Wong Kar-wai: “Blossoms Shanghai es una conversación largamente esperada con mi origen”
El cineasta hongkonés Wong Kar-wai ha convertido el tiempo, la memoria y el deseo en los ejes centrales de una obra que ha marcado profundamente el cine contemporáneo. Con títulos como Days of Being Wild, Chungking Express, Happy Together e In the Mood for Love, su filmografía ha explorado los vínculos humanos a través de estructuras fragmentadas, atmósferas densas y una sensibilidad única hacia lo efímero.
En Blossoms Shanghai, su primera incursión en el formato de serie, Wong Kar-wai amplía su universo narrativo hacia una escala inédita. Ambientada en el Shanghái de los años noventa, la obra no solo reconstruye una época de transformación acelerada, sino que también funciona como un ejercicio íntimo de memoria personal. Más que una serie histórica, es una meditación sobre el tiempo, las oportunidades y las conexiones humanas que construyen una ciudad.
En esta conversación, el director habla sobre las diferencias entre cine y televisión, el largo proceso de creación de la serie, la importancia de las relaciones humanas en medio de la competencia y el lugar que ocupa esta obra dentro de su propia vida.
En términos de narración, ¿cómo cambia para ti el formato expansivo de una serie frente al cine?
La estructura de la novela original era amplia y episódica, y eso exigía espacio para respirar. Los treinta episodios nos permitieron conservar su esencia: esa acumulación de pequeños momentos que, juntos, revelan una época.
En muchos sentidos, este formato ofrecía más espacio narrativo que un largometraje. Fue una elección deliberada. Hay historias que necesitan tiempo: el desarrollo gradual de las relaciones, los cambios sutiles de una ciudad en transformación.
El cine y la televisión son lenguajes distintos. Aquí simplemente hablamos en el lenguaje que la historia requería.
Tus películas de los años ochenta y noventa capturaban el cambio en tiempo presente. ¿Cómo fue mirar hacia atrás y reconstruir el Shanghái de los noventa?
Mi intención nunca fue mirar al pasado con nostalgia, sino capturar la vitalidad de ese momento en el que Shanghái se redefinía con intensidad.
Los años noventa fueron una época de ruptura, pero también de continuidad. Y esta historia no es solo de Shanghái. Para mí, Hong Kong y Shanghái siempre han sido ciudades espejo.
En Days of Being Wild filmé Hong Kong buscando rastros de Shanghái. Ahora, al filmar Shanghái, encontré inevitablemente el reflejo del Hong Kong de los noventa.
El crecimiento de una ciudad alimentaba el deseo de la otra. En ese sentido, Blossoms Shanghai es una historia compartida.

Eres conocido por procesos de montaje muy largos. Sin embargo, esta serie se completó relativamente rápido. ¿Qué cambió?
Fue una experiencia completamente nueva.
No rodamos la serie como una producción televisiva convencional. Cada escena se trabajó con el rigor de una película. Si lo piensas así, toda la serie equivale a unas quince películas.
La presión fue enorme. Desde el principio integramos al equipo de montaje en el proceso, en un flujo de trabajo continuo que me recordó a mis primeros años en televisión.
Comenzamos la investigación en 2017. Rodamos en 2019, pero la pandemia y el confinamiento en Shanghái interrumpieron todo. Tuvimos que disolver el equipo en dos ocasiones.
Curiosamente, esos periodos de pausa se convirtieron en momentos de reflexión. Nos dieron un espacio más concentrado para el montaje, un tiempo más contemplativo que nos permitió afinar la narrativa.
Para cuando terminamos el rodaje, en otoño de 2023, ya teníamos un primer montaje completo de los treinta episodios.
Desde que adquirimos los derechos de la novela en 2015 hasta el estreno en 2023, el proceso tomó casi una década. Más que cualquiera de mis películas anteriores. La única consolación es que la obra final también es más extensa que todas mis películas juntas.
Recuerdo que en nuestra primera reunión, el escritor Jin Yucheng me preguntó: “Eres famoso por tomarte tu tiempo. ¿Crees que esto será posible en solo diez años?”. Le dije que lo intentaría. Hoy puedo decir que cumplimos esa promesa.
Al final, toda promesa es una promesa hecha con el tiempo.
En la serie hay negocios implacables, pero también mentoría y colaboración. ¿Por qué decidiste equilibrar la competencia con la camaradería?
Una ciudad como Shanghái no se construye de un día para otro. Como Nueva York, se formó a partir de oleadas de personas que llegaron buscando oportunidades.
Ese proceso requiere algo más que ambición individual o astucia. Requiere transmisión. Requiere que una generación reconozca algo de sí misma en la siguiente.
Así como el personaje de Tío Ye ve su reflejo en Ah Bao, cada época tiene su propio Ah Bao. Blossoms Shanghai es solo un capítulo dentro de una historia mucho más larga: la de personas que intentan encontrar su lugar en un mundo que cambia rápidamente.
La ambición es un lenguaje universal, pero lo que realmente construye algo extraordinario son las relaciones: la confianza, la mentoría, los encuentros cotidianos, incluso compartir una comida. Esos son los hilos invisibles que sostienen una ciudad.

En la serie, los personajes hablan constantemente del momento justo: para amar, para negociar, para decidir. ¿Cómo se conecta esto con tu propio recorrido como cineasta?
Siento que toda mi vida me ha conducido hasta este proyecto.
Dejé Shanghái siendo niño, pero la ciudad nunca me dejó. Mis películas siempre han sido intentos de preservar y reconstruir: primero el Hong Kong de mi juventud y ahora, finalmente, el Shanghái de mis primeros recuerdos.
Excavar la memoria de un lugar, incluso su aroma, requiere tiempo, distancia y paciencia. Blossoms Shanghai es, en ese sentido, una conversación largamente esperada con mi propio origen.
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