Un “demonio”, un apuñalamiento y un viaje de ayahuasca que salió mal
En las primeras horas de la mañana del 5 de octubre de 2024, Julio Rivera, con unos pantalones blancos de yoga holgados y sin camisa, salió corriendo de un Airbnb en una calle residencial del sur de Florida. Stefan León, un hombre barbado de 32 años con la cabeza rapada, lo siguió muy de cerca. Rivera, de 67 años, había sido apuñalado cinco veces, incluida una herida en el pecho. León iba vestido, con la ropa manchada con la sangre de Rivera. “Mátenme ahora”, bramó León, en el punto más alto de una psicosis inducida por psicodélicos alrededor de las 2:30 a. m. “Te voy a matar, cabrón”, balbuceó. “Vas a morir para siempre.”
Los vecinos se despertaron por el sonido de Rivera golpeando la puerta de un bungalow. Estaba “cubierto de sangre y suplicando ayuda”, reportó después un detective de policía tras revisar las cámaras de seguridad. León arrastró a Rivera al patio mientras este le gritaba al hombre más joven que se detuviera. Se escuchó el sonido de los golpes fuera del encuadre de la cámara, y Rivera dice que él y León forcejearon durante otros 10 minutos antes de que llegara la policía.
Las autoridades determinaron rápidamente que León, el hombre más bajo pero más fuerte, era el agresor. León lanzó una patada a uno de los tres oficiales y declaró que era “un demonio, Dios mismo y Hitler”, según el informe policial. “Le dijeron que se levantara”, cuenta Rivera. “Él dijo: ‘Los voy a matar a todos’”. La policía usó una pistola táser contra León en la espalda y lo esposó. Luego, dos de los oficiales aplicaron “medidas para salvarle la vida” a Rivera, según se lee en el informe de un oficial distinto. Poco después llegaron paramédicos y más policías. León fue arrestado y acusado de intento de asesinato.
El episodio, brutal y estremecedor, deja en evidencia algo que muchas personas al frente de la naciente industria psicodélica se han resistido durante años a admitir: en la Amazonia, donde se originó, el uso de la ayahuasca no siempre ha estado asociado con el “amor y la luz”. A medida que estas ceremonias se realizan cada vez más en todo el mundo, y aunque muchas personas reportan beneficios importantes, cada vez más gente está sufriendo efectos adversos y, aunque pocos casos son tan extremos como el de León, su ataque casi mortal contra Rivera subraya hasta qué punto una persona puede quedar fuera de control por la bebida.
MÁS DE CUATRO MILLONES de personas en todo el mundo han tomado ayahuasca, incluidas un millón y medio de personas en EE. UU., según estimaciones de la organización sin fines de lucro Centro Internacional para la Educación, la Investigación y el Servicio Etnobotánicos (ICEERS por sus siglas en ingés), que investiga plantas psicodélicas. “Desde el cambio de milenio, la ayahuasca ha crecido en popularidad”, dice el Dr. Simon Ruffell, ex psiquiatra del Servicio Nacional de Salud del Reino Unido (NHS, por sus siglas en inglés), quien lleva seis años formándose para ser facilitador de ayahuasca dentro de una tradición amazónica. (Puede tomar hasta 15 años de estudio convertirse en un experto). “Se ha vuelto bastante fácil encontrar ayahuasca en todos los continentes del mundo y cada vez más personas vuelan a la selva amazónica para beber ayahuasca”, afirma. “Muchas personas han obtenido mucha sanación”.
En la comunidad de investigación psicodélica, sin embargo, se reconoce ampliamente que las personas pueden tener visiones de entidades, alienígenas y seres míticos mientras están bajo los efectos, especialmente con la ayahuasca, una bebida preparada con una liana que contiene el potente psicodélico DMT, junto con un arbusto que activa sus efectos. Estas visiones suelen considerarse benignas, o incluso beneficiosas, pero un artículo de 2022 sobre eventos adversos asociados a la ayahuasca reportó que alrededor del 15% de casi 8,000 personas encuestadas experimentó una conexión dañina con un “mundo espiritual” durante ceremonias con la bebida. Una creencia chamánica central sostiene que los psicodélicos pueden hacer a las personas más receptivas tanto a espíritus dañinos como a espíritus benéficos.
