Fito Páez presenta ‘El hombre del torso desnudo’:  “Hay que desmitificar un poco la figura de lo poético”

“El poema es un misterio”. Cinco palabras, apenas. Un concepto. Una brújula. Esa sentencia que le dijo su amigo, el poeta, analista político y periodista Martín Rodríguez funcionó, para Fito Páez, como una máxima para la concepción de El hombre del torso desnudo, su primer libro de poesías, flamante lanzamiento de la editorial Emecé. 

Fito y Martín Rodríguez (Gentileza Planeta).

“Eso es todo”, explica el rosarino, sentado en una pequeña mesita de una sala de la coqueta y cálida librería Naesqui de Villa Ortúzar, con el propio Rodríguez a su izquierda. “Cuando alguien te dice eso y vos estás atento, eso va a cambiar tu vida para siempre. Yo no estaba exactamente en foco sobre el centro metafísico de lo que puede significar una obra, un poema. Y creo que también hay que desmitificar un poco la figura de lo poético. porque lo poético también es una madre dándole una teta a la hija o al hijo”.

Es una presentación íntima, con familiares, amigos, escritores, artistas y algunos periodistas. Allí están Alejandro Dolina, Nora Lezano, Cristian Alarcón, Alex Kohan, Martín Kohan, Ignacio Iraola, Ana Wajszczuk, Julio Leiva, María O’Donnell, Reynaldo Sietecase, Pablo Perantuono, Romina Ricci, Paul Higgs, Walter Lezcano, Martín Pérez y siguen las firmas. 

La presentación íntima del primer libro de poesía de Fito Páez (gentileza Planeta).

“Ahí hay poesía”, dice Fito y vuelve a la escena del bebé y la teta. “En ese hecho bello, o en cualquier cosa fuera del territorio de la literatura, como un amanecer. Por supuesto Juan L. Ortiz plasma eso en su extensa obra En el aura del sauce, en la que él cuenta el movimiento de los juncos, en el río, a la mañana”.

Martín Rodríguez, autor del posfacio del libro, habló antes que Fito. Señaló, entre otras cosas, que Páez tenia 20 años cuando escribió “Se fueron una a una las estrellas, El mar mordía rastros de su arena, Herida luz que me partió aquel cielo, Y hoy vuelves a amanecer viejo mundo, Japón estalla en ruidos y artefactos, La noche da su sexo a Buenos Aires, Y yo a la vista de algún escenario, Y hoy vuelves a amanecer viejo mundo”, letra de la canción “Viejo mundo”, incluída en Del 63, su debut como solista publicado en 1984. Y también establece un vínculo entre el verso “luna de los pobres siempre abierta” (del clásico “Yo vengo a ofrecer mi corazón”, incluída en Giros, de 1985), un vínculo con la poesía del peruano César Vallejo (1892-1938). 

Después de reflexionar un poco más sobre el ejercicio poético, Fito repartió entre los presentes los 32 poemas y, a la manera de un director, contó cuatro y puso a todos a leer, en simultáneo, las piezas. Una caótica intervención que concluyó con la lectura de los poemas más largos, a cargo de Reynaldo Sietecase y de su ex Romina Ricci, la madre de su hija Margarita, que terminó al borde del llanto.

Páez lee a Páez (gentileza Planeta).

Luego, Fito leyó luego Familia Gaucha, un poema gauchesco dedicado a Fabiana Cantilo, en otro gesto performático: “(…)La Fabiana, buena chica/ Le gustaban los muchachos de la barra de Palermo/ Los enredos, los infiernos/ Las discusiones feroces/ La querían los chanchitos, los embrujos y los dioses/ El sargento Passarella un buen día se hizo puto/ Fue después de un escorbuto/ Le gustaba la Daniela/ El travesti revirado que tenía la gomería/ Que le había dejao su tía en Colombres y Poncela/  Isabel, la desalmada, prima hermana ensimismada/ En vengarse porque el mundo le hizo daño/ Una noche hace unos años, la cogieron por sorpresa/ Los borrachos de una mesa cuando se apagó la luz/ Le hicieron cuatro hijos en menos de diez minutos/ Fue y mató a los cuatro perros y le dieron la perpetua/ La colgaron de la cruz (…)”.A los 62 años, Páez atraviesa uno de los años más prolíficos de su vida. Hace unos meses lanzó Novela, un álbum que tuvo su génesis en los años 80. Prepara un ensayo ambicioso: La música en tiempos de demencia masiva, que leyó frente a alumnos de la Berklee en Boston y de la UCA en Buenos Aires. Giró por Europa y, de aquí a fin de año, tiene shows programados en distintos puntos de Latinoamérica, Estados Unidos y Buenos Aires. El músculo del rosarino, que además de la música ha incursionado en la prosa y en el cine, parece no dormir nunca; la pasión, no descansa. El silencio de la noche es sólo un espacio para una nueva creación.

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