La Sole llevó el folklore al Lollapalooza: “Lo nuestro sí vale”

Soledad Pastorutti llegó al escenario Alternative del Lollapalooza para seguir festejando sus treinta años de carrera. “Vamos a hacer esta y otras cosas locas. Sigan ahí para continuar con este delirio”, pidió sobre el cierre del show de casi una hora. La crónica de Romina Zanellato, colaboradora de Rolling Stone, por los 30 años de Soledad en el Festival de Cosquín Folklore en Cenital decía lo siguiente: “Y es que, si su obsesión es hacer que el folklore viva en la juventud, Soledad sabe que prestarle atención a las tradiciones, rebelarse un poquito y estar bien cerca de su público es la forma de hacerlo. Ahora va por más: su próxima misión es un festival en Ciudad de Buenos Aires, bien grande, que muestre el poder del folclore, que no queden dudas. Lo está tramando. No hay dudas de que lo hará”. Y sí, se refería a pisar y hacerse firme en el Lollapalooza. Y en efecto: lo hizo.

Cuando Soledad dio inicio al show con “Vivir es hoy”, sería casi la única canción que haría entera hasta llegar a la mitad del set. De allí en más, desplegó todo el arsenal: el sonido grandilocuente (más eléctrico que acústico), el ballet como si fuera la apertura del festival de Cosquín y su imagen por primera vez en el escenario y por las pantallas. Después de ese prólogo por demás formal y tradicional, para que la gente active, la Sole se lanzó con un mix letal que incluyó trozos de canciones como “Kilómetro 11 / Puerto Tirol”, “Ódiame / Propiedad privada / Que nadie sepa mi sufrir” y “Entré a mi pago sin golpear / A don Ata”.

FOTO: Adán Jones

Mientras sonaba esta última, un joven pasó entre la gente con un charuto de lillo transparente muy bien armado más una remera de Atahualpa que indicaba que ahí, en ese mismo espacio y tiempo del pop para las nuevas generaciones, estaba todo más que bien para la conexión total. La pacha y los videos de redes sociales en hermosa convivencia.

Para La Sole, a sus 45 años, y celebrando los 30 de su carrera, todo es fuerte, potente. Lo tenso de su trenza, la manera de mover sus brazos, de agitar, el tono en el que ubica a las canciones para interpretar, el volumen de todo lo demás. Para La Sole el apodo que le pusieron a sus quince años fue cosa seria. Se clavó como una segundita en Santiago Del Estero. El huracán de Arequito dijo que fue su primera vez en el Lollapalooza, mientras el público chequeaba su look fatal. Bordó apretado, una pierna suelta y el pecho al frente. Radiante La Sole. No parecía un festival de música joven por el cual, unas horas más tarde, una artista como Chappell Roan cerraría el día 2.

FOTO: Adán Jones

Encima, para el momento de “Que nadie sepa mi sufrir” se sumaron los Miranda! en un gesto por demás familiar y criterioso. Es decir, Juliana no se iba a poner a titubear el vibrato folklórico por el contexto de la canción. Y menos que menos se iba a mover como si fuera una más del ballet. Juliana fue Juliana -estrafalaria, inquieta, caprichosa- y bajo esa misma línea pop, se sumó Sergi para que cada uno siga su propia identidad en el marco de la misma canción. Familia de la televisión, colegas de la música popular argentina. “Se burlarán de mí, que nadie sepa mi sufrir” cantaron alto los tres para la mayor ovación del set.

FOTO: Adán Jones

Humo del escenario, ponchos y pañuelitos blancos, un millar de personas, un sapucai extendido, pero lo más atrapante de ella, La Sole, es su sonrisa. Es feliz hace tres décadas arriba del escenario. Rema cualquier situación, es artista folklórica pero su masividad la vuelve pop. Es cantante tradicional pero elije cumbias (“Vienes y te vas” y “Cómo te voy a olvidar”), urbanas (“Hoja en blanco” y “El bahiano”) y esa gema hermosa compuesta por el uruguayo Gustavo “el Príncipe” Pena llamada “Cómo que no”. Decidida, frontal y amena dijo sobre el cierre del show para fundamentar toda esta fiesta popular: “Hay que creer que lo nuestro sí vale”.

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