Pity Álvarez en la tapa de ROLLING STONE: “El universo no quiere que vuelva a la cárcel”

Empiezo por el final. Es casi medianoche de un frío 9 de julio, un feriado especial en Argentina, en medio de un mundial, a la ansiosa espera de un partido por cuartos de final, y estoy en un pequeño y moderno departamento de Vicente López. De la hora pactada para la entrevista con Cristian “Pity” Álvarez apenas quedan cinco minutos. Ya hablamos de música, de arte, de sus planes futuros, de su amigo Daniel Melingo, que se fue hace apenas un par de días atrás, de su hija, Blondie, de dinero, de adicciones, de paranoias, de locura y de muerte a lo largo de cincuenta y cinco minutos sin interrupción. A exactamente un mes de tener que enfrentar un juicio por homicidio, que luego de varias suspensiones se llevará a cabo el 10 de este mes, es momento entonces de la última pregunta: “¿Tenés miedo de volver a la cárcel?”.

 
Pity se toma solo dos segundos para responder. “No”, dice seguro. “¿Sabés por qué no? Ayer ella [señala a su amiga sentada a su lado, dueña del departamento donde estamos] me abrió un montón la cabeza y me hizo escuchar un montón de cosas que yo por ahí no quería escuchar con respecto al juicio. Cosas que tenía como autoconvencidas, como que esto tiene que pasar porque tiene que pasar. Yo quería que llegue. Y me tengo fe. Ehhhhh… ¿Pero sabés por qué no voy a ir preso? Porque al final el veredicto no lo van a dar tres jueces. Lo va a dar el universo que se metió adentro de ellos. Porque yo no tengo que estar preso, ya está, yo ya pagué”. Hace una pausa, se toma un tiempo más y parece dudar de la frase que acaba de salir de su boca. Pero no, dice que está bien hablar un poco de eso, que antes no hablaba, pero que este es el momento de decirlo. “No voy a volver a ese lugar, porque el universo no quiere y, mal que mal, de ahí venimos. Algunos creen en Dios, no sé, yo creo en la energía materializada”. 

Es el final de tres encuentros que Rolling Stone tuvo con Pity en un lapso de siete días, en los que por unas horas el músico abrió las puertas de su intimidad como no lo hace desde hace casi una década. 

“No voy a volver a ese lugar [la cárcel] , porque el universo no quiere”, sostiene Pity Álvarez (Foto: Fernando Gutiérrez).

Pero retrocedamos hasta el principio de una semana agitada. “Venite y charlamos un rato”, me dice Pity por teléfono la tarde del 2 de julio. Después de más de un mes de charlas con Alberto Moles, hombre de la industria ligado a Pity desde tiempos de Viejas Locas, el plan es encontrarnos con el músico en un bar. “Eso sí, de lo único que no puede hablar es de lo que sucedió, porque puede interferir con el juicio”, advierten.

“Lo que sucedió” se refiere a aquella madrugada negra del 13 julio de 2018, en la que Cristian Álvarez Congiu, el Pity, luego de una discusión con Cristian Díaz, le disparó cuatro veces y lo mató frente a la torre 12 del barrio Samoré, en Villa Lugano

Veinticuatro horas después se entregó en la Comisaría 52 (“era él o yo”, dijo ante las cámaras), luego fue trasladado al penal de Ezeiza y ubicado en el pabellón pisquiátrico, en el sector del Programa Integral de Salud Mental Argentino (PRISMA). Allí tuvo varias internaciones y, cuatro años después, el día que cumplió 50 años, el 28 de junio de 2022, el Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional le otorgó al músico el arresto domiciliario, supervisado con una tobillera electrónica. Ese mismo día, se puso una nueva fecha al juicio oral en su contra por homicidio para marzo de 2023 (el juicio debía haberse realizado en abril de 2021, pero se postergó por recomendación del mismo tribunal, que consideró que Pity no se encontraba en condiciones psíquicas de afrontar el proceso). 

