Katseye: una nueva forma de entender el K-pop

Para muchos fanáticos del K-pop, los llamados “grupos globales” —proyectos concebidos desde su origen para operar en múltiples mercados, tanto en su composición como en su idioma y estrategia— han sido una idea difícil de consolidar. Entre cambios de alineación, polémicas y una identidad aún en construcción, esta vertiente ha atravesado distintos intentos sin terminar de encontrar una forma definitiva dentro de la industria.

Por eso, cuando HYBE, el gigante surcoreano responsable del nacimiento de grupos como BTS o SEVENTEEN, y Geffen Records —sello de Universal con artistas como Olivia Rodrigo o Kali Uchis— unieron fuerzas para crear un programa de supervivencia del que surgiría un nuevo grupo global, la expectativa fue inmediata. El proyecto proponía trasladar las dinámicas del K-pop a un formato pensado desde el inicio para el pop occidental, marcando un nuevo intento por explorar ese modelo.

El proyecto tomó forma en 2023 con The Debut: Dream Academy, un reality desarrollado entre Los Ángeles y Seúl que reunió a 20 participantes seleccionadas entre más de 120.000 aspirantes alrededor del mundo. A lo largo de varias misiones y entrenamientos centrados en el rendimiento vocal, la danza y la presencia escénica —siguiendo el modelo de entrenamiento del K-pop—, las concursantes fueron evaluadas tanto por expertos de la industria como por el público, reduciendo progresivamente el grupo hasta su formación final. 

Tras semanas de competencia, las elegidas para formar el grupo, que adoptaría el nombre de Katseye, fueron Sophia Laforteza, de Filipinas; Lara Raj, estadounidense de ascendencia india; Yoonchae Jeung, de Corea del Sur; Megan Skiendiel, estadounidense de ascendencia china; Daniela Avanzini, estadounidense de raíces venezolanas y cubanas; y Manon Bannerman, de Suiza (actualmente apartada del grupo “para priorizar su salud y bienestar”).

Julian Song

Más allá de su origen, uno de los pilares que define al girlgroup es su carácter multicultural. Las seis integrantes provienen de distintos contextos culturales, reuniendo en un solo proyecto una gran variedad de identidades, idiomas y experiencias que atraviesan su concepto y su forma de presentarse como grupo. Más que un accesorio, esta diversidad se ha convertido en el eje central de su propuesta, una que busca conectar con audiencias globales desde la autenticidad.

“Creo que es una gran bendición tener cada una nuestras propias culturas y sentirnos tan orgullosas de nuestros orígenes. Siento que es algo que nos lleva a otro nivel y nos permite romper barreras”, explica Lara. “A todas nos apasiona mostrarnos tal como somos, con orgullo, e incorporar eso en cada parte de nuestra propuesta artística, en todo lo que hacemos como grupo: desde la música y las letras, hasta la forma en que bailamos y nuestro estilo, absolutamente todo”. 

Esa identidad también se traduce en lo visual. Desde sus inicios, cada miembro ha desarrollado un estilo propio, pero con el tiempo esos contrastes han comenzado a mezclarse. “Es muy interesante porque cuando nos formamos por primera vez, e incluso hasta hoy, cada una tiene un sello personal muy marcado, de forma bastante natural. Todas nos vestimos de maneras bastante distintas, pero creo que a medida que empezamos a presentarnos más y a entrar un poco más en nuestra adultez, vamos madurando y, al pasar tanto tiempo juntas, todos esos estilos empiezan a fusionarse”.

Esa fusión comenzó a trasladarse a su música. Lara pone como ejemplo de eso el tema ‘Gabriela’, donde el grupo empezó a explorar cómo integrar esas distintas identidades dentro de su sonido, “Ya empezamos a hacerlo con ‘Gabriela’, pero aún tenemos muchísimo por dar en ese sentido. Es como una puerta hermosa, infinita, que nunca se cierra y que podemos seguir atravesando, explorando y disfrutando”.

Así, la canción también se convierte en un espacio donde lo personal toma forma. “La verdad es que siempre me ha gustado cantar en español. Es algo muy lindo para mí porque es mi primer idioma. Lo hablo en mi casa y es una forma muy honesta de expresar mis emociones y de mantenerme conectada con mis raíces y mi herencia”, cuenta Daniela. “También mezclarlo con el inglés refleja de una manera muy real cómo crecí entre dos culturas, así que cuando estábamos trabajando en ‘Gabriela’ y surgió la idea de incluir ese momento en español, pensé: es perfecto”.

