Artistas que debes conocer: Melodie
No es un secreto para nadie que Puerto Rico ha sido un lugar clave para el reggaetón y el género urbano latino. Con el desarrollo del movimiento, la isla ganó visibilidad en la escena hispana y encontró un lugar privilegiado en el mapa del mainstream. Sin embargo, ese crecimiento también limitó significativamente cualquier proyecto que buscara nuevos horizontes fuera del dembow y de los patrones constantes y sincopados, cerrándole la puerta a decenas de talentos nacientes con ideas distintas.
A pesar de eso, el estancamiento que ha vivido el género en los últimos años, ya no solo en PR sino, a decir verdad, en toda la región, ha permitido que artistas con propuestas alternativas que no temen mezclar influencias urbanas con corrientes como el R&B, el hyperpop o el indie rock aporten sonidos innovadores al panorama musical boricua.
Es ahí donde una joven de cabello rojo y ropa que transita entre la fantasía luminosa de Disney y la estética gótica de Tim Burton irrumpe sin pedir permiso. Su maquillaje es oscuro, casi fantasmal, y sus dientes pintados de rosa llaman la atención de cualquiera. Se trata de Melodie, una de las personalidades más interesantes del circuito emergente, dispuesta a desafiar todas las concepciones con las que durante años han cargado los cantantes puertorriqueños.
La relación entre Melodie Cristal Rodríguez —su nombre de pila— y la música estuvo presente desde siempre.
Al pensar en sus principales influencias, es imposible para ella no mencionar a su padre, un prodigioso músico chileno asentado en PR.
Aunque no pasó mucho tiempo a su lado, lo recuerda como un hombre excéntrico, inquieto y abierto a todo tipo de influencias. A su alrededor podían convivir con naturalidad las sesiones matinales de violín o piano, discos de música afrocaribeña, funk y sonidos “de nicho”, además de soundtracks de películas. Melodie menciona estos últimos como un estímulo creativo indispensable.
Aún hoy, tantos años después, continúa escuchando los vinilos de metrajes infantiles de Disney y otros filmes para niños que su padre le regalaba. Encuentra especialmente atractivos los movie scores, con esos sonidos que pueden resultar nostálgicos y, al mismo tiempo, ligeramente inquietantes.
Su madre no se queda atrás en este apartado. Fue, sobre todo, a través del cine y el imaginario visual que compartían que terminó dejando una huella profunda en Melodie. Sucker Punch, Lara Croft y Æon Flux, junto con las producciones de Tim Burton que veía desde niña, alimentaron su fascinación por una estética más oscura, alejada de la versión más colorida y amable de la tendencia Y2K de inicios de los 2000.

En lo musical, el panorama era igualmente diverso. La cantante creció principalmente con su madre y, a diferencia de buena parte de su entorno, el reggaetón no formaba parte de la banda sonora cotidiana de su casa.
Con ella escuchaba artistas como Lindsey Stirling y Maná, mientras que de su padre heredó una curiosidad por lo diferente que hoy se refleja en su propia manera de crear. De él tomó especialmente esa necesidad de experimentar y moverse entre géneros sin demasiadas restricciones. “Me convertí en una miniversión de él”, dice.
Esa herencia incluso ha comenzado a aparecer de forma literal en su música más reciente. Mientras intenta comprender mejor el trabajo de su padre, Melodie ha vuelto a escuchar sus discos y ha empezado a samplearlos, buscando descubrir qué había detrás de las ideas que escuchaba de niña.
Pero la música no fue su primer espacio para escribir. Antes de convertir sus pensamientos en canciones, encontró en la poesía una manera de ordenar lo que sentía. Edgar Allan Poe aparece como una de sus principales referencias, aunque su acercamiento a la escritura nunca estuvo demasiado ligado a una tradición literaria específica. Más que estudiar poesía de forma académica, desarrolló el hábito de escribir constantemente: pensamientos, reflexiones o cualquier cosa que pasara por su cabeza. Incluso cuando no está componiendo, suele llevar esas ideas al papel y darles cierta musicalidad.
Ese proceso se mantiene hasta hoy. Sus canciones rara vez nacen desde una hoja completamente en blanco. Primero están las experiencias, los pensamientos y las frases que va acumulando en las notas de su teléfono o libretas; después, cuando llega al estudio, vuelve sobre ese material para encontrar aquello que puede convertirse en una canción. Así, la composición termina siendo una extensión de su vida cotidiana: lo que escribe primero como pensamiento puede transformarse después en una melodía, un verso o incluso en el punto de partida de una nueva etapa de su proyecto.
Desde que comenzó a lanzar música oficialmente en 2023, Melodie ha atravesado un proceso de exploración que la llevó de experimentar con distintas influencias a construir un universo artístico cada vez más definido. Su EP debut, *67, fue el primer acercamiento a esa identidad: un proyecto en el que ya estaba presente su intención de ser una artista alternativa y multigénero, pero en el que todavía convivían ideas propias con las de las personas que la acompañaban en el proceso creativo.
