Déjate sorprender por el pop teatral de Pipiolas
En la industria musical es usual que los y las artistas debuten con un álbum autotitulado ya que ese primer trabajo será su carta de presentación ante el mundo, una colección de canciones que explica quiénes son en diferentes dimensiones y que busca conectar con un público inicial a la espera de que este continúe creciendo. Pipiolas invirtió los pasos pues, luego de debutar en 2023 con No hay un Dios, firmó su segundo LP con nombre propio. Esta decisión tenía mucho más sentido para Paula Reyes y Adriana Ubani —las dos mitades que conforman al grupo— ya que su primer disco se fue construyendo sobre la marcha con cosas que “se necesitaron decir” y por esa misma razón terminó siendo una especie de recopilación de su música hasta ese momento. Por el contrario, y a pesar de su eclecticismo, Pipiolas se pensó desde el inicio como un todo.
Te puede interesar:
“Este es un disco en el que nos reafirmamos y por eso lo denominamos con nuestro nombre”, explica Paula. “No nos hace debutar, pero sí nos hace contestar a preguntas de qué queremos hacer y qué queremos decir y, también, un poco contestarnos a quiénes queremos ser a partir de ahora”. Ella, al ser la compositora del dúo, se enfrentó a un síndrome del impostor que le requirió darse espacio para encontrarse a sí misma y volver a sentirse conforme con una canción. El proceso se basó en la conversación y la comprensión entre ambas artistas, quienes entendieron que la música que hacen requiere de mimo y no prisa. “Estamos tan acostumbrados a que vivimos en el mundo de la inmediatez que, realmente, tres años para componer un disco no es tanto”, afirma Adriana, haciendo referencia al período que hay entre sus dos trabajos.
Volviendo al eclecticismo, esta es una cualidad que ha caracterizado a Pipiolas desde sus inicios, encontrándose en su catálogo piezas que exploran los distintos nombres y apellidos que puede llevar el pop: “synth-”, “electro-”, “indie-“, “-rock”, “balada-” y más. Este atributo continúa teniendo presencia en su segundo LP, reafirmándose como una constante más no una variable en su proyecto artístico: “Me calma que con este disco ya se ha asentado un poco la sensación de que somos eclécticas, pero no somos ni disonantes ni incongruentes. Esto es muy importante porque sí que es muy nuestra personalidad”, opina Paula. Pero sí hay una diferencia importante, y es que esta vez ambas se propusieron hacer un álbum desde cero, con un concepto bien estructurado que no dejara cabos sueltos.
Pipiolas es un disco que, de tener que describirlo en una sola palabra, esa sería “teatral” y esto corresponde a las bases que tienen Adriana y Paula. Las dos se conocieron cuando cursaban Interpretación en la RESAD, de modo que este lado actoral es intrínseco del grupo y en su nuevo disco se manifiesta en detalles como la intro ‘My Favorite Things’, el guiño a Pearl de Ti West en ‘soy una estrella!!!’ o el melodrama de ‘ay, querida’. Pero esto no se queda en la música, sino también en todo lo que constituye la parte estética. La portada del LP es un retrato de las versiones caricaturizadas de las artistas, solo que no es una ilustración sino una fotografía en la que posan con unas máscaras inspiradas en Los Guiñoles y elaboradas por el equipo de la escultora Sarai Nuñez Mellina. Y si hablamos de sus visuales, estas son una fantasía que une lo camp con lo kitsch; todo un deleite para quienes aún creen que el videoclip no es un arte en decadencia.
“Me gusta pensar que, sobre todo en directo, hacemos pop dramático en el sentido de pop teatral”, comenta Adriana al preguntarles qué es lo que más disfrutan de incluir este tipo de guiños en lo que hacen. Se les da natural, no tienen necesidad de forzarlo, y eso se nota. También existe en ellas una necesidad de tratar al oyente como quieren que este las trate y esto significa asumirle como alguien inteligente que practica la escucha activa de la música. “Se dejan mensajes, se dejan perlas, se dejan referencias”, profundiza Paula, y aunque aclara que tampoco es tan complicado y que no entenderles también es válido, reconoce que hay cierta intimidad en establecer una conversación con quienes ven más allá de la superficie.
Tanto Paula como Adriana han declarado en varias ocasiones que les agrada que la gente que escucha sus canciones les dé su propio significado, y por eso su invitación es a descubrir las capas que pueden conformar sus canciones. El énfasis va en el “pueden” porque, por ejemplo, un tema como ‘Mi amiga’ puede interpretarse como una promesa de incondicionalidad o una declaración de amor. O cualquier otra cosa, no importa. “Lo interesante de que haya tantas capas es que cada uno se puede quedar con la que le guste o con la que le resuene en ese momento”, apunta Adriana. “Lo maravilloso es poner algo fuera para el mundo y que luego ya cada uno haga con ello lo que quiera”.
Otra de las canciones a las que el público y los medios han dotado de nuevos significados es ‘No tocar’, un tema de pop rabioso en la que las Pipiolas cantan sobre los hombres aprovechados. “Varios hombres me siguen y piden que si pueden entrar en mi casa/Esos hombres, todos, compraban palabras/Las usaban y luego me dominaban”, canta Adriana en su verso. Paula la escribió pensando en quienes se te acercan sin buenas intenciones y buscando algo a cambio, pero, en últimas, sí termina tratando temas de violencia basada en género pues el engaño vicia el consentimiento.
Y así sucede con cada una de las canciones en Pipiolas: en un momento crees que la tonada upbeat que estás escuchando te subirá el ánimo hasta que caes en cuenta de que te están recitando una carta de suicidio (‘Hasta donde se pudo’), y en otro tu búsqueda de validación y autoindulgencia resulta en una cachetada en contra de la idealización (‘Ahora que…’).
En el álbum se percibe un aura generalizada de tristeza y melancolía, sin abandonar el sarcasmo y la ironía, pero hay algo distinto en ese final con ‘Feria Cañete’. Esa última canción es el agradecimiento que siente Paula por su círculo cercano y por el momento vital en el que se encuentra, uno donde se siente más en paz que feliz porque la felicidad, considera, es relativa. “Yo creo que siempre he tenido un alma triste, es así. Pero [he escrito las canciones] desde otro lado totalmente, desde una calma y una aceptación de cosas con las que estoy en paz. Como más el aquí y el ahora”, sostiene.
Pipiolas es introspectivo y entretenido, pero a su vez tiene un sentido feminista que el dúo ha llevado más allá del arte. Antes del cierre cálido con ‘Feria Cañete’ suena ‘Menores’, un tema que aborda cómo los hombres que agreden a las mujeres no reciben ningún tipo de castigo dentro de la industria musical. Adriana comenta que ellos continúan encabezando carteles de festivales o conservando posiciones de poder pues pareciera como si su música y shows pesaran más que las violencias que ejercen. Por eso, ellas decidieron ceder los derechos de la canción a la Asociación de Mujeres de la Industria de la Música que trabaja por impulsar un ecosistema más justo con las mujeres en el medio. “Hace un tiempo hablamos sobre una verdad y se nos amenazó por ello. Nos la sudó lo más grande. Hicimos una canción”, escribió la agrupación al momento de anunciar la alianza. “La música debe ser el lugar de libertad común, no el utensilio para el poder y el abuso. Mujeres del mundo… a pasos y a mordiscos se abrirá el hueco a la igualdad”.
El respeto por el arte, el ansia por no conformarse y el espíritu rebelde que no calla hacen de Pipiolas un faro que ilumina cuando todo parece oscuro.



















