El 8000: El presidente que se iba a caer: Mauricio Vargas, Édgar Téllez y Jorge Lesmes recuerdan la investigación que sacudió a Colombia

En 1995, mientras Colombia intentaba comprender hasta dónde habían llegado los dineros del narcotráfico en la campaña presidencial de Ernesto Samper, una parte fundamental de la historia se desarrollaba lejos del Congreso, la Casa de Nariño y los tribunales. Ocurría en una sala de redacción.

Mauricio Vargas, entonces director de Semana; Jorge Lesmes, jefe de redacción, y Edgar Téllez, jefe de investigaciones, estuvieron en el centro del trabajo periodístico que siguió las pistas del llamado Proceso 8000. Treinta años después, aquella experiencia regresó convertida en El 8000: El presidente que se iba a caer, serie documental de cuatro episodios basada en el libro que los tres publicaron después de la investigación. La producción mantiene precisamente ese punto de vista: no observar el escándalo únicamente desde sus protagonistas políticos, sino desde los periodistas que intentaban averiguar qué había ocurrido.

La serie vuelve sobre los casetes, las fuentes, las revelaciones y las decisiones editoriales, pero también sobre algo que difícilmente aparece en un expediente judicial: cómo se construye una investigación mientras está ocurriendo. Lesmes recibió los primeros casetes y trabajó con fuentes decisivas como Santiago Medina; Téllez aportó sus contactos con organismos de inteligencia, policiales y militares; Vargas debía proteger el trabajo de sus reporteros mientras enfrentaba las presiones que llegaban hasta la dirección de la revista.

Los tres periodistas recuerdan aquella redacción sin teléfonos celulares ni redes sociales, explican por qué nunca entendieron su investigación como una misión para derribar un gobierno y reflexionan sobre una historia que, tres décadas después, todavía continúa revelando piezas nuevas.

Cortesía de HBO MAX

Al reconstruir el Proceso 8000 tantos años después, ¿qué entienden hoy sobre la relación entre poder político, medios e instituciones que quizá no era tan evidente mientras estaban investigando?

MAURICIO VARGAS: De parte nuestra siempre tuvimos mucha claridad sobre cuál era nuestro papel. Aquí había varios actores: estaban los implicados en el escándalo, empezando por el presidente de la República; estaban las instituciones que tenían que decidir qué les pasaba a esos implicados a raíz de las revelaciones, y estaban los medios. En ese campo, Semana y quienes estábamos allí tuvimos un papel preponderante.

Lo que Jorge, Edgar y yo siempre tuvimos claro es que nuestra misión no era política. El éxito de nuestro trabajo no se medía por si se caía o no Samper. Mucha gente nos preguntaba: “¿Van a tumbar a Samper?”. Nuestro trabajo era destapar. El resto lo tenían que hacer las instituciones. La sociedad, a través de sus instituciones, tenía que resolver qué hacer con lo que encontrábamos.

El destape periodístico se dio. Las instituciones, en unos casos sí y en otros no, cumplieron con su tarea. En el caso del presidente de la República quedó la gran discusión sobre lo ocurrido en la Cámara, que no permitió que avanzara el juicio contra el presidente.

Era una época en la que esos papeles estaban mucho más claros. El famoso papel de perro guardián, del cuarto poder de los medios, estaba muy definido. Hoy todo es mucho más complicado por las redes sociales, la polarización y la batalla política que se libra también allí. Nuestra satisfacción fue cumplir con la tarea de llevar al público algo trascendente que no conocía. Esa es la tarea del periodista.

Cortesía de HBO MAX

¿Sería posible investigar hoy el Proceso 8000 de la misma manera?

ÉDGAR TÉLLEZ: Sería muy difícil. Con la expansión de las redes y de todo este mundo virtual, no es fácil hacer reportería o desarrollar una investigación sin que los sectores enfrentados empiecen inmediatamente a señalar que uno está haciéndole un favor político a alguien o que se convirtió en activista.

En el 8000 de hace treinta años nosotros éramos reporteros. No había celulares. Básicamente nos comunicábamos con un bíper o desde teléfonos públicos de monedas. Cumplimos una labor netamente periodística con una historia en la que, desde que comenzamos a verla, supimos que había algo muy grande detrás. La misión era escarbar hasta encontrar qué era.

Y había otra diferencia fundamental: el anonimato. Los artículos de Semana no se firmaban. Los periodistas no aparecíamos por ningún lado. Investigábamos, escribíamos y publicábamos sin convertirnos nosotros en protagonistas. Eso fue un factor muy importante.