Líderes indígenas dan testimonio de que algunos “doctores espirituales”, la expresión preferida para referirse a los chamanes, no están practicando sanación, sino brujería. “Tanto la sanación como la brujería usan las mismas herramientas”, explica Jheison Romulo Sinuiri Ochavano, presidente de la Organización Intercultural Oni Xobo, que trabaja para preservar la cultura indígena Shipibo. Se sabe que estas personas realizan tratamientos especializados, no muy distintos de ciertos exorcismos cristianos, a pacientes y participantes mientras están bajo los efectos de la ayahuasca. “Tenemos que prepararnos antes de sacar el yoshin [oscuridad interior]”, dice Sinuiri. “De verdad se requiere un nivel alto de responsabilidad y pericia por parte del practicante para poder sacar sus demonios”. Pero, añade, es “parte del trabajo de sanación”.
La ayahuasca puede generar angustia en quienes la consumen, y el “maestro” que preside —otra forma de llamar a estos doctores espirituales— necesita estar preparado, explica Walter López, vocero de la Asociación de Curanderos Shipibo-Konibo. “Es cierto que existen la brujería y los ataques, pero se necesita formación y preparación para saber cómo lidiar con esas cosas y protegerse a uno mismo y a los demás”, afirma.
El químico suizo Albert Hofmann, inventor del LSD, reportó haber tenido un encuentro con una entidad negativa en su primer viaje con ácido, en 1943. “Un demonio me había invadido, se había apoderado de mi cuerpo, mente y alma”, recordó después. El psiquiatra clínico e investigador del DMT, el Dr. Rick Strassman, ha hablado de haber pausado su investigación a mediados de la década de 1990 después de que participantes reportaran encuentros negativos con entidades. “¿Cómo podemos saber si estos seres están de nuestro lado o en nuestra contra?”, dijo en una conferencia en 2015. “Cuando te abres a mundos espirituales, no todo es amor y luz. Es importante saber cómo protegerte.”
“De verdad se requiere un nivel alto de pericia para poder sacar sus demonios”.
Pero otros científicos de los psicodélicos, junto con la comunidad científica en su conjunto, desestiman la idea. ¿De verdad los demonios pueden habitar a una persona? “Claro que no”, dice el neurocientífico psicodélico Zeus Tipado, candidato a doctorado en la Universidad de Maastricht, en Países Bajos. “Son creados por uno mismo”. Cuando las personas toman ayahuasca, son empujadas a una reflexión profunda e introspectiva —potencialmente con imágenes oscuras de fondo—, lo que “podría dar lugar a la personificación de demonios”, dice Tipado, pero no es más que la mente tratando de darle sentido a lo que parece no tenerlo.
Rivera, sin embargo, cree en las entidades en un sentido más literal. Él y León empezaron a hablar “sobre parásitos astrales y estas entidades subconscientes que la mayoría de nosotros tenemos”, en algún momento de 2022. León “no estaba feliz”, dice Rivera. Rivera creía que una entidad subconsciente —que describe como un cúmulo de energía negativa— estaba alimentando la infelicidad de León, y que técnicas de coaching psicológico, en las que él lo guiaría bajo los efectos de la ayahuasca, podían ayudar a purgar lo que fuera que lo estuviera afectando. León dice que sus intenciones estaban enfocadas en la sanación emocional relacionada con traumas de la primera infancia, la autorreflexión y el crecimiento personal.
“Yo fui su coach, su chef, su amigo y su chamán durante tres días”, dice Rivera. Luego, todo salió mal.
RIVERA Y LEÓN SE CONOCIERON POR PRIMERA VEZ en 2016, cuando León, que entonces tenía 24 años, se convirtió en miembro de un centro de ayahuasca que Rivera cofundó ese año en Miami, operándolo en una zona gris al ampararse en un fallo de la Corte Suprema de 2006 que permitió a una iglesia brasileña de ayahuasca una exención religiosa. “Vislumbré lo que estaba buscando”, escribió León en una entrada de blog de 2024 titulada “Coqueteando con la muerte”. “Morí y me encontré con Dios. Mi búsqueda de sentido me llevó a mi Yo… La ayahuasca me dio un camino hacia adelante”. Durante mucho tiempo, León había lidiado con su salud mental, escribió, y estaba en un viaje espiritual para mejorar su mentalidad fatalista. En una ceremonia de ayahuasca, recordó, conoció la oscuridad en una vida pasada. “La ayahuasca me mostró que mi sueño representaba un evento real de otra línea temporal”, escribió. “Chocar mi vehículo y morir en una rabia suicida”.