Después de ese lanzamiento vino un periodo de introspección. Melodie se alejó por un tiempo del ruido exterior para escuchar música, estudiar otros proyectos y observar cómo diferentes artistas construían sus propios mundos. No buscaba fórmulas o algo que imitar. Quería entender qué era exactamente lo que ella quería decir y cómo quería proyectarse. Fue en ese proceso cuando comenzó a reconocer qué elementos realmente le pertenecían y cuáles habían llegado a su música a través de otras personas.
La diferencia se hizo evidente con ‘No Le bajes’, el primer sencillo que lanzó después de su primer EP. Para entonces todavía no tenía completamente definida la dirección que quería tomar, pero ese lanzamiento abrió el camino hacia una etapa en la que la artista comenzó a tener una visión mucho más concreta. Hoy, cada decisión creativa —desde los drums y los movie scores que utiliza como referencia hasta los colores y las películas que comparte con su equipo— responde a una idea mucho más precisa de lo que quiere que sea su universo. “Ahora el proyecto es muy yo”, explica.
Esa claridad también se refleja en su imagen. Si en sus primeros años todavía estaba descubriendo cómo quería mostrarse, ahora abraza una estética mucho más teatral y exagerada, donde el maquillaje y el vestuario funcionan como extensiones de su música. Melodie se reconoce como una theater kid, y esa inclinación por las distintas disciplinas artísticas se ha convertido en una parte fundamental de su identidad.
La nueva etapa, sin embargo, no se limita a una estética. La cantante está construyendo una historia que pretende desarrollar a través de diferentes proyectos, personajes y escenarios, como si cada lanzamiento fuera un capítulo de un mismo libro. En ese universo aparecen Salt y Pepper, dos EP que sirven como la presentación de sus dos extremos.
El primero, que conserva una faceta más hyperfem y sentimental, explora su lado más vulnerable e introspectivo. El segundo le permite explorar una expresión más andrógina y alejada de la imagen excesivamente femenina con la que se había sentido encasillada en su etapa anterior, con un sonido más industrial, caótico y provocador.
La división es deliberada. Melodie no quería condensar ambos lados en un solo proyecto, sino permitir que cada uno tuviera su propia personalidad sin dejar de pertenecer al mismo mundo.
El performance ocupa un lugar central dentro de esa visión. Melodie ya ha comenzado a llevar ese universo al escenario como telonera de Álvaro Díaz y AKRIILA durante las giras que ambos artistas realizaron recientemente. Sus presentaciones están pensadas como un viaje entre Salt y Pepper, con una narrativa que espera poder desarrollar plenamente cuando tenga la posibilidad de llevar su universo a un espectáculo propio.
Por ahora, esos escenarios le han servido como un primer espacio para experimentar con los personajes, la estética y el componente teatral que quiere convertir en una parte fundamental de sus futuros shows.
Ese deseo de escapar de las fórmulas establecidas también ha marcado su relación con la industria. Para Melodie, el problema de Puerto Rico no es que exista el reguetón, sino que durante años el panorama urbano se ha movido alrededor de un espectro bastante reducido de sonidos. “Puerto Rico está muy estancado en el género urbano”, dice. Trap y reguetón aparecen, una y otra vez, como los puntos de referencia de una escena en la que todavía son pocas las propuestas que se atreven a tomar otros caminos.
Ella, sin embargo, nunca comenzó a hacer música pensando en qué podía funcionar dentro de una industria. Su aproximación parte de un lugar mucho más personal: hacer aquello que genuinamente le emociona, incluso si eso significa construir una propuesta difícil de encasillar. Esa misma actitud la ha llevado a entender que el espacio para sonidos diferentes no tiene que existir necesariamente de inmediato. Para ella, se está construyendo poco a poco gracias a artistas que han decidido empujar los límites de la música latina.
En esa transformación reconoce a figuras como Rosalía y Álvarito, pero también a artistas más recientes como AKRII y Latin Mafia, a quienes identifica como parte de una generación que está abriendo puertas para propuestas que antes podían parecer demasiado distintas. En ese contexto, entiende su propio proyecto como parte de una conversación más amplia: una que busca ampliar las posibilidades de lo que puede ser la música urbana y, al mismo tiempo, generar más espacio para que otras mujeres puedan desarrollar propuestas propias.
Pero si hay algo que resume mejor que cualquier etiqueta aquello que Melodie está intentando construir, es precisamente su resistencia a las etiquetas. Cuando se le pide que describa su música para alguien que todavía no la conoce, recurre a una idea que atraviesa buena parte de su universo creativo: se considera una artista “anti-pop”. No porque rechace el pop, sino porque quiere habitar su lado más extraño, oscuro y teatral.
Su referencia para explicarlo vuelve a ser Tim Burton. Así como el director construyó un lenguaje propio dentro del cine, Melodie quiere encontrar esa pequeña esquina extraña dentro de la música. “Me encanta ser la Tim Burton dentro de un mundo de otros directores”, explica. Y quizá ahí está la mejor definición de su propuesta: no busca escapar del mundo que la rodea, sino encontrar dentro de él un lugar que se parezca únicamente a ella.



