Pero esa misma apertura —tanto en lo cultural como en lo artístico— también implica exponerse a una mirada constante. En un proyecto pensado para ser global, las expectativas no solo vienen de la industria, sino también de una audiencia diversa que sigue cada paso del grupo en tiempo real. En ese escenario, Katseye ha tenido que aprender a navegar la presión tanto de forma individual como colectiva.

En ese proceso, el acompañamiento del medio ha sido clave. Sophia explica que han contado con el apoyo de personas con amplia experiencia, así como con la guía de otros artistas —desde girlbands de K-pop hasta figuras del pop estadounidense— que han compartido sus propias vivencias con ellas. “Estamos muy agradecidas de tener a muchas personas a nuestro alrededor que llevan muchísimo tiempo en la industria. Recibimos muchos consejos y mucha guía de gente en la que realmente confiamos”, comenta. Esa red, sumada a su disposición a escuchar y aprender, ha sido fundamental en una etapa donde todo aún se está definiendo.

En paralelo, ese aprendizaje también pasa por la experiencia propia. La líder del sexteto reconoce que, a poco más de dos años desde su formación, el grupo sigue descubriendo qué funciona para ellas: “Estamos entendiendo cuánto le damos a la audiencia, cuánto de nosotras mismas queremos mostrar al mundo y cuánto queremos guardar”. Esa búsqueda —que también incluye decisiones sobre su entorno y el consumo de redes sociales— no es uniforme, sino que varía entre lo íntimo y lo público. “Es muy interesante estar en un grupo donde hay cosas que funcionan a nivel individual y otras que funcionan como conjunto”, añade, entendiendo este proceso como parte de una evolución constante, un aprendizaje diario que a pesar de no estar del todo resuelto aún, las mantiene seguras de la dirección que están tomando.

Cortesía

En ese proceso que describe Sophia, el vínculo con sus fans ha jugado un papel clave. Más que una relación distante, Katseye ha construido una conexión que se siente cercana y espontánea, especialmente a través de redes sociales, donde el grupo y sus seguidores parecen moverse en la misma sintonía. Parte de eso tiene que ver con una sensibilidad generacional compartida: lejos de una comunicación rígida, su presencia digital se apoya en códigos propios de la Gen Z —memes, humor autorreferencial, lives hilarantes y una interacción constante que borra la línea entre artista y audiencia—.

Esa naturalidad también se refleja en cómo ellas mismas entienden a su público. “Siento que nuestros fans son muy divertidos, y creo que lo son porque nosotras también lo somos. Son como nosotras”, dice Yoonchae. En ese intercambio, los chistes internos, las dinámicas compartidas y la capacidad de reírse de sí mismas se convierten en un lenguaje común: “Es muy interesante ver cómo crean chistes internos, como los nuestros; es lo mismo”. Así, más que una fanbase tradicional, lo que emerge es una comunidad que crece desde lo cotidiano, donde la cercanía no es una estrategia, sino una extensión natural de quiénes son. “Siento que tenemos una relación y una química muy bonitas con ellos, y eso es algo que realmente me encanta” concluye la surcoreana.

Esa conexión encuentra en el escenario una dimensión completamente distinta. En su paso reciente por Sudamérica, la agrupación ha podido trasladar ese vínculo digital a un encuentro directo con su público, descubriendo cómo esa cercanía también se manifiesta en vivo. Megan destaca la forma en que cada país expresa su respaldo, algo que, según cuenta, se hizo evidente desde sus primeras presentaciones en la región. “Creo que cada vez que tenemos un show internacional es muy increíble poder ver cómo cada país se presenta por sus artistas favoritos, cómo los apoya. En Argentina y Chile, por ejemplo, el público fue hermoso, muy entregado, y nos demostraron muchísimo cariño”, explica.