Cortesía de HBO MAX

El Proceso 8000 produjo expedientes, testimonios, condenas y versiones enfrentadas. Al convertir todo ese material en una narración, ¿cómo distinguen entre lo judicialmente probado, aquello que tiene un fuerte sustento periodístico y lo que todavía pertenece al terreno de la interpretación?

MAURICIO VARGAS: Precisamente por eso escogimos ese modelo para escribir el libro, que ahora está nuevamente en librerías en una edición de Intermedio. Quisimos hacer una narración en forma de diario. La mejor manera de contar la historia era permitir que el lector viviera lo que nosotros habíamos vivido día a día y entendiera cómo íbamos avanzando.

No se trata de separar un bloque de cosas periodísticamente demostradas, otro de cosas judicialmente demostradas y otro de interpretaciones. Es una construcción. Lo que al principio era una sospecha después se convertía en una certeza periodística y, eventualmente, en algunos casos se transformaba en una certeza judicial con consecuencias.

Esa dinámica era la que queríamos contar. El libro y la serie tienen esa doble labor: narrar el escándalo y explicar cómo se destapó. Pero también muestran lo que ocurría dentro de Semana. Unos periodistas estaban contando el proceso interno de discusión y de reportería detrás de una investigación de enorme trascendencia política.

Después de haber estado tan cerca de la investigación, ¿todavía pueden aparecer cosas capaces de sorprenderlos?

JORGE LESMES: Sí. Hay algo que me llama muchísimo la atención: treinta años después escuchamos a algunos de los personajes que participaron en esta historia y todavía están revelando cosas nuevas.

Me sorprendió mucho, por ejemplo, lo contado por Robert Gelbard: que el gobierno de Clinton, y él personalmente, habían entregado las grabaciones a Andrés Pastrana bastante tiempo antes de la segunda vuelta. Y sigue la pregunta de por qué Pastrana no divulgó esas grabaciones.

Treinta años después estamos conociendo esa parte de la historia y nosotros estuvimos muy metidos precisamente en una de esas aristas: cómo se grabaron y cómo se distribuyeron esas grabaciones.

¿Qué puede revelar la miniserie mediante sus personajes y sus decisiones narrativas que no necesariamente estaba en el libro o en los expedientes judiciales?

ÉDGAR TÉLLEZ: Tiene muchas cosas que incluso nos sorprendieron a nosotros, que entre comillas creíamos que nos las sabíamos todas. El caso de Fernando Botero es muy revelador porque la producción junta las piezas y, al final, uno encuentra cómo encajan.

Botero no solamente terminó reconociendo cosas que anteriormente había negado, sino que aportó elementos sobre sus diálogos con Samper y sobre hechos cuyos fragmentos estaban dispersos. Para mí esa es una de las grandes virtudes de la serie: reúne las piezas y permite contemplar la película completa.

El libro necesariamente terminó en un momento determinado. ¿Qué cambia cuando se vuelve sobre esta historia treinta años después?

MAURICIO VARGAS: El libro termina, de alguna manera, con el archivo del caso judicial contra Samper por parte de la Cámara de Representantes, que resuelve no acusarlo ante el Senado. Hay un epílogo con unas conclusiones analíticas, pero el escándalo siguió después de publicado el libro. Continuaron pasando cosas que obviamente no podían estar allí.

Lo increíble es que treinta años después sigan apareciendo elementos. El 8000 parece uno de esos países con reservas petroleras infinitas: uno saca y saca petróleo y sigue habiendo petróleo.

El título es El presidente que se iba a caer. La pregunta inevitable es por qué finalmente no cayó. Después de investigar esta historia, ¿qué explica mejor la supervivencia del gobierno Samper?

MAURICIO VARGAS: Yo diría que lo más importante es que los mismos dineros que ayudaron a elegir al presidente también habían financiado a buena parte del Congreso y, sobre todo, a buena parte de la Cámara de Representantes.

Eso terminó teniendo una consecuencia institucional, judicial y política: la Cámara se negó a procesar al presidente. Muchos de esos congresistas ya estaban en la cárcel, pero sus reemplazos mantuvieron esas lealtades. Hay que recordar que el Proceso 8000 no investigaba solamente al presidente, sino también a más de treinta congresistas.

El problema era que quien debía juzgar también estaba comprometido por el mismo fenómeno que estaba siendo investigado.

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