Natascha McElhone y el origen emocional de Sherlock Holmes

Pocas actrices británicas han transitado con tanta naturalidad entre el cine de autor, el gran estudio, la televisión de prestigio y el teatro como Natascha McElhone. Formada en la London Academy of Music and Dramatic Art, la intérprete se dio a conocer en pantalla grande con títulos como Surviving Picasso, Ronin, The Truman Show y Solaris, mientras que en televisión dejó huella con personajes en Californication, Designated Survivor, The Crown y Halo. Esa mezcla de elegancia clásica y sensibilidad contemporánea la ha convertido en una presencia singular: una actriz capaz de moverse entre la fragilidad, la inteligencia y la autoridad sin perder el misterio.

Ahora McElhone se suma a otro mito popular con Young Sherlock, la nueva serie creada por Matthew Parkhill, desarrollada junto a Peter Harness y Guy Ritchie, y protagonizada por Hero Fiennes Tiffin como un Sherlock Holmes de 19 años, todavía impulsivo, vulnerable y lejos del detective acabado que el público conoce. 

La serie sigue al joven Holmes en Oxford mientras intenta resolver su primer gran caso y termina atrapado en una conspiración de escala internacional. McElhone interpreta a Cordelia Holmes, la madre de Sherlock, en un papel poco explorado por las adaptaciones clásicas, lo que le permitió construir al personaje con amplia libertad emocional. 

McElhone habló sobre las películas de su carrera que hoy considera pequeños tesoros, su evolución como actriz, su relación con el universo Holmes y el modo en que imaginó a una mujer atrapada por su tiempo, pero todavía capaz de marcar el destino emocional de su hijo.

Cortesía de MGM Amazon Studios

Mirando tu carrera en cine, ¿hay alguna de la que te sientas especialmente orgullosa, ya sea por el papel o por lo que significó para ti?

Es difícil decirlo, porque con el tiempo algunas películas adquieren una nueva vida. Cuando las haces, no sabes cuál será su destino, claro, pero después ciertas obras se convierten casi en pequeños tesoros de culto. Diría que algo como Solaris ha tenido una especie de redescubrimiento con los años. The Truman Show, en cambio, nunca ha dejado de ser admirada, y con razón, porque Peter Weir es un genio.

Y también ocurre algo muy bonito: a veces aparecen fans de trabajos muy antiguos, incluso de películas que en su momento casi no tuvieron visibilidad. No son necesariamente personas que estaban ahí cuando se estrenaron, sino espectadores nuevos. Eso me encanta. Me gusta esa posibilidad de que los cinéfilos, o la gente que sigue ciertos caminos más raros, encuentren cosas viejas y las vean hoy. Mi hijo hace eso todo el tiempo: busca obras muy de nicho, primeros cortos, materiales perdidos, y los encuentra en YouTube. Me parece maravilloso que ya no exista esa idea de que lo que hiciste al comienzo de tu carrera queda enterrado en un archivo para siempre.

Has trabajado en muchos géneros y formatos, del cine a la televisión y el teatro. ¿Cómo ha cambiado tu relación con la actuación con el paso del tiempo?

Espero que haya cambiado en el sentido de que sigo pudiendo trabajar y explorar personajes muy distintos, sin repetirme demasiado. Me gusta pasar de una científica del futuro, poderosa y quizá manipuladora, a alguien como Cordelia, que vive en el pasado y cuya poca capacidad de acción le ha sido arrebatada. Es como viajar en el tiempo de un personaje a otro. Eso mantiene todo vivo. Me mantiene flexible. Me obliga a no acomodarme.

Cortesía de Daniel Smith

La verdad, no demasiado. Creo que Amazon tiene los derechos de esos libros, pero Matthew hizo su propia versión, muy inventiva y libre. Probablemente no soy la persona ideal para responder cuánto pesaron exactamente esos libros en el proceso de escritura, porque no lo sé del todo. Lo que sí sé es que el material que recibimos ya tenía una identidad muy clara.

Cordelia es madre, pero también artista. ¿Cómo trabajaste esos dos lados del personaje?

La parte artística me habría encantado explorarla aún más. Fue muy interesante. Creo que para ella el arte es una forma de mantener a raya la locura, o al menos de darle estructura a su vida dentro de esa jaula dorada en la que vive. No tiene otra salida, nadie con quien hablar de verdad, nadie que crea lo que está viviendo. Apenas tiene alguna visita ocasional.

Debió de ser una existencia dificilísima durante esos diez años, sobre todo cuando experimentas cosas que los demás niegan o no creen. Debe producir un aislamiento brutal. Y de ahí, claro, nace la paranoia. Creo que es uno de los sentimientos más incómodos: sentir que estás en desacuerdo con el mundo entero.

Así que cuando la conocemos, ella ya está en ese estado mental. El arte, entonces, se vuelve algo tangible, algo que se puede hacer con las manos. Hacer ayuda. Tener una estructura ayuda. Hay una frase de Mary Wollstonecraft que siempre me gusta: “Nada aquieta la mente como un propósito firme”. Creo que Cordelia vive un poco aferrada a eso.

La serie revisita un mundo muy conocido, pero desde una perspectiva más joven y vulnerable. ¿Qué te interesó más de contar este capítulo temprano de la familia Holmes?

Me gustó mucho la idea de que Matthew sembrara pequeñas semillas de lo que después se convertirá en Sherlock. Las razones por las que termina siendo como es. Por qué no acepta nada al pie de la letra. Por qué necesita desarmar cada versión de la realidad.