Esa experiencia también ha estado marcada por pequeños gestos que refuerzan esa relación, desde intentar hablar español hasta incorporar elementos locales en sus presentaciones. “Recuerdo que en cada ciudad a la que fuimos pudimos decir algunos cantos del público, intentar hablar español e incluso Dani pudo hablar en su propio idioma”, añade Megan. Para Daniela, además, el encuentro con los asistentes latinoamericanos tuvo una carga emocional particular: “Yo ya sabía que el público latino es muy apasionado, pero me emocioné mucho en el show y casi lloré porque no esperaba que nos dieran tanto amor”. Así, lo que comenzó como una conexión mediada por pantallas se convierte en una experiencia intensa y tangible, que termina de consolidar ese lazo entre el grupo y su audiencia.

Ese vínculo también ha estado atravesado por su paso por Colombia, un país que el grupo ha visitado en dos momentos muy distintos de su trayectoria. La primera vez fue en Medellín, durante la grabación del videoclip de ‘Debut’ —su primer tema— en una etapa todavía inicial donde todo estaba empezando a tomar forma. Lejos del ritmo acelerado de la promoción, ese viaje les permitió acercarse al país desde un lugar más cercano, explorando la ciudad y creando recuerdos que hoy siguen presentes.

Yoonchae recuerda esa experiencia desde lo simple, pero significativo: caminar por los alrededores, descubrir pequeños espacios y dejarse llevar por el ambiente. “Recuerdo que en realidad exploramos bastante cuando llegamos por primera vez. Caminamos por los alrededores del hotel y fuimos a un café. Era un café muy bonito y estaba muy bueno. La comida era realmente deliciosa”, cuenta. Incluso el clima, que normalmente no sería su favorito, adquirió otro sentido en ese contexto: “Ese día estaba lloviendo y, por lo general, no me gustan mucho los días lluviosos, pero en Colombia, cuando llovía, me hacía sentir muy bien”. De esa manera, Medellín quedó asociada a una sensación de calma inesperada, casi íntima, que contrasta con la intensidad que vendría después.

Esa segunda visita, ya en Bogotá, llegó en un momento completamente distinto: con el grupo consolidando su identidad y enfrentándose de lleno a la energía del público latinoamericano en vivo. Su presentación en la capital terminó de confirmar esa expectativa que venían construyendo desde antes de pisar el escenario. Megan lo anticipaba con entusiasmo, y la experiencia no hizo más que reforzarlo. Los asistentes colombianos respondieron con una intensidad y una entrega que el grupo sintió de inmediato, en un intercambio de energía constante que convirtió el show en uno de los momentos más memorables de su paso por la región.

Más allá del escenario, la ciudad también les dejó postales particulares. Durante su estadía, el grupo vivió una experiencia inesperada junto a Carlos Vives que terminó por condensar ese espíritu cálido y expresivo que encontraron en el país. “Nos llevó a diferentes salas dentro de su restaurante”, recuerda Sophia. La escena, casi teatral, culminó en una terraza donde un enorme corazón realista hecho de flores se convirtió en protagonista y selló un hermoso momento con uno de los iconos de la música colombiana. Entre risas, lo que queda es la impresión de un encuentro tan surreal como cercano, marcado por la hospitalidad de un artista que, de alguna forma, refleja el mismo viaje en busca de sentido e identidad que comenzó Katseye hace un poco más de dos años.

Si algo deja claro este primer capítulo de Katseye es que su construcción va más allá de una fórmula industrial. Entre la precisión del modelo K-pop y la espontaneidad de su esencia colectiva, el grupo ha encontrado un punto intermedio donde lo global no se siente impuesto, sino vivido. Esa mezcla —de culturas, lenguajes, experiencias y formas de conectar— no sólo define su presente, sino que también marca el camino de lo que pueden llegar a ser dentro de una industria que todavía está aprendiendo a pensar en clave verdaderamente internacional.

Con ese impulso, el futuro inmediato ya empieza a tomar forma. Daniela adelanta que uno de los próximos hitos será su participación en Coachella, un escenario que representa un salto simbólico dentro de su proyección. “Estamos súper felices de hacer Coachella porque es un sueño muy grande para nosotras”, cuenta. A eso se suma nueva música en camino, aún envuelta en misterio, pero que apunta a seguir expandiendo ese universo que apenas comienza a definirse. Más que una promesa cerrada, lo que deja Katseye es la sensación de estar frente a un proyecto en constante evolución, uno que todavía se está escribiendo mientras avanza.

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