Semanas antes de que Pity tuviese que comparecer ante la Justicia, el tribunal suspendió una vez más el juicio amparándose en que el cantante aún no estaba en “condiciones psíquicas” y en la misma resolución, los magistrados competentes rechazaron el pedido de sobreseimiento presentado por su defensa, pero sí hicieron lugar al “cese del arresto domiciliario” y accedieron a quitarle la tobillera electrónica.

Desde entonces, Pity volvió, poco a poco, a conectarse con la música. Cantó aquí y allá acompañado por amigos, se subió a algún que otro escenario, participó de un documental y grabó unas canciones junto al recientemente fallecido Daniel Melingo, hizo un par de feats. y, en agosto de 2025, anunció oficialmente su regreso musical, con un concierto en diciembre, en Vélez Sarsfield. Pocos días antes, el show se mudó al estadio Mario Alberto Kempes, en Córdoba. “Si Dios nos hizo a imagen y semejanza de él, significa que todos somos Dios… Entonces, ¿quién me puede juzgar a mí? Solo el universo me puede juzgar”, fueron las primeras palabras para sus seguidores en medio de un concierto de más de tres horas.

Este año volvió a actuar en Rosario y en Mendoza; publicó un nuevo tema, “Lejos de ser”, con un video dirigido por Luis Ortega y con la actuación de Rodrigo de la Serna, en el que en el estribillo canta que “quiere matar al presidente”.

La gran actividad pública de Pity en el último año llevó a la fiscalía a reabrir el proceso debido a que sus apariciones demostraban su capacidad de atención y concentración, basándose específicamente en los conciertos. “Del mismo modo en que Cristian Álvarez Congiu debió organizar su esquema de actividades diarias para trasladarse a la provincia de Córdoba, ensayar, probar sonido y brindar un recital… deberá también organizar su esquema de actividades para enfrentar el desarrollo del debate oral”, sostuvo la fiscalía y puso fecha definitiva para el inicio del juicio oral el 10 de este mes.

“Venite y charlamos un rato”, me dice entonces Pity y ahí vamos. 

Pelo rubio, gorro de piel beige y anteojos oscuros de marco blanco. Robusto, pero no tanto como en las primeras fotos que llegaron a las redes ni bien dejó la cárcel; con una campera verde loro con palmeras negras. La última vez que lo había visto en persona todavía podía pasar por un galancito rolinga, al frente de Viejas Locas. Hoy, a los 54 años, luce su rostro de boxeador curtido y respira con alguna dificultad. “¿Cómo andás tanto tiempo?”, me recibe sentado en una mesa de un café de lo más coqueto en el barrio de Chacarita, junto a su amigo Charly, líder del grupo Do Neurona. El mozo se acerca con un tostado de jamón, queso y huevo y lo saluda cariñosamente, confirmando que Pity es habitué.

Cuenta que en el show de Mendoza, días atrás, la gente estuvo increíble, que salió todo como lo habían pensado y que está terminando de cerrar con una productora para hacer un concierto en Tucumán, el 8 de agosto, dos días antes del comienzo del juicio. Pero todavía quedan cosas por resolver [finalmente, el concierto fue suspendido].

“pienso que uno está loco cuando el 51 por ciento lo piensa. porque la gente manda” (Foto: Fernando Gutiérrez).

Está cansado y no comió nada desde el mediodía. Estuvo ensayando desde temprano con su banda porque la idea es grabar dos temas nuevos en breve y estrenarlos en Tucumán. Una chica se acerca, se disculpa y le pide una foto. Pity se limpia la nariz, se arregla un poco y sonríe para el celular. 

Tres días atrás murió Melingo y dice que el ex Abuelos de la Nada hacía poco le había escrito una carta en la que parecía despedirse. “Grabamos cuatro temas para su nuevo disco de Tangos bajos”, cuenta con tristeza. Pity devora su tostado y pide uno más. Está con hambre y con sueño. Revisa los mensajes en su celular. Por momentos parece perderse dentro de la pantalla. Por momentos cabecea. Charly lo mueve y le dice que se está durmiendo. “No, no”, reacciona Pity y sigue con la conversación. “Para las fotos me gustaría hacer algo con luces y sombras. Tipo las fotos que se saca [Keith] Richards, ¿viste? Con una luz que le marca bien las arrugas. Yo no tengo las arrugas de Richards, pero…”.