En 2016, Rivera —un hombre corpulento, de casi 1.83 metros, que habla de manera casi poética— acababa de completar su aprendizaje de ayahuasca de 15 años con el reconocido maestro psicodélico peruano Don Jose Campos. (Campos después sería noticia tras ser arrestado en 2022 y permanecer detenido durante poco menos de un año en una prisión mexicana por viajar con ayahuasca, antes de ser absuelto en un juicio histórico). Para 2019, Rivera redactaba material para dos libros sobre ayahuasca que luego autopublicaría, en los que expuso su teoría —bastante fuera de lo común— sobre cómo “subpersonalidades y entidades controlan nuestras vidas”. Más adelante, supervisaría unas 250 ceremonias de ayahuasca, después de beberla alrededor de 500 veces él mismo a lo largo de 28 años.
León afirma que lo hizo 30 veces personalmente con Rivera, y otras 20 con otros facilitadores, antes de su retiro privado. Durante el viaje de varios años de León, empezó a conseguir cierto éxito como artista visual neoexpresionista, conocido como Champzy. Creó piezas crudas, expresivas y a veces inquietantes en lienzos gigantes, explorando temas de activismo contra la trata de personas, mientras iba trazando con claridad el camino de su propia exploración del subconsciente.
Para 2022, León trabajaba medio tiempo como “coach de evolución personal”, enfocado en ayudar a la gente a encontrar un despertar espiritual y recuperar su vida. Amigos han dicho que su “sabiduría consciente del corazón” les había ayudado, pero, tras bambalinas, él continuaba con su búsqueda difícil y prolongada de paz interior.
Mientras tanto, Rivera había empezado a notar que incluso un trabajo intensivo con ayahuasca puede no dar el alivio sostenido que algunas personas buscan, aunque crean que les está funcionando. Estudios sugieren que la ayahuasca puede tener efectos positivos en la salud mental y reducir la depresión y el TEPT (Trastorno de Estrés Postraumático). Muchas personas que toman ayahuasca reportan visiones asombrosas con los ojos cerrados, en las que se encuentran con una diosa de la Madre Naturaleza, mientras que otras viven transformaciones enormes en su salud mental.
Pero también hay quienes cuentan que salen aturdidos y desestabilizados tras las ceremonias de ayahuasca, y que les cuesta volver a su vida anterior; algunos hacen cambios repentinos que solo les traen angustia y más trauma. El influencer fitness Connor Murphy tomó ayahuasca en una ceremonia en Joshua Tree en 2020 y quedó desestabilizado después de pasar, según dijo, “de ser un YouTuber espiritualmente frustrado a un gurú con comprensión experiencial completa del universo”. Tras, supuestamente, consumir ayahuasca con regularidad durante un año después, terminó en un centro de salud mental, de acuerdo con un amigo, declarando que era Dios y publicando su número de seguro social y sus datos bancarios en Instagram, “para mostrar un desapego del materialismo”.
RIVERA ERA UN ESTUDIANTE DE DIEZ en su escuela católica de solo varones en Puerto Rico. “Era un nerd”, recuerda. Pero cuando lo aceptaron en la universidad en 1975, decidió celebrar con sus amigos y, por fin, fumar un porro. “Me voló la cabeza”, dice. El efecto alteró su percepción de la realidad y comenzó a ver las cosas de manera más fluida. Se metió en la astrología y pronto empezó a experimentar con hongos, LSD, quaaludes, “los subidones, las bajadas, lo de lado”.
A pesar de ser “algo drogadicto”, Rivera destacó en la Universidad de Puerto Rico en estadística y matemáticas, antes de irse a la Universidad de Miami, donde obtuvo una maestría en ciencias de la gestión. Pero siempre sintió que le faltaba algo. “No lo estaba encontrando en estas drogas”, dice. Rivera hizo una pausa con las sustancias. Se casó y empezó a trabajar en la banca. Ganó mucho dinero, manejó autos deportivos y jugó golf en un club exclusivo.
