Reino no tan Unido, los líderes nacionalistas de Escocia, Gales e Irlanda del Norte emiten memorando
Tras más de 225 años de “matrimonio” los líderes de Irlanda del Norte, Escocia y Gales buscan la independencia, ipso facto el fin del Reino Unido. A pesar de que no fue la primera vez que uno de sus miembros haya hecho un referéndum, como en el caso escocés, sucesos como el descontento con el liderazgo de Londres, Brexit (la salida del país de la Unión Europea en 2019) y la elección de movimientos independistas en las naciones ajenas a Inglaterra, prometen un cambio radical a la unión de las islas británicas.
Los ministros se reunieron el 14 de septiembre para debatir el futuro de la unión. El encuentro dio lugar a un memorando que reafirma el derecho de los tres países a “determinar su propio futuro por medios democráticos”; asimismo, se destaca el hecho de que, por primera vez en la historia, los tres líderes pertenezcan a movimientos independentistas. Dicho suceso fue calificado como una “señal de que la era de Westminster está llegando a su fin”. El documento también detalla cuestiones clave para la cooperación entre las naciones: en primer lugar, lograr “una economía más fuerte y justa” para “promover la justicia social y reducir la desigualdad”; en segundo lugar, “ampliar los recursos energéticos”, subrayando que estos deben servir a sus propias poblaciones; y, por último, fomentar la cooperación con Europa y el resto del mundo.
El documento concluye reiterando el derecho democrático de elegir si permanecen o no en la unión y haciendo un llamamiento al gobierno británico para que “prepare, planifique y facilite cambios constitucionales en cada jurisdicción”. El texto fue firmado por el líder del Partido Nacional Escocés (SNP), John Swinney; la líder de Plaid Cymru (Gales), Rhun ap Iorwerth; y la vicepresidenta del Sinn Féin (Irlanda del Norte), Michelle O’Neill. En ocasiones anteriores, Andy Burnham, el primer ministro de la unión ha declarado que sería posible un referendo para la independencia escocesa si se evidencia un “consenso claro”.
Otro suceso inesperado fue el apoyo de Donald Trump a la reunificación de Irlanda, hizo la declaración el 12 de septiembre en un viaje personal para atender un torneo de golf. Afirmó que aún no se pronunciaría sobre el caso escocés.
¿Cómo funciona el Reino Unido?
A menudo existe confusión sobre qué es, exactamente, el Reino Unido; no se trata de una república federal, sino del resultado de la relación entre países que se unieron de diversas formas a lo largo de los años, hasta formalizarse dicha unión en el siglo XIX. Está compuesto por cuatro países, Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte, originalmente, incluía toda Irlanda hasta que esta se separó de la unión en la década de 1920. Solo permaneció Irlanda del Norte, debido a su mayoría protestante —a diferencia de la mayoría católica del resto de la isla—, situación que, junto con otras problemáticas, desencadenó décadas de terrorismo y violencia entre el norte y el resto de la población, conflicto que concluyó con el Acuerdo de Viernes Santo, firmado en 1998. Actualmente, el Reino Unido funciona como una monarquía constitucional con democracia parlamentaria; en resumen, el rey es un jefe de Estado simbólico y las decisiones más importantes pasan por el Parlamento situado en Westminster, al lado del palacio de Buckingham en Londres.
Una diferencia clave entre Inglaterra y el resto de la isla radica en sus raíces. En pocas palabras, los ingleses tienen raíces romanas, mientras que los otros territorios poseían raíces celtas, además de una mezcla de otras identidades como la nórdica, la germánica, entre otras. La formación del Reino Unido estuvo lejos de ser pacífica. En corto, todo comenzó con la conquista de Gales en el siglo XIII, seguida por la de Irlanda y, finalmente, la incorporación de Escocia mediante la firma del Tratado de Unión en 1707. A esto se sumaron siglos de influencia y colonialismo británico sobre Irlanda, lo que culminó en la creación del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda en 1801.
CC: Wong Yu Liang / Getty Images
Todos estos países sufrieron, de alguna manera, represión inglesa en los ámbitos económicos, políticos y culturales. Por ejemplo, se prohibieron las lenguas e identidades irlandesas, galesas y gaélicas escocesas. Se llevaron a cabo genocidios e intentos de reasimilación de sus poblaciones a la “sociedad inglesa normal”, emulando las tácticas utilizadas en colonias como Canadá y Australia.
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Desde los siglos XX y XXI, se han producido avances en cuanto a la creciente autonomía y representación de los países que integran la unión, con medidas como la inclusión de sus lenguas o dialectos autóctonos en la educación y en la señalización vial.
Escocia inició su proceso de devolución de poderes en la década de 1990 —al igual que Gales— para obtener su propio parlamento y poder tomar decisiones sin la aprobación del parlamento central de Westminster. Irlanda del Norte vivió un proceso similar en la década de los 2000. Un hito clave para los movimientos independentistas fue el referéndum escocés de 2014, en el cual no logró alcanzar un consenso para abandonar el Reino Unido.
En la actualidad, las consecuencias del Brexit —una decisión que dividió al país, dado que Escocia e Irlanda del Norte votaron a favor de permanecer en la UE—, junto con la creciente desigualdad y a la percepción de incompetencia de los dirigentes de Londres, han provocado un cambio ligero en la opinión pública respecto a la independencia. Según la Royal Irish Academy, el apoyo a la unificación en Irlanda del Norte ha aumentado; según Statista, la opinión pública sigue dividida en Escocia y, en Gales, el sentimiento mayoritario es contrario a abandonar la unión.

















