Quevedo: “A Duki lo siento como el líder del movimiento”
Como si fuera la banda de sonido de una verbena, esas fiestas populares que son una tradición en las islas Canarias. Así pensó Pedro que quería que fuese el próximo disco de Quevedo, uno de sus apellidos devenido alter ego por el que el mundo entero lo conoce. Un álbum que gire en torno a su tierra, a sus raíces, a la música que escuchaba en las calles cuando era niño y todavía ni soñaba con convertirse en uno de los músicos españoles más escuchados del planeta. “Lo empecé a hacer hace casi un año y medio, en medio de la gira del disco anterior, viajando mucho y pasando mucho tiempo fuera de mi casa. En ese momento, por más que disfruté todo lo que hice, la verdad es que lo único que me apetecía era volver a mi isla, a Canarias, que es de donde soy yo”, dice Quevedo, en visita fugaz por el país, a dos meses de la salida de El Baifo, su tercer álbum de estudio.
“Fue como un momento de añoranza de mi tierra, extrañaba volver a casa. Siento que en todos estos años desde que empecé mi carrera más a nivel grande, he podido estar poco tiempo, o menos del que me gustaría. Este álbum ha sido eso, como un momento de pararme a reflexionar y hacer música pensando en volver a casa y pensando en lo que quiero que suene ahí. Era una cosa de nostalgia, qué sé yo”.
Días antes de la salida del álbum, en abril pasado, las redes de Quevedo invitaron misteriosamente a sus seguidores a que se acercaran a la playa de Las Canteras, en Las Palmas de Gran Canaria, y llegada la noche anunció la salida de El Baifo a través de una decena de drones en el cielo, que formaron distintas figuras vinculadas con las islas y cerraron el evento con el nombre del disco y la fecha de lanzamiento. Un mimo para su primer público, el que lo vio crecer hasta el infinito y más allá.
Pero lo cierto es que El Baifo está concebido de manera conceptual desde su mismísimo nombre. Baifo se les llama en Canarias a las crías de las cabras. “Vivo en un archipiélago donde tocan el tambor. Y la gente se mueve en medio del Atlántico donde vivimos tú y yo. Donde sé que me quieren”, canta este joven de 24 años en el estribillo del tema que da nombre al disco, pero no son versos suyos, sino que los tomó prestados de “Vivo en un archipiélago”, una canción popular de la cultura canaria, compuesta por Moisés Patricio González Pérez y Manuel Negrín, mejor conocido como Pololo, una suerte de himno del archipiélago.
“Este disco es como volver a celebrar en casa y está muy ligado a la festividad. Me lo imagino como lo que suena en una fiesta de pueblo. Tiene reggaetón, salsa, hay varios merengues. Es full Canarias, con las chácaras, los tambores y varios instrumentos de allí. Es volver a celebrar con mi gente y en mi casa todo lo que me ha pasado en mi carrera”.
“Hoy se perrea, porque El Baifo está en casa”, canta en el primer tema del disco, “Está en casa”, mientras que en “Galdar” le rinde tributo a uno de los primeros pueblos aborígenes de las islas y el cierre es con “Hijo de volcán”, junto a la agrupación Los Gofiones, orquesta tradicional canaria, confiesa en plan autobiográfico: “Me contradigo todo el rato, pero me hace sentir vivo. Humilde y arrogante, pero las dos con motivo. Moriré esperando de mi padre un mensaje emotivo. Y de mi madre, algún cumplido que sea objetivo”.
Un chico de pueblo convertido en apenas un par de años en fenómeno popular, que después de haberse mareado y golpeado de bruces contra el expansivo efecto de la fama y el éxito (tras el suceso global que significó la BZRP Music Sessions 52, en 2024 decidió alejarse de la vida pública durante un año, según confesó, para cuidar su “salud mental y física”), se refugia ahora en su hogar, mientras estudia e investiga sobre sus raíces y orígenes, para recuperar algo de aquel Pedro soñador de la infancia.
