Las Petunias se rebelan ante las expectativas en Ahí te pudras, maldita
Tal vez sea por ansiedad, o por la consciencia de que la vida está llena de altibajos, que cuando las cosas van marchando bien se produce una sensación de que en cualquier momento algo saldrá mal. Las Petunias hablan de esto en ‘Agota la suerte’, el corte que cierra su más reciente EP, Ahí te pudras, maldita. En la canción, en medio de unas guitarras distorsionadas y una batería intensa, la agrupación madrileña habla sobre la volatilidad de un proyecto musical. “No creo que sea tanto el cómo nos sentimos nosotras, sino que es lo que nos han intentado meter en la cabeza todo el rato, de ‘curras o ten cuidado porque esto no dura toda la vida’”, explica la guitarrista Elsa Moreno. “Es como si todo el mundo te quisiera meter en la cabeza que, una vez que empiezas, empieza una cuenta atrás del tiempo que vas a tener como banda y que, si no lo aprovechas, no vas a poder hacer nada más. Y realmente es una tontería porque cada uno va a su ritmo”.
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Las Petunias llevan cinco años haciendo “punk mono” bajo sus propios términos, dándole a la música la atención que se merece y sin sucumbir a las presiones de la inmediatez. La banda halla sus raíces en 2020, cuando las entonces adolescentes Elsa, Cecilia Soto y Natalia Montes decidieron iniciar un proyecto musical impulsado por la curiosidad. Entre los espacios que les dejaban sus otras responsabilidades fueron publicando varios singles como ‘Sid y casi sale bien’ y ‘La cena’, hasta que estos primeros pasos dieron origen a su EP debut, Nunca no he llorado (2023), en el que reflejaban el torbellino que supone el paso a la adultez al tiempo que moldeaban su sonido pop con actitud punk.
Habiendo ganado más experiencia en el escenario y en la composición, el trío presentó su primer larga duración en 2024 bajo el título Creo que soy de porcelana, con el que atrajo el interés de la industria local y gracias al cual se estableció en la escena independiente del país. “Fue cuando la gente de los sellos y tal empezaron a ver que estábamos ahí, y empezaron a llegar todas las ofertas que no nos habían llegado nunca”, comenta Cecilia, la bajista. Su respuesta como grupo ante esta nueva atención que estaba recibiendo fue seguir escribiendo más música, también en parte porque fue su manera de procesar los cambios tan repentinos que estaban ocurriendo en poco tiempo.
Las Petunias aprovecharon las vacaciones de verano pasado para entrar al estudio y grabar las canciones que harían parte de Ahí te pudras, maldita, que, a pesar de ser pocas, condensan muy bien lo que ha sido la banda hasta ahora. El EP trata cuestiones que pudieran parecer banales pero que en realidad son más serias, abre paso a la autorreflexión, rompe con las expectativas del amor y enfrenta la incertidumbre que caracteriza a la generación Z.
El disco abre con ‘No necesito estar sola (ya lo he estado toda mi vida)’, un grito de desahogo ante el individualismo impuesto que ha tenido como consecuencia la desconexión entre los seres humanos. “Esta canción es un resumen de todo eso, de fabricar situaciones de esparcimiento y buen rollo como defensa a la hostilidad del capitalismo tardío, la ausencia de cariño y la necesidad de compresión”, escribió la agrupación en Substack.
La siguiente en el tracklist es ‘Historias de mi madre’, el primer single del trabajo y es, probablemente, una de sus composiciones más profundas. En un tono nostálgico, Las Petunias hablan sobre ver a las madres más allá de su rol y entender que son seres humanos con aciertos y desatinos. Esta conversación se la plantearon después de un viaje familiar que Cecilia hizo a Brasil, donde al ver a su madre disfrutar con sus hermanas y primas se dijo a sí misma, “Es una chavala de 20 años igual que yo”. Las tres comenzaron a compartir anécdotas de sus madres y de allí nació la canción.
El vídeo musical está protagonizado por la madre de cada una, asumiendo el papel de su respectiva hija en el futuro. Para las artistas, el rodaje fue “una experiencia psicológica” ya que sus madres escucharon la canción en el set y llovieron lágrimas. Entre las discusiones sobre a quién hacía referencia qué verso, la madre de Natalia les dijo a las chicas, “Ah, ¿Qué vosotras estáis perdidas? ¿Os creéis que nosotras no?”, y esa frase les caló profundamente. “Fue muy impactante verlas a las tres hablar de nosotras y como hacer terapia de grupo, igual que la hacemos nosotras hablando de ellas”, recuerda la bajista. “Encima, como físicamente nos parecemos, era super extraño. Yo sentía que nos estábamos viendo a nosotras mismas de más mayores, llorando y abrazándonos, y eran ellas”.
A la mitad de Ahí te pudras, maldita se encuentra ‘Tirant lo Blanc’, un corte en el que colisiona el mundo actual con la novela caballeresca. Aquí, Las Petunias hablan sobre sentirse “bufonas” y no unas “damas” que esperan ser rescatadas por un noble caballero, pues no encajan en la descripción de una princesa y son ellas quienes libran sus propias batallas.
El EP finaliza con ‘Agota la suerte’, en donde la letra se mueve entre la dualidad de la angustia por no cumplir con las expectativas de los demás y el impulso de sublevarse contra el deber ser en la industria musical. “También es un poco esas decisiones que hemos ido tomando nosotras de renegar de la presión que te meten de que trabajar rápido y bajo presión es lo mejor”, explica Elsa sobre la relación entre la temática de la canción y la decisión de la banda de lanzar un trabajo corto. “Para mí, es más un manifiesto de, ‘Os he escuchado y aun así voy a sacar un EP de cuatro canciones. No os voy a hacer caso porque no me apetece’. Yo quiero vivir en la banda, es una experiencia muy bonita, quiero vivirla bien y tranquila, y no agobiada”.
La convicción de Las Petunias por tener una banda que no se sienta como una obligación tiene mucho que ver con el hecho de tener una amistad sólida que les permita ser sinceras entre sí. “Es como un matrimonio, en realidad”, dice Cecilia. “Es comunicarse, ser incómoda y ceder. Da pena ver cómo no hay bandas que sientan ese vínculo que sentimos nosotras”. Al final, continúa la bajista, son amigas que querían hacer música y juntas aprendieron a hacerla. “Es extraño que no nos cansemos las unas de las otras. Creo que es algo que tiene un punto mágico”, concluye.
















