Lenny Tavárez, la serenidad hace a los grandes

Por estos días, Lenny Tavárez lleva una vida tranquila. Apenas es mediodía en Miami, así que atiende la entrevista justo después de su juego matutino de golf que le ayuda a despejar y entrenar la mente. “Solamente con tener la oportunidad de presentarme al juego y decidir hacer lo que yo quiero hacer es suficiente para terminar el día diciendo, ‘¿Sabes qué? Me fue increíble’”, reflexiona al preguntarle cómo le fue. “Estuve con tres amigos, me fue sabroso, el sol estuvo increíble. Pudo haber llovido; no llovió. Los patitos estaban en el agua nadando. Pude hablar con mi mamá y vi a mis hijos por la mañana. ¡Increíble! La vida es eso”. Luego de la charla, irá a hacer unas compras para abastecerse de lo necesario para ver la semifinal del Mundial entre Francia y España. “Voy camino ahora mismo a comprar una carnecita y unos plátanos verdes para hacer un asadito”, dice con un aura serena que hace parecer como si la distancia que acaba de recorrer desde Santiago de Chile a Miami fuera de unos 20 kilómetros en lugar de más de 6.000.

Hace tan solo un día que llegó de la capital chilena, donde ofreció uno de los conciertos de la gira compartida que adelanta junto a su colega y amigo Justin Quiles. Juntos publicaron en mayo pasado el álbum colaborativo Superarte, que nació como una celebración de la música y de la amistad, pero a su vez como un regalo para los fans que los han acompañado desde hace años y que se quedaron con las ganas de ver a “Los Avengers” del género urbano en vivo.

Tanto Tavárez como Quiles hicieron parte de ese proyecto de Dalex y Sech que tuvo su germen con ‘Pa mí (remix)’ y que después se convirtió en los EP The Academy (2019) y The Academy: segunda misión (2024). Con algunas variaciones en su formación, este fue uno de los juntes más influyentes y recordados en la historia reciente del reguetón, pero los conflictos de agenda frustraron el sueño de llevar el proyecto a los escenarios. “Ha sido básicamente la oportunidad de cerrar un ciclo que, para nosotros, fue muy importante”, comenta Tavárez sobre Superarte. “Era cerrar el ciclo de ‘los Avengers’, dos álbumes que nunca tuvimos la oportunidad de cantarle en vivo al público”. Lo que ha hecho más especial a este proyecto es que lo desarrolló junto con Quiles, a quien conoció hace ocho años mientras vivía en Medellín y grabaron ‘Loco por verte’. La conexión fue instantánea y al hacer parte de la misma disquera, tuvieron la oportunidad de escribir para otros artistas como Maluma, Karol G y María Becerra, entre otros. “Empezamos a vivir experiencias diferentes y a pasar más tiempo juntos en el estudio. Definitivamente, es el artista con el que más química tengo creando música. Somos bastante rápidos, no tenemos ego, sabemos escuchar, confiamos en el juicio musical de la otra persona. Creo que hay muchas cositas en donde, si nos juntamos, hacemos algo mejor”, comenta. Primero se dio la relación creativa, pero con el paso del tiempo la hermandad se fue forjando hasta llegar al punto en que, dice, prácticamente están criando a sus hijos juntos.


“La tarima es una droga. Estar ahí es importante para el que la ama y el que hace arte en ella”.


Mucho antes de Superarte, de ‘Hola (remix)’ e incluso de ‘La nena’ —su sencillo debut en solitario—, Lenny Tavárez ya había probado lo que se sentía hacer parte de un proyecto artístico. Nacido Julio Manuel González Tavárez, creció escuchando el pop de Luis Fonsi, Sin Bandera, Camila y Reik; la salsa de El Gran Combo de Puerto Rico y Héctor Lavoe; y el reguetón de Don Omar y Héctor y Tito, razón por la que se nutrió de una gran variedad de estilos que le dieron unas buenas bases para lo que más adelante sería su profesión. “Me gustaba mucho escuchar balada pop por la mañana y ya en la tarde y en la noche irme con reguetón con toda”, recuerda. Cantaba en la bañera, sin embargo, perdió el miedo a cantar en público hasta los 15 años, cuando en el colegio se unió a un grupo de pop rock.

