Samper, con los ojos bien abiertos
En el mundo del entretenimiento, la palabra “versatilidad” termina casi siempre como parte de algún discurso de marketing vacío. Sin embargo, para Juan Felipe Samper —conocido simplemente como Samper— esa palabra se ajusta plenamente a la realidad, es una bandera, una armadura forjada a través de dos décadas de búsqueda incesante. Hoy, a sus 40 años, el artista colombiano atraviesa un momento en el que los planetas de la actuación y la música parecen alinearse desde la perspectiva de una madurez muy consciente.
Samper no solo carga con el peso de haber sido la cara visible del tropipop, uno de los movimientos musicales más grandes de Colombia en lo que va de este siglo XXI, sino que hoy se erige como un actor con muchísimo potencial y un músico comprometido que ha decidido, finalmente, dejar de complacer a los demás para encontrarse consigo mismo.
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Para muchos, ver a Samper es recordar los conciertos multitudinarios de mediados de los 2000. Pero para la industria del cine y la televisión, Juan Felipe es un lienzo sobre el cual se han empezado a vislumbrar posibilidades dramáticas de múltiples tonalidades. Este año se perfila como el de su consolidación actoral, un frente que él mismo define con enorme entusiasmo.
“Por el lado actoral hay tres lanzamientos que a mí me tienen muy emocionado. Sale [una nueva temporada de] Perfil falso, donde me estreno haciendo un papel que nunca antes había hecho en ninguna ficción que yo hubiera realizado. Él es gay, a mí eso me pareció muy interesante al interpretarlo”, confiesa Samper. Para un artista que creció en un entorno donde “uno no se viste así, uno no dice eso, pilas con esto”, asumir un rol que rompe con el estereotipo del galán tradicional es, en esencia, un acto de rebeldía creativa.
Esa búsqueda de la diferencia lo ha llevado a cruzar fronteras. “Va a salir otro que es Memorias de un sinvergüenza, una producción que hicimos para VIX y Televisa, y sale hacia finales de año la primera película que hice para cines, para cine mexicano. Eso me tiene muy contento, me tiene feliz. Entrar al cine y más al cine mexicano no es algo que pase todo el tiempo y que le pase a todos los actores”. Ese proyecto está basado en el libro Memorias de un sinvergüenza de siete suelas, de la colombiana Ángela Becerra.
“En la actuación me encantaría hacer cosas que me saquen totalmente de mi realidad y sobre todo que muestren un lado oscuro mío”, dice. Cita a Meryl Streep para explicar su proceso: “Meryl Streep dice una cosa que yo amo y es que cada papel que interpretas deja en evidencia una parte que existe en ti, y eso a mí me vuela la cabeza porque, claro, si tú haces un loco demente y tiene que ser porque tú de alguna u otra manera lo tienes ahí. Me gustaría explorar eso”. En estas recientes producciones, Samper ha compartido set con figuras de la talla de Jaime Camil, Natalia Tellez, Carolina Miranda, Eric Elías o Manolo Cardona.
A pesar de su éxito actual, Samper no es ajeno a lo desafiante que puede llegar a ser la industria. “La competencia en televisión, en teatro y en cine también es muy alta, y a mí hoy no me ha llegado un papel que yo diga, ‘Este es el que soñé. Este es el que quiero’, uno en el que pueda tener un salto emocional berraquísimo. Me gustaría mucho eso, pero uno va de a poco”. Esa paciencia es el síntoma más claro de su madurez: “Lo que sí creo es que con el tiempo te vas volviendo un poco más picky, y ya hoy en día cuando recibo libretos y cosas, ya también tú dices, ‘Mierda, no quisiera hacer esto’”.

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Mientras Juan Felipe Samper continúa consolidándose en los sets de grabación, el eco de su pasado musical sigue resonando con una fuerza que ni él mismo esperaba, y hoy es muchísimo más que un eco. Sin Ánimo de Lucro, la banda que —inspirada por el trabajo que empezó Carlos Vives en los años 90— fusionó el pop con el acordeón y la parranda, vive un segundo aire, impulsada por la nostalgia y un catálogo que evidentemente se niega a morir.