Un domingo de 1988, Rivera se topó con un artículo sobre la ayahuasca. En ese entonces había poca investigación occidental sobre el tema, pero Rivera pronto descubrió que los chamanes que toman ayahuasca afirman que pueden obtener revelaciones sobre el pasado, el presente y el futuro. Con el interés encendido, se dijo: “Tengo que hacer esto. Es la siguiente”.
Sin embargo, no fue sino hasta una década después, cuando el maestro peruano Campos —siempre de un lado a otro del mundo— llegó a Puerto Rico, que Rivera lo hizo, y eso lo llevó a territorios inexplorados de su mente. “Yo era muy materialista, dinero, toda esa mierda, y todo cambió”, dice. Después de una sola ceremonia, Rivera solicitó convertirse en aprendiz del maestro. Pronto estaba ayudando a organizar sus retiros. A partir de 2002, hizo viajes regulares a Perú para estudiar cómo servir ayahuasca por su cuenta. “Lo hacía en secreto porque no quería que el banco se enterara”, dice. “Me podían correr por consumir drogas; nadie entendía qué era la ayahuasca”.
Pero en 2008, tras casi tres décadas de carrera en la banca, Rivera se retiró. “Recibí el llamado de la madre ayahuasca para servir medicina a otros”, recuerda. “Ella me invitó y yo acepté”.
EN 2005, un ingeniero británico de 26 años, educado en Cambridge, llamado Unais Gomes, buscaba aliviar su malestar en el Amazonas, donde tomó una doble dosis de ayahuasca y entró en un frenesí extraño, fuera de control. Empezó a estrangular a otro asistente del retiro, Joshua Stevens, un canadiense de 29 años. “Es hora de sacar tus demonios, hermano”, le dijo Gomes a Stevens. “Los vamos a sacar juntos”. Mientras forcejeaban, Gomes tomó un cuchillo. “Lo único que pensaba era… si este tipo agarra ese cuchillo, va a matar a uno de nosotros”, dijo Stevens. “Era matar o morir”. Apuñaló a Gomes una vez en el estómago y, como eso no logró someterlo, luego lo apuñaló en el corazón, matándolo en defensa propia. “Lo único que yo percibía de él era maldad”, dijo Stevens a Dazed. “Sus ojos tenían una rabia vacía. Estaba poseído”.
Rivera sabía que no es raro que algunas personas experimenten paranoia intensa durante ceremonias de ayahuasca. Cuando lo consideraba necesario, ya había sujetado a varias personas hasta que el efecto se les pasara y regresaran a un estado más normal, lo cual podía tardar horas. Pero cuando Rivera empezó a planear el retiro privado para León, decidió no contratar a un asistente, como solía hacerlo, porque León había asistido a muchas ceremonias de Rivera sin ningún problema.
Rivera se enfrentaría muy rápido a las consecuencias de su error casi fatal en las primeras horas del 5 de octubre, cuando el retiro se salió de control después de la tercera y última ceremonia de ayahuasca del fin de semana. “Fallé como facilitador; no tenía un asistente”, dice Rivera. “Mi relación con él era muy buena y él ha hecho muchísimas ceremonias. No seguí las reglas. Con estas personas que se descontrolan, entran tres o cuatro tipos, lo amarramos y esperamos a que se le pase”. Rivera aprendió una lección: que las reacciones adversas “le pueden pasar a cualquiera, en cualquier momento”.
“Fallé como facilitador. No tenía un asistente”.
La tercera ceremonia y la sesión terapéutica que siguió habían sido duras para León, según Rivera. Dice que le dijo a León que un parásito astral dentro de él estaba teniendo un efecto negativo en su salud mental. León lloró y le dijo a Rivera que no sabía cómo llevar a su vida cotidiana lo que estaba aprendiendo con la experiencia.
“No sé cómo voy a integrar esto”, dijo León, según Rivera, refiriéndose al ejercicio de procesar de manera positiva un viaje después de que termina. “Es demasiado difícil”. Rivera le aconsejó que durmiera un poco. León se recostó, pero unos 10 minutos después, dice Rivera, empezó a gritar: “¡Perdí!”.
