Little Boogie, el rapero de Sarandí que samplea a Radiohead y Charly García
Thom Yorke escribió “Nude” para narrar, de manera desgarradora, eso que pasa cuando te das cuenta de que lo que soñaste nunca va a suceder. Pero lo que el líder de Radiohead nunca imaginó es que la introducción de esa canción, uno de los paisajes más desoladores de In Rainbows (2007), iba a terminar siendo el colchón perfecto para que un pibe de Sarandí que soñó mucho y que, según dice, está cumpliendo sus sueños, le cante al culo.
“Baby, te pusiste un putishort que no te calza/ ese culo es más grande que una casa./ Voy a dejarte un negro adentro de la panza/ te hago el amor mientras las horas se pasan”, rezan las primeras barras de “Putishort”, el cuarto track del flamante El que compró perdió, el segundo álbum de Little Boogie.
Martín Velázquez, el nombre detrás del personaje, tiene 25 años y vive en Buenos Aires. Pero cuando atiende el teléfono para hablar con Rolling Stone está en La Saladita, Sarandí, en la habitación de la casa de sus padres. La misma donde grabó sus primeras rimas, donde tiene una carpeta de dibujos tan polvorienta que, según dice, le provoca estornudos. Dibujos de una época en que también quería ser ilustrador de Marvel. “Para 2014, 2015 ya era solo un sueño frustrado”, dice y se ríe con la tranquilidad de alguien que saldó esa cuenta.
Su padre, Carlos “El Buitre” Velázquez, fue boxeador y trabajó dos años junto a Carlos Monzón. Salió de la Isla Maciel lustrando zapatos y encontró en el deporte un idioma para entender el mundo. Ese idioma se lo pasó a su hijo. Y también la música. El primer disco que le regaló Carlos fue Number Ones de Michael Jackson. El segundo, uno de Luis Miguel.
A los seis años, Martín ya sabía lo que quería. “Le dije a mi vieja: yo voy a ser rapero”, recuerda. Su mamá lo miró sin entender del todo. Martín piensa que lo asoció a la cumbia villera que ponían los primos cuando iban a lo de la abuela. “No sé a qué lo asoció. Pero en el fondo siempre trató de consentirme”, dice.
Un día apareció una escuelita de hip-hop en el barrio. Martín se anotó y conoció gente que escuchaba lo mismo que él. Se enamoró del baile, una de las ramas del hip hop. “Sentí que era parte de algo”, recuerda. Pero crecer en un lugar marginal, aclara, tiene una física propia: tarde o temprano uno termina eligiendo el camino del barrio. “Soñar está mal visto. Ser artista está mal visto. Hacer cosas nuevas está mal visto. Y eso es lo que la sociedad nos inculcó por mucho tiempo”, reflexiona.
A los 21 estaba laburando en un frigorífico. La música, en pausa. “Pensaba como la sociedad piensa de un pibito que es de zona sur y baila y canta y dibuja. Ya pensaba así, y me enojé mucho conmigo mismo”. Una charla a tiempo con Delfín, uno de los dos integrantes de Stereo –el dúo productor que hoy es su columna vertebral artística–, fue el cachetazo necesario. Sos artista, ponete las pilas, sacate la bronca. Algo así le dijo. Y de ahí nació “Ni cabida con el ditroit”, el tema con el que empezó a hacer ruido en internet. Algo que confirmó con “Okupas”, donde samplea (y reversiona) “Más o menos bien” de Él Mató.
El disco que acaba de editar junto a Stereo es una de las propuestas más singulares del rap local. Con samples que van de Duki (“She Don’t Give a FO” en “Joven por siempre”) a Charly García (“Promesas sobre el bidet” en “Bando (Freestyle)”), una colaboración con Milo J que impacta (“Voy a dispararme”, que incluye un inesperado sample de la cantante Caroline Polachek) y hasta una balada de redención a piano y voz (“Mamá tenía razón”) que podría salir en la radio.
“Los sueños que estoy cumpliendo son para el guachín ese, para ese pibe que estaba acá en esta habitación hace unos años”, cuenta. “A veces sueño que me busco a mí mismo para decirme: lo hiciste”.