De Richards la charla pasa casi orgánicamente a los Stones, de su permanencia, de su nuevo disco (“para mí llegaron a su pico en Bridges to Babylon”, de 1997), de cuando los teloneó con Viejas Locas en el estadio de River (1998) y de lo increíble que es el álbum que grabaron con Muddy Waters (Live at the Checkerboard Lounge, Chicago 1981): “Igual para mí el mejor disco es Muddy “Mississippi” Waters – Live, de dos años antes”.

Cuando habla de música se entusiasma y le brillan los ojos entrecerrados. Se suma a la mesa un amigo que trabaja en Huracán y Pity le dice que le gustaría tener una remera con el logo del Globo. Rojo sobre blanco. “No sabía que te gustaba el fútbol”, se sorprende el amigo quemero. “A mí me gustaba el fútbol cuando en los equipos estaban los mismos (jugadores). El Independiente del 84”, recuerda y vuelve a distraerse con el celular.

“Estoy haciendo unos diseños de camperas buenísimos”, asegura y cuenta que su estilo es cortar distintas ropas y combinarlas. “Quedan buenísimas. A mí siempre me gustó hacer ropa. Una vez compramos un container de China con quince mil camperas y minifaldas para chicas y yo hacía unos diseños relindos. Siempre me gustó hacer ropa para chicas. Llevo una tijera en la mochila para recortar ropa. A las chicas les encanta cuando les intervengo algún pantalón o lo que sea”. Pide una limonada, que dice que es su preferida, y como el bar ya está en su horario de cierre, el dueño le deja que se lleve la botella a su casa. Las sillas arriba de las mesas a nuestro alrededor marcan que es hora de irse. “Bueno, dale, hagamos la nota. Venite el martes a mi casa y la hacemos. Después te paso la dirección”.

Tres días después de aquel primer encuentro, Pity me llama y me dice que no me contestó los mensajes el fin de semana porque estuvo un día y medio encerrado en su propia casa y sin su celular. “Mi casa es grande y en un momento salí de mi habitación, se me cerró la puerta y me quedó todo adentro: las llaves, el celular, todo. Entonces me tuve que quedar en la parte que está la cocina y una piecita que hay con telas. No podía salir al patio, nada. Encima hacía un frío bárbaro. Me tiré ahí en la pieza y me tapé con esas telas. Tenía miedo de que si alguien venía y abría no me encontrara porque estaba metido ahí abajo. Por suerte llegó el Padre César y me rescató”. 

El Padre César es César Scicchitano Tagle, conocido también como “el cura rockero”. Un músico que a los 20 años cambió la guitarra por los hábitos y que suele dar misas en Villa Luro o La Paternal. Fue probablemente la persona que más cerca estuvo de Pity desde que ingresó al pabellón psiquiátrico de Ezeiza. “Estuve primero acompañando mucho a la mamá de Cristian, y también a Mariángeles, la mamá de su hija, Blondie. Como la mamá se enfermó, me pidió si yo podía estar con él y hacerme cargo de las medicaciones y eso”, dice César, quien religiosamente pasa por la casa de Pity todos los días para ver si necesita algo o simplemente para charlar un rato. “Es muy linda la relación que tenemos. Él me tiene mucha confianza y yo a él lo quiero mucho. Es un ida y vuelta. Porque hablar con él es muy interesante, cuando nos ponemos a profundizar de distintos temas y eso”. 

César conoció a Pity a través del guitarrista Carlos “Negro” García López a fines de la primera década del 2000, pero comenzó una verdadera relación de amistad cuando se reencontró con Mariángeles Giovannone (con quien Pity tuvo su única hija, en 2012), que conocía de una escuela de Villa Luro, y el vínculo se intensificó a partir de lo ocurrido en 2018. De hecho, cuando a Pity le dieron prisión domiciliaria, fue a vivir a la casa del cura y el regreso a la música tras su paso por la cárcel fue con una canción que César le escribió especialmente y que grabaron juntos dos años atrás: “Falopero”, publicado en 2024 como simple. 

