El dolor de Skay por la muerte del Indio Solari
“Buen viaje mi querido amigo”.
“Te llevo en cada recuerdo,
en cada canción de ayer.
Con un inmenso dolor.
Buen viaje mi querido amigo, hasta siempre.
Ahora sos la luz que viaja entre nosotros y para siempre.
Hoy es un día muy triste.”
Con esas palabras Skay Beilinson despidió a Carlos “Indio” Solari en su cuenta de Instagram, al enterarse del fallecimiento del líder de Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota.
El mensaje, cargado de emoción puso punto final a una historia que atravesó más de medio siglo y que dejó una huella indeleble en la música argentina.
Más allá de las diferencias que los mantuvieron alejados durante años, Skay y el Indio fueron mucho más que dos compañeros de banda. Juntos construyeron no sólo un universo nuevo dentro del rock , sino un fenómeno cultural que desafió las reglas de la industria y terminó convirtiéndose en una de las expresiones más convocantes y trascendentes del rock nacional.
El encuentro que cambió todo
La historia comenzó a mediados de la década de los setenta, cuando ambos coincidieron en los círculos artísticos y contraculturales que orbitaban entre La Plata, Valeria del Mar y distintas comunidades alternativas de la época. Fue allí donde nació una amistad basada en inquietudes comunes: la música, la literatura, el arte y una mirada crítica sobre la realidad.
Aquella conexión terminaría dando origen a Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.
Una sociedad creativa única
Desde los primeros años de Los Redondos quedó claro que la banda se sostenía sobre dos pilares fundamentales.
Por un lado, el Indio aportaba la voz, las letras y un imaginario tan enigmático como seductor. Por el otro, Skay construía un lenguaje propio desde la guitarra, con riffs y climas que terminaron definiendo el sonido ricotero.
La combinación dio vida a una obra extraordinaria que atravesó generaciones y quedó plasmada en discos fundamentales como Gulp!, Oktubre, Un baión para el ojo idiota, ¡Bang! ¡Bang!… Estás liquidado, La mosca y la sopa y Luzbelito.
El final de Los Redondos
En 2001 la sociedad artística llegó a su fin. La separación nunca tuvo una explicación única ni definitiva y, con el paso de los años, ambos ofrecieron versiones distintas sobre lo ocurrido.
Mientras el Indio comenzó una nueva etapa junto a Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, Skay emprendió una sólida carrera solista acompañado por Los Fakires. La distancia se volvió una constante y durante años la posibilidad de una reconciliación pareció imposible.
Los gestos que sobrevivieron al silencio
Sin embargo, incluso en los años más fríos aparecieron señales que mostraban que la historia compartida seguía presente.
En 2018, durante un show en Mendoza, Skay le dedicó “Pura suerte” al Indio y habló de él como un “querido amigo”, en un homenaje a los sueños y a la amistad.
En 2021, tras la muerte de Willy Crook, el Indio comentó una publicación de Skay en redes sociales, un gesto mínimo que generó una enorme repercusión entre los seguidores ricoteros.
Más tarde llegarían nuevas menciones afectuosas de Skay hacia quien definió nuevamente como “mi querido hermano Indio“, alimentando una ilusión que nunca llegó a concretarse sobre un reencuentro artístico.
El último adiós
Por eso el mensaje publicado por Skay tras la muerte del Indio tiene un significado especial. No se trata solamente de la despedida de un colega o de un viejo amigo.
Es el cierre de una historia que ayudó a moldear buena parte del rock argentino contemporáneo.
Con sus encuentros y desencuentros, con sus años de cercanía y de distancia, Skay Beilinson y el Indio Solari construyeron una obra que excedió a sus protagonistas y se transformó en patrimonio cultural de varias generaciones.
Y aunque uno de ellos ya no esté, esa historia seguirá sonando cada vez que vuelva a escucharse una canción de Los Redondos.















