Murió Daniel Melingo, el artista que unió al rock con el arrabal

Se fue uno de los músicos más brillantes, inquietos y bohemios de la cultura argentina.

Falleció Daniel Melingo a los 68 años. Hoy nos toca despedir a un pedazo fundamental del ADN de nuestra cultura popular. Se nos fue el clarinetista atorrante, el hombre que le puso vientos a la primavera democrática y que, cuando el rock le quedó chico, bajó a los infiernos del arrabal para reinventar el tango.

Hablar de Melingo es hablar de la historia grande. Fue el motor rítmico y creativo detrás de Los Abuelos de la Nada junto a Miguel Abuelo, el cerebro delirante que fundó Los Twist con Pipo Cipolatti, y el ladero indispensable de Charly García en la mítica presentación de Clics Modernos. Le inyectó ska, humor e irreverencia a una Argentina que necesitaba desesperadamente volver a bailar en los 80.

Pero Daniel nunca fue un tipo de quedarse a vivir de la nostalgia. El año pasado, cuando nos visitó en los estudios de Rock & Pop para un mano a mano imperdible con Martín Ciccioli, repasó esa historia gigante, pero con la mirada puesta siempre en el presente. Su genialidad residía ahí: en no oxidarse jamás.

Esa inquietud constante lo llevó a mutar. Cruzó puentes que nadie veía posibles, al punto de unir el tango de vieja escuela con la escena urbana actual, como demostró en su reciente lanzamiento “José el Cuchiyero” junto a Malandro.

Su partida es un golpe abrupto que duele el doble, porque lo encuentra en un momento de plena efervescencia. Melingo estaba listo para lanzar un documental y Tangos bajos (Rework), un disco que cuenta con una verdadera selección de lujo entre sus invitados: Pity Álvarez, Fito Páez, Andrés Calamaro, el propio Malandro, Juli Laso y Maxi Prietto, entre otros. Se encontraba en plena gira de prensa y ensayando para lo que iba a ser la gran presentación oficial del álbum, agendada para el próximo 21 de septiembre en el Teatro Coliseo, acompañado por una orquesta.

Hoy las calles de Buenos Aires están un poco más tristes y silenciosas. El under se queda sin uno de sus faros y el rock nacional despide a un artista irrepetible que supo entender, antes que nadie, que el rock y el tango caminaban por la misma vereda.

Buen viaje, Daniel. Y gracias por tanta música.

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