“Dicen que sos un falopero, que vivís al pedo, y que no merecés otra oportunidad. Dicen que viajás colocado, que estás hasta las manos, y que no podés vivir en libertad. Dicen y dijeron, dicen y dirán, sabios ignorantes, solo saben condenar”, cantan a dúo. “Yo escribí ‘Falopero’ porque cuando pasó lo que pasó, vi que hablaban tantas pavadas de él y de las adicciones. Es una canción para él, pero que también va para un montón de personas que padecen adicciones, ¿no? Que puede ser de alcoholismo, de drogas comunes, de lo que sea. Mucha gente se cree que sabe y opina. Yo creo que cuando hay una enfermedad o lo que fuera, hay que ser más respetuosos”.

Vos que estuviste tan cerca de Pity todo este tiempo, ¿cómo lo ves ahora?
Él está ahora tratando de grabar, ensaya con los músicos y eso le hace muy bien. A veces hace manualidades, le gusta trabajar mucho con las manos, entonces siempre está reparando alguna cosita. Cuando hace todas esas cosas, lo veo que está como muy iluminado, todo lo artístico lo ilumina. Un artista cuando se conecta con el arte es como que aparece otra persona, ¿no? Yo veo que le hace mucho bien cantar, le hace bien conectarse con los músicos, con el cariño que recibe de tanta gente. Ayer estuve con él y estaba reparando un escritorito de madera y estaba feliz de la vida. Porque él no es un artista meramente de canciones, es un artista, de la vida, de todo. 

“en el neuro-psiquiátrico armamos una banda con unos pibitos. sin expectativas artísticas” (Foto: Fernando Gutiérrez).

El Padre César es el que rescató a Pity del encierro en su propia casa el fin de semana previo a la entrevista y es él también el que recibe al equipo de Rolling Stone en la casa de Cristian, el 7 de julio. “Mirá que hoy no está en un buen día”, me advierte amable y cuidadoso. Casi un mantra que en las próximas cuatro horas escucharemos repetidamente tanto yo como los fotógrafos encargados de la producción que acompaña este artículo (Fernando Gutiérrez, que retrató al músico en la que hasta aquí había sido su única tapa en la revista –una portada icónica, en marzo de 2008, en la que Pity aparece con una corona de espinas en su cabeza–, y Adán Jones).

Al traspasar la puerta que da a la calle de la casa de Pity, se accede directo a un patio descubierto –aunque con un cerramiento de barrotes de lado a lado y por todo lo alto- con un espíritu netamente saynomoreano. “Pugliese Pugliese Pugliese” reza sobre un fiel retrato del Santo Patrono de los músicos. Más allá, una pintada reúne con precisión a dos de sus pasiones: la cabeza de un Homero Simpson del que sale el rostro inmortalizado en el afiche de la película Pink Floyd The Wall. “RR Felicilina x 30”. “Está saliendo el sol”. Un grafiti de prohibido filmar y varias pintadas que recrean lo que aseguran es su nuevo eslogan todoterreno: “La gente manda”. Hay una puerta que da a la sala de ensayo de la que cuelgan dos carteles: “Obra en construcción” y “ATENCIÓN: Los niveles sonoros en este lugar pueden provocar lesiones permanentes en el oído”. Hay una parrilla con huellas de un asado reciente. Hay una escalera que da al primer piso, una cocina y otra puerta más hacia la parte de adentro de la casa. Todas las puertas están cerradas y sin picaportes y cada puerta que se abre se cierra automáticamente con llave. Hay un solo juego de llaves que pasa de mano en mano según las necesidades.

Pity está sentado en medio de dos de los músicos de su banda en un sillón desvencijado, detrás de una mesa de madera pintada de rojo y con la leyenda “te necesito”. Pregunta con la mirada perdida si vamos a hacer fotos. Alguien le sugiere darse un baño antes y tras unos segundos dubitativo, acepta y se levanta sin decir palabras. “Lo acompañamos a que se dé una ducha y enseguida volvemos”, dice uno de los amigos y se van hacia adentro. “Perdón, pero hoy no es un buen día”, repiten por lo bajo. 