“Leí sobre los guanches, que eran las tribus que estaban en Canarias antes de que llegaran los españoles, y sobre la conexión que existe entre nuestro pueblo y el Caribe y de ahí la identidad de nuestra música”, dice. “Canarias es un sitio donde ha pasado mucha gente y tiene una historia muy fuerte que ha influenciado mucho en nuestra cultura musical. Desde hace 500 años hemos sido un punto clave a la hora de entrar a los mercados en Europa y al mismo tiempo somos el punto más cercano a Latinoamérica y especialmente a Centroamérica. Eso hizo que al día de hoy seamos una mezcla de tantas cosas que nos hace únicos en cierto aspecto, multidimensionales. De ahí que sintamos también un montón de ritmos que por ahí son de afuera, como la salsa, que todos sabemos que es de Puerto Rico, o el merengue, de República Dominicana. En un punto los sentimos como nuestros y lo bueno es que muchos de los merengueros y salseros de allí, clásicos de siempre, han hecho conciertos supermultitudinarios en Canarias. Celia Cruz cantó para 400.000 personas en Tenerife, Juan Luis Guerra hizo lo mismo para 450.000 también. El otro día, hablando con Elvis Crespo, que canta en mi disco, él me contaba cosas de la historia de los guanches, que sabía por haber ido tantas veces allá. Yo tengo un padre peninsular, de Madrid, mi madre es canaria, de chico viví unos años en Brasil, o sea, he tenido una vida increíble que hizo que abrazara esa mezcla en todos los sentidos, en la música, en mi cultura, en lo que significa ser canario”.
La música latina parece pasar por un gran momento tanto en Europa como en los Estados Unidos, ¿cómo ves vos este fenómeno?
Para mí es increíble. O sea, al final yo he crecido escuchando música latina, ¿sabes? Y desde que soy joven a mí lo que me inspira y con lo que me veo… O sea, yo soy de Canarias, que está como pegado a África, es un sitio que está muy apartado del resto, y las mayores influencias, y en donde nosotros vemos más un espejo a nivel de cómo es la ciudad y todo eso es con el Caribe, ¿sabes? A mí siempre me ha inspirado mucho y me parece que ahora está en auge porque tenía que pasar. Siento como que ha habido siempre mucho talento en lo latino y sobre todo muchas cosas que decir, que a día de hoy hay unos exponentes grandes, y en algunos casos enormes, que han llevado eso al nivel más alto. Bad Bunny, Karol G, Shakira y un montón de gente que ha sabido representar y llevar todo lo latino a todo el mundo.
¿Qué música escuchabas cuando eras niño? ¿Qué discos tenían tus padres?
Pues te diría que en mi casa lo que más se escuchaba era música de bandas pop españolas, porque a mi madre le gustaba mucho La Oreja de Van Gogh, o cantautores como Serrat y Sabina, pero siento que lo del tema de escuchar la música latina viene más de la calle, ¿sabes? En los barrios, en la calle, ahí en Canarias, se escucha full salsa, merengue, en las fiestas patronales. Es todo eso, vallenatos, etcétera. Es un lugar donde se hace mucha vida en la calle.
Antes decías que en el núcleo del álbum había algo de la nostalgia por tu hogar y lo cierto es que buena parte de los músicos de tu generación que hoy triunfan en la música urbana hablan constantemente de nostalgia, siendo realmente muy jóvenes aún. ¿Creés que hay algo generacional ahí?
Totalmente y creo que tiene mucho sentido, porque creo que ha cambiado más la vida en los últimos 20 años que en los anteriores 50, ¿sabes? Entonces creo que la manera en la que me crié yo, no es la misma manera en la que se cría la gente allí ahora mismo. Y hay muchas cosas que se echan en falta, o al menos es lo que siento. Vengo de un sitio muy apartado y he tenido la oportunidad de viajar el mundo, de ver sitios enormes, estar en ciudades grandes, conocer culturas distintas, pero siempre echo de menos ese momento de volver a casa. Y sobre todo de volver a casa y que esté todo igual, ¿sabes? Creo que ese es el punto de nostalgia que quizá me acompaña y que en mi carrera como que a veces tengo ganas de que el tiempo no pase para poder todo ese tiempo que me paso afuera disfrutarlo en mi hogar.
Por estos días, la nostalgia no es lo único que une a Quevedo con otros artistas del género urbanos. Esa mirada hacia sus raíces musicales que se despliega a lo largo de los catorce tracks de El Baifo es la misma que exploró Bad Bunny con la salsa en su última producción, Debí tirar más fotos, y también es similar a la de los últimos movimientos de Milo J con guiños explícitos al folklore argentino. “Creo que a toda la gente de nuestra generación que empieza a hacer música la mueve algo más, que tiene que ver con decir algo, más allá del género que haga. Es algo natural y cuando es así se puede hacer desde distintos ritmos y diferentes formas de componer. ¿Por qué limitarse cuando uno puede probar y experimentar con otras cosas, por más que te salga mejor o peor? Mi generación también ha crecido escuchando mucha variedad de música ¿sabes? Y creo que es bonito también, porque cada uno busca su camino y busca de qué manera puede aportar más allá de lo que es el full urbano y géneros como el trap o el rap”.