“Después en el lado de la música, fíjate que yo he vivido mi vida como en esos dos frentes y dentro de la música tengo dos frentes, además. Tengo Sin Ánimo de Lucro, con quienes volvimos a tocar después de pandemia, y realmente ha sido maravilloso”, comenta. El regreso no fue un movimiento calculado de marketing, sino una respuesta a una audiencia que creció y maduró con ellos. “Sin Ánimo tiene esta cosa en donde ahorita le apela la nostalgia, mucha de la gente que creció oyendo esa banda hoy en día está en posiciones en las que quiere tener la banda en, es decir, están en posiciones de toma de decisiones en empresas, sobre todo. Y hay como un renacer de este contenido nostálgico, vuelve, y la gente dice ‘Ah, quiero volver a oír esta’”.
El regreso no se ha limitado a repetir una fórmula, y les ha permitido disfrutar de un proceso de autodescubrimiento que valoran cada día más. “Esto es como si tú hubieras dejado una pareja, un noviazgo durante muchos años, ya sabes qué le gusta, qué no le gusta, por qué se pone bravo, qué puntos es mejor uno no tocarle a la otra persona porque puede evitarse algún problema. Pasó mucha agua debajo de nuestros puentes”, confiesa Samper.

La banda ha celebrado este año dos décadas de existencia con el lanzamiento de un disco en vivo, un registro que, curiosamente, no tenían. “La primera intención que había con este disco en vivo es que Sin Ánimo no tenía nada en vivo… es una manera de refrescar y contar a la audiencia, ¿quién es Sin Ánimo de Lucro hoy en día? ¿Cómo suena hoy en día?”. El registro captura un concierto íntimo en una casa colonial del barrio La Candelaria, en Bogotá, un espacio donde la banda se desnudó musicalmente. “Quedó plasmada esa intimidad, ese reencuentro con los fans que empezaron el club de fans cuando tenían 15 años y hoy en día tienen 35. Nosotros también, teníamos 20 años, y ahora tenemos 40”.
Samper reflexiona sobre el lugar que ocupa el grupo en la historia de la música colombiana. Para él, Sin Ánimo de Lucro es parte del “top tres” del tropipop, sin duda alguna. Este género fue duramente atacado en su momento, pero una buena parte del público considera que el tiempo ha validado. “A mí me impresiona que Sin Ánimo de Lucro sí es un clásico y es un himno de una época colombiana, es muy bonito voltearte a ver y decir, ‘Mierda, mira el daño que hicimos con esto’ [risas]”.
Sin embargo, no olvida las cicatrices de la época de las críticas. “A mí me dio muy duro. Yo era muy pelado, tenía 25 años, y teníamos la nominación al Grammy. Había una inconsecuencia entre una cosa y la otra… Internamente esto desestabilizó mucho al grupo”. Hoy, su visión es más firme: “Me da rabia porque, si tú te pones a ver el reggaetón, sin que sea mi género preferido para nada, sufre mucho de eso y les vale huevo, y tienen una fortaleza interna. Yo creo que le faltó eso al tropipop… nos faltó arroparnos un poco más por parte de quienes manejaban en ese momento las bandas”.

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Si Sin Ánimo de Lucro es la “cajita de música de fiesta”, el proyecto de Samper como solista, parece ser su confesionario. Tras años de trabajar un poco en la sombra con muchísima gente, incluyendo sesiones con Justin Bieber para el remix de ‘Despacito’ en Colombia, colaboraciones con Morat, Andrés Cepeda y Adriana Lucía, finalmente está listo para lanzar su primer álbum de larga duración.
