Loquero: 35 años de melancolía, punk y autodestrucción

Hay una imagen que resume bastante bien la historia de Loquero. Es el año 2001 y la banda acaba de terminar Fantasy, su tercer disco, que con el tiempo se convertiría en el más querido y también en el más vendido de su carrera. Pero en ese momento todavía les faltaba la tapa. Nekro (Boom Boom Kid/Fun People), productor del álbum y cabeza de Ugly Records, el sello que lo editó, les recomienda a los músicos que aparezcan en la portada. Ellos aceptan y citan a un fotógrafo al estudio. Todos llegan a tiempo, pero el bajista no aparece. Esperan unos minutos, después una hora, pero nada, y el fotógrafo tiene que irse. Entonces, alguien mira al hermano del bajista, que justo había acompañado a la banda ese día: “Che, vení vos, total sos medio parecido”. El reemplazante improvisado acepta y posa para la foto de tapa con el resto del grupo. El disco sale así.

Fue una burla nuestra, como siempre“, dice Chary entre risas, en una charla telefónica con Rolling Stone desde su Mar del Plata natal. “No nos importaba un carajo nada“. Lo más insólito es que, poco tiempo después, ese integrante falso, Aku Almada, terminaría incorporándose oficialmente a Loquero y seguiría tocando con la banda hasta la actualidad. Una anécdota que parece inventada, pero que explica con precisión sorprendente el recorrido de una banda que jamás hizo las cosas como se suponía que debían hacerse.

Treinta y cinco años después de su nacimiento en “La Feliz”, Loquero sigue girando, grabando discos y, aunque no saben muy bien por qué, convocando a un público cada vez más joven. Lejos de cualquier nostalgia, Chary mira hacia atrás con la misma mezcla de humor, melancolía y desinterés por el éxito que atraviesa su repertorio.

Según el guitarrista Yamandú —junto a Chary, los únicos integrantes que permanecen en la banda desde aquel primer día—, la historia de Loquero empezó el 27 de marzo de 1991, aunque para el cantante, que tiene 60 años y se gana la vida como enfermero, es difícil pensar su vida en fechas exactas. Antes había existido Todos Contra Todos, una banda marplatense de finales de los ochenta donde Chary tocaba la guitarra, muy ruidosa, contestataria y bastante experimental que, según él mismo reconoce, fue el verdadero germen de Loquero. “Para mí fue una continuación de Todos Contra Todos, aunque musicalmente era muy distinta”, señala. Afortunadamente, hay algunos registros en vivo en YouTube para corroborarlo.

Pero volvamos a Loquero. Yamandú recuerda ese día de 1991 como el encuentro entre dos universos. Él escuchaba Joy Division, Sonic Youth y Siouxsie and the Banshees. Chary llegaba con Ramones, La Polla Records y Eskorbuto. Decidieron mezclar esas influencias sin preocuparse demasiado por las etiquetas. “Para los darks éramos muy punks; para los punks éramos muy darks“, resumiría el guitarrista muchos años después en un posteo nostálgico de Instagram.

En aquellos años, la escena marplatense hervía. “Mar del Plata fue un lugar muy potente para el punk y para el skate”, recuerda Chary. “Algunos elegían el deporte, otros la autodestrucción. Yo sabía de qué lado estaba: el de la autodestrucción“, reafirma. Pasaron decenas de músicos por la formación de Loquero hasta que el grupo encontró cierta estabilidad. “Siempre nos mantuvimos Yamandú y yo. Somos un dúo creativo desde hace treinta y cinco años”. Con Paul y John, pero del punk vernáculo.

De la primera época, Chary conserva recuerdos tan caóticos como entrañables. Uno de los primeros bateristas de la banda vivía cerca del puerto y su padre trabajaba en barcos pesqueros. “Traía unos tachos enormes de atún. Nosotros comprábamos una damajuana de vino y todas las tardes nos juntábamos a comer atún y tomar vino. Ahí salieron las primeras canciones de Loquero, que luego grabamos en nuestro disco debut, Temor morboso a la exposición pública“. Para los seguidores más ortodoxos, el mejor álbum de la banda.

A Chary también le quedaron en la memoria historias mucho más intensas. A finales de los ochenta, cuando todavía integraba Todos Contra Todos, la banda tuvo la oportunidad de tocar por primera vez en Buenos Aires. Pero pasaron cosas. La noche anterior, los cuatro integrantes del grupo fueron detenidos y trasladados a una comisaría de Devoto. Al día siguiente, los largaron y fueron a tocar al festival que los había convocado, organizado por la revista Rebelión Rock, donde compartieron fecha con Hermética, Cross, Estado Mayor Conjunto y Cadáveres de Niños en el Teatro Roma de Avellaneda. Y todo terminó mal. “Llegamos directo desde la comisaría. Mientras tocábamos, la gente arrancaba pedazos de cerámica del primer piso del teatro y se los tiraba a la policía”.

