Empecemos la fiesta
Una colorida vorágine de bufandas y pancartas que representaban a países de todo el mundo de habla hispana se alineaban en el camino desde la estación de metro Seven Sisters hasta el estadio, donde los éxitos de Bad Bunny salían de las barberías y los rickshaws de color rosa intenso transportaban a los asistentes al concierto. Esa atmósfera estimulante se transmitió perfectamente al interior, donde grupos de amigos con sombreros de 'pava' (paja) compartían margaritas heladas y otros se hacían selfies con camisetas de ranas a juego. Incluso antes de que comenzara el set, los propios fans se habían convertido en parte inseparable del espectáculo.

















