Se estrena el documental que sigue la ruta blusera de Pappo y une a La Paternal con Los Ángeles 

“Uno ve muchas películas de Netflix y es todo igual. Toda esa cosa documental de cabezas que hablan, las ‘talking heads’ como les decimos en inglés. Y yo no quería caer en esa misma estética. No me gusta cuando está todo explicado, ¿viste? El cine está bueno para que la gente se vaya pensando”, dice Sergio Bonacci Lapalma, alias “Chapete”, director de Algo ha cambiado: un viaje quijotesco al Pappo’s Blues. El film, que se estrenó en el Bafici del año pasado, tendrá su estreno comercial en marzo. El recorrido nacional del film comienza el jueves 12 en EMAX Cine de Esperanza en Santa Fe, provincia en la que el director pasó buena parte de su infancia, donde se confirmó su primera función comercial y con entradas ya en pre-venta. Y en el  emblemático Cine Lorca de la Ciudad de Buenos Aires, a partir del jueves 19.

“Una de las devoluciones más lindas que tuve me la dijo un pibe: yo toco la guitarra  y no sabía nada de Pappo. Después de ver la peli, me dieron ganas de escucharlo y ponerme a tocar’. Eso era lo que yo quería despertar. porque es muy difícil contar todo sobre Pappo en una película. Tendrías que hacer un par, por lo menos. O una serie que dure diez horas, como las de Netflix. Porque Pappo era una persona bastante histriónica y multifacética. Pero yo quería que sea algo más sensorial, que ese tipo de cine que yo curtí estudiando cine acá en Argentina”, celebra Chapete, que nació en Pasadena, se crió en la Argentina, y construyó un derrotero artístico y profesional entre su país natal y el país en el que adquirió buena parte de educación sentimental. 

El director del film junto a la productora Pam Sotvall Hill, Deacon Jones y el bookazine de Rolling Stone.

Este director iconoclasta, que además es el  presidente de la ONG MakeArtNotWar.org, desde la que impulsa proyectos culturales, educativos y humanitarios en América Latina y Estados Unidos, se fascinó con Pappo a partir de la lectura de El hombre suburbano, la biografía que el periodista Sergio Marchi publicó en 2011 en una travesía en barco a la Antártida. Complementariamente, leyó también Bien al sur, la historia del blues en la Argentina que Gabriel Gratzer y Martín Sassone editaron en 2015 a través de Gourmet Musical. Y del impacto, claro, de Pappo’s Blues vol. 1 (1971), que abre con “Algo ha cambiado”, la canción que da título al documental.

Pappo retratado en Los Ángeles por Alejandra Palacios, mediados de los 90.

El rodaje del film comenzó hace casi una década, cuando Chapete se mudó a los Estados Unidos y se contactó con Deacon Jones y su esposa, Pam Stovall Hill. Ellos fueron los anfitriones los padrinos del film. Deacon, que falleció en 2017, adoraba a Pappo y añoraba volver a tocar a la Argentina. Pero el derrotero no es lineal, entre Los Ángeles y Buenos Aires, entre el Babe & Rick, el club para iniciados en el blues negro en los suburbios de Los Ángeles y El Samovar de Rasputín en el barrio porteño de La Boca, entre el Madison Square Garden y La Paternal. Chapete arma una road movie en la que leyendas y emblemas del blues (y el rock) norteamericano, como Larry McCray, Zakiya Hooker (hija del legendario John Lee Hooker), el baterista Carmine Appice (que tocó con Pappo en vivo en Buenos Aires, en los 90) y el ex Guns N’Roses Gilby Clake, conviven con pares locales como Botafogo, que ofrece una didáctica clase del género, el ex Manal (yo compañero de Pappo en Aeroblus) Alejandro Medina, los periodistas Javier Febré y Jorge Pistocchi, el manager Peter Deantoni, el Napo (factótum de El Samovar), Moris (pionero del rock argentino), Fabián Jolivet y Gaspar Benegas, entre otros allegados locales al Carpo.

Pappo y B.B. King en los camarines del Madison Square Garden, 1993 (captura film).

Para refrescarles la memoria a muchos de los entrevistdos norteamericanos, el director llevó como carta de presentación un ejemplar del Bookazine que Rolling Stone le dedicó a Pappo en 2015. “Ese ejemplar me lo regaló Corcho Rodríguez, que apenas le conté mi idea del documental me dijo ‘me parece el mejor proyecto que he escuchado sobre Pappo’ y que me pasó contactos muy importantes como el de Medina y Botafogo. La revista me sirvió también para que los músicos, al repasar las páginas, se relajen para la entrevista. En muchos casos, las fotos les despertaron la memoria visual a los entrevistados. Pero, además, los tipos se sorprendían que una revista de prestigo, como Rolling Stone, le hubiera dedicado todo ese material a Pappo. Fue un gran ancla para poder acercarme a estas figuras”, relata.

El film no tiene anhelo ni de biopic ni de documental definitivo. “Es más poético, yo quería buscar el feeling del blues en un proyecto cinematográfico. Ese fue mi reto como realizador: que la gente se quede con algo que no se ve, sino que se siente. Empecé este proyecto hace diez años, cuando estaba saliendo de la facultad de cine. Lo tenía muy pensado, quería que sea en blanco y negro, porque el blanco y negro es omnipresente en el tiempo, es más fácil después empatar el material de archivo y además me interesaba mucho ese montaje medio rayuelesco, como que de repente estás en Estados Unidos y de repente con el montaje estás de vuelta en La Paternal. Y me parecía como que el blues está volando. La película dura más de dos horas y me dijeron que es un poco larga, pero yo tardé diez años en hacerla y para mí también es un estudio antropológico, donde aparecen muchos personajes que murieron luego del rodaje. No quería dejar nada afuera”, argumenta el realizador.  

Carmine Appicce (Rod Stewart, Vanilla Fudge, Ozzy Osbourne) con el especial de Pappo de Rolling Stone.

La sensibilidad es una de las características de Chapete. “Estamos en un momento en el que el cine y el arte se están deshumanizando. Entonces, acá estás viendo algo del corazón. Para mí, el blues representa el dolor absoluto y cómo de ese dolor uno puede hacer algo que te resignifique a través del arte. Creo que en el arte está la salvación de la humanidad,  como que el arte de alguna manera nos termina conectando. Yo trato de hacer eso con con mi cine, trato de que el lenguaje se forme en uno y que nos ayude a conectarnos más como como seres humanos. Esta película tiene un trasfondo muy afroamericano, tanto del norte como el sur. Contar la historia de los afrodescendentes en Argentina sería otra película, pero por lo menos gracias al testimonio de Jorge Pistocchi y de otras imágenes de archivo, mucha gente se va a enterar de que en Argentina había una gran población y cultura africana”, celebra.

Pappo ostenta un magnetismo especial, que el director celebra. “Mucha gente habla de él con admiración y cariño de hermandad. Yo creo que Pappo entendía sobre esas roots de los blues, ¿viste?  De las raíces. Y por eso pudo pegar buena onda con estos músicos, porque la mayoría de estos músicos vienen de la tierra. Creo que Pappo tenía una cosa humana, no era un tipo superficial. Tenía un histrionismo medio maradoniano. Igual que el Diego, te sacaba unas frases poésticas maravillosas. Y tenía un ángulo medio filosófico, también. Y era de acá. Porque a diferencia de Estados Unidos, donde toda relación es económica, acá nuestros vínculos pasan por otros lados, por los valores y la cultura. Allá es, ‘bueno, ¿cuánta plata hay?’”.

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