Pero sigamos con Loquero. Aunque Fantasy (cuyo aniversario redondo será celebrado con un show conmemorativo el próximo 15 de agosto en Uniclub) fue sido editado en un año bisagra para la historia sociopolítica de la Argentina, y contiene versos como “Sale el sol, pero no sale para los desplazados, ni sale en la prisión, ni en un comedor de barrio” (“Atlántida”), Chary siente que no estaba tan al tanto de la coyuntura nacional: “Pienso que en aquel momento estaba un poco ajeno a la realidad que estaba atravesando el país. Fue un año de revolución social, te diría. Y nosotros, de alguna manera, fuimos más introspectivos. Sacamos un disco que hablaba de vivir lo que estábamos viviendo, una fantasía”. 

La idea inicial era grabarlo en los estudios Del Abasto al Pasto, en Don Torcuato, pero Nekro les sugirió un cambio. “Un día me llama y me dice: ‘¿Si en vez de ir a Don Torcuato nos vamos a Panda?’. Y me empieza a rememorar los discos que se grabaron ahí. Estaba buenísima la idea. Le dije que sí y me contó que de ingeniero íbamos a tener a uno de los técnicos de la banda de los 90 Jesus Martyr, que venía de Inglaterra. Los chicos de Jesus Martyr eran argentinos, pero estaban de gira por allá. Le llevamos más o menos los discos de la onda que estábamos haciendo en ese momento y, de la mano de Nekro, entramos al estudio para grabar nuestro segundo disco más caro del mundo”. 

Para Loquero todo era caro. La banda vivía de prestado. Dormía en las casas que les habilitaran mientras durara el tiempo de la grabación. “Era toda una utopía grabar de verdad, grabar bien. Y Fantasy fue eso, la aventura de estar ahí. Veía las fotos de los discos que se habían grabado ahí y no lo podía creer”, recuerda Chary. Por mencionar algunos, Parte de la religión de Charly García, La dicha en movimiento de Los Twist, Y ahora qué pasa, eh? de Los Violadores y Acariciando lo áspero de Divididos se grabaron en los estudios Panda. 

“Nunca le di gran importancia a la grabación de un disco”, aclara Chary. “Fantasy terminó siendo el que yo más quiero por un montón de cosas. También fue una época de quiebre emocional en mi vida y habían entrado nuevos integrantes a la banda. Con Fantasy nos fuimos a Europa [N.del.R.: compartieron gira con Criatura, banda de Zaragoza, España]. Lo grabamos y nos fuimos. Y todo fue un flash con ese disco. Nekro era como un productor artístico que metía cosas, voces, hacía críticas o decía: ‘Esto sí, esto no’. Y creo que gran parte del sonido lo digitó él en ese disco. No así las canciones, pero tuvo mucho que ver porque lo produjo él, era material de Ugly Records y era ese sonido”. 

Gentileza Gux Ramone (@gusiramone)

-Pasaron 25 años de la salida de Fantasy, ¿qué pensás cuando lo volvés a escuchar?

-Que suena mejor que casi todos los discos de Loquero. Se asemeja a lo que tal vez siempre me gustó, que es el pop punk o el pop británico, como las canciones cortitas de The Beat, una banda inglesa no muy conocida acá, pero que Nekro y yo la teníamos escuchada y dijimos: “Es por acá, nosotros queremos sacar un sonido parecido a The Beat”. Cuando grabamos Black, que es el disco siguiente a Fantasy, también me gustó el sonido, pero fue en otro estudio y eso tiene mucho que ver. Creo que Fantasy superó todas mis expectativas y la gente también lo terminó amando. Por algo es el disco que más escuchas tiene y el que más se vendió también. 

-Dijiste que tuviste un quiebre emocional en esa época. ¿Qué pasó?

Pasaron un montón de cosas, en especial cosas personales, algunas pérdidas. Generalmente, creo que las canciones de Loquero hablan de desamor y tienen como una constante crítica social, pero a la vez una especie de melancolía que recorre por fuera todos los temas. O tal vez por dentro, no sé, interiormente. Es normal porque soy un melancólico. Lo que sí sé es que no hay canciones de relleno en Fantasy. En todos los discos de todos los artistas de todos lados siempre hay unas cuantas canciones de relleno. Como decían los Mötley Crüe, hay dos canciones buenas y todo lo demás es mierda. Contaba Álvaro Villagra que Pappo tenía cinco canciones y después decía: “¿Y ahora qué hacemos?”. Bueno, empezó el relleno. Pero Fantasy no tiene eso. 

