Mazda: 20 años de evolución en México

Cuando Miguel Barbeyto llegó a Mazda México, en 2005, era parte de un equipo fundador que contaba con apenas siete personas y una ilusión: posicionar el nombre de Mazda en el mercado automotriz. “Es una experiencia de vida, mucho conocimiento, aprendizaje, errores, fracasos, aciertos, desaciertos, pero todo eso nos ha ayudado a que cada vez seamos más fuertes”, recuerda. Desde esos primeros pasos hasta alcanzar casi dos millones de vehículos producidos, la trayectoria de Mazda en México ha sido un ejercicio de resiliencia y reinvención.

“Hemos tenido cuatro grandes crisis. No quiero decir que se fracture, más bien no hemos dejado que se fracture y que, gracias a todo el trabajo que la gente ha hecho, hemos consolidado una marca sólida y fuerte”, explica. Mazda entró en el mercado con modelos icónicos y campañas que marcaron época, como el inolvidable “Zoom-Zoom”. Pero, más allá de la publicidad, la clave del éxito ha estado en poner al cliente en el centro de cada decisión. “Todo lo que hemos realizado es para que el cliente esté en el centro de cualquier esfuerzo que hagamos. Lo concibo como cliente interno y externo: llamo interno a las personas que trabajamos aquí y en las distribuidoras; externo, quienes compran los vehículos o reciben servicio. Eso es fundamental”, comenta Miguel, subrayando la importancia de la experiencia tanto dentro como fuera de la compañía. 20 años es toda una vida y, como en toda vida, el camino no ha estado exento de desafíos.

Miguel Barbeyto
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La pandemia del COVID-19 fue uno de estos momentos críticos que puso a prueba a la marca y su liderazgo. “Lo primero y más importante era salvaguardar la vida de las personas. Ya, después, con la cabeza fría, tomamos acciones para que la compañía no solo sobreviviera, sino que saliera adelante y más fuerte”, asegura. Para Barbeyto, las crisis son lecciones necesarias: “Cuando todo está bien, está bien. Pero, cuando viene una crisis, es cuando aprendes y ves cómo toda la relación se vuelve más fuerte”. Su liderazgo combina estrategia y humanidad. “No tenía ni la más remota idea de qué hacer [en sus inicios en la marca y cuando tomó la presidencia en 2017], pero me rodeé de gente muy talentosa. Aprendí a escuchar, a ser más humilde, y sigo queriendo aprender e innovar”, dice.

Para él, las personas son el activo más importante de la empresa. “Somos seres sociales. Necesitamos convivir, platicar, ver cómo se desenvuelve la gente. Sin personas, no hay empresas”, afirma. La filosofía de Mazda se construye sobre el principio de colocar al ser humano en el centro de todo, un concepto que se puede simplificar con el término “human centricity”. Por otra parte, su visión de la conducción tiene sus bases en la filosofía “Jinba Ittai”, que resalta la conexión perfecta entre conductor y vehículo, siendo este el verdadero corazón de su experiencia de marca.

“Más que tecnología, Mazda se enfoca en el manejo, en la sensación que debe tener el conductor. Es como una pareja: si cada quien va por su lado, ¿para qué casarse? Todo tiene que ir de la mano”, explica. Incluso en un mundo que avanza hacia la electrificación y la automatización, Mazda busca mejorar lo existente sin perder la esencia de la conducción. Los retos y oportunidades del futuro, para Barbeyto, están claros. “Estamos creciendo, pasando de una ‘adolescencia’ a una empresa adulta. Mantener el control y conservar lo que hemos logrado es un gran reto. Pero también hay oportunidades enormes, como acompañar al cliente más allá de la venta del vehículo, seguir regando la plantita para que siga dando y floreciendo”, dice, usando la metáfora que ha guiado su gestión para describir la relación con los clientes.

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Mazda también avanza en sostenibilidad, con estrategias multisolución que buscan reducir emisiones sin comprometer desempeño, pero, sobre todo, buscan dar a los clientes lo que realmente necesitan en vez de imponer una tecnología o visión. “Mazda está consciente de mejorar el planeta, pero no vamos 100 % al eléctrico; ofrecemos soluciones según el cliente y el mercado, mejorando lo que ya existe sin perder desempeño”, señala. Y sobre el vínculo de las personas con sus autos, agrega: “He visto clientes que tratan su coche como su bebé, lo cuidan y hasta le ponen nombre. Eso significa que algo bueno estamos haciendo; los clientes se identifican con un coche”.

Si tuviera que resumir estos 20 años en palabras, Miguel Barbeyto lo hace con sencillez: “Experiencia y tesoro. De ser siete, jóvenes, haciendo de todo y ver cómo evolucionó y que la esencia sigue fuerte, la verdad es que para mí… eso es un tesoro y lo debemos cuidar”. Su motivación diaria sigue intacta: “Que todo se puede, que no voy a descansar hasta tener un balance entre venta, satisfacción del cliente, empleado y distribuidor. Todo se puede. Seguir innovando, crear, pensar diferente. Eso me encanta”. Mazda México cumple dos décadas y lo hace de la mano de sus colaboradores, distribuidores y clientes, dejando un legado que combina tradición, innovación y pasión.

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