Sudoku, pantallas y abucheos: Fito Páez vs. la atención fragmentada

Para su cuarta presentación en lo que va de 2026 en el Movistar Arena, Fito Páez se propuso algo diferente: tocar en vivo de principio a fin, por primera vez en Buenos Aires, su disco Novela.

Se trata de una obra conceptual, suerte de ópera rock, con guiños a Quadrophoenia, el clásico de The Who, y la participación especial de la notable actriz Lorena Vega como relatora de la historia. Un álbum que craneó durante más de tres décadas y concretó en 2025. 

Era un evento histórico. El propio artista lo había anticipado con un video en sus redes el día anterior al concierto. Allí aclaraba que, además, tenía previsto tocar más de una hora algunos de sus hits.

Fito Páez junto a su banda y Lorena Vega en el Movistar Arena (Guido Adler).

Lo que pasó anoche en el Movistar se volvió noticia pero por razones equivocadas. En los tramos finales de la performance de Novela, en la última de las intervenciones de Lorena Vega y con Páez en el centro del escenario, el público se despachó con una catarata de silbidos y abucheos. 

Fito rápidamente pidió silencio. El espectáculo continuó, pero a Fito le constaba ocultar su enojo y malestar. Y después de un intervalo salió a tocar las canciones que forman parte de la educación sentimental de varias generaciones y que lo transformaron en uno de los artistas más importantes del rock y la música popular en Argentina e Iberoamérica. 

Una celebración de hits que tendría que haber sido una fiesta, pero que a Fito le dejó un sabor agridulce. Primero, expresó su enojo con respeto. Y luego, durante “El amor después del amor” respondió a los silbidos de un rato antes arengando al público a que cante las canciones. 

¿Cuáles fueron las razones de las silbidos? Quizás en tuits como los de Guillermo Mastrini, reconocido Profesor de políticas de comunicación y economía de la cultura, pueden rastrearse algunos de los argumentos: “La gente va al baño, a comprar comida o charla, casi nadie le da bola al show de fito. Se le ocurrió cantar su último disco entero. Nadie vino a escuchar eso”; “Me jugué una partida de sudoku durante el recital de #fitopaez que aburrido!!!!”.

Se viralizaron, también, imagenes de buena parte del público, en sus plateas, concentradísimo en sus pantallas mientras Páez y su banda ofrecían el concierto en el cual se podía apreciar, también, un cuidado y atractivo complemento visual al relato musical. Y no estamos hablando de niños, ni de adolescentes. O sea, no es una conducta generacional, sino, más bien, un signo de los tiempos. 

¿Alguien se acuerda cómo era la experiencia de ir a un recital sin celulares? No había, entonces, posibilidad de distracción. Sobreestimulación, multitasking y atención fragmentada son tres patologías posibles para entender la conducta del público. No es un hecho aislado. Me ha tocado ver a personas haciendo videollamadas en medio de un concierto y tomarse selfies de espaldas al escenario, como si los músicos fueran una escenografía, un elemento decorativo. Un gesto definitivamente narcisista, otro signo de los tiempos. 

La del arte vs. entretenimiento es uno de los debates clásicos desde hace casi un siglo, abordado por Max Horkheimer y Theodor Adorno, los principales teóricos de la Escuela Crítica de Frankfurt. Suele entenderse al entretenimiento como un analgésico contra la rutina: una oferta efímera de evasión que, al apelar a fórmulas conocidas, le entrega al espectador exactamente lo que espera recibir. El arte, en cambio,interpela. Su fin no es necesariamente agradar o relajar; sino incomodar, cuestionar, sacudir. No da respuestas masticadas, sino que deja preguntas. 

Un detalle más, Fito mostró Novela, completo por segunda vez (la primera fue en Rosario, hace algunas semanas), pocas horas antes de lanzar Shine, un álbum de canciones nuevas. Inquieto y prolífico, nunca va a dejar de cantar las canciones que puso en nuestro walkman, pero tampoco va a dejar de componer, de cranear, de proponer. Nadie podrá cuestionarle el título de artista, con todas las letras.   

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