Reseña: The Gold Album de Weezer

★★★★

Weezer siempre ha tenido una afinidad por los álbumes conceptuales, ya sea porque está imaginando cómo serían “unos Beach Boys más rudos” (Pacific Daydream, 2017), haciendo sus propias versiones de hits radiales (The Teal Album, 2019), reconectando con su lado más sensible (OK Human, 2021) o rindiendo tributo al metal ochentero (Van Weezer, 2021). Para su LP número 20, que técnicamente es autotitulado pero también es conocido como The Gold Album, el concepto es altamente irónico pero, al mismo tiempo, directo. Además, suena como uno de sus trabajos más clásicos. “Hay algo especial en tus primeras creaciones”, canta Rivers Cuomo —medio en broma y medio en serio— al inicio de ‘C.E.O.’, un himno cuyo sonido remonta directamente a su hit de 1994, ‘Undone (The Sweater Song)’. Esta idea es la base de un disco que imagina lo que hubiese sucedido si la banda hubiera publicado un álbum de transición en 1995, entre su debut en 1994 con The Blue Album y su obra maestra de 1996, Pinkerton. The Gold Album, como su nombre lo sugiere, es, de hecho, oro puro.

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La agrupación describió el proceso del disco como “menos charla, más rock”. En ‘Say Yes’, la canción que abre el LP y que comparte título con el clásico de 1997 de Elliott Smith, se puede escuchar cómo la actitud impasible que suele definir su música empieza a mermar. El vocalista comienza expresando en tono suspicaz su poca autoconfianza. “Todos me van a hacer sentir miedo/Así que solo pienso en que me van a pagar”, entona mientras el resto del grupo musicaliza estas dudas con una tonada enigmática. Sin embargo, la canción termina teniendo un coro tan pegadizo como ‘Buddy Holly’ o ‘The Good Life’, con letras que intentan transformar el ritual rutinario de hacer temas de rock alternativo en una afirmación positiva.

Hay una sensación de liberación a lo largo de The Gold Album. Con Kenny Beats (Rico Nasty, Vince Staples, Geese) en la producción, la banda adquiere un sonido más garage rock de lo que acostumbra, incluyendo guitarras que se inclinan más hacia el desert rock que al power pop. Es por eso que cuando cortes como ‘Don’t Make It Weird’ o ‘Shine Again’ pasan de riffs pesados a coros más luminosos, el mensaje cala más hondo que lo que hubiese podido lograr un disco normal de Weezer. En la sentimental ‘We Might as Well Be Strangers’, las guitarras parecen lamentarse al igual que Cuomo cuando rima cosas como “hablando de Nietzche” con “te necesito mucho”, versos que grita en compañía de Karly Hartzman de Wednesday, una de las múltiples bandas que tomaron inspiración del cuarteto californiano.

Cuomo pasa gran parte del disco rumiando en la crisis de la mediana edad que enfrentan sus fans, incorporando un toque crudo e introspectivo a su sonido cálido y familiar. ‘Hoops’ es toda una queja que comienza con, “Compré una tostadora simplemente para hacer tostadas/Pero antes tuve que escanear un código QR”. Amén, hermano. Y en ‘Nowhere’ hace su propia protesta al estilo NIMBY (“no en mi patio trasero”): “¿Por qué tuvieron que talar los árboles solo para construir un condominio de mierda?”. El frontman vocifera la consigna sobre un riff envolvente y efusivo que evoca dos de sus influencias más importantes de rock californiano: el espíritu anti-dispersión urbana de ‘Big Yellow Taxi’ de Joni Mitchell y la actitud audaz de Kyus.

Como es usual para una banda que ha hecho de su autoconsciencia impasible su lugar seguro, los momentos que más destacan del álbum ocurren cuando su estilo característico logra aludir a dudas que se tratan dentro del rock en sí mismo como, “¿Esto se sigue sintiendo real o estamos siguiendo la corriente? ¿Realmente importa saber la diferencia?”. ‘C.E.O.’ hace un contraste entre la visión inocente de un Cuomo adolescente que experimenta con su guitarra, y la cruel realidad de tener que seguir tocando los mismos sonidos noventeros para complacer a los empresarios. Allí, batalla entre contener sus impulsos de “científico loco” para poder seguir manteniendo “el cohete impulsado”, una metáfora que el fan del común puede interpretar como cualquier responsabilidad adulta que se tenga. Ciertamente no es el primero en hacer esta observación, pero el encanto y emocionalidad del grunge permite que la reflexión se entienda mejor.

El tema que cierra el disco, ‘The LA Sound’, es la estocada final de The Gold Album. Escrita por el guitarrista Brian Bell, es una fotografía de lo que es ser un grupo emergente que poco a poco va ganando fans a medida que toca en bares de mala muerte. “Venimos a explotar tu mente/Vamos a encender este lugar”, dice Weezer en el coro acompañado del tipo de rock alternativo que la hizo popular hace más de 30 años. Esta agrupación ha relatado su experiencia personal con los rituales del rock desde ‘In the Garage’, por allá en los días de The Blue Album, y aquí lo sigue haciendo con el mismo cariño. Resulta que, después de tantos años, todavía funciona que Weezer siga siendo Weezer.

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