Coyote vs. Acme: Will Forté, Lana Condor y Dave Green hablan de la película que se negó a desaparecer
Después de décadas persiguiendo al Correcaminos, cayendo desde acantilados, explotando con su propia dinamita y comprobando que prácticamente ningún producto comprado a Acme funciona como debería, Wile E. Coyote finalmente descubre un arma que nunca había utilizado: la ley.
Esa es la deliciosa premisa de Coyote vs. Acme, una película que toma una de las bromas más persistentes de la historia de la animación estadounidense y la convierte en algo inesperadamente más complejo. Porque detrás de yunques, cohetes, catapultas y explosivos defectuosos aparece una pregunta bastante razonable: ¿qué ocurriría si alguien obligara a una gigantesca corporación a responder por todos los desastres provocados por sus productos?
Inspirada en el relato satírico de Ian Frazier publicado por The New Yorker en 1990, la película mezcla animación y acción real para llevar el eterno enfrentamiento del Coyote con Acme hasta un tribunal. Pero bajo la superficie de esa comedia judicial existe también una historia acerca del fracaso, la perseverancia, la amistad y esa extraña capacidad humana (o coyotesca) de continuar intentando algo cuando todas las evidencias aconsejan rendirse.
Conversamos con Will Forté, Lana Condor y el director Dave Green sobre la manera en que la película encontró una dimensión emocional detrás de un personaje condenado durante generaciones a fracasar, la sátira contra el poder corporativo y una idea que atraviesa toda la historia: perder una y otra vez no significa necesariamente haber sido derrotado.
Quiero comenzar diciendo algo: Acme apesta. La genialidad de la premisa consiste en tomar un chiste animado repetido durante generaciones y preguntarse qué ocurriría si todas esas catástrofes tuvieran consecuencias reales. ¿En qué momento entendiste que esta idea podría convertirse en algo más que una comedia nostálgica?
DAVE GREEN: Es una gran pregunta. La película está basada en un artículo de The New Yorker de 1990 llamado Coyote v. Acme, que planteaba de una manera muy directa una pregunta: si Wile E. Coyote demandara a Acme, ¿tendría un buen caso? Es una pregunta muy absurda planteada de una forma absolutamente seria, y eso estableció las bases del tono de toda la película.
A partir de ahí, trabajando con nuestra guionista, Samy Burch, hablamos mucho sobre la posibilidad de explorar a Wile E. como personaje más allá de los límites de un cortometraje de siete minutos.
Realmente queríamos descubrir qué era lo que impulsaba a este personaje. Su deseo estaba clarísimo: sabíamos que quería atrapar al Correcaminos. Y su obstáculo también era evidente: tenía delante a esta corporación gigantesca que constantemente hacía estallar todas sus esperanzas y sus sueños.
Pero queríamos preguntarnos algo más: ¿qué siente realmente cuando resulta herido? ¿Cómo se relaciona con otras personas? Al colocarlo junto a Will y Lana y observar cómo sus personajes interactúan con Wile E., pudimos descubrir facetas completamente nuevas de quien, hasta entonces, había sido literalmente un personaje bidimensional.

Coyote vs. Acme funciona como comedia, pero también contiene una crítica sorprendentemente directa al poder de las corporaciones. ¿Cómo encontraron el equilibrio entre lo absurdo de la premisa y los temas muy reales que existen debajo de ella?
WILL FORTÉ: En realidad, el guion hizo por nosotros la mayor parte del trabajo. Estaba muy claro dónde debía aparecer el lado cómico y, al mismo tiempo, muchas de esas ideas podían plantearse todavía desde la comedia. Está tan bien escrito que nunca sientes que los momentos en los que la película quiere decir algo estén separados del resto. Todo pertenece naturalmente a la misma película.
Porque esta película es muchísimas cosas. Tiene todo eso que mencionas, pero además hay momentos sorprendentemente emotivos que no esperaba que me afectaran tanto. Poseen una enorme resonancia emocional, pero se sienten merecidos y están muy bien arraigados dentro de la historia.
Cuando veo la película pienso: “Ni siquiera sé exactamente cómo describirla”. Evidentemente es un híbrido entre animación y acción real, pero no es solamente una comedia. Hay muchísimas cosas ocurriendo dentro de ella y están integradas de tal manera que resulta difícil decidir exactamente cómo llamarla.
Supongo que tendremos que llamarla comedia porque definitivamente lo es: es divertida y muy graciosa. Pero entras pensando que vas a ver una comedia y sales diciendo: “Vaya, también vi un drama judicial, un thriller de suspenso y una película emotiva sobre la amistad y sobre las complejidades de diferentes relaciones”. Recibes un poco de todo dentro de esta especie de montaña rusa que está viva en cada fotograma.
Además, es realmente una película para todas las edades. Cuando comenzamos, yo pensaba: “Es un drama judicial sobre personajes animados; quizá sea demasiado adulto para los niños y no suficientemente maduro para los adultos”. Y terminó sucediendo exactamente lo contrario: es para todo el mundo.
Todos pueden disfrutarla. Incluso las personas que no conocen a los Looney Tunes. No necesitas saber absolutamente nada sobre su historia para entender lo que está ocurriendo y disfrutar realmente de estos personajes.

Siguiendo precisamente esa idea, la película reimagina un universo animado muy conocido desde una sensibilidad contemporánea. ¿Qué fue lo que más te sorprendió al descubrir toda esa profundidad emocional de la que habla Will debajo de la mitología de los Looney Tunes?
LANA CONDOR: Es una gran pregunta. Tengo que admitir que la mitología de los Looney Tunes no es precisamente mi especialidad. No conozco demasiado bien toda esa historia, así que temo no poder responder exactamente esa parte de tu pregunta.
Pero sí puedo decirte algo, siguiendo lo que decía Will: me sorprendió muchísimo la cantidad de corazón que tiene esta película y, especialmente, lo que me dejó después de verla. Si pienso en mí misma simplemente como espectadora, lo que me llevé de ella fue tremendamente conmovedor. Me emocionó de una manera que realmente no esperaba. Salí de la proyección sintiéndome muy esperanzada, muy optimista y, sobre todo, con ganas de intentarlo.
Y adoro a Wile E. Adoro esa idea que representa: puedes continuar fracasando todos los días, pero si vuelves a levantarte y simplemente lo intentas… inténtalo. Ni siquiera tienes que triunfar. Puedes fracasar, pero inténtalo. Eso es lo más difícil. Porque si simplemente lo intentas, entonces quizá —solo quizá— mañana puedas conseguirlo.

Esa fue la idea fundamental que me llevé de la película. Supongo que ese tema ha estado presente durante toda la historia de los Looney Tunes y, si no ha sido así, bueno… de nada, Looney Tunes, por haberlo incorporado.
También estoy muy orgullosa de participar en una película como esta porque, últimamente, algunas de las películas hacia las que más me siento atraída son aquellas de las que el público sale llevándose un poquito más de esperanza y un poquito más de esa puta capacidad de maravillarse. Creo que necesitamos eso en la sociedad actual. Y este es el momento perfecto para esta película.
Esa respuesta fue incluso mejor de lo que esperaba. Muchas gracias a los tres, gracias por la película y felicitaciones por conseguir finalmente llevarla a las pantallas.
DAVE GREEN: Muchas gracias.
LANA CONDOR: Muchísimas gracias.
WILL FORTE: Gracias.



















