¿Reggaepalooza? Jamaiquinos y argentinos, en una noche histórica para el reggae en Buenos Aires
Todo concierto es único, por definición. Hasta aquellos que se encadenan en giras de cuarenta fechas, sin cambiar una sola canción de la lista, son experiencias individuales y únicas. Pero el show que, bajo el título de Rockers, tomó el escenario de Niceto Club, este sábado 14 de marzo, fue aún más especial. Una situación genuinamente irrepetible.
“Noche histórica”, “hito”, “fiesta” son todos clichés, algunas veces justos, casi siempre hiperbólicos medio a la ligera, que aparecen en reseñas de conciertos de todo tipo. ¿Entonces, cómo graficar convincentemente, sin lugares comunes, el hecho de que la noche de Rockers quedará entre las más recordadas del reggae en Argentina?
Quizás cabría empezar por el momento en el que Leroy “Horsemouth” Wallace, 72 años, rasta y callejero hasta el paroxismo, parado solo en el escenario, recitó a capella “Jah No Dead”, el conmovedor lamento roots de Burning Spear.
Pero se podría también mencionar una lista larga de instantáneas de este show, que en la previa prometía un ensamble de músicos jamaiquinos y argentinos puestos a interpretar la banda de sonido de la película Rockers, de 1978. Dirigido por el griego Ted Bafaloukos, ese film logró capturar, más allá de cualquier guion o (rudimentaria) actuación, la increíble escena roots que por entonces emergía en una humilde isla del Caribe, con tanto groove como realismo mágico.
Una película, sí. Pero mucho más un objeto cultural de enorme influencia, curiosamente incluso para muchos que jamás vieron el film o que lo vieron recién años, décadas después (nunca se estrenó ni distribuyó en Argentina, ni en muchos otros países), que con suerte vieron alguna foto borrosa de sus protagonistas, pero que sí escucharon profusamente su soundtrack, seguro grabado en un casete, quizás sin el detalle de títulos ni intérpretes.
Precisamente, Horsemouth fue uno de esos protagonistas; el principal. Actuaba sin guion, en su propia vivienda precaria y con su mujer e hijos en la vida real, haciendo lo que podía para sobrevivir (también como en el mundo real), lo que incluía tocar la batería, literalmente inventando patrones reggae que hasta hoy se emulan alrededor del planeta. Bafaloukos sí que la vio… Por suerte, tenía una cámara.
Y acá está Horsemouth, casi 50 años después, recitando “Jah No Dead”, en uno de los pocos momentos en que deja la batería. También están Lloyd Parks (76 años), bajista, sesionista de media historia del reggae; el místico cantante Kiddus I (80), otro protagonista de Rockers; el tecladista Franklyn “Bubbler” Waul, algo más “joven” (¿menos de 70?), cerebro musical, otro nombre que aparece en los créditos de decenas y decenas de discos. Y hay también argentinos, como Guillermo Bonetto, voz de Los Cafres; Chelo Delgado, de La Zimbabwe; BlackDali; Hernán “Don Camel” Sforzini, en percusión, y Sergio Colombo (Natty Combo) en saxo, entre otros.
El recitado de Horsemouth dialoga con la película de Bafaloukos. Porque en una escena es el propio Burning Spear el que le recita “Jah No Dead”, mientras Horsemouth asiente, como tomando nota. En Niceto, el film se proyecta en la pantalla posterior mientras vibran en vivo otros tracks de la banda de sonido: “We a Rockers” (Jacob Miller, Inner Circle), “Book of Rules” (The Heptones), “Stepping Razor” (Peter Tosh), “Tenement Yard” (Jacob Miller), “Graduation in Zion” (del propio Kiddus I)…
No son versiones exactas. Los músicos van rotando y, muy al estilo jamaiquino, la banda detiene casi todos los temas a los pocos segundos, el vocalista de turno indica “from the top” (“de arriba”) y vuelve a arrancar, en un viejo recurso que funciona tanto para ajustar la ejecución como para cebar al público.
Pero es ese clima de zapada, de música en vivo y viva, imperfecta, conocidísima, pero a la vez imprevisible (que se toca de memoria, pero que exige atención total y miradas cruzadas), lo que convierte a un “show” en un acontecimiento único, entre protagonistas que nunca coincidieron en un escenario y nunca volverán a coincidir; no todos, no de esta forma.
“Jamaica y Argentina son los mismo. Créanme”, exagera un poco Horsemouth, aunque parece sincero, feliz con la banda, con el público y con sus días entre Buenos Aires y Lanús. “Si no me creen, les doy mi número de teléfono, vienen a Jamaica y les muestro”.

También suena la sublime “Fade Away”, de Junior Byles, ahora cantada por Guillermo Bonetto, con la prestancia de siempre, pero acaso con una dosis extra de inspiración. El contexto es que Bonetto, junto con Cafres originales como el baterista Adrián Canedo y el bajista Roberto “El Robba” Razul (también presentes en Niceto), se enamoraron de esta música a partir de, entre otros discos (por entonces muy raros de ver en Buenos Aires), el soundtrack de Rockers. Fue a mediados de los 80, años en los que no solo no había streaming sino que escaseaban las ediciones locales, los vinilos importados eran bienes suntuarios y la info sobre reggae era menos que básica.
Cuarenta años después de flashear con Rockers, Bonetto canta con sus protagonistas canciones de la banda de sonido. La experiencia es personalísima, pero muchos en el público la comprenden perfectamente.
“El Robba tenía un montón de discos, entre otros Rockers. Nos conocimos en el Parque Rivadavia, nos hicimos amigos y nos volvíamos locos escuchando reggae. Ese disco se lo pasé después a Guille Bonetto. Rockers fue el germen de Los Cafres en 1985”, contaría Canedo, el exbatero Cafre, después de un concierto, que reunió a muchos scenesters del reggae local, y no solo arriba del escenario. Pety, voz de Riddim (banda a punto de cumplir 30 años) y uno de los mayores conocedores de reggae en el plano local, rescataba: “Para mi, lo mejor fue Lloyd Parks cantando ‘Police and Thieves’, haciendo el falsete de Junior Marvin y tocando el bajo al mismo tiempo, es decir haciendo dos melodías diferentes”. “Lloyd cantó como nunca lo escuché en vivo (lo vi tres veces antes); Kiddus, un místico y un crooner, me gustó mucho también; me gustó todo, incluso lo zapado. Nos encontramos los de años, los de siempre, los que llevamos el reggae en la piel. Y fue una comunión”, decía Fedda Soto, productor del reciente LP Jamaica-Argentina, que mezcla músicos de ambos países en una combinación reggae y tango. Pero había también una larguísima lista de músicos más jóvenes, otros productores y hasta operadores de sound systems en la infatigable escena de reggae local. “Esto es el Reggaepalooza”, bromeó un veterano del roots bonaerense.













