“La música es mi vida”: MIA
Mía Rubín, conocida musicalmente como MIA, ha estado expuesta desde muy pequeña al escrutinio constante del público debido a su temprana incursión en el mundo del entretenimiento. De niña, recuerda estar al tanto de lo que se decía sobre ella en redes sociales y medios de comunicación, algo que, sumado a la presión de demostrar su propio valor por ser “la hija de”, poco a poco fue alimentando sus inseguridades y sus propios “demonios”.
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Con el tiempo, pensó que había superado esa etapa de su vida y comenzó su carrera musical en 2021 de la mano de su padre, el cantante y actor Erik Rubín. Tres años después, continuó su camino como solista. Sin embargo, a medida que su proyecto evolucionaba, aquellos cuestionamientos volvieron a aparecer, acompañados de una pregunta que se hizo cada vez más recurrente: ¿tengo lo que se necesita para continuar con una carrera musical? Las dudas terminaron llevándola a una pausa marcada por un profundo proceso de reflexión personal y profesional que trascendió los límites de la música.
Hoy, con una mayor claridad sobre quién es y hacia dónde quiere llevar su propuesta, MIA comienza un nuevo capítulo con ‘On Fire’, un tema de pop sensual y romántico que funciona como un nuevo punto de partida en su carrera y que, detrás de su aparente ligereza, plantea una mirada crítica sobre algunas de sus experiencias en el mundo del entretenimiento.
En una charla con ROLLING STONE en Español, la mexicana habla sobre sus inicios, las lecciones que dejó aquella pausa, la evolución de su sonido, el trasfondo de ‘On Fire’ y lo que le depara el futuro.
La relación entre Mía y la música estuvo presente desde siempre. Con apenas cinco años ya tomaba clases de canto y protagonizaba sus primeras obras de teatro. “Empecé a cantar porque fue algo que me llamó muchísimo la atención y que siempre quise”, comparte, explicando que fue ella quien insistió a sus padres para que la llevaran a esas lecciones iniciales. “Era parte de mí y de quien era como persona”. Esa inclinación, sin embargo, no es para ella algo casual.
La cantante atribuye ese interés a haber crecido con una madre presentadora y actriz —Andrea Legarreta— y un padre cantante. Fue este último quien, quizás sin siquiera proponérselo, comenzó a acercarla a los escenarios. “Mi papá tiene un estudio en casa, así que siempre lo veía trabajar”. Su influencia, sin embargo, no se limitó a verlo componer o producir en casa. Como exmiembro del reconocido grupo Timbiriche, Erik Rubín también llevaba a sus hijas a los reencuentros de la banda, experiencias que Mía recuerda con especial cariño. “Hay un vídeo en el que él canta ‘Princesa tibetana’ en el Auditorio Nacional, y yo estoy ahí brincando por todos lados, corriendo como una pulga porque siempre me sentí atraída por ese mundo”.
Ese entorno también amplió desde temprano su universo musical. “Crecí con artistas como Ariana Grande, Daft Punk, Foster the People, pero también con muchos artistas de los 80 que mi padre nos ponía cuando éramos muy pequeñas”. Con los años, a esa lista se sumaron Tame Impala, Dua Lipa, Rosalía, Kali Uchis y The Weeknd. “He tenido un poquito de todo, y eso me ha ayudado a crecer y a ampliar mis horizontes musicales, lo cual ha sido increíble. Para mí, la música no es solo mi trabajo: es mi vida. Yo no sería MIA sin música”.
Esa diversidad de referentes también se ha reflejado en su crecimiento. “Con el tiempo, he ido evolucionando no solo como artista, sino como mujer. He ido entendiendo muchas cosas”, cuenta. “Yo empecé a los 15 o 16 años, era una niña, y con el tiempo fui encontrando mi sonido”.
Entre las canciones que marcaron ese camino está ‘Diablo’, un bolero-trap que nació durante sus primeras sesiones de composición. “Yo jamás imaginé que mi carrera iba a empezar con una fusión así, con un bolero-trap diferente y componiendo algo tan profundo”, reconoce. Para ella, el tema ocupa un lugar especial dentro de su discografía: “Es una de las canciones más importantes y de las que más amo por lo que representa”.