Quevedo se hizo mundialmente popular inmediatamente tras la salida de la colaboración con Bizarrap en 2022, a caballo de ese estribillo irresistible que pedía “queeeeeedate, que la noche sin ti duele”. Un año antes había grabado un gran hit con Duki, “Si quieren frontear”, y desde entonces su relación con la escena argentina fue de lo más fluida (grabó con Rei el tema “Fernet” y junto a YSY A “Lugares que llevo”). “Creo que Argentina es uno de los primeros sitios que me acogió, gracias a Duki y a Bizarrap, que me abrieron las puertas de su proyecto y me dejaron participar con ellos. Tengo muchos amigos, como Tiago PZK y tantos otros con los que he compartido el camino. Yo admiro mucho a la Argentina y al movimiento urbano que ha salido desde allí en los últimos diez años. Duki y todos los de su generación abrieron un camino de algo que no existía en España, con todo ese rollo del trap y con algo muy valioso: hablar en nombre de los jóvenes y de lo que ocurre en la calle. Porque en ese momento había como un estigma sobre las malas palabras, o hablar de drogas y de sexo. Pero eso era parte importante de la realidad, lo que ocurre en los barrios, ¿sabes? Y creo que hay muchos jóvenes que se sintieron representados. Ellos le pusieron voz a una generación que necesitaba a alguien que comandara en ese momento. Lo hicieron muy bien y además nos han enseñado el camino. A Duki lo siento como el líder del movimiento, una persona que nos fue enseñando cómo seguir después de cada paso y acompañó a todo el mundo en el crecimiento personal de cada uno. Él también nos enseñó a que si nos juntábamos entre nosotros el movimiento iba a crecer aún más, por eso nuestra generación produce tantos juntes, creo que fue una apuesta muy importante y también una buena enseñanza para lo que vengan detrás y quieran seguir nuestros pasos”.

Pedro Luis Domínguez Quevedo nació el 7 de diciembre de 2001, en Madrid, pero a los pocos meses su familia debió mudarse a Río de Janeiro. “Mi padre trabajaba en Hispasat (operador de satélites de telecomunicaciones), con todo ese tema de satélites y cosas así. Él no se dedicaba a nada de eso, pero no sé por qué acabamos volando a Brasil y allí vivimos dos o tres años. Tengo muy pocos recuerdos, algunas cosas puntuales como el salón de mi casa, la guardería, pero no mucho más. Algún día me gustaría volver, porque si bien no tengo idea de cómo es el lugar, es un sitio que siento que es parte de mi vida”.
A los 4 años el pequeño Pedro y su familia se instalaron entonces definitivamente en Las Palmas de Gran Canaria, su lugar en el mundo, esa suerte de tierra prometida a la que cada vez que se aleja siempre sueña en volver. “Vivir en una isla es algo especial”, dice. “No sé cómo serán las otras islas, pero en Canarias hay determinadas situaciones que solo vimos nosotros, ¿sabes? Es como que estamos apartados de todo, incluso de España, y eso en algún punto es algo limitante también. Crecer allí fue hermoso y muy especial, aunque hay cosas no tan buenas, especialmente a la hora de desarrollar una mentalidad de un joven ambicioso. Viviendo en una isla es más difícil salir, pero a la vez te venden que el éxito es salir, ¿sabes? Entonces es un poco complicado lidiar con eso. Desde que somos pequeños nos venden que si queremos tener éxito o seguir nuestros sueños, vamos a tener que hacerlo desde afuera. En el fondo tienen un poco de razón en algunos aspectos, pero a la vez pues estamos nosotros intentando que por lo menos con el tema de la música eso cambie y que la gente pueda hacer su producto desde allí y que no tengan que irse lejos de su familia o de su isla en busca de oportunidades”.
Quevedo dio sus primeros pasos en la música rapeando en las calles canarias y al poco tiempo se introdujo en la pequeña escena de las islas. Pero su historia grande en la industria de la música llegó, como la de tantos otros músicos de su generación, con la pandemia. “Yo no sé si estuviera hoy aquí si no fuera por la pandemia. Sin dudas la pandemia fue un impulsor de que empezara a sacar música”, asegura.