En cierto modo, toda su infancia fue un laberinto de mentiras y medias verdades que tuvo que empezar a desenredar. Me parece una base muy buena para el Sherlock que luego conoceremos.

Cortesía de Daniel Smith

Este proyecto vuelve a conectar el universo Sherlock con Guy Ritchie. ¿Cómo fue trabajar bajo su dirección?

No soy la mejor persona para responder eso, porque solo trabajé un día con Guy. Pero aprecio mucho su trabajo. Y además, en mi caso, llegué bastante fresca a este universo, lo cual fue una ventaja. No estaba especialmente familiarizada ni con todo el canon sherlockiano ni con las múltiples versiones previas, ni siquiera con los libros de manera tan profunda. Para mí fue divertido entrar en un mundo con un legado tan enorme sin sentir que tenía que reverenciar ninguna interpretación anterior.

Alguien me dijo que existen como 250 adaptaciones de Sherlock. Es una barbaridad. Así que fue un regalo poder llegar a la versión de Matthew sin sentir que debía ponerme los zapatos de nadie. Estábamos haciendo nuestra propia lectura.

Como madre de Sherlock, aunque sin revelar demasiado, ¿intentaste buscar rasgos que anticiparan quién será él?

Sí, claro. Yo esperaba que hubiera ciertos ecos, pequeños cruces de personalidad. Miraba a Hero, a lo que él ya estaba construyendo en Sherlock, e intentaba amplificar algunos rasgos para que pareciera que provenían de ese pasado familiar. Que hubiera una continuidad emocional, aunque fuera sutil.

¿Qué esperas que descubran los espectadores, sobre todo los fans de toda la vida de Sherlock Holmes, en este personaje y en esta historia?

Supongo que la historia de origen de su familia. La razón por la que empieza este camino. Qué lo pone en marcha. Qué lo convierte, con el tiempo, en ese detective extraordinario. 

Si él comienza intentando entender su propia posición en el mundo, quiénes son realmente sus padres y qué ocurrió con su hermana… bueno, ya no diré más que eso. Pero me parece un muy buen punto de partida, porque probablemente sea la historia que más nos importe al principio, la que más nos implique emocionalmente. Y, si aceptamos esa base, entonces tiene sentido que aplique después ese mismo rigor a todos los demás misterios.

Cordelia Holmes no suele estar desarrollada en las adaptaciones clásicas. ¿Sentiste una libertad especial al interpretarla?

Totalmente. Me encantó tener esa libertad. Conan Doyle no escribió realmente sobre ella, así que yo no tenía la presión de cumplir con una versión previa. No tenía que ser reverencial en ese sentido.

Pude crearla casi desde cero, claro, siempre dentro del marco que Matthew me dio, que en realidad era mucho más que un marco: el personaje ya estaba muy coloreado, muy vivo. Y eso fue muy divertido, porque Cordelia casi existe en dos versiones. Está la Cordelia prisionera, atrapada en esa jaula dorada, y luego la Cordelia liberada, que casi vive una segunda adolescencia al mismo tiempo que su hijo. Eso me dio mucho juego.

La serie mezcla misterio, acción y relato de formación. ¿Con cuál de esas capas conectas más?

Creo que con todas. No siento que haya que elegir. Me parece que pueden convivir perfectamente. De hecho, espero que la serie sea muchas cosas a la vez.

¿Cómo influyó la ambientación de época en tu forma de interpretar a Cordelia?

Muchísimo. Ella vive dentro de las limitaciones de su tiempo. Eso determina todo. Basta ver lo que ocurre con el marido y cómo él puede ejercer influencia y control precisamente por la posición que las mujeres ocupaban entonces en relación con la propiedad, el prestigio y la autoridad. Así que sí, el contexto histórico no es decorativo: es central para entenderla.

Muchos espectadores asocian a Sherlock con una frialdad emocional. ¿Cordelia percibe ya algo de eso en él o cree que su hijo puede convertirse en alguien distinto?

Esa es una observación muy buena. Creo que en este punto ella todavía está descubriendo quién es su hijo, porque se perdió diez años de su desarrollo. Ahora lo mira con asombro, descubre sus habilidades, esta vida clandestina a la que por fin tiene acceso.

Y en cuanto a sus relaciones personales, creo que ni siquiera ha llegado todavía a pensar en eso con preocupación. Más bien es optimista. Supone que tendrá vínculos ricos, cálidos, cercanos. Está encantada con su nueva amistad con Moriarty, por ejemplo, porque él nunca había tenido amigos. Así que sí, en este momento lo ve en el camino correcto.

Después de pasar tiempo en este primer capítulo de Sherlock Holmes, ¿cambió tu forma de ver al personaje?

Sí, creo que sí. Cuando entras en un personaje y formas parte de una historia, es muy difícil volver a verla con distancia.

Pasa también con Shakespeare: quizás leíste una obra en la escuela y tenías una idea de ella, pero una vez que la interpretas, ya no es solo “la obra”, sino la experiencia concreta de haberla vivido desde dentro. Después puedes quitarte el vestuario, ducharte e ir al siguiente trabajo, claro. Pero algo de ese personaje se queda contigo, y eso hace muy difícil recuperar una mirada totalmente objetiva.

¿Es verdad que hablas español?

Sí —ríe—. Estoy aprendiendo español ahora. Es muy difícil para mí… pero la próxima vez lo intentaremos.

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