El track habla del ego como ese “diablo” que habita dentro de nosotros y que puede terminar convirtiéndose en nuestro peor enemigo, una idea que, además, conecta con una experiencia que ha acompañado su propio desarrollo artístico: la inseguridad. “Siempre he tenido esta parte de dudar en mis procesos, de mi talento, de lo que soy capaz o si realmente merezco estar ahí, y no me da miedo decirlo, no me da miedo admitirlo”, confiesa.
A esas dudas se suma también la exposición propia de una carrera artística y el hate que puede llegar con ella. “Cuando no estás listo para recibirlo, puede caer sobre ti como un balde de agua fría”, dice. Sin embargo, lejos de ver esas experiencias únicamente como obstáculos, Mía reconoce que también la han llevado hasta el momento actual: “Todo eso me ha puesto donde estoy ahora. Me ha dado la oportunidad de encontrar el sonido que estaba buscando”.
“Estoy tan feliz con lo que estoy haciendo. Siento que es tan yo y que me representa muchísimo”, afirma. Y si algo ha definido ese proceso es precisamente la posibilidad de moverse entre distintos géneros. Ha pasado por la cumbia y, durante su participación en Juego de voces, interpretó canciones de artistas como Miley Cyrus, Whitney Houston y Olivia Rodrigo, además de temas de Los Ángeles Azules. “He hecho de todo”, resume.
Esa búsqueda de identidad también estuvo detrás de la pausa que Mía tomó entre 2025 y 2026. Después de Nunca más —su EP debut de 2024—, tenía muchas canciones que iban en direcciones diferentes y, además, atravesó un cambio de equipo. “Fue una pausa de reestructurar el equipo, de componer, de ser más intencionales con lo que estábamos haciendo y preguntarme: ¿qué es lo que yo quiero decir como artista? ¿Cuál es el sonido que en estos momentos yo quiero adoptar en mi proyecto?”.
Para ella, detenerse también fue una necesidad personal. “Hubo muchos momentos, como ya mencioné, de mucha inseguridad, de mucha incertidumbre, de pensar que tal vez yo no tengo la madera que se necesita para aguantar todo esto”, cuenta. Sin embargo, esa pausa también cambió la manera en la que entiende los tropiezos de una carrera que define como una constante prueba y error. “Yo no veo lo que hice antes como un fracaso. Veo todo como un área de oportunidad”.
Una de las claves de ese proceso fue encontrar un equipo que creyera en el proyecto tanto como ella. “Cuando tú tienes un equipo que está dispuesto a darlo todo por ti, las cosas cambian. Ya no se siente como una labor de ‘ay, es que tengo que hacer esto porque es mi trabajo’, sino porque fielmente creen en el proyecto”, dice.
Durante esa pausa también compuso más de 20 canciones, muchas de las cuales todavía forman parte de lo que está construyendo. Pero, sobre todo, encontró una idea que hoy parece atravesar su nueva etapa: hacer música desde un lugar más personal. “Yo no tengo que hacer música para agradar a los demás. Yo tengo que hacer música que me llene”, afirma. “Estoy haciendo música que me gusta, estoy haciendo música que me pone feliz, que me nutre, que me llena y que ahora también tiene un porqué”.

Ese cambio de perspectiva se puede leer también en ‘On Fire’. Aunque la canción parte de una letra romántica y sensual, su videoclip lleva esa idea hacia un terreno mucho más personal y crítico: el de la inseguridad, el autosabotaje y la presión que existe alrededor de los artistas en una época en la que captar la atención del público parece cada vez más difícil.
Al mismo tiempo, la canción representa el inicio de una nueva etapa para MIA y del sonido que quiere mostrar de ahora en adelante: un pop girly, femenino y pegajoso, construido alrededor de una idea que hoy resulta especialmente importante para ella: “adueñarse de tu seguridad por completo y usar esa arma que es tan poderosa a tu favor”.