Tres horas después todavía esperamos en el patio frío y húmedo de una tarde que camina con lentitud hacia la noche. El Padre César sale del interior de la casa y pregunta si podríamos por favor hacer hoy las fotos, pero dejar la entrevista para otro día, Pity está cansado, explica, y se despide porque tiene que ir a dar una misa. A la media hora reaparece Pity en la escena, bañado, con una remera roja a rayas y un tapado de piel en la mano. Sigue preocupado y un tanto ensimismado. No encuentra las benditas llaves. “¿Todo bien si toco unos temitas con los chicos un rato? Lo necesito”, pide con amabilidad y la banda se encierra con su líder en la sala de ensayo. 

Definitivamente hoy no es un buen día y el plan de entrevistar a Pity se escapa como arena en nuestras manos. Todos tenemos esos días en que nos estalla el calefón, dice un hermoso tema. 

Cuarenta minutos más tarde, Pity se dispone a hacer las fotos. Pide una camisa que nadie encuentra. Pide talco, que está ahí en su habitación, pero que tampoco ninguno de los que buscan termina encontrando. Tiene una idea en su cabeza y nadie lo moverá de allí. 

Después de media hora de distintas pruebas de vestuario (se pone una remera de Scarface encima de la otra, un delantal de farmacéutico blanco y un saco negro), aparece un talco y él mismo se maquilla. Ahora sí se lo ve entusiasmado, en foco. Consigue que le acerquen un reflector portátil para lograr el efecto de luces y sombras de las fotos de Richards. Se nota que se siente mejor, es de noche, pero aquí y ahora, creando la puesta que tenía en mente, para Pity está saliendo el sol. Las fotos tienen un aura teatral y al mismo tiempo una crudeza difícil de describir en palabras. Todos se rinden ante la simbiosis Pity/arte. “Hablemos mañana y vemos cuándo podemos coordinar para hacer la entrevista, ¿sí?”, dice, pide disculpas y cierra la jornada: “Hoy no es un buen día”.

Cuarenta y ocho horas después, ya en la tarde del frío feriado por el 9 de julio, vuelve a sonar la Pityseñal. “Estoy en lo de una amiga. Venite y charlamos”. Esta vez la cita es entonces en aquel departamento pequeño y moderno de Vicente López, pasadas las 20. Cuando llego, Pity está escuchando “U Been Good”, del disco Big Bombo Mamma, de Willy Crook. Dice que le gustaría grabar algo con Valentino, el guitarrista de los Funky Torinos, y no duda en dejarle inmediatamente un mensaje. A los cinco minutos Valentino lo llama a su celular y le dice que estaría buenísimo grabar algo juntos, que cuando vaya para Buenos Aires (vive en Capilla del Señor) le avisa así coordinan. “Sí, bueno, viste, lo mío es right now, pero dale, hablemos”, responde Pity, corta y, ahora sí, está listo para la entrevista. 

¿Cómo estás?
¿Cómo estoy? Ehhhh… Equilibrado. Es un placer haber llegado a esta edad… Estoy equilibrado. Y estoy contento con lo que hicimos el otro día, con las fotos. Estoy acostumbrado a hacer cosas sin dinero y el otro día, hablando no sé con quién, llegamos a la conclusión que cuando no hay dinero, hay más arte. Porque uno se la rebusca para tratar de hacer eso que quiere hacer, que con dinero lo podrías lograr, pero sin dinero por ahí sabés que no lo podés lograr de la misma manera, pero tiene que encajar. Y para mí, hay muchas cosas que van y otras que no, para elegir hay un montón. A veces pierdo más tiempo en elegir que en realizar. Mejor cuando hay tres posibilidades en vez de cien. El otro día, cuando vinieron a mi casa, salí de la pieza después de bañarme y estaba medio punk-rock y te pregunté con vergüenza si me dejabas hacer unos soniditos con los pibes… Al final no hicimos nada, pero me hizo bien. Te pido disculpas… Es que yo les digo a estos chicos (por los músicos de su nueva banda) que no puedo manejar horarios… El calendario y la agenda es algo que no conozco. Lo que pasa es que no siempre podés hacer lo que querés, porque hay gente que se mueve con otra dinámica y está bien, pero otros patinamos en el medio de toda esa gente que va de lo cuántico. Por ahí te perdés un montón de cosas, pero te encontrás otras. Cuando me pierdo una y me fui por otro lado, encuentro otra. Nadie es más que nadie.

