Bille August: “La venganza devora a las personas desde dentro”

Pocas historias han entendido la seducción de la venganza con la precisión de El conde de Montecristo. Publicada originalmente por entregas entre 1844 y 1846, la novela de Alexandre Dumas convirtió la caída y resurrección de Edmond Dantès en una gigantesca maquinaria narrativa poblada por traiciones, identidades secretas, fortunas, conspiraciones, amores perdidos y cuentas pendientes. Pero detrás de su arquitectura de aventura siempre ha existido una pregunta moral mucho más inquietante: ¿qué queda de un hombre cuando finalmente obtiene el poder necesario para castigar a todos aquellos que destruyeron su vida?

Es precisamente esa dimensión la que atrae a Bille August. El cineasta danés, ganador de la Palma de Oro por Pelle el conquistador y Las mejores intenciones, ha desarrollado una filmografía particularmente cercana a la adaptación literaria, con títulos como La casa de los espíritus, basada en el libro de Isabel Allende, Los miserables, a partir de Victor Hugo, y Tren nocturno a Lisboa, inspirada en la novela de Pascal Mercier. En Dumas encuentra ahora una obra cuya monumental extensión había sido, paradójicamente, uno de los principales obstáculos para trasladarla íntegramente a la pantalla.

La nueva adaptación de El conde de Montecristo, concebida como una serie de ocho episodios, le ofrece algo que August considera fundamental: tiempo. Tiempo para seguir la transformación de Edmond Dantès, para recorrer las numerosas ramificaciones de la novela y para permitir que los personajes que rodean al futuro conde posean una existencia propia. La escala queda resumida en una cifra que el director repite con cierto vértigo: su versión reúne 91 personajes.

Al frente del amplio reparto está Sam Claflin como Edmond Dantès, el joven marinero cuya injusta condena lo transforma en el enigmático conde de Montecristo. Ana Girardot interpreta a Mercédès, el gran amor que pierde durante su cautiverio, mientras Jeremy Irons encarna al abate Faria, el prisionero que se convierte en su maestro y cambia el rumbo de su vida. A ellos se suman Mikkel Boe Følsgaard como Gérard de Villefort y Blake Ritson como Danglars, dos figuras fundamentales en la conspiración que condena a Dantès y, posteriormente, en su elaborado proyecto de venganza. 

August no concibe la fidelidad como la reproducción literal de la página. Para él, trasladar una novela directamente a imágenes conduce a lo que denomina “literatura ilustrada”. Su intención es preservar el espíritu de Dumas mientras transforma su enorme arquitectura narrativa en cine. Y en el centro permanece Dantès, un hombre que comienza siendo víctima de una injusticia y termina descubriendo que la venganza puede convertirse en otra forma de prisión.

¿Qué significó para usted asumir la dirección de El conde de Montecristo?

El conde de Montecristo siempre ha sido una de mis historias favoritas. Cuando me preguntaron si estaba interesado en hacer esta serie de televisión de ocho horas pensé: “Dios mío, finalmente tenemos la posibilidad de contar la historia completa”.

Lo que realmente me fascina es la complejidad de la historia, pero también el hecho de que trata sobre este hombre, Edmond Dantès, que al comienzo es enviado injustamente a prisión. Después decide vengarse de todas las personas que le hicieron daño. Pero la venganza se convierte en una fuerza destructiva tan poderosa dentro de él que también provoca que ya no sea capaz de amar.

Creo que ese es uno de los mensajes importantes de El conde de Montecristo: la venganza es una fuerza profundamente destructiva que devora a las personas desde dentro. Eso es algo que me gusta mucho de esta historia.

¿Es precisamente esa complejidad moral lo que continúa haciendo relevante la historia de Edmond Dantès?

Lo que me fascina, por supuesto, es la complejidad de la historia. Existen muchísimas capas diferentes, pero todas terminan apuntando hacia la misma dirección: ¿qué tan importante o poderosa puede llegar a ser la venganza? Creo que esta historia arroja una luz muy interesante sobre ella porque el protagonista termina destruido por su obsesión con vengarse.