Paralelamente, jugaba baloncesto de forma competitiva y ganó una media beca deportiva para la universidad, pero la perdió luego de una lesión. Fue en ese momento en el que volteó su mirada hacia la música de forma más seria y a los 19 años entró a un grupo de armonía al estilo Boyz II Men o Barrio Boyzz llamado Ánima 5. “Con ese grupo estuve un año y desarrollé mucho lo que era el oído, la armonía, me hice un poquito musical y empecé a agarrar clases de guitarra”, cuenta. Al dejar ese proyecto, Carlos Castillo Cruz, un amigo de la niñez con quien jugó en un equipo de baloncesto en Santurce, San Juan, recordó que a Lenny se le daba bien cantar y lo disfrutaba, de modo que lo invitó a formar el dúo Dyland & Lenny.

Ante el escepticismo de su madre, Tavárez se fijó la meta de que, si no despegaba con la música en un plazo de dos años, la dejaría. Pero no fue necesario ya que desde el inicio el grupo contó con la producción de Luny Tunes y el primer sencillo que publicó, ‘Nadie te amará como yo’, fue un éxito casi que instantáneo en 2009. “Yo sentí que desde la primera canción nosotros experimentamos lo que era ser artista”, confiesa.

Koury Angelo @kouryangelo

Lo suyo fue una anomalía para la época pues en ese momento las redes sociales aún no eran el fenómeno que son actualmente y no existía el concepto de “hacerse viral”, por lo que los artistas todavía dependían en mayor parte de los medios tradicionales, limitados por naturaleza, para lograr algo de reconocimiento. Y, aun así, el ser escuchados por una cantidad considerable de personas era una tarea que requería de años de constancia y esfuerzo. En cambio, el ascenso de Dyland & Lenny fue meteórico desde el primer instante, algo que Tavárez le atribuye a la disciplina y organización que ya tenían interiorizadas desde sus tiempos de deportistas. “Como los dos jugábamos baloncesto, rápido caímos en un sistema que sabíamos que no era usual y normal en el mundo del reguetón. Le sacamos mucha ventaja a eso”, sostiene. En cuestión de dos años, el dúo publicó dos álbumes, recibió nominaciones a premios importantes de música latina donde también fue invitado a presentarse en sus ceremonias, y llevó su show a diferentes países.

Mientras que para algunos artistas jóvenes y emergentes enfrentar el éxito repentino que les hace pasar de chicos de barrio a estrellas internacionales de la noche a la mañana puede hacerles mella en la salud mental, el boricua considera que lo asumieron con bastante responsabilidad y estuvieron a la altura de las circunstancias. “Mentalmente, estábamos preparados. Era lo que queríamos, no queríamos estar tratando y tratando; queríamos que desde el principio sucediera”, comenta. “Nos preparamos física y mentalmente como un año y medio antes de lanzar el primer tema para que el álbum sonara a que ya sabíamos lo que estábamos haciendo. Fue bastante retadora, pero fue una época sabrosa”.


“Mientras más versátil el artista pueda ser, más oportunidades tiene de llegarle a diferentes oídos y de no aburrir a su propio público”.


Así como las malas, las buenas historias también llegan a su fin, y Dyland & Lenny se disolvió en un punto en el que Tavárez sintió que podría verse comprometida su amistad si decidían continuar con el grupo. Aunque pasar de haber tocado el cielo con las manos a, de un momento a otro, verse sumido en la incertidumbre de si podría continuar como solista fue un momento complejo, no se dejó intimidar por lo desconocido. Maduro, calculador y determinado, se tomó alrededor de un año para decidir cuál sería su próximo paso. ¿Podría hacerlo solo? ¿Sería mejor estudiar en la universidad? ¿Estaría dispuesto a cambiar su vida? En el fondo, siempre supo la respuesta y cada día que ha pasado desde entonces ha sido una confirmación de que tomó el camino correcto.

