Horsemouth Wallace: una curiosa estrella del cine jamaiquino en Buenos Aires
Es como una versión de La rosa púrpura del Cairo (la película de Woody Allen en la que un personaje sale de la pantalla de cine), pero filmada en Jamaica. Y como toda versión jamaiquina, es más excéntrica, alocada y desconcertante que la original. Y también más musical, claro.
Aunque no estamos en Jamaica, sino en un patio cubierto de verde a pocas cuadras de la estación de Lanús. Junto a la mesita de jardín, un hombre nacido 72 años atrás en Kingston bate el parche de un tambor con vivos verdes, amarillos y rojos. Detrás de la cortina de humo, se lo ve cerrar los ojos y sonreír.
Se llama Leroy Wallace, le dicen “Horsemouth”, y si parece venir del pasado y que acaba de emerger mágicamente de la pantalla grande es porque, bueno, algo de eso hay. Horsemouth fue el protagonista de Rockers, película filmada en Jamaica por el griego Theodoros Bafaloukos y estrenada en 1978. Inicialmente, Bafaloukos, impresionado con la entonces emergente y vibrante escena roots jamaiquina, la imaginó como un documental, pero Rockers acabó teniendo una trama de ficción (con alguna tenue reminiscencia de Ladrón de bicicletas, de Vittorio de Sica), aunque con no actores, escenarios auténticos y situaciones muchas veces “naturales”. Por eso el film perduró como un registro invaluable de la era dorada del reggae, mucho más que por la historia que cuenta o por las actuaciones de su elenco.
Con Horsermouth como el antihéroe protagónico, que no logra hacer una bien en sus intentos por salir adelante en tiempos difíciles, la película es un festival por el que desfilan referentes como Burning Spear, Jacob Miller, Gregory Isaacs, Big Youth, Sugar Minott e Inner Circle. Junto con la anterior The Harder They Come (Perry Henzell, 1972; protagonizada por Jimmy Cliff), Rockers es el otro gran legado de Jamaica al cine, así como el reggae es el regalo de la isla a la música universal.
Pero hay que aclarar que Horsemouth no “interpretaba” un personaje en Rockers. Hacía de sí mismo y sin guion; en su propia vivienda de un gueto de Kingston, con su mujer y sus tres hijos (hoy tiene… ¡quince!); hablaba, tocaba la batería, fumaba y caminaba (no imaginan lo relevante de ese último detalle personal) por las calles pobres de la capital caribeña como siempre, y como hoy lo hace en este patio bonaerense con el sonido del Roca de fondo. Se diría que es un hombre incapaz de impostar nada. De hecho, aunque es uno de los bateristas más importantes de la isla, creador de algunos patrones de reggae emblemáticos e infinitamente copiados, Wallace quizás no pueda “reproducir” un toque ajeno o marcar un ritmo extraño. Es tan brutalmente intuitivo y espontáneo como genial. Por eso, más tarde, cuando pasemos a la sala del estudio Afro (del productor Hernán “Don Camel” Sforzini), en esta misma casa de Lanús Este, lo veremos tocar como si no estuviera tocando, como quien chasquea los dedos sin siquiera pensarlo.
Entonces, a todo esto, ¿qué hace semejante personaje en Argentina? El pretexto es que el sábado 14 de marzo, junto con los también jamaiquinos Lloyd Parks y Kiddus I (que también aparece en el film de 1978) más invitados argentinos, tocará sobre al escenario de Niceto Club buena parte del soundtrack de Rockers.
El soundtrack de Rockers es un título esencial en la discografía reggae (Rolling Stone la ubicó en el puesto 52 entre las mejores bandas de sonido). Incluye himnos, que seguramente sonarán en Niceto, como “We ‘A’ Rockers” (Inner Circle), “Book of Rules” (The Heptones), “Stepping Razor” (de Joe Higgs, pero conocida por Peter Tosh), “Tenement Yard” (Jacob Miller), “Slave Master” (Gregory Isaacs), “Graduation in Zion” (Kiddus I, que será de la partida) y la sublime “Satta Massagana” (de Abyssinians).
Horsemouth se formó en la Alpha Boys School, de la congregación de las Hermanas de la Piedad, en Kingston, famosa por haber acogido y formado como músicos a docenas de niños en situaciones vulnerables. Don Drummond, Rico Rodriguez, Leroy Smart y Yellowman se cuentan entre sus exalumnos más célebres. Horsemouth llegó al campus de South Camp Road por intervención de la justicia: “Mi mamá me pegaba. Y a los siete años, llegó a lastimarme mucho y la policía me llevó a un tribunal. El juez me preguntó: ‘¿Querés que tu mamá vaya a la cárcel?’. Yo contesté muy bajito y me gritó y se empezó a agarrar el cinturón, como que se lo iba a quitar para golpearme: ‘¡Hablá fuerte, nene!’. Le dije que no quería que la encerraran y me mandaron a Alpha, con las monjas. Y mi mamá quedó libre. Se llamaba Theresa Wallace y era vendedora de pescado. ‘Fiiiish, fiiiish!’, iba gritando por el mercado”, recuerda Horsemouth en uno de los pocos momentos de la charla con Rolling Stone en que se pone serio.