El concepto surgió durante una sesión de brainstorming con su papá. Al pensar en qué querían presentar con la canción, Mía imaginó inicialmente una estética muy femenina, inspirada en la imagen de Marilyn Monroe y las icónicas escaleras rojas de ‘Diamonds Are a Girl’s Best Friend’. Pero después apareció la idea de darle la vuelta a ese imaginario. “Queríamos hacer algo que tal vez fuera muy femenino, y ya después vino la parte del trasfondo”, explica.
Así nació la idea de un programa de televisión en el que todo parece estar diseñado para que la presentación salga perfecta: la coreografía, los bailarines, el vestido, la escalera, la canción. Hasta que deja de serlo. “¿Qué tal si con ‘On Fire’ podemos contar una historia, pero una historia real, una historia que no nada más me pasa a mí, sino a varios artistas?”, se preguntó Mía.
El resultado es también una crítica a la manera en que actualmente consumimos música. “Ahorita todo se trata de crear un hook para que atrapes a la gente en menos de tres segundos porque, si no, scrollean y les vale madres”, señala. En ese contexto, el videoclip plantea una pregunta que atraviesa tanto la experiencia del personaje como la de la propia artista: “¿Qué más tengo que hacer para que me escuchen?”.
La respuesta se vuelve cada vez más evidente mientras avanza el video. El público pierde interés, comienza a hablar, revisa sus celulares y la presentación se transforma poco a poco en un desastre. Para Mía, ese caos representa algo más que una crítica al consumo acelerado de contenido: también es la materialización de los escenarios que una mente insegura puede construir.
“Soy la reina de los fake scenarios”, bromea. Esos escenarios imaginarios, explica, pueden aparecer especialmente en momentos de estrés o alerta y terminar alimentando los propios miedos: olvidar una coreografía, pensar que nadie está prestando atención, imaginar que todos están hablando mal de uno. “Por eso se vuelve tan caótico el video, porque representa lo que está pasando en la mente de una persona que le encanta autosabotearse, que le hace caso a sus demonios y que los demonios le ganan”.
Pero ahí aparece la contradicción central de ‘On Fire’. Si el video representa el momento en que la inseguridad y los pensamientos negativos terminan ganando, la canción apunta en la dirección contraria. “Es una manera de decir: ‘Ya no más, yo ya no quiero que la inseguridad me gane’”, afirma. Para la cantante, la seguridad puede convertirse en una herramienta poderosa: “Yo confío en mí, porque sé que voy a llegar lejos y tengo muy claro hacia dónde me voy a dirigir, independientemente de lo que suceda”.
Esa tensión entre la canción y las imágenes era, precisamente, lo que buscaba. “Para mí era muy importante tener algo contradictorio para el video, porque para mí la canción irradia el adueñarse de tu seguridad y cómo esa arma puede ser tan poderosa”, explica. “Estoy muy orgullosa por cómo lo hicimos”.
El videoclip fue grabado en un set y también incorporó inteligencia artificial para construir al público que aparece en la presentación. “Creo que es una herramienta tan poderosa que, en vez de temerle y hacerla a un lado, podemos utilizarla a nuestro favor y hacer cosas muy cool”, afirma. Para ella, la posibilidad de incorporar nuevas herramientas también forma parte de esa libertad creativa que está buscando en esta nueva etapa.
Aunque creció cerca del mundo del espectáculo, Mía asegura que la presión no llegó desde su familia, sino desde el momento en que comenzó a enfrentarse a la mirada del público. Su primer acercamiento a los escenarios ocurrió en el teatro musical, interpretando a Annie en Anita la huerfanita, cuando todavía era una niña. “Yo no tenía contacto con lo que la gente opinaba de mí. No me importaba. Para mí era un juego”, recuerda.
La situación cambió cuando empezó a buscar en internet las primeras entrevistas que le habían hecho. En una de ellas se encontró, por primera vez, con comentarios negativos sobre su trabajo. “Me acuerdo de haber llegado al cuarto de mi mamá llorando y preguntarle: ‘¿Por qué la gente está diciendo esto si ni me conoce ni ha visto mi trabajo?’”. A partir de entonces comenzó un proceso que, con los años, la llevaría a entender que no todas las opiniones tienen el mismo peso.
