Rosalía en CDMX: LUX encuentra su forma más poderosa sobre el escenario
México ocupa un lugar importante dentro del LUX Tour. Rosalía programó ocho conciertos en el país, dos en Guadalajara, uno en Monterrey y cinco en la Ciudad de México. La noche del 24 de agosto llegó al Palacio de los Deportes para la segunda fecha capitalina y la quinta de su paso por tierras mexicanas.
Su paso por el país también se ha visto fuera de los escenarios. En los últimos días ha caminado por La Lagunilla, probado comida mexicana, incluso presenciado una batalla de “farmear aura” en el Parque México. Durante el concierto, habló precisamente de esos días en la ciudad.
“Estoy disfrutando muchísimo estos días aquí, tanto sobre el escenario como fuera de él. Y quería tomarme un momento para decirles a quienes son de aquí o viven aquí: qué privilegio. Mires por donde mires, siempre hay vida y belleza. Esta ciudad es preciosa: la arquitectura, la vegetación, los colores… Es un lugar muy vibrante, muy despierto. También están sus olores: a tierra húmeda, hasta a gasolina, a jacarandas. Y, por supuesto, la comida, unos tacos campechanos, unos taquitos… Estoy muy feliz de poder pasar tiempo en esta ciudad, que amo y que tanto me ha dado a lo largo de los años. Gracias a todos por venir esta noche, por compartir este momento y por elegir estar aquí. Significa muchísimo para mí”.
Sobre el escenario, Rosalía presenta una de las producciones más impresionantes actualmente. Hay una enorme cantidad de elementos funcionando al mismo tiempo. Coreografía, orquesta, bailarines, cámaras, iluminación, vestuario, escenografía y movimientos que necesitan estar bien coordinados. El resultado es un espectáculo en el que cada detalle está cuidado y todo funciona con precisión.
Eso incluye a la propia Rosalía. Como vocalista es casi infalible y su manejo del escenario es uno de los puntos más fuertes del concierto. Puede sostener los momentos más exigentes de la producción y, al mismo tiempo, hacer que una arena de ese tamaño se sienta mucho más cercana cuando habla con el público.
La catalana se mueve con soltura y encuentra momentos genuinamente cómicos dentro del show. Ese sentido del humor funciona particularmente bien porque LUX puede ser un espectáculo serio en ocasiones. Su manera de romper esa tensión ayuda a que el concierto respire y hace que su brillante personalidad esté presente más allá de la ejecución musical.
La orquesta en vivo, dirigida por la cubana Yudi Heredia, marca buena parte de la energía del concierto y amplía considerablemente el sonido de las canciones. Su presencia es fundamental para la escala que alcanza el show. La coordinación entre la orquesta, Rosalía y el resto de la producción es impecable. En los momentos de mayor intensidad, el volumen y las frecuencias bajas hacen que la música se sienta físicamente en el pecho, a pesar de que el Palacio de los Deportes no tiene la mejor acústica.
‘Berghain’ fue probablemente el momento más poderoso de la noche. La canción reunió buena parte de las virtudes del espectáculo. La fuerza de la orquesta, la producción electrónica, las voces pregrabadas de Björk y Yves Tumor, la interpretación de Rosalía y un juego de luces que convirtió al “domo de cobre” momentáneamente en un club berlinés.
LUX es un álbum dedicado a Dios, habla principalmente de la religión, la espiritualidad y la relación de Rosalía con Dios. Es un concepto que posiblemente no conectó con todas las personas que vivieron a fondo su era Motomami. Aun así, resulta interesante ver a una artista de su escala comprometerse completamente con una idea que era importante para ella, aunque supiera que podía dividir a su público.
LUX se entiende más cuando está acompañado por todo lo que Rosalía imaginó visualmente para él. El vestuario, las coreografías, la orquesta, las referencias religiosas y las imágenes terminan de construir su concepto.
En lo personal, algunas de las letras de LUX me sacaron por momentos de una experiencia que visual y musicalmente es monumental. Hay una dicotomía extraña entre la magnitud del espectáculo y ciertas frases que pueden sentirse demasiado directas. La producción te lleva a un lugar enorme y, de pronto, la letra puede hacerte consciente otra vez del discurso concreto detrás de la canción.
Pero incluso desde esa distancia emocional con el álbum, que por supuesto no asumo que sea generalizada, vale la pena experimentar LUX completo. Ver el concepto como Rosalía lo imaginó permite entender mucho mejor el proyecto y también dimensionar el trabajo detrás de él. Haber hecho un disco dedicado a Dios porque era lo que creativamente le nacía es una decisión respetable, especialmente cuando podía resultar menos accesible para parte del público que llegó con trabajos anteriores.
Rosalía también resolvió un reto complejo, hacer convivir LUX y Motomami dentro del mismo concierto. Son discos muy distintos en sonido, estética y concepto, pero la transición funciona. Canciones como ‘SAOKO’, ‘LA FAMA’, ‘LA COMBI VERSACE’, ‘CUUUUuuuuuute’, ‘BIZCOCHITO’ y ‘DESPECHÁ’ cambiaron de inmediato la energía del Palacio de los Deportes, pero bajo una misma narrativa. “No solo vinimos a llorar, también a mover el culo”, dijo la catalana.
Entre los recursos visuales recurrentes están las pinturas en movimiento. Rosalía recrea composiciones que recuerdan obras clásicas. Al llegar, recibe un enorme lienzo invertido, mientras que en otro momento el público aparece en las pantallas formando sus propios cuadros. Es una idea sencilla, pero está muy bien integrada al lenguaje visual de la gira y demuestra el nivel de atención puesto incluso en los segmentos que podrían funcionar únicamente como transiciones.
El repertorio incluyó buena parte de LUX, con ‘Sexo, violencia y llantas’, ‘Reliquia’, ‘Porcelana’, ‘Divinize’, ‘Mio Cristo piange diamanti’, ‘Berghain’, ‘El redentor’, ‘La perla’, ‘Sauvignon blanc’, ‘La yugular’, ‘Dios es un stalker’, ‘La rumba del perdón’, ‘Focu ’ranni’ y ‘Magnolias’. También aparecieron ‘De madrugá’, una versión de ‘Can’t Take My Eyes Off You’, de Frankie Valli, y una interpretación de ‘Angel’, de Jimi Hendrix, al comienzo de la noche.
Antes de ‘Sauvignon blanc’ ocurrió uno de los momentos más emotivos del concierto. Rosalía leyó una pancarta de una mujer llamada Pavlova, quien pedía que dedicara la canción a su tía Celina, fallecida el domingo a causa de cáncer. La artista aceptó y dedicó el tema a su memoria.
El concierto permite entender mejor LUX incluso si el disco no terminó de conectar contigo. La propuesta religiosa puede seguir generando distancia y algunas de sus letras pueden resultar menos efectivas que el espectáculo que las rodea, pero sobre el escenario el concepto adquiere otra dimensión.
Rosalía construyó una gira técnicamente impresionante, vocalmente impecable y visualmente muy bien pensada. Y en una noche llena de elementos funcionando al mismo tiempo, desde una orquesta hasta pinturas, coreografías y cámaras, consigue que todo parezca estar exactamente donde debe estar.



