También resulta interesante la manera en que Edmond Dantès se explica y justifica a sí mismo su proyecto de venganza. De alguna manera cree en la Providencia. Y si la Providencia o el destino no actúan, entonces los seres humanos deben hacerlo por sí mismos. Esa es su explicación para convencerse de que tiene derecho a vengarse de las personas y destruirlas. Me parece una manera fascinante de observar la venganza.

La novela posee una enorme cantidad de personajes y líneas narrativas. ¿Cuál fue el mayor desafío al convertir semejante universo en una serie?

Debido a su complejidad y a la cantidad de personajes involucrados, fue un desafío enorme conseguir convertir todo aquello en una sola fuerza narrativa. El otro gran desafío fue el reparto, porque tenemos 91 personajes en nuestra historia.

Creo que pasamos casi medio año buscando a los intérpretes adecuados para cada personaje. La ventaja era que básicamente podíamos elegir entre algunos de los mejores actores que encontráramos en Europa. Por eso invertimos una cantidad enorme de tiempo en el proceso. Al existir tantos personajes, necesitábamos encontrar la individualidad de cada uno de ellos. Fuimos muy específicos respecto al actor que buscábamos para cada personaje.

Tomó mucho tiempo, pero fue un proceso extraordinario. Y ahora que estamos haciendo la serie puedo comprobar que haber dedicado tanto tiempo al casting realmente está dando sus frutos.

Cuando se adapta una novela tan conocida, ¿cómo se mantiene la esencia de Dumas sin terminar simplemente ilustrando el libro?

Siempre que decides utilizar una novela o un libro como fundamento para una serie de televisión o una película tienes que conseguir que la historia funcione para la pantalla. Porque si simplemente tomas la novela o el libro e intentas convertirlo directamente en una película o una serie, con mucha facilidad termina convirtiéndose en literatura ilustrada. Y eso nunca funciona.

Por supuesto, tuvimos que hacer algunos cambios importantes y reducir determinados personajes y algunas líneas argumentales para conseguir que funcionara en pantalla. Pero, quiero decir, Alexandre Dumas hizo un trabajo bastante bueno hace muchos años. [Ríe]. Tuvimos que tomar algunas decisiones difíciles para conseguir que funcionara, pero sigue siendo una historia extraordinaria.

También me parece fascinante pensar que un hombre, hace 150 o 200 años, mojara su pluma en tinta y comenzara a escribir, y fuera capaz de imaginar esta historia gigantesca que terminaría extendiéndose durante unas mil páginas. Estoy profundamente impresionado por esa obra.

Existen numerosas adaptaciones anteriores de El conde de Montecristo. ¿Qué le permite hacer esta versión que otras quizá no pudieron?

Nuestro Montecristo contará la historia completa. Y eso es precisamente lo que más me gusta de esta adaptación. Por supuesto, sé que han existido otras versiones. Soy consciente de ello. Pero lo que me entusiasma es que ahora tenemos la posibilidad de contar la historia entera. La historia es la que manda.

Ha sido maravilloso poder sumergirme en ella, permanecer dentro de este universo durante tanto tiempo y encontrar toda la diversidad que contiene, algo que creo que la obra merece. 

Una historia de esta magnitud también exige reconstruir un mundo desaparecido. ¿Cómo abordó la búsqueda de locaciones?

Cuando comenzamos a buscar las locaciones sabíamos que iba a ser un desafío enorme porque la historia necesita muchísimos lugares diferentes. La pregunta era: ¿dónde vamos a encontrarlos? La historia transcurre principalmente en Marsella y París. Evidentemente, la Marsella y el París actuales tienen un aspecto bastante diferente del que tenían hace 200 años.

Pero conseguimos encontrar locaciones específicas para cada una de las escenas, tanto en Francia como en Italia y también en Malta, donde estamos filmando ahora. Una vez más, fue la propia historia la que nos indicó dónde debíamos buscar. Dedicamos muchísimo tiempo a localizar los lugares adecuados, pero creo que está dando resultados.

Pienso que esta serie tiene un enorme valor de producción. Posee profundidad psicológica, pero al mismo tiempo, desde un punto de vista cinematográfico, es espectacular.

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