“No estoy en contra de los comentarios constructivos. Al contrario”, aclara. Pone como ejemplo a Erik Rubín, quien además de ser su padre es su mánager y suele hacerle observaciones sobre su trabajo. “Él no me dice esas cosas porque quiera que me tire al piso o porque quiera que me ponga a llorar: lo hace porque quiere verme crecer y porque, aunque sea su hija, también soy su artista”.
Con el tiempo, aprendió a distinguir entre las críticas que pueden ayudarla a crecer y aquellas que simplemente buscan provocar una reacción. “Si alguien sin una foto de perfil me está diciendo ‘ay, cantas horrible, no te dediques a esto’, pues la verdad no le voy a hacer caso”, dice. También ha aprendido a tomar con cierta distancia los comentarios positivos: “Creo que también está bien padre aceptarlos y agradecerlos, pero tampoco hay que tomárselos muy en serio porque siento que, si no, uno pierde el piso”.
Eventualmente, la presión dejó de estar únicamente afuera. “Dejó de ser lo que la gente opinaba de mí y era lo que yo pensaba de mí”, reconoce. “Con el tiempo mi peor enemigo terminé siendo yo misma”. Esa frase conecta directamente con una de las ideas que atraviesan su música y que aparece de distintas maneras tanto en ‘Diablo’ como en ‘On Fire’: el autosabotaje y la lucha contra las propias inseguridades.
Su manera de enfrentarlo, ahora, pasa por cambiar la conversación consigo misma. “Me di cuenta de que si yo no creo en mí, ¿quién va a creer en mí?”, afirma. “Cuando tú irradias inseguridad, la gente se da cuenta”. Por eso, dice estar cansada de alimentar esas voces internas: “Ya estoy harta de estarme peleando conmigo, de que mis voces creen tanto ruido en mi cabeza. Voy a hablarme bonito, voy a creérmela y voy a decir: ‘Sí, voy a llegar muy lejos’”.
Para Mía, sin embargo, creer en sí misma no significa esperar pasivamente a que las cosas sucedan. “No nada más se trata de decir ‘ay, me voy a ganar la lotería’ y no voy a comprar el boleto, sino voy a trabajar duro para que eso suceda y voy a hacer todo lo posible para llegar a la meta”, explica. Después de una etapa marcada por la búsqueda, la pausa y la reestructuración, esa parece ser una de las certezas con las que encara lo que sigue.
Y lo que sigue, al menos musicalmente, viene cargado. En el corto plazo llegará ‘Qué jodido’ junto a Edwin Luna, una colaboración en la que Mía incursionará por primera vez en el regional mexicano, fusionándolo con el pop. “Es la primera vez que yo estoy cantando regional”, cuenta. Para ella, el mundo de las colaboraciones ofrece precisamente la posibilidad de explorar territorios que quizá no habría incorporado a su proyecto personal.
También prepara nueva música junto a otros productores. Entre esos proyectos está una canción que hizo con Saak, artista al que admira y con quien tenía pendiente trabajar. El tema se aleja un poco del pop más convencional para acercarse al soul y al R&B, dos sonidos que la cantante reconoce como parte importante de sus influencias. “Me tiene tan emocionada que la escuchen porque me saca un poco de lo convencional de la parte del pop, pero me siento como pez en el agua”, adelanta.
Después de la pausa, las canciones acumuladas comienzan a encontrar su lugar. “Esta pausa nos dio muchos bebés, muchas canciones, y vamos a estar sacando muchas de ellas”, dice entre risas. A eso se suma la incorporación de nuevas personas a su equipo, especialmente en el área estratégica, con quienes busca darle mayor coherencia y personalidad a esta etapa.
Así, mientras deja atrás la necesidad de demostrar que es suficiente y aprende a confiar más en su propio criterio, Mía parece entrar en una etapa en la que la versatilidad ya no es solo una característica de su música, sino también una forma de entender su carrera. “Estoy muy emocionada por lo que viene”, concluye.


















