Camilo Lara: “La música de los videojuegos es un actor más dentro de Moscas”
Pocas figuras de la música contemporánea latinoamericana han transitado con tanta naturalidad entre la cultura popular, la experimentación y la industria audiovisual como Camilo Lara. Conocido internacionalmente por su proyecto Instituto Mexicano del Sonido y por su trabajo de producción para Damon Albarn, David Byrne, Beck, Trent Reznor, Omar Apollo, Norah Jones, Manu Chao, Natalia Lafourcade y Lila Downs, Lara también ha desarrollado una sólida carrera como compositor para cine, televisión y videojuegos. Su trabajo aparece en producciones que incluyen a Coco, Thor: Love and Thunder, Black Panther: Wakanda Forever, Narcos: México y A Million Miles Away, entre muchas otras.
Ahora suma un nuevo título a su trayectoria con Moscas, la película de Fernando Eimbcke (Temporada de patos, Lake Tahoe) donde la música adquiere un papel fundamental dentro de una historia atravesada por los vínculos humanos. A través de sintetizadores inspirados en los videojuegos clásicos de 4 y 8 bits, Lara construye una banda sonora que dialoga con el universo emocional de los personajes.
Conversamos con el compositor sobre las influencias detrás de Moscas, la presencia narrativa de los videojuegos y la forma en que las historias locales pueden alcanzar una dimensión universal.
A lo largo de tu carrera has construido puentes entre la música popular mexicana, la experimentación sonora y las bandas sonoras para cine. ¿Cómo convergen esas tres dimensiones cuando compones para una película como Moscas?
Tal cual. Esas son mis tres grandes pasiones y en Moscas están presentes todas. La película retrata una parte muy específica de la Ciudad de México, un barrio, una comunidad, un microcosmos muy mexicano con el que me identifico porque es el lugar donde crecí.
Por otro lado, el personaje principal encuentra refugio en los videojuegos. Ahí se siente poderoso, vulnerable y encuentra respuestas. Entonces la película me permitió trabajar con elementos muy cercanos a mí: la identidad de mi ciudad y esa fascinación que siempre he tenido por los sonidos de los videojuegos de 4 y 8 bits.
El reto consistía en encontrar emociones dentro de sonidos que podrían parecer básicos o limitados y lograr que llevaran al espectador por distintos estados emocionales.
En Moscas, la música relacionada con los videojuegos parece funcionar como algo más que un acompañamiento. ¿Representa un espacio emocional, una presencia narrativa o una huella del pasado?
Las tres cosas. La máquina de videojuegos es prácticamente un personaje más de la película. Es el gran compañero del protagonista y, a través de ella, el espectador descubre aspectos fundamentales de la historia.
Tiene muchos matices. La dificultad era evitar que esa música se sintiera repetitiva o mecánica. Había que convertir esos sonidos en una herramienta narrativa capaz de transmitir emociones complejas.
Esta pregunta la hago como un jugador que creció con los arcades y las consolas de Odyssey, Atari, Intellivision y Nintendo. ¿Qué videojuegos influyeron en la construcción de esta banda sonora? Yo escucho a Galaga, Yars’ Revenge, Astromash y, por supuesto a Space Invaders.
Space Invaders está ahí, sin duda. Pero creo que la influencia más fuerte fue The Legend of Zelda, especialmente las primeras entregas. Eran juegos llenos de misterio, aventura y épica. Para mí siguen siendo obras maestras de la música contemporánea. También están presentes recuerdos de Super Mario Bros. y de toda esa primera generación de videojuegos de Nintendo. Son referencias que tengo muy grabadas porque crecí con ellas y no necesité volver a estudiarlas; siguen muy vivas en mi memoria.

Más allá de los videojuegos, Moscas transita por territorios psicológicos y emocionales muy delicados. ¿Cómo evitaste que la música resaltara de forma obvia lo que sienten los personajes?
La clave era la contención. Tenía que ser una música muy sutil, que no impusiera conclusiones al espectador. Fernando Eimbcke siempre busca que quien ve la película construya sus propias interpretaciones. La música puede ser una herramienta muy poderosa, incluso agresiva emocionalmente. Por eso contenerla es más difícil que volverla dramática.
Es más fácil hacer algo efectista que algo que invite a pensar. Aquí la intención era acompañar sin dirigir emocionalmente al público.

Has trabajado tanto en proyectos profundamente latinoamericanos como en producciones globales para Marvel y Pixar. Pensando en ti y en lo que ha hecho Gustavo Santaolalla, te pregunto: ¿Existe una forma latinoamericana de entender la música para cine y videojuegos?
Sí, totalmente. Creo mucho en el poder de contar historias desde tu comunidad, desde tu barrio, desde el lugar que conoces. Mientras más específica es una historia, más posibilidades tiene de conectar con otras personas.
Probablemente algo muy parecido a lo que ocurre en Moscas sucede también en Shanghái o en cualquier otra ciudad del mundo, porque compartimos experiencias humanas. Pero las historias que yo conozco son las de Latinoamérica y son las que puedo contar a través de la música. Además, nuestra región está llena de emociones, de historias y de musicalidad. Hay muchísimo por explorar todavía.
¿Qué te permitió descubrir Moscas como compositor que no hubieras explorado antes?
Me gustó mucho trabajar con una paleta sonora extremadamente limitada. En la película utilizamos exclusivamente sintetizadores inspirados en sistemas de 4 y 8 bits. Algunos estaban procesados para obtener nuevas texturas, pero la regla era clara: jugar únicamente con esas herramientas.
Me encanta cuando un proceso creativo establece límites porque te obliga a encontrar soluciones distintas. No queríamos utilizar cuerdas, pianos ni instrumentos que ya vienen cargados de ciertas emociones. Queríamos llegar a esos sentimientos por otros caminos.
Para terminar, ¿qué proyectos vienen después de Moscas?
Acabo de lanzar un disco junto a Eblis Álvarez, de Meridian Brothers. También se estrenó recientemente México 86, una película para la que compuse la música y que cuenta con Diego Luna. Y, como siempre, sigo involucrado en varios proyectos al mismo tiempo. Me gusta estar constantemente contando nuevas historias a través de la música.
Muchas gracias por tu tiempo, Camilo.
Muchas gracias a ustedes. Nos vemos pronto.