-¿Por qué? 

Porque yo escribía mucho. Escribía… en tiempo pasado. Tenía todo un material virgen, digamos. No tenía la canción escrita, pero tenía la prosa intacta. De ahí venía todo lo que se puede llamar inspiración poética, o improvisación, para ser más exactos, que conlleva Fantasy. Entonces, por ahí tenía una estrofa o el estribillo o lo que sea, y después todo tiene como un principio y un final en mi mente. Es una historia real, no inventada, y no es un relleno. Tal vez una de las mejores cosas que tenga Fantasy, y me estoy dando cuenta ahora, sea esa: su autenticidad.

Después de tres décadas y media de canciones, conciertos y giras, Chary sigue al frente de Loquero, haciendo malabares entre su trabajo en el hospital, que retomó en 2009 luego de años de dedicarse exclusivamente a la música, y las noches de rock. Dice que tocar es su vida y algo natural en él, tanto seguir como sus ganas constantes de abandonar. “Todos los días dejo Loquero. Y también todos los días estoy planificando cosas para Loquero”, dice entre risas.

“Hay un montón de fechas por delante. Nos vamos a Chile, hablamos de ir a México. No sé, no puedo parar. Es lo que hago, para eso estoy acá. Sacamos un disco hace poco (Espíritu de tres tonos, parte 2, editado por X El Cambio Records) que está tremendo. Me encantó grabarlo, me encantó lo que quedó. En la pandemia me hice el disco solista, mi disco Pop (editado en 2021, también por X El Cambio Records), que fue juntar canciones viejas que escuchaba cuando era chico con mi hermano, lo que me fue moldeando. Desde los 60 hasta Pixies. Siempre estoy pensando en temas nuevos y cosas nuevas. Quiero tocar, no importa dónde. Ese fue siempre el leitmotiv de nuestra generación”, afirma.

Lo llamativo es que, más allá de las edades de los músicos, abajo del escenario aparece gente cada vez más joven. Chary no sabe por qué. “Veo otras bandas de gente de nuestra edad y la mayoría del público es de nuestra edad, digamos… grande. Y quizás van los hijos o los nietos. Pero con Loquero es distinto porque no veo tanto niño chiquito, sino más adolescente. Sobre todo cuando tocamos en capitales como Montevideo, Santiago o Buenos Aires. No te digo que sea una renovación, sino que no se ha ido mucha gente. Hay gente que sigue viniendo y gente joven, nueva, que no sé de dónde salió”. 

El recuerdo más reciente es de un festival que hicieron en el Konex con bandas de la nueva camada, como Dum Chica y Cursi No Muere, con quienes coincidieron en una gira por Chile y se hicieron amigos. “Nos conocían, nos respetaban. Nos sentimos re cómodos y re felices con tanta gente joven alrededor. Tal vez el mensaje de Loquero no es tan adolescente como yo pensaba. Pero sí es un mensaje fuerte y joven”, reflexiona Chary. “También veo esto mismo en shows de 2 Minutos. Los grandes al fondo, con su parsimonia y su cervecita en la mano, y los pibes ahí adelante, en la máquina de autodestruirse”.

Gentileza Gux Ramone (@gusiramone)

-Si pensamos en la historia del punk local, ¿en qué lugar podríamos poner a Loquero? 

-Mmm… ¿Decís como si fuera un campeonato de fútbol? Jugamos en Primera B, siempre en la mitad de tabla. Un eterno equipo de la Primera B. Nunca tocamos en primera, aunque siempre coqueteamos con la promoción, pero nunca subimos. Con Loquero hemos inspirado, en la periferia y en los lugares populares, algunos corazones románticos y violentos. Creo que hemos dado una mano también a la gente rota, lastimada en la prisión, a nivel compañía y a nivel solidaridad. Estoy bien en donde estoy. Nunca lo viví como una cuestión de éxito o fracaso. Ni en las buenas, ni en las malas, porque nos ha pasado de todo. Hay cosas que nos han impulsado a hacer lo que hicimos, a tocar todo este tiempo, a seguir tocando. Hoy mismo tengo que ensayar y ya tengo la mochila preparada. Siempre abandonando y siempre siguiendo.

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