Devonté Hynes y la música de La invitación

Devonté Hynes, músico, compositor y productor británico, formó parte de Test Icicles y publicó música como Lightspeed Champion antes de desarrollar Blood Orange, el proyecto que consolidó su voz entre el R&B y el pop alternativo. Hynes, quien también ha creado partituras para películas como Palo Alto y Queen & Slim, vuelve en The Invite, la deliciosa comedia dirigida por Olivia Wilde, al primer instrumento que aprendió, el cello, para encontrar un lugar entre cuatro personajes reunidos en una casa y las tensiones que sus conversaciones dejan entrever.

Cortesía de A24

The Invite explora las tensiones y los deseos no expresados bajo la superficie de relaciones aparentemente ordinarias. ¿Cómo tradujiste esos trasfondos psicológicos en música?

Me sentí afortunado porque el guion está muy cargado de conversaciones. Es una película de diálogos, con cuatro personajes en una casa. Tiene algo teatral, como una obra, y me resultó fácil entrar en el ritmo de ese espacio y comprenderlo. Lo difícil fue encontrar el lugar de la música dentro de una película con tanta conversación.

Cuando empecé a pensar en ella como una obra representada en un escenario, casi como si pudiera quitarle el aspecto cinematográfico y verla en un teatro, el proceso se volvió más claro. Pensé en el cello, el primer instrumento que aprendí. Me pareció que podía existir en ese espacio: es lo bastante flexible para sonar áspero, dulce, exuberante o tenso. Puede interactuar con los actores y, según la escena, quedarse al fondo o pasar al primer plano.

Eso era importante para mí. No quería que la música pareciera algo simplemente añadido a la película. Quería que estuviera viva y participara en la conversación, que se involucrara con lo que ocurre.

Trabajar con ese espacio limitado fue emocionante y también difícil. Saber desde el comienzo que quería usar el cello me ayudó, pero después apareció la complejidad: encontrar los huecos y hacer que esa conversación entre la música y la escena pudiera ocurrir. Me gustan los desafíos, así que disfruté el proceso.

Tu música suele evocar nostalgia y vulnerabilidad emocional. ¿Cómo usaste esas cualidades para explorar las contradicciones entre intimidad, deseo y soledad en The Invite?

Siempre he sentido que la música es uno de los pocos medios capaces de viajar en el tiempo. Puede evocar recuerdos, y siempre he percibido en ella una dimensión de la hauntología. La música puede aludir al pasado de una manera que a otros medios les resulta más difícil, sin quedar tan limitada por la estética de un momento específico. Puede trascender esas restricciones.

Quise trabajar con esa posibilidad en la película. Es algo que me gusta hacer de manera natural, pero aquí quería explorarla en particular. Quería que la música flotara y aludiera al pasado. Algunos momentos de la partitura son más tradicionales, en el sentido de la composición clásica, pero también quería mostrar que la película no está realmente en ese territorio. La música puede llegar a lugares más abstractos, con técnicas del cello que no son tradicionales. Fue muy divertido experimentar con esas posibilidades.

Cortesía de A24

¿Cómo trabajaste con Olivia Wilde para establecer la identidad musical de la película? ¿Cuáles fueron las conversaciones creativas más importantes?

Fue maravilloso trabajar con ella. Siempre he sentido que, cuando se compone música para una película, algo sencillo suele determinar si la colaboración será satisfactoria y si funcionará: que al director le guste la música. No a todos los directores les gusta, pero a Olivia sí. Le encanta. Además, tenía una visión muy clara de la película y, al mismo tiempo, estaba abierta a que los demás propusiéramos ideas y experimentáramos para encontrar el camino hacia esa visión.

Mientras yo grababa, ella hablaba de las emociones y los sentimientos de cada personaje. Para mí era fundamental observarlos. No quería imponer una emoción porque los cuatro atraviesan estados muy complejos y sienten cosas distintas durante casi toda la película, quizá hasta el final. Fue extraordinario conversar con ella sobre el paisaje emocional de cada momento: qué podía permitirle al público elaborar su propia interpretación de lo que ocurre en cada escena. Olivia fue increíble en ese proceso. El guion también tenía conversaciones extraordinarias.

Cortesía de A24

¿Cómo compones música que refleje lo que los personajes no quieren o no pueden expresar, sin decirle al público qué debe sentir?

Creo que las mejores historias son muy específicas. Esa especificidad permite abrirse a lo universal de la emoción. Eso es lo que nos conecta cuando vemos una película o leemos un libro: quizá no nos identificamos con lo que les sucede literalmente a los personajes, pero sí con su emoción central.

Intento recordar eso mientras escribo. También creo que el mejor arte crea un espacio para que cada persona encuentre sus propias emociones; no se las dicta. Es casi como si te llevara de la mano hasta una habitación y después te permitiera sentirte libre para entender qué está pasando. Eso es lo que intenté hacer con la música.

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