Lo que seguía ahora era definir de qué manera se volvería a presentar ante el público y qué historias nuevas podría contar. Entonces, decidió juntar el apodo de “Lenny” con su apellido real, lo que quería decir que en esta nueva faceta enseñaría el lado más personal que no pudo compartir cuando hacía parte del dúo. “Pienso que el Lenny de Dyland & Lenny era mucho más fresa de lo que realmente era [yo]. Era un producto hecho un poco más para la industria, lo que se necesitaba en ese tiempo, era más disquero”, medita. Se mudó a República Dominicana y allí tomó el camino de la independencia, sumándose a una disquera desconocida y siendo su primer artista. También empezó a tener más presencia en redes sociales, que para mediados de los 2010 ya habían cobrado una mayor importancia en Internet.

Para Tavárez, fue clave iniciar esta nueva etapa soltero —recién acababa de divorciarse— pues pudo prestar el doble de su atención a su carrera, además de servirle como inspiración para hacer lo que llama “biografías musicales”, es decir, canciones que surgían tras mirar hacia su interior en lugar de partir por preguntarse qué era lo que quería escuchar la gente. Así las cosas, sus primeros sencillos como Lenny Tavárez fueron ‘La nena’ y ‘Fantasías’, este último recibió el tratamiento de remix poco después, sumando a figuras importantes del reguetón como De La Ghetto y J Álvarez.

Koury Angelo @kouryangelo

El empezar de cero le otorgó una libertad de la que antes no pudo gozar, de modo que incursionó en el trap y contribuyó al boom del género hace una década, siendo su canción con Farruko, ‘No quiere amor’, un parteaguas para él. A partir de allí, las colaboraciones comenzarían a adquirir un papel muy importante en su carrera pues él tenía una visión ambiciosa que sabía que iba a dar frutos, pero su sello quería que tomara otra dirección. “Con mucho respeto, les pedí que, si no estábamos en la misma visión, por lo menos no me pusieran el pie en decisiones creativas como aparecer en canciones de otros artistas que podían expandir el territorio en el que yo fuese escuchado”, explica sobre el manejo que le dio a la situación. El acuerdo se respetó, y así fue como se dieron temas como ‘Nena maldición’ con Paulo Londra, ‘Pa mí (remix)’ y ‘Toda (remix)’.

Fue en 2018 cuando publicó su primer EP al que bautizó Pop porn, un disco predominantemente de trap que en un principio se iba a llamar “Ultimátum”, pero que recibió tal nombre dado que así era como Tavárez describía su estilo de composición. Dos años más tarde, el boricua presentó su álbum debut, KRACK, un trabajo que fue compartiendo por “temporadas” para conseguir que el público prestara atención a cada una de sus canciones y en el que además de reguetón y trap, experimentó un poco con los corridos tumbados y los afrobeats.

Aunque su voz armoniosa le aporta luminosidad, este es un disco que conserva cierta oscuridad por sus influencias de trap, y él mismo explica que los colores de la portada —rojo y negro— tenían que ver con “ese despertar musical y evolucional” de esta música de calle que sirvió de escuela para artistas que hoy en día son grandes. Es un trabajo de contrastes que enseñó lo que podía lograr a nivel musical, que tiene un factor importante de inspirar a los demás a perseguir sus sueños y que es una muestra de agradecimiento con lo que la vida le ha brindado. El LP, además, incluyó distintas colaboraciones con colegas como Rauw Alejandro, Zion & Lennox, Nicky Jam, Natanael Cano, Beéle, Alexis y Fido y, claro, Justin Quiles. 


“En 10 años, creo habré logrado todo lo que quizás me haya propuesto en la cabeza. Ya después de 10 años estaría repitiendo”.


Con KRACK, Lenny demostró que tenía mucho por ofrecer y que su visión artística —la misma que en el pasado fue subestimada— suele convertirse en acierto. Pero sus ansias por seguir avanzando le impidieron dormirse en los laureles en ese punto, y en 2024 publicó su segundo LP, BRILLAR. Esa vez, el artista llevó un paso más adelante a su exploración musical y se aventuró con la bachata en ‘TU FEO’ con Prince Royce, con el pop en ‘PUSHI PASHI’, con el EDM en ‘TU PIEL’ y con la salsa en ‘EL YATE’.

