o sea, la enriqueció.

Y digo, qué loco que esta canción que viene de acá, de Adán, la muerte del servidor de la música, luego Julieta… o sea, se te sale de control, ¿no? Pero es muy bonito porque se quedan estas historias.

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Claro. Háblame también de esta colaboración con tus papás. ¿Cómo fue trabajar con ellos?

Muy hermoso, porque ellos me enseñaron a cantar. Canto con ellos desde que me acuerdo; en la casa se canta desde que me acuerdo. Invitarlos era una deuda que yo tenía por ahí. No es que mis papás me lo pidieran, al contrario, fue una sorpresa. Como que no podían creer que los había invitado a cantar.

Siempre estoy pensando en detalles que sean artísticos para las grabaciones, los anti-álbumes o los álbumes. En este caso, ‘Corrido de los cantantes’, que así se llama, era perfecto porque es una canción totalmente sierreña, norteña, muy austera, que grabé con el bajo quinto.

Cuando la grabé y se me ocurrió invitarlos, fue hermoso, porque dije: “No puedo creer que voy a cantar esto con mis papás”. La canción habla de unos cantantes que nadie sabe quiénes son. Habla de que cantaban, cantaban hasta el amanecer; cuando cantaban y abrían el trago, no sé qué, cantaban y volvían a cantar.

Es una canción que no dice mucho, nomás que cantaban, pero está escrita de una manera en la que te da la impresión, la sensación, de que estás escuchando una historia. Es medio rulfiano, así la veo yo, como medio de realismo mágico. Y los invité porque, pues, los cantantes somos nosotros.

Claro. Tú me vas a corregir si estoy mal, pero tu papá te llevaba de chiquito a cantar en concursos sus canciones, ¿no? 

Sí, él compone también. 

¿Qué tanto se metió él también en el proceso creativo de esta canción?

Él componía canciones y nos ponía a cantar, a ensayar y todo. Entonces íbamos a concursar con sus canciones, en concursos de canción inédita. Alguna vez ganamos y así, en Culiacán. Y él ha influido en mi composición en general. En ‘Corrido de los cantantes’ también hasta cierto punto, porque por él escucho música ranchera. A él le gusta mucho José Alfredo Jiménez, la música norteña, y esa cultura también está en mi casa, la de la canción norteña.

¿Cómo ha cambiado la forma en la que le expones tus canciones y le presentas la nueva música que estás haciendo?

Ha cambiado un poco porque antes —no sé si esto es pérdida de inocencia o qué— pero cuando era más chico, cuando estaba en mis 20, siempre llegaba a mi casa y les mostraba mis canciones nuevas a mi mamá y a mi abuela, ahí en la cocina, cuando vivíamos en Sinaloa. O me ponía a cantarlas y se las mostraba. Y ahora, en los últimos años, las conocen solo porque de pronto están publicadas. O, si es muy circunstancialmente, cuando estoy pasando un domingo con ellos, sale a colación algún tema y digo: “Ah, miren, de hecho compuse esta canción”. Pero como que se me ha relajado un poco eso.

Y se cumplen 15 años de Ventarrón, que es un proyecto en el que haces homenaje precisamente a toda esta cultura, incluso interpretando canciones clásicas de la banda como ‘El Niño Perdido’. ¿Cómo siguen viviendo estas raíces de la música culichi y de la música sinaloense en ti y en tu música? ¿Cómo reconectas con ellas? 

Está permanentemente eso. Por ejemplo, ‘Corrido de los cantantes’, esta canción que canto con mis papás, es una canción que podría parecer de Miguel y Miguel en cuanto a la música, al tipo de melodía y al tipo de fraseo. Miguel y Miguel, aunque sí han grabado con tambores de banda sinaloense, son más sierreños. Pero la música de Ventarrón, la banda sinaloense, que tiene casi dos siglos, vive en mí en el sentido de que cada tanto regreso a buscarla, a escucharla. Hay ciertas agrupaciones que me gustan y me gusta investigar sobre ello, sobre todo.

Ventarrón es el resultado de una clavadez con ese mundo: de pensar, escuchar y analizar los temas, cómo están compuestos, el tipo de carácter melódico. Uno, como compositor de eso, pide su limosna, o sea, encontrar ejes que te sirvan como reflexión y que te nutran, que te den casi que pretextos ideales para estudiar. Entonces, vive muy de cerca. 

De hecho, Ventarrón es un proyecto que está en puerta. Por un lado, tengo los archivos y necesito una remasterización, y yo lo quiero como rebrandear, republicar y hacer una suerte de presentación a fondo en México, con una reducción de la banda que ya tengo pensada y que ya probé hace dos años en Sinaloa. Quiero hacer como un relanzamiento y un volumen dos. Poco a poco empiezo a hacer las canciones y en algún momento me iré a Sinaloa a hacerlo: Ventarrón, volumen dos. 

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