¿Cómo fue volver a subirte a un escenario después de tantos años?
Estuvo bueno. Hubo recambio de público…

¿Lo necesitabas?
Sí, es rebueno, me hace bien. Y cuando es de la manera en que lo hicimos, mucho mejor. Porque también cuando estaba internado en un neuropsiquiátrico armamos una banda con unos pibitos y nos subimos, pero eso no tenía muchas expectativas artísticas, pero ahora quería que me guste a mí, hacerlo como me lo imaginaba. Principalmente la música, porque de ahí partimos, y el trato entre nosotros. Me reinvento rápídamente. 

Pity tocó en Rosario, en mayo pasado, ante 25.000 personas.

En el primer show de este regreso, en Córdoba, el año pasado, hablaste de Dios y dijiste que “solo el universo te puede juzgar”…
No, no hablé de Dios, hablé de la gente que se cree que es dios. Por eso dije que yo también era un Dios. Si estamos todos hechos a imagen y semejanza y si vamos a creer en la palabra, somos todos dioses. Entonces vos Dios no me vengas a juzgar a mí. Pero lo dije irónicamente, por algo que había pasado ese día. Vino un fiscal que nos quería allanar en el camarín… Él quería encontrar algo mal, pero bueno, todos nos podemos equivocar. 

¿Estando en la cárcel o en el pabellón psiquiátrico compusiste canciones?
No, no daba. No daba por mi estado de ánimo y aparte que cuando me daban ganas y agarraba la guitarra aparecían todos: “Pity tocate ‘Fuego’. Tocate tal otro tema”. Y no me daban ganas. 

¿Qué hacías la mayor parte del tiempo?
Mate, pucho y cartas. Jugaba al truco. Hay mucha gente inteligente ahí adentro, y en los neuropsiquiátricos también.

¿Era como te lo imaginabas? 
No, mejor. No era lindo, pero me lo imaginaba más feo. Cuando entré, en mi imaginación era más feo de lo que realmente es. A ver, te voy a hacer una pregunta. Para vos, ¿cuál es la definición de la palabra loco? ¿Por qué a alguien lo encierran por loco? A mí me chuparía un huevo que me digan que estoy loco. Ahí adentro hay tantos talentos. ¿Te digo lo que pienso yo? Porque cuando me llevaban a esos lugares, viste, yo me sentía… ¿Yo tengo que estar acá, amigo? Igual estuvo bueno estar ahí, porque intercambiamos ideas locas con muchos internos. Pero bueno, te digo lo que yo pensé que es un loco. Estuve en lugares de locos y hay muchas cosas, esquizofrenia… Pero yo pienso que uno está loco cuando el 51 por ciento lo piensa. Porque la gente manda. Para el otro 49 por ahí sos un genio, pero cuando el 51 dice que estás loco, te definen como loco porque es lo que dice la mayoría. Pero bueno, qué sé yo…

Pity por momentos se atropella con las palabras y a veces busca y busca y no las encuentra. Ahora se le cruza la imagen de un “alto conocedor de… aerodinamia”, que conoció en el pabellón. Un piloto de aviones Boeing 747 o que al menos eso le contó. “Siempre solo estaba el chabón. No hablaba con nadie. Iba a la tele, miraba algo, volvía, se fumaba seis puchos y así. Antes de que se le apague uno, prendía otro, ¿sí? Se fumaba seis puchos y volvía a la tele. No molestaba, ni decía nada, ¿viste? Y un día se pone a hablar conmigo y, bueno, llegamos a intercambiar ideas y me contó que es alto consumidor de crack, que se gastaba mucha plata, ¿eh? Y decía que tenía que parar, porque tenía que hacerse unos estudios y si le encontraban algo estaba hasta las tetas. Era más grande que yo y me decía chiquitín y bueno…”. Pity se pierde, intenta retomar. Dice que estaba reperseguido el piloto y pensaba que lo estaban grabando. Se enreda en explicar la historia, pero la moraleja gira alrededor de que era alguien que había estudiado, inteligente, que conocía los secretos de temas complejos, pero que no podía resolver sus problemas de adicciones y terminó en un neuropsiquiátrico. “Ahí hay una hipotenusa”, concluye y me escanea con su mirada para ver si sigo su razonamiento.

