Ubeimar Ríos: “Muchos artistas se enamoran del fracaso”
Ubeimar Ríos llegó a Un poeta con una ventaja que difícilmente podía fabricarse desde la actuación. Conocía desde dentro varios de los mundos que atraviesan a Óscar Restrepo. La poesía, la filosofía, la docencia y también esa sensación de intentar algo durante años sin alcanzar necesariamente el reconocimiento esperado. Simón Mesa encontró en él mucho más que al intérprete de un personaje ya terminado. Director y actor fueron descubriendo juntos quién era Óscar, hasta alejarlo de la figura más sobria inicialmente concebida y convertirlo en ese hombre contradictorio, ridículo por momentos, doloroso en otros y siempre reconocible que finalmente llegó a la pantalla.
El éxito de Un poeta ha colocado a Ríos en una situación cargada de ironía. Después de reflexionar durante años sobre el fracaso, una película precisamente obsesionada con esa idea le ha dado una exposición inesperada. El fenómeno incluso lo ha llevado a preparar una ponencia sobre el tema y sobre esos “relámpagos” que pueden aparecer cuando todo parece perdido.
Ahora, mientras la película vuelve a cobrar impulso alrededor de los Premios Macondo, como ganadora de la Mejor Película Iberoamericana en la 68.ª edición de los Premios Ariel 2026 y como nominada a los ZYN Premios Rolling Stone 2026 en las categorías de Mejor Película, Mejor Dirección y Mejor Actuación, se prepara una adaptación estadounidense.
Ríos conversa sobre lo que aprendió (y lo que no) de Óscar, el peligro de proyectar las frustraciones de un profesor sobre sus alumnos, la disciplina detrás de cualquier vocación artística y sus dudas frente a la necesidad de que Hollywood vuelva a contar una historia que, para él, ya fue contada.
Usted ha dicho que comparte con Óscar el amor por la poesía, la docencia e incluso cierto sentimiento de fracaso literario. ¿En qué momento dejó de reconocerse en él y empezó a juzgarlo?
En realidad, nunca llegué a juzgarlo de esa manera. Hay cosas de Óscar con las que me identifico y otras que definitivamente no comparto. No hubo un momento específico en el que dejara de reconocerme en él para comenzar a juzgarlo. Creo que ambas cosas pueden convivir.
Hay momentos en los que quisiera decirle: “Hermano, póngase a trabajar, póngase a escribir y deje de quejarse tanto”. Pero también entiendo profundamente esa sensación de intentar algo y fracasar. Y no solamente ocurre con la poesía. Nos pasa en muchos aspectos de nuestra vida. Intentamos cosas, fracasamos y tenemos que enfrentarnos a lo que hacemos después con ese fracaso.
Óscar convierte el fracaso casi en una identidad. Como poeta, ¿cree que existe el peligro de enamorarse del fracaso porque también puede proporcionar una narrativa sobre uno mismo?
Sí. Creo que muchos poetas se esconden en el dolor y en el fracaso porque eso también puede convertirse en una manera de disculparse frente al miedo de arriesgarse a escribir.
Si uno se considera poeta, tiene que escribir constantemente. Tiene que trabajar constantemente en su poesía. Yo he escrito poesía, pero no me considero poeta. Si me considerara poeta tendría que haber escrito muchísimo más, tendría que escribir todos los días, y no lo he hecho. Me ha faltado esa constancia y esa disciplina.
Por eso sí creo que hay artistas que terminan enamorándose del fracaso. El fracaso puede convertirse en una especie de refugio que permite justificar por qué uno no hace el trabajo que debería estar haciendo.

Simón Mesa ha contado que Óscar era originalmente un personaje más sobrio y menos cómico, y que cambió cuando usted apareció. ¿Qué descubrió usted en Óscar que quizá no estaba todavía en el guion?
Fue fundamentalmente un trabajo con Simón. La relación que establecimos durante el proceso nos permitió ir descubriendo quién era realmente Óscar y el personaje fue cambiando a medida que avanzábamos.
Fue una construcción conjunta, una exploración. Óscar pasó de ser quizá un personaje más serio y más sobrio a convertirse en el hombre que finalmente aparece en la película. Pero yo le doy muchísimo crédito a Simón. Fue ese trabajo entre los dos el que permitió que Óscar cobrara la vida que terminó teniendo.

Simón Mesa ha sido profesor, usted también lo ha sido y Óscar intenta orientar a Yurlady. ¿En qué momento un maestro deja de acompañar el talento de un estudiante y empieza a utilizarlo para reparar sus propias frustraciones?
Ese es un peligro muy grande de la docencia. Muchas veces los profesores, tratando supuestamente de ayudar a alguien, terminamos convirtiéndonos en los peores enemigos de nuestros estudiantes.
Sucede cuando, en lugar de ayudarlos a crecer y a encontrar su propio camino, intentamos convertirlos en aquello que nosotros no logramos ser. Proyectamos sobre ellos nuestras frustraciones, las cosas que no pudimos hacer o incluso nuestra propia falta de talento.
La función de un maestro debería ser acompañar al estudiante y ayudarlo a formarse, pero nunca utilizarlo como una manera de reparar sus propias frustraciones. Y eso es algo que ocurre con Óscar y Yurlady.