Vivió con las monjas “doce o trece” años porque “aprendí a disfrutarlo”, según cuenta. La de Alpha Boys School es una historia frecuente en la literatura sobre reggae; pero Horsemouth, sin dejar de reconocer la labor de las Sisters of Mercy, menciona matices no tan comentados: “Me escapaba mucho del colegio, pero siempre volvía. Si se daban cuenta las monjas te castigaban, te encerraban en un lugar especial. O, si durante la misa, mirabas a las chicas del convento, te pegaban cinco, seis veces. Por eso en un momento empezaron a hacerlas sentar atrás y a nosotros adelante, para que no pudiéramos mirarlas todo el tiempo en la iglesia. Otro problema es que había muchos chicos malos y peleas. ¡Yo mismo era uno de los malos! Éramos como siete que nos llamábamos Leroy, como [el futuro cantante, uno o dos años mayor] Leroy Smart. Teníamos la pandilla de los Leroys [risas]. Si no fuera por Alpha, me hubiera hecho delincuente, creéme. ¿Me entendés lo que digo?”.
Horsemouth termina casi cada declaración con “¿Me entendés lo que digo?”. Y el chequeo no está de más, porque lo cierto es que habla con un cerradísimo acento jamaiquino, que no intenta aligerar ni un poco, así esté charlando con un grupo de argentinos que matean en la tarde bonaerense. Ese mismo acento obligó a norteamericanos e ingleses a mirar Rockers con subtítulos.
De pronto, Horsemouth (con remera de Rockers) se para, como si acabara de recordar algo urgente. Quiere contar cómo es que se lo ve tan bien y viajando y tocando la batería en países lejanos, con sus 72 años. Se remonta a abril de 1966, cuando se produjo un acontecimiento crucial: Haile Selassie, emperador de Etiopía, venerado por los rastafaris como una divinidad en la Tierra, visitó Jamaica en viaje oficial. Horsemouth, que entonces tenía 12 años, fue a recibirlo en el aeropuerto de Kingston junto con cientos de rastas, en una jornada histórica (recreada en One Love, la reciente biopic sobre Bob Marley). “Como era chico, pude pasar entre la gente y llegué hasta Selassie. Solo tenía adelante a [el líder rastafari] Mortimer Planno, pero Selassie me vio y me estrechó la mano”.
¿Qué sentiste cuando te tocó?
Sentí un impulso. Y después fui también a la puerta del hotel Sheraton, donde estaba Selassie. Y otra vez me tocó la mano. Fueron dos veces. Eso me dio una fuerza.
¿Como un superpoder?
Yeah man!! Desde ese día, cuando me tenía que pelear [empieza a tirar trompadas al aire, girando por el patio], pegaba más fuerte. Tocaba mejor la batería. Fue un don de Haile Selassie. ¿Vos entendés lo que digo?
Horsemouth vivió siempre una vida tan humilde como la que se aprecia en Rockers. Filmar una de las dos películas más importantes en Jamaica lo convirtió en una celebridad en su país y en el mundillo del reggae, pero no cambió su realidad económica. En parte, porque probablemente no haya cobrado gran cosa. Pero también porque, asegura, el mayor porcentaje de lo que ganó lo donó a Alpha.
“Era buena plata porque actué, pero también me pagaron por la banda de sonido. Así que le llevé el dinero a Sister Ignatius [Davies, famosa maestra de música en Alpha]”, dice Horsemouth. “Ella trabajó duro por mi. Hizo todo para que hoy yo pueda estar acá sentado, hablando con vos. Podía castigarme a veces, pero me enseñó muchas cosas. Así que le di la plata de Rockers a ella”.
¿Y ella que dijo en ese momento?
Se sorprendió. Le dio un poco de vergüenza también, creéme. Primero me dijo que no la quería. Tuve que decirle que había protagonizado una película para que no pensara que la había robado.
Hay una escena hermosa en la película en la que te encontrás con una sección de vientos ensayando “Man in the Street”…
Sí, sí, sí, estos tipos son amigos míos. Algunos murieron, otros se fueron a América. La mayoría de los jamaiquinos se van a Inglaterra o América y no vuelven más.
¿Y vos nunca te quisiste ir?
Sí, yo estuve por todos lados. Estuve en Inglaterra cuatro o cinco años, porque tuve un bebe allá. Y tres años en Estados Unidos, para trabajar y juntar algo de plata. Pero siempre volví a Jamaica. Y te voy a decir algo, yo soy rasta y siempre termino ragalando la plata. Hay mucha gente que sufre en la Jamaica, así que tenés que trabajar y tenés que dar. Yo ahora vivo con mi hija.
¿Tenés quince hijos?
Sí, la mayoría está en Estados Unidos y en Inglaterra. Es porque soy músico, man. ¡Todas te quieren! ¡Hasta me han arrancado la camisa! Cuando sos músico, vos no buscás a la gente, la gente te busca a vos. Y siempre quieren algo de vos… ¿Entendés lo que digo?
Además del concierto el sábado 14 de marzo, Leroy Horsemouth Wallace, en su paso por Argentina, brindará la clínica de batería Reggae Drum Attack, junto al baterista y productor argentino Sebastián “Sebolla” Paradisi (ex Los Cafres). Jueves 5 de marzo, 15 hs, en Av. Martín García 463.