León agarró su estuche de AirPods, lo partió a la mitad e intentó tragarse un pedazo. Tras varios segundos, Rivera —que estaba sentado a pocos metros— se dio cuenta de lo que León había hecho y se le fue encima para sacar el objeto de su garganta. “Tuve que meter la mano muy adentro para sacarlo”, recuerda Rivera. “Luego me miró con unos ojos enormes, enormes, y dijo: ‘Si no me dejas morir, te voy a matar, y vamos a morir’”. Poco después, empezó a golpearse la cabeza contra el piso de concreto. “Ahí me dio miedo”, dice Rivera. “Dije: ‘Mierda, este tipo está totalmente poseído’”. Sabía que tenía que controlarlo físicamente.
Rivera estaba demasiado ocupado tratando de someter a León como para llamar a la policía. “Este tipo desarrolló una fuerza increíble, sobrehumana”, recuerda. “Durante 20 minutos, peleamos por toda la casa. Todo el mobiliario quedó volteado”. Rivera intentó forcejear para meterlo al baño, para que hubiera una puerta entre ellos, pero terminaron amontonados en el piso.
Rivera dice que empezó a asfixiar a León, intentando que se desmayara, pero temió que en realidad pudiera matarlo. “Lo solté… me paré y agarré mi teléfono”, recuerda. Fue hacia la puerta principal, pero estaba oscuro y sus lentes se habían caído durante la pelea. Cuando abrió la puerta, León, ya de pie otra vez, soltó un grito, y Rivera sintió “estos golpes en el pecho. Me estaba apuñalando”. Dice que León bramó: “¡Te estoy matando! ¡Sí, es verdad!”, mientras hundía el cuchillo en su cuerpo.
En ráfaga, cinco puñaladas le atravesaron el pecho, la cabeza y el hombro a Rivera. Alcanzó a sujetar la hoja con la mano derecha, casi seccionándose el pulgar, y derribó a León, quien soltó el cuchillo. “Se acostó en el suelo, con los brazos abiertos”, dice Rivera. “Quería que yo lo [apuñalara] como Drácula en el pecho”.
Rivera alzó el cuchillo como si fuera a apuñalarlo, luego salió corriendo de la casa y lo arrojó a unos arbustos. “Vino detrás de mí”, dice Rivera. Fue entonces cuando terminaron tirados en la calle, antes de que León quedara bajo custodia.
Para ese punto, Rivera estaba en el Delray Medical Center peleando por su vida. El cuchillo le había perforado un pulmón. La presión arterial de Rivera estaba cayendo; veía “burbujas amarillas” en su visión y estaba a punto de perder el conocimiento. Un médico identificó el problema y le colocó un tubo para succionar la sangre del pulmón. “La presión empezó a regresar, esta gente estaba tan feliz”, dice, recordando al personal médico alrededor de su cama. “Aplaudían y celebraban”.
Una vez que Rivera se estabilizó, la policía fue a entrevistarlo y él insistió en que no quería presentar cargos. “Este tipo es mi amigo”, dice Rivera, quien pasó cuatro días en el hospital. “Fue un demonio”. Sin embargo, los fiscales acusaron a León de agresión agravada con un arma mortal, además de dos cargos por resistirse al arresto, antes de subir el cargo principal a intento de asesinato. Pero Rivera sostuvo que los cargos debían retirarse.
León le dice a Rolling Stone que sus acciones no reflejaron quién es realmente y que siente un arrepentimiento total por lo que hizo. “Es el mayor arrepentimiento de mi vida”, dice. “No tengo palabras para expresar lo mucho que lo siento con Julio por haber perdido el control y casi matarlo, porque es alguien a quien he querido y respetado desde que lo conozco. Siento un remordimiento enorme”. Sin embargo, añade que lo ocurrido casi con seguridad se habría evitado si Rivera hubiera insistido en contar con un asistente, como es costumbre. “En retrospectiva, me hubiera gustado que tuviéramos apoyo adicional porque habría evitado lo que estuvo a punto de ser una tragedia”, dice León. “Ha sido traumático para todos los involucrados”.
Preguntado sobre si piensa volver a consumir psicodélicos en el futuro cercano, dice que no.