La película se ríe de Óscar sin convertirlo simplemente en un bufón. ¿Cómo encontró el punto en el que podemos reírnos de él y, segundos después, sentir dolor por ese mismo hombre?
Porque Óscar es una persona real. Nos reímos de él, de lo pusilánime que puede llegar a ser, de algunas de sus actitudes y de todos los líos en los que se mete. Pero al mismo tiempo podemos sentir dolor por él e incluso respetarlo.
Es un hombre profundamente comprometido con la poesía, aunque paradójicamente no escriba. Está comprometido con el arte y termina encontrando también una razón para vivir en la docencia. Intenta ser un buen profesor, aunque muchas veces no lo consiga.
La clave era no construir una caricatura. Óscar tenía que ser un ser humano. Alguien como tú o como yo, lleno de contradicciones. Por eso podemos reírnos de él y al mismo tiempo sentir dolor por lo que le ocurre.
Usted fue profesor durante años antes de interpretar a un profesor. ¿Hubo algo de Óscar que lo obligara a revisar su propia manera de entender la relación entre un maestro y sus estudiantes?
No creo que Óscar me haya dejado una enseñanza particular como maestro. Diría que ocurrió más bien al contrario.
Óscar termina siendo profesor casi a regañadientes. Es su mamá quien prácticamente lo obliga a ponerse a trabajar. Yo, en cambio, he sido profesor durante muchos años. Así que probablemente fui yo quien le prestó a Óscar algunas herramientas para poder convertirse en el profesor que vemos en la película.
Mi experiencia como docente alimentó al personaje mucho más de lo que el personaje pudo enseñarme a mí sobre la docencia.
Óscar habla constantemente de poesía, pero muchas veces parece necesitar más ser reconocido como poeta que escribir poesía. ¿Cree que la película establece una diferencia entre ser artista y necesitar que los demás nos reconozcan como artistas?
No creo que la película necesariamente establezca esa diferencia. Pienso que ese conflicto puede ser inherente a la condición del artista, pero para mí Un poeta está mucho más interesada en el fracaso.
Y volvemos a algo que mencionábamos antes: enamorarse del fracaso. Convertirlo en una disculpa para no trabajar, para no arriesgarse, para no seguir adelante y, en últimas, para no publicar.
Creo que la película va más por ese camino. El problema aparece cuando el fracaso deja de ser una circunstancia y se convierte en la justificación para permanecer inmóvil.
Hay algo paradójico en que interpretar a un poeta frustrado le haya dado a usted un reconocimiento que su propia poesía nunca le había dado. ¿Ha cambiado la película su relación con la palabra “fracaso”?
Sí, y de hecho en este momento estoy desarrollando una ponencia precisamente sobre el fracaso.
Todo esto comenzó con Óscar, con la película y con esa figura del poeta fracasado, pero inevitablemente terminó conectándose también con mi propia vida. Me interesa pensar qué significa realmente fracasar y, sobre todo, qué puede aparecer en medio de ese fracaso.
Estoy trabajando alrededor de una idea que me interesa mucho: los relámpagos que aparecen en medio del fracaso. Porque el fracaso no necesariamente significa que todo haya terminado. También pueden aparecer allí momentos inesperados, revelaciones, posibilidades que uno no había contemplado.
Óscar pertenece a una generación que asoció la creación con la bohemia, el alcohol y cierta idea romántica de la autodestrucción. ¿La película está despidiendo esa idea del artista o todavía encuentra algo verdadero en ella?
Creo que sí hay algo verdadero en la bohemia, en el alcohol y en esa idea romántica de la autodestrucción asociada a los poetas, pero siempre y cuando detrás exista trabajo.
Uno puede vivir esa bohemia, pero tiene que ser juicioso, trabajar constantemente y estar empecinado en conseguir que su arte crezca y se desarrolle.
Si todo se queda simplemente en la actitud, si la bohemia termina siendo otra disculpa para no trabajar, entonces no hay nada que hacer. El problema no es necesariamente esa vida alrededor del arte. El problema aparece cuando sustituye al arte.
Ahora que se prepara una adaptación estadounidense de Un poeta, ¿qué actor le gustaría ver interpretando a Óscar?
No lo he pensado porque tampoco estoy demasiado familiarizado con el mundo de los actores de Hollywood. Lo que sí tengo son sentimientos encontrados frente a la idea de la adaptación. Me pregunto por qué los estadounidenses tienen que volver a hacer la película cuando la película ya existe. ¿Por qué tienen que volver a hacerlo todo? Hay algo allí que me genera dudas, una especie de apropiación.
Pero también espero, por supuesto, que la nueva película consiga mantener la esencia de Un poeta y que salga algo bueno de todo esto. Y, de hecho, algo bueno ya está ocurriendo. Gracias a lo que está pasando con la película, Simón ahora tiene la posibilidad de realizar varios proyectos que tenía pendientes y que quizá pensaba que no iba a poder hacer. Se le están abriendo puertas.
Yo sentía que Un poeta ya había pasado por las salas y que todo el frenesí alrededor de ella comenzaba a calmarse. Y de repente vuelve a tomar fuerza. Ahora están los Macondo, aparece todo este asunto de la adaptación estadounidense y la película vuelve a tomar potencia. Es muy bonito ver que todavía sigue creciendo.



