Decís que gastaba mucha plata en drogas ¿Y vos cómo te manejás con el dinero?
Nunca tuve problemas de plata. Nunca me interesó tanto el dinero. El dinero, cuando empezó a pintar, a mí me hizo drogadicto, te digo la verdad. Pero siempre lo usé dentro del margen. Si ganaba 100, gastaba 10. Si ganaba 500, 50. Nunca fui un pibe de esos que se lleva la videocasetera de la vieja o te empeña la caja de herramientas. Siempre… A mucha gente le digo que no trate de saltar más alto del culo. La cosa en realidad no va por la plata. Para que la gente no piense ni crea ni entienda boludeces y esté al tanto, nosotros en el recital de Mendoza perdimos mucho dinero. Y no estoy arrepentido. Eso es como un currículum que entregaste en la escuela del rock. Aunque hayamos perdido un montón de dinero, fue nuestro mejor recital. Los que me conocen saben que no lo hago por plata.

¿Alguien te ayuda con las cuentas y el dinero?
Mi hermana. Lo hace ella porque no lo puedo hacer yo. Igual, yo en la parte ejecutiva soy muy, muy, muy bueno. Porque las ciencias exactas matan, porque tienen que ser exactas, ¿viste? No puede haber un chamuyo. Todo tiene que ser comprobable en la cuántica. Y es fácil. Pero… A mí como que en el barrio, boludo, no sé, ya me están mirando de reojo.

¿Quién? 
No sé. Los chicos. Porque se deben de creer que tengo mucho dinero y si yo sé que alguien tiene mucho dinero lo secuestro para no trabajar más.

El último disco de Trueno, Turr4zo, editado tres meses atrás, cierra con el tema “Pity in the Sky”, en el que el mismo Pity recita: “Mami voy tocando el cielo, tocando el cielo, tocando el cielo… No sé por qué me vino esta sensación, pero bueno, todo tiene fecha de vencimiento en este mundo loco. Quiero que vivas por siempre porque teniendo 23 tenés un talento y una carrera muy larga. Para mí es un placer con vos estar cantando y voy diciendo lo que estoy diciendo, que no sé si es tocando el cielo o yéndome al infierno. Tenés que conocer los dos momentos. Nunca vas a ser feliz toda la vida, porque todo está equilibrado en este planeta tan lindo. Todo tiene que estar equilibrado y vas a ser feliz la mitad de tu vida. Y la otra mitad, bancate de no estar tocando el cielo. Porque, para tocar el cielo, primero hay que conocer el infierno. Y te lo digo porque me pasó”.

La idea de ser feliz la mitad de la vida y la otra no Pity la viene masticando desde hace años. En 2012 Jorge Lanata lo entrevistó para su programa PPT, pero la nota no salió al aire hasta que detuvieron a Pity en 2018 y el periodista entonces sí emitió la entrevista inédita. “¿Fuiste feliz?”, le preguntó Lanata. “Soy feliz, la mitad del tiempo”.

“Esa entrevista la vi hace poco”, dice ahora Pity. “Yo lo readmiraba al chabón; lo último, bueno, no tanto, se puso medio rocker, pero cuando quiero ver algo pongo en la computadora ‘entrevista polémica de Lanata’ y las veo. El chabón nunca tuvo miedo a que lo maten. Se metía con gente de la política, gente pesada. Me acuerdo que el día de la entrevista llegué como una hora tarde al canal. No sé por qué no la pasaron en su momento y la empezaron a pasar cuando caí preso. Él ahí dice algo buenísimo, que yo me despellejé y que soy como un ‘héroe de la nada’… De la nada, ja, ja, ja… Qué bueno, me encanta”.