SEGÚN TIPADO, el neurocientífico que estudia en la Universidad de Maastricht, en Occidente a los psicodélicos originalmente se les llamó psychomimetics, ya que se entendía que imitaban los síntomas de la psicosis. “Si ves cómo se activa el cerebro después de que la gente toma psicodélicos, se parece mucho a cuando alguien entra en psicosis”, dice Tipado. El pico de una experiencia psicodélica, por lo tanto, puede compartir similitudes con la psicosis; y, en personas con condiciones subyacentes no diagnosticadas, esto puede aumentar la severidad de síntomas maníacos y psicóticos, como concluyeron los hallazgos de un artículo reciente. “El hecho simple es que esta persona tuvo un episodio psicótico que casi le cuesta la vida a su facilitador”, dice Tipado, quien basa su opinión en la información disponible públicamente sobre el caso. “Casi siempre es una condición existente no diagnosticada: Muy rara vez algo aparece y se va”.
Tipado advierte que la gente debe considerar muy en serio al facilitador y el entorno cuando usa ayahuasca. “Un viaje no es como tomarte unas cervezas, puede reestructurar todo tu sistema de creencias y dañarte de forma permanente”, dice. “La conciencia de una persona es algo muy valioso. La gente debería pensarlo dos veces antes de darle ayahuasca a alguien y hablar de demonios”.
“Se acostó en el suelo, con los brazos abiertos. Quería que yo lo [apuñalara] como Drácula en el pecho”.
Bia Labate, PhD, antropóloga, experta en ayahuasca y cofundadora de la organización sin fines de lucro Chacruna Institute, que hace campaña por la despenalización de los psicodélicos, dice que la ayahuasca la ha ayudado y la ha inspirado profundamente durante muchos años. “También me he topado con escenarios problemáticos de uso, como cultos, episodios de violencia y resultados complicados en salud mental”, dice. “Estos casos sin duda son una minoría, pero tenemos que trabajar duro para evitar que cualquiera de ellos vuelva a ocurrir”.
Rivera tuvo que someterse a un tratamiento para remover tejido cicatricial del pecho, aunque todavía le queda algo en el cuero cabelludo. Por lo demás, se recuperó por completo de sus otras lesiones. Dice que recibió una carta de León desde la estación de policía pidiendo disculpas, y después otra a través de su abogado. Pero Rivera se quedó con preguntas sin respuesta durante meses. “Lo único que necesito ahora es confirmar con él que de verdad retiró la entidad”, le dijo Rivera a Rolling Stone en abril. “Lo voy a saber exactamente cuando hable con él. Rezo por él todas las noches”.
León, quien dice que es imposible saber de manera definitiva si alguna entidad influyó en los hechos, fue liberado de custodia en noviembre de 2024 y sigue bajo arresto domiciliario. Desde inicios de diciembre, se le permitió ir a su estudio para pintar y a la galería donde es director, y pudo mostrar su obra en Art Basel de Miami. “Lo último que quiero es verlo pudrirse en la cárcel”, dice Rivera, quien en diciembre de 2024 publicó un nuevo libro que describió como “la guía definitiva” para remover demonios psicológicos en psicodélicos, al mismo tiempo que lanzó un programa de referidos de 500 dólares para conseguir más clientes para sus retiros. “No tenía al personal a mi alrededor para controlar la situación, y se salió de control. Calculé mal, y pagué un precio alto”. Mientras tanto, Rivera ha estado promoviendo su nuevo protocolo de extracción de parásitos astrales y experiencias asistidas con psilocibina en Jamaica. “Estoy cargando la antorcha”, dice. “Este es el camino”.
El 9 de enero de 2026, León, con un traje oscuro y una camisa blanca, con la cabeza rapada y la barba larga, se declaró culpable de tres cargos a cambio de que el estado retirara el cargo de intento de asesinato. Un juez de Palm Beach lo sentenció a 10 meses más de arresto domiciliario como parte de un periodo de libertad condicional de cinco años. León aceptó ser evaluado por un trastorno por consumo de sustancias y no hacer publicaciones en redes sociales “que aprueben el uso de ayahuasca o cualquier otra droga”. Rivera también asistió a la audiencia. “Como víctima, nunca dejé de pedir la libertad de Stefan”, le dijo a Rolling Stone en un comunicado. “Desde mi primera declaración a la policía en la sala de urgencias, dejé claro que él no era mi enemigo. Era un amigo. Lo que pasó no estuvo impulsado por intención o motivo, y sería profundamente injusto hacerlo responsable de algo que nunca quiso hacer”.
Los espíritus —si es que existen— siguen sin rendir cuentas, pero Rivera dice que León ahora está viviendo sin la carga de su conflicto previo. “Ahora se siente libre”.















