La Máquina de Hacer Pájaros: cuando Charly García decidió reinventar el rock argentino

En el gran laboratorio del rock argentino de los 70, pocas criaturas fueron tan extrañas, ambiciosas y hermosas como La Máquina de Hacer Pájaros. El proyecto que Charly García imaginó tras la disolución de Sui Generis fue un salto al vacío: abandonar el folk que lo había convertido en ídolo juvenil para internarse en los territorios más sofisticados del rock progresivo. Medio siglo después, el debut homónimo de la banda sigue sonando como un artefacto adelantado a su tiempo.

El día en que Charly decidió volar distinto

En 1975, cuando Sui Generis se despedía con aquellos conciertos multitudinarios en el Luna Park, Charly García ya estaba pensando en otra cosa. La Argentina atravesaba un momento convulso política, cultural y socialmente, y el rock también comenzaba a mutar. El folk acústico que había marcado la primera mitad de la década empezaba a convivir con una generación de músicos fascinados por la complejidad musical de Yes, Genesis o King Crimson. García quería ir hacia ese territorio.

Así nació La Máquina de Hacer Pájaros, inicialmente presentada como Charly García y La Máquina de Hacer Pájaros. La banda reunió a músicos de enorme calibre: el baterista Oscar Moro, el bajista José Luis Fernández, y luego el guitarrista Gustavo Bazterrica, quien se sumó tras coincidir con el grupo en un show en Córdoba. Poco después entraría Carlos Cutaia, un movimiento decisivo: Charly quería dos tecladistas en la banda, una rareza que terminaría definiendo su sonido.

El nombre del grupo tenía algo de ironía surrealista. Venía de una historieta del dibujante Crist publicada en la revista Siete Días titulada García y la máquina de hacer pájaros. La referencia no era casual: el proyecto de Charly también funcionaba como una especie de máquina imaginaria para fabricar canciones, paisajes sonoros y mundos posibles.

Portada del disco ‘La Máquina de Hacer Pájaros’

Un debut monumental

En 1976 apareció ‘La Máquina de Hacer Pájaros’, el primer álbum. Desde su lanzamiento quedó claro que aquello no era un disco más dentro del rock argentino.

La producción fue extraordinariamente ambiciosa para la época. El LP incluía un double insert con dos portadas internas duras que reproducían la historieta de Crist, y su fabricación fue tan costosa que se convirtió en uno de los discos más caros jamás producidos en Argentina hasta ese momento: aproximadamente el doble del costo habitual de un lanzamiento de rock. Musicalmente, el álbum era aún más audaz.

Muchas de las canciones habían sido escritas por García cuando todavía formaba parte de Sui Generis, pero aquí aparecían completamente transformadas: arreglos complejos, largos pasajes instrumentales, cambios de tempo, sintetizadores, pianos eléctricos y una sensación constante de exploración.

La presencia de dos teclados, Charly y Cutaia, generaba un paisaje sonoro poco común en el rock latinoamericano de entonces. El resultado era una mezcla de rock progresivo, música sinfónica, psicodelia y canción argentina, todo filtrado por la sensibilidad melódica de García. Era un disco que exigía escucha atenta.

Un álbum que tardó en ser entendido

Paradójicamente, el disco no fue un éxito inmediato. Para buena parte del público que había seguido a García desde Sui Generis, el cambio resultó demasiado radical. La Máquina de Hacer Pájaros proponía un rock más cerebral, menos inmediato, que se alejaba del formato canción tradicional. En una escena todavía acostumbrada al formato más directo del rock nacional de comienzos de los setenta, aquella sofisticación podía resultar desconcertante. Pero el tiempo es un crítico paciente.

Décadas después, tanto el debut ‘La Máquina de Hacer Pájaros’ como su sucesor ‘Películas’ (1977) serían reconocidos como dos de los discos más importantes del rock argentino. Obras que expandieron las posibilidades musicales del género en el país.

El proyecto fue breve pero intenso. En 1977 apareció ‘Películas’, un álbum que empujó aún más la ambición sonora del grupo. Sin embargo, las tensiones internas y las diferencias creativas comenzaron a erosionar la banda. El experimento terminaría ese mismo año.

El último concierto de La Máquina de Hacer Pájaros ocurrió el 11 de noviembre de 1977 en el Festival del Amor, en el estadio Luna Park de Buenos Aires. Después de la disolución, Charly intentó iniciar otro proyecto con Nito Mestre, pero la idea no prosperó. Poco tiempo después viajaría a Brasil, donde comenzaría a gestarse una de las bandas más legendarias del rock latinoamericano: Serú Girán. La máquina se había detenido, pero el vuelo continuaba.

Cincuenta años después

Escuchar hoy La Máquina de Hacer Pájaros es volver a un momento en el que el rock argentino decidió expandirse. Un momento en el que Charly García dejó de ser simplemente el cronista generacional de Sui Generis para convertirse en un arquitecto musical dispuesto a experimentar sin miedo.

El disco no solo abrió nuevas rutas para el rock progresivo en Latinoamérica; también mostró que el rock nacional podía aspirar a una complejidad artística comparable con la de cualquier escena internacional.

Cincuenta años después, el álbum sigue funcionando exactamente como su nombre promete: una máquina capaz de fabricar pájaros. Canciones que, una vez que se echan a volar, ya no vuelven a posarse.

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