El legado de Daniel Melingo: la obra del atorrante que unió el rock y el tango
Brilló en Los Abuelos de la Nada, creó Los Twist y reinventó el sonido del arrabal.
La partida física de Daniel Melingo deja un silencio imposible de llenar, pero su obra habla por sí sola y merece ser celebrada. Para entender su magnitud artística, hay que viajar a los vibrantes años 80, donde se consolidó como un pedazo de historia viva del rock nacional. Con sus vientos y su desparpajo, fue pieza fundamental de Los Abuelos de la Nada, aportando el vuelo necesario para esos años de éxtasis total, como bien recordó su histórico ladero Cachorro López en QPLF.
Pero su cabeza iba siempre a mil por hora. En paralelo a los Abuelos, junto a Pipo Cipolatti cranearon Los Twist, una banda que combinó humor ácido, rock and roll clásico y letras picantes para descontracturar y hacer bailar a la escena de la posdictadura. Su talento era tan magnético que hasta el mismísimo Charly García lo convocó para ser parte de la mítica presentación de Clics Modernos. Melingo era el condimento que todos querían tener en su banda.

Con el paso del tiempo, el rockero pegó un volantazo magistral, se calzó el traje a rayas y el sombrero ladeado para abrazar el tango reo. Desde la salida de Tangos bajos a fines de los 90, se convirtió en el crooner definitivo del bajo fondo porteño. Llevó la poesía marginal y la crudeza de las calles de Buenos Aires a los escenarios de toda Europa, apoyado en esa voz rasposa que te cantaba la justa al oído.
Melingo nunca dejó de ser un faro para sus pares y un catalizador de amistades musicales. Así lo demostró hace muy poco, convirtiéndose en el refugio perfecto para que el Pity Álvarez volviera a cantar grabando una colaboración inolvidable. Esa mística intacta también quedó inmortalizada cuando se juntó con Andrés Calamaro y el propio Cachorro para darle una nueva vida a “Himno de mi corazón”.
Respiraba calle, vanguardia y autenticidad. Así lo transmitía en cada charla, como lo dejó en claro en su gran entrevista de 2023 con Walter Domìnguez. Daniel Melingo ya no está, pero su clarinete, su actitud y su obra quedan para siempre en el ADN de nuestra música.