“Lo que más emocionado me tiene es que acabo de terminar de grabar mi álbum, que coproduje junto a Daniel Duplat. Es el primer álbum solista, y en este realmente va a quedar en evidencia toda mi influencia del rock argentino, del rock británico”, revela. Para Samper, este disco es más que otro paso en su carrera, y lo ve como una necesidad vital. “Tuve la fortuna de grabarlo en bloque, como se grababa antes, siempre había querido hacer un álbum así, y todas las historias que vamos a contar ahí son historias reales de mi vida, de mis relaciones con el amor en sus diferentes estados”.
El camino hacia este álbum ha estado lleno de obstáculos administrativos que Samper ha transformado en fortaleza creativa. “Para mí es súper doloroso que haya habido mucho espacio entre los lanzamientos de Samper solista… Pero todo ese proceso le ha dado una fortaleza, tengo una ilusión gigante, como cuando uno habla de un bebé, literal [Risas]. Me brillan los ojos y toda la cosa, y estoy en ese momento de mi vida en que me vale huevo y me importa un culo si le gusta a muchos, a poquitos o a nadie”.
Este Samper solista busca ser un storyteller, es el tipo que creció escuchando a Oasis, a los Beatles, a los Rolling Stones, o a Fito Páez, Charly García, Soda Stereo y Aterciopelados. Es el artista que prefiere la simpleza de un acorde bien puesto a la pirotecnia del virtuosismo intelectual. “Una cosa que aprendí en estos 20 años de carrera, es que uno chiquito quiere hacer cosas complicadas… hoy en día creo que la simpleza tiene mucha más fuerza que otras cosas. Hacer bien un ritmo en la guitarra es mucho más difícil que hacer una armonía que suene bien enredada”.

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Más allá de los desafíos y reflexiones que han venido con el arte, Samper ha venido emprendiendo una serie de búsquedas y viajes espirituales que parecen redefinir sus prioridades. Habla de su experiencia con la ayahuasca no como una moda, sino como un proceso de conciliación con su propia existencia y sus miedos más profundos.
“Fíjate que ese tipo de trips y ese tipo de experiencias en mi vida han sido fundamentales, porque yo sí tengo una cantidad de cuestionamientos sobre para qué estoy acá. ¿Por qué le tengo tanto miedo a la muerte? ¿Por qué la muerte se me presentó tan de frente siendo tan chiquito?”, se pregunta. Esa búsqueda lo ha llevado a entender que su identidad no está amarrada a su profesión. “Si tú me preguntas a mí ‘¿Tú quién eres?’, yo no te voy a decir que soy un cantante o un actor. Eso es lo que hago… Yo soy este bicho que está acá, y ayudarle a ese bicho a que encuentre qué mierda es lo que está haciendo dentro de esta locura de vida era muy importante para mí”.
La ayahuasca lo ayudó a soltar cargas innecesarias y a entender que el éxito no se mide por la rapidez con la que llegan los premios. Recuerda cuando, a los 24 años, estaba en los Latin Grammy y vio a Luis Enrique ganar después de 22 años de espera. “Mi reflexión en ese momento fue, ‘Esto a algunos les cuesta mucho, a algunos nos llega más rápido’, y creo que todo tiene que ver con tu nivel de conciencia… la manera en que lo disfrutas y en lo que tú necesitas crecer va a pasar en la medida que tú conscientemente lo puedas leer”.
Hoy, Samper se parece a un hombre que habita tres planetas: Uno es el del actor que explora la un mundo de nuevas posibilidades, está el del músico que canaliza la nostalgia colectiva en la fiesta, y está el hombre que se sienta al piano para dejar que las historias fluyan. En ese equilibrio ha encontrado una paz que le llena de satisfacción. Samper ya no está buscando el éxito; está buscando la verdad, y en ese camino, finalmente, ha encontrado su voz más poderosa.
Porque, como él mismo dice: “Las cosas pasan cuando tienen que pasar… y ¿sabes cuándo tienen que pasar? Cuando tienes los ojos abiertos para reconocer lo que pasó y ahí es donde estás listo”. Y Samper, después de 20 años de ruido y silencio, parece estar más listo que nunca.



