“Era un álbum para eso, para que la música se escuchara”, sostiene. “Yo quería que en la música se sintiera que Lenny Tavárez estaba pasando por un proceso en donde el amor ya había llegado a mi vida, en donde ya yo quería salir de esa oscuridad [de KRACK] y empezar a hacer canciones con otros colores. En BRILLAR se sienten los colores de la música”. Pese a que sí hay colaboraciones con artistas como Feid, Ryan Castro, Prince Royce, Wisin y Chencho Corleone, la mayor parte del trabajo es defendida únicamente por él mismo y por eso se siente mucho más auténtico. De hecho, la canción que le da el título al LP, interpretada únicamente por él, le valió su primera nominación como artista principal en los Latin Grammy 2025 en la categoría de Mejor interpretación de reguetón.

Su segunda placa discográfica incluye dos versiones de ‘EL YATE’: la original, que tiene una base de afrobeats con toques de reguetón; y la alterna, que fue su incursión en la salsa gracias a Sergio George. El productor y pianista estadounidense es pionero de la fusión entre la salsa y el reguetón que inició en 2001 con ‘La negra tiene tumbao’ de Celia Cruz y Mikey Perfecto, y que influyó en el sonido de músicos como Marc Anthony. En los años recientes, se ha dedicado a tender puentes entre los reguetoneros y la salsa, siendo Tavárez uno de sus pupilos. “Él me vio en unos premios en Puerto Rico y me dijo, ‘Lenny, acabo de hacer una entrevista y hablé de ti’”, recuerda. “‘¿Qué dijiste, Sergio?’”, le preguntó, a lo que el neoyorkino le contestó, “Que la salsa necesitaba un Lenny Tavárez”. 

Koury Angelo @kouryangelo

George consideraba que al género le hacía falta alguien que representara la calle y que pudiera bailar, entretener y alcanzar las notas altas pero también rapear. Entonces, luego de ‘EL YATE’, lo invitó a participar en su disco de 2025, ATACA SERGIO! Presents: URBAN SALSA SESSIONS!, en la canción ‘Qué culpa tengo yo’ con Rafa Pabón y Christian Alicea. “Ya no sé hacer salsa que no sea con Sergio. Él me da una confianza dentro del mundo de la salsa que no sé si la vaya a hacer con otra persona”, apunta.

Hace poco, se volvieron a reunir para grabar ‘PA’ LO BONITO’, uno de los abrebocas del próximo EP de Lenny. Inicialmente, el boricua había pensado en componer una canción que pudiera reunir a Chayanne y a Ricky Martin, pero al final terminó por quedársela para sí mismo.

Con tres salsas dentro de su repertorio, el artista ya está pensando en la etapa que vendrá una vez culmine la era Superarte, y esta iniciará con un disco de corta duración titulado OCHO que tendrá esa cantidad exacta de cortes. Este será una evolución de lo que logró con KRACK y BRILLAR, y representará, en sus palabras, “La mejor versión mía en todos los sentidos”. Hasta el momento en que se escriben estas líneas, se conocen dos sencillos: ‘JUICY’ y ‘PA’ LO BONITO’. Mientras que el segundo enseña el lado más romántico de Tavárez, el primero es un trap con R&B ultrasensual; dos caras de la misma moneda pues el EP narrará la historia de amor con su esposa, la bailarina Natasha Nazario.

“Es un poco la historia de amor que nunca conté en este último año, incorporado en la parte del entretenimiento de mi carrera un poco más a mi familia. Siempre con mucho cuidado de que si la presento, que sea algo más artístico”, asegura. Es por eso que Natasha ha sido la protagonista de los videoclips de cada canción y también es la bailarina especial de sus shows en vivo.


“Estoy en una armonía en mi vida que se la desearía a cualquier persona, y se logra tratando de ser mejor todos los días, por lo menos un 1 %”.


Lenny siempre ha sido una persona muy reservada que solo se limita a compartir lo justo sobre su vida. En múltiples ocasiones, ha mencionado que extraña la época en la que las redes sociales no jugaban un papel tan importante en la vida de las personas, y mucho menos en la carrera de un artista. Ha criticado que la distancia entre el público y los famosos se haya acortado, no porque se sienta como una estrella o alguien superior, sino porque esto ha convencido a muchas personas que tienen el derecho de opinar y juzgar las decisiones personales de los artistas. Aun así, ha sabido adaptarse para utilizar las redes sociales para su beneficio porque si de algo se ha tratado su carrera, ha sido de adaptarse y evolucionar.