La amiga de Pity lleva puesta una remera intervenida por él con la inscripción/eslogan “La gente manda”. Y así como el concepto Say No More de Charly Garcia fue inspirado por la película Help, de los Beatles [allí, Paul McCartney repite una y otra vez la frase como única respuesta a las preguntas de una chica mientras bailan], “La gente manda” bien podría traducirse como el “Power to the People” de John Lennon y Yoko Ono. “La idea se me ocurrió un día que me quedé despierto y me quedé pensando… La gente manda es un proyecto. Es reconceptual. Es un proyecto para cuando nos aburramos de la música. Porque este es mi hobby, ¿no? Pero mirá si pinta que laburo, laburo, laburo, laburo… Mirá si tocar se convierte en mi trabajo… No tocaría más, porque a mí no me gusta trabajar. Me gusta hacer cosas de onda. Y como no me gusta trabajar, tuve que hacer un plan. ¿Entendés? Para que esto siga siendo mi hobby”.

¿Tenés otros hobbies? ¿Leés, mirás películas? 
No, nunca he leído un libro en la vida. Y hasta hace un tiempo veía películas, pero ahora ya no. Viste que los tiempos cambiaron, ¿no? No te das cuenta y te subís al caballo del tiempo. Y ahora es todo right now y short. Yo ya no puedo ver películas, y una serie menos. Nunca leí un libro porque soy muy ansioso, ¿entendés? Un libro que me hubiera gustado leer es El código Da Vinci, porque vi la película y hay una parte que me alucinó, pero no la entendí bien. No sé, el chabón habla de internet en una época en que no existía. Pero bueno, no puedo estar horas y horas leyendo. Hay que prestar atención y, además, yo no puedo estar haciendo una sola cosa.

“pity no es un artista meramente de canciones, es un artista, de la vida, de todo”, dice el Padre César (Foto: Fernando Gutiérrez).

Pity insiste en que piensa todo el tiempo en qué hacer si “esto de tocar” se transforma en un trabajo y que el plan “La gente manda” está pensado para que en 2028, ellos toquen en el lugar que elija la gente. “Todavía no sé cómo, pero va a ser así. Estoy muy agradecido con el grupo que armamos y muy sorprendido de la cantidad de gente que nos viene a ver y que todos entiendan tanto. En esta parte de esta vuelta, o lo que sea, quiero que la gente la pase hermoso y que el que vaya con la novia quiera volver. Todo se mueve por lo que hacemos nosotros, la música, que es la materia prima. De ahí parte todo, ¿no? De ahí vamos a ir a un sonido mejor, unas luces mejores, un escenario mejor, más colores… Producción. Todo eso es lo que la gente paga cuando compra una entrada. Por eso estamos siempre superagradecidos porque esa gente nos deja hacer nuestra función. Y yo quiero que cada vez la función sea mejor. O sea que voy a gastar mucha plata de lo que se recauda para hacer esa función. Porque me chupa un huevo ganar mucho dinero y tocar con tres fierros. Eso ya lo hice… ¿Qué fue eso?”.

Pity interrumpe su monólogo porque un ruido que había en el ambiente, de pronto se apagó y el silencio lo alertó. “Viste, las cosas que te molestan que no te das ni cuenta. Por eso, para mí, los que molestan, molestan aunque no estén”, dice en plan filósofo de la nada. 

Llega el momento de terminar en el principio, con aquella última pregunta sobre el miedo de volver a la cárcel. “No voy a volver a ese lugar, porque el universo no quiere y, mal que mal, de ahí venimos. Algunos creen en dios, no sé, yo creo en la energía materializada”. Apago el grabador. Pity vuelve a poner música y desde el televisor suena “Outstanding”, de Crook. Debajo, como sugerencia del algoritmo, aparece Pescado Rabioso. “Qué bueno Pescado”, le digo antes de despedirme. “¿Sabés que no lo escuché nunca?”, dice. “¿En serio? Ponelo, te va a gustar”. 

Mientras espero solo en el pasillo a que llegue el ascensor, en el departamento de la amiga de Pity empieza a sonar el riff inconfundible de “Postcrucifixión” y, enseguida, Spinetta canta eso de “Abrázame, madre del dolor”.

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