La Portuaria presenta ‘La vida en la Tierra’: Un elegante ejercicio pop
Podría ser el título de un documental, de un diario íntimo, de una reflexión sobre la especie humana. Pero La vida en la Tierra, el nuevo álbum de La Portuaria –el primero que el grupo graba en estudio después de casi dos décadas–, es un ejercicio de pop refinado apto para la pista de baile que funciona como un ensayo sobre la opresión y la alienación global en clave musical. Diego Frenkel y Sebastián Schachtel encabezan esta nueva mutación del grupo, que en un principio incluyó la participación de Christian Basso (uno de los fundadores), pero que ahora completan María Eva Albistur en el bajo y Fernando Samalea en la batería.
No hay solemnidad, aunque sobra elegancia. El puntapié inicial es en clave disco: un arreglo de cuerdas sintetizadas que remiten al final de los 70. Pero no hay nostalgia, no es un sonido retro. Es, más bien, una actualización de esos sonidos que definieron una estética y que aquí se reconfiguran en clave contemporánea. “En tu soñada libertad, no existe amor artificial”, canta Frenkel y la lectura podría volverse política.
El acordeón, sonido característico del grupo, aparece únicamente en “El animal humano”, una reflexión crítica sobre la civilización actual, el exilio espiritual con una línea esperanzada como remate: “Podemos empezar una vez más aunque nos llenen de mierda”. Guitarras arpegiadas y el sonido de un xilofón aportan un timbre diferente a un tema que incluye un guiño spinetteano (“vos sos el sol y además podés ser la luna”), que también trae ecos de Palo Pandolfo.
Hay una mirada sobre el empoderamiento femenino en clave electro-rock (“Centinelas”); hay ecos de Cerati en “Deshielos”, una canción que parece dialogar con la ancestralidad de la especie, desde los tiempos pretéritos en que el fuego ejercía un magnetismo hipnótico y los glaciares no estaban en zona de riesgo; hay en “Esta noche” una misteriosa incursión en el trip-hop, como un flash misterioso, galáctico y místico, que tiene una carga dramática (“esta noche, cuando subas, piensa en mí”), pero también una reflexión que trae la sabiduría de los años (“la vida es más que una puesta en escena”).
“Incendio” incluye flashes de un escenario apocalíptico (“hemos perdido el norte, tal vez no hay ninguno”, “te ves corriendo por ahí, saltando charcos de petróleo estancado”), pero el final es un subidón energético, una versión de “Hay que salir del agujero interior”, un tema que Virus grabó en 1983 y que conecta con el clima de aquella y de esta época también.