El compartir un proyecto con su esposa es algo nuevo para ambos, pues cuando comenzaron a salir establecieron la regla de no trabajar juntos porque no querían mezclar sus vidas personales con las laborales. No obstante, los dos son performers, así que inevitablemente a él le importaría saber la opinión de Natasha respecto a las decisiones de sus puestas en escena. “Además, la veía también con hambre y ganas de bailar. Sabía que lo extrañaba también… Es que la tarima es una droga, no te voy a mentir. Sé que estar ahí es importante para el que la ama y el que hace arte en ella”, reflexiona.

Hicieron pruebas y terminaron trabajando juntos en la coreografía de ‘JUICY’, la cual extrajeron del video musical para llevarla al escenario y se ha convertido en uno de los momentos más esperados de sus shows gracias a que su química es innegable. “Ha sido un sueño trabajar con mi esposa. Ha sido hermoso poder apoyarla en su crecimiento”, subraya. “Lo que ella le ha dado al proyecto ha sido una pieza muy única, especial. Te puedo decir que ahora mismo tenemos un negocio familiar, pero lo más importante es que yo me lo estoy disfrutando y ella también”. Tavárez no es un novato a la hora de formar duplas exitosas basadas en su círculo cercano.

Koury Angelo @kouryangelo

Lenny es de esos artistas a los que se les nota la pasión y el compromiso por lo que hacen. Desde sus inicios ha sido disciplinado, se ha cuidado de los excesos y el haber vivido en distintos países le permitió ver en primera persona las distintas formas en que evolucionaron algunos movimientos dentro de la música urbana en los últimos 15 años. Tampoco ha dejado de hacer deporte dado que también es bailarín, y esto lo ha hecho destacar como uno de los pocos artistas masculinos que no suben al escenario con bailarines como accesorio, sino que se les suman como parte del performance. “Pienso que mientras más versátil el artista pueda ser, más oportunidades tiene de llegarle a diferentes oídos y de no aburrir a su propio público. Estamos en un momento en donde nuestros propios fanáticos se cansan muy rápido de lo mismo”, opina. Siendo consecuente con lo que dice, asegura que OCHO llevará su versatilidad mucho más allá para enseñarle a su público que todavía tiene mucho por ofrecer, pero, al mismo tiempo, considera que será un trabajo que lo acerque más a su deseo personal de representar a Puerto Rico como uno de sus artistas más destacados.

Escucharlo hablar sobre lo mucho que ama crear álbumes para poder presentarlos en vivo y cantar sus canciones junto a miles de personas siembra, entonces, la duda respecto a su idea de retirarse dentro de 10 años. “¿Por qué no?”, contesta mientras ríe. Al cuestionarle que habla muy bonito sobre su oficio como para creer que se quiera retirar en tan poco tiempo, su respuesta es matemática: “Mira, yo asumo, trabajando como me gustaría trabajar, que 10 años deben ser alrededor de 60 a 75 canciones. Deben ser por lo menos cinco álbumes”. Ya puesto en perspectiva, sí parece un montón, también porque menciona el hecho de querer ver a sus hijos crecer y no perderse momentos clave en sus vidas. Piensa en términos de salud física y mental, al tiempo que en términos de objetivos. “En 10 años creo habré logrado todo lo que quizás me haya propuesto en la cabeza. Ya después de 10 años estaría repitiendo”, afirma. Tal vez sea una de esas conclusiones a las que el golf, su “nuevo psiquiatra”, le ha permitido llegar.


“Pude hablar con mi mamá y vi a mis hijos por la mañana. ¡Increíble! La vida es eso”.


De cualquier forma, Lenny vive el presente y lo que más le importa en este punto de su vida es su familia, sus amigos y su equipo de trabajo. Todos ellos son su balance, tanto que afirma que eso es más importante que ser el artista número uno del mundo ya que gracias a ello vive “en una felicidad plena de poder estar haciendo lo que amas, con quien amas y como te gusta”. Su serenidad y plenitud —que resultan contagiosas— están a un nivel en el que puede decir con seguridad que, de morir mañana, lo haría feliz.

“Estoy en una armonía en mi vida que se la desearía a cualquier persona, y se logra tratando de ser mejor todos los días, por lo menos un 1 %”, declara.


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