Este joven de honestidad nada brutal (todo en su carácter está matizado por su amabilidad y sonrisa franca), dice que ya tenía la idea en la cabeza de hacer algo con aquellos primeros temas grabados. Rapeaba con amigos, se juntaba con gente que estaba comenzando a hacer música, iba a los parques a despuntar el vicio, pero sostiene que todavía no estaba seguro ni tenía muy en claro que la música iba a ser lo suyo. “Lo veía como algo muy lejano vivir en el mundo de la música, algo casi imposible”. Pero entonces, llegaron el virus y el encierro.
“La pandemia me pilló en mi primer año de universidad. Recién había terminado el instituto y me anoté para estudiar administración de empresas, pero no sentía como una conexión. Ni con la carrera ni con nada. Llevaba mucho tiempo desmotivado por la vida en general. Me costaba encontrar algo que me apasionara. Hasta que llegó la música y ahí sí sentí algo especial, aunque todavía no lo veía como una opción viable para poder vivir de eso. Pero durante ese tiempo de encierro, que me sirvió para reflexionar y cambiar cosas de mi vida de ese momento, como volver a conectar con mis padres, decidí jugármela y las cosas empezaron a salir”.
Las cosas salieron tan bien que en 2022 Bizarrap lo convocó para una de sus famosas sesiones y el “queeeeedate, que la noche sin ti duele” se cantó y se bailó aquí, allá y en todas partes (hoy día tiene más de 2.100.000.000 de escuchas solo en Spotify), incluso, en cierto punto, a pesar de él. En medio del éxito de la canción, Quevedo fue invitado al programa La resistencia, uno de los talk show españoles más vistos, y el productor y músico argentino salió al aire a través de un audio en el que desafiaba al canario a contar en público qué parte del tema quería quitar antes de grabarlo. Ante las carcajadas del público y el asombro del conductor, Quevedo confesó que él quería quitar esa parte que decía “queeeeeedate…”. “Ya teníamos la primera parte de la canción, antes del quédate, y como que para mí cambiaba mucho. Me gustaba, pero creía que podíamos encontrar algo mejor. Pero Biza me dijo: ‘No, amigo, esa es la mejor parte’”.
Por aquellos días Pedro tenía 21 años y estaba en la cima del mundo, todo lo que había soñado se hacía realidad. Sin embargo, un año después aseguraba ser “la persona más hateada de España” y confesaba cuánto daño le estaba haciendo tamaña exposición: “Te dicen que estás gordo, que estás flaco, que no sabes cantar, que eres un hijo de puta, que eres un retrasado, que vaya cara de tonto…”. Allí fue que decidió parar y retirarse por una temporada.
¿El éxito es lo que te habías imaginado?
Mmm… En parte sí y en parte no. Creo que cuando uno se imagina el éxito en verdad no sabe ni lo que se está imaginando. Es una cosa que llega y cuando llega es como que tú dices: “Ah, vale, ¿esto es?”. Pero antes de eso tú estás buscando algo que no sabes ni lo que es, ¿sabes? Entonces por eso creo que hay que hacer la música de corazón, sin pretensión de nada. El éxito puede ser muy complicado si tú haces la música solo esperándolo, porque ese éxito no va a ser exactamente lo que imaginabas. A mí me renta porque amo lo que hago y disfruto haciendo lo que hago, pero si no fuera así, creo que no me rentaría ni por mucho dinero que me den, ni por muchas oportunidades que me brinden. La fama cambia tu vida de un día para el otro.
¿También cambia tu forma de relacionarte con la música?
No, eso no. Lo único que cambió con respecto a la música es que ahora trato de disfrutarla más y estar más presente. Hacer cada vez más lo que me apetece. Seguramente he cambiado algunas cosas en mi manera de componer, pero creo que de una manera natural y acorde al momento en el que estoy. A mí lo que más me gusta de la música es componer y de verdad que me encanta crear melodías o sentarme a escribir algún tema que sea más denso. Eso es lo que más disfruto y creo que lo que mejor se me da.
El Baifo es el cabrito en Canarias, pero entiendo que también es un juego con “la cabra”, sinónimo hoy de “el mejor de todos los tiempos”… ¿Quién es hoy “la cabra” para vos?
Bad Bunny, sin dudas, ¿no? Creo que no hay discusión alguna. Es un poco lo que te decía antes de Duki. Gente que ha llevado muy lejos y aun mucho más algo que era lo que los jóvenes de ese momento necesitaban expresar. Bad Bunny le puso voz y lo llevó hasta el Super Bowl, a las giras de estadio que está haciendo. Y creo que al final es un orgullo para la gente de nuestra generación, que ellos que nos han representado tanto estén consiguiendo cosas tan grandes.



















