GRTSCH: La manía sonorizada – Rolling Stone en Español
Si la palabra “manía” pudiera ser sonorizada, sonaría como el próximo álbum de GRTSCH.
Grethel Zavaleta, mejor conocida como “GRTSCH” (pronunciado como “Gretsch”), tenía apenas 16 años cuando inició en el mundo de la música. Nacida en el sureste de la República Mexicana y formada en la capital chilanga, comenzó de manera autodidacta y más tarde fue becada en la Sociedad de Autores y Compositores de México (SACM). Desde entonces, su trayectoria se ha definido por una inclinación constante hacia lo emergente, lo desbordante: una identidad construida desde la exploración.
Sencillo tras sencillo, GRTSCH ha desarrollado una propuesta que nace de la intuición y de lo genuino, acumulando canciones, ideas y estados emocionales sin necesidad de ordenarlos bajo un género específico. Por el contrario, su música no suele partir de un concepto: llega a él, lo construye.
“Cuando compongo, siempre lo hago desde un lugar muy real, no pensando tanto en un concepto”, le dice la chiapaneca a ROLLING STONE en Español. “A veces los artistas hacen primero el concepto y luego, bajan ese concepto, empiezan a elaborar cada canción. Yo no”.
Hoy, encaminándose con mayor claridad hacia su faceta como solista, GRTSCH observa su panorama con una euforia desbordante. Después de una sólida trayectoria como productora, la multiinstrumentista está lista para explorar plenamente su dimensión como cantante.
‘Street Fighter’, su más reciente sencillo en colaboración con Mon Laferte, publicado como antesala de su nuevo álbum, retrata, con crudeza callejera, los impulsos emocionales detrás de XXI: Monomita, su tercer disco de estudio.
Antes de este proyecto, GRTSCH tuvo que atravesar distintas etapas: inició interpretando covers, continuó como música de apoyo en varias bandas y finalmente consolidó su camino como solista, compositora y productora. “Son casi 20 años de carrera”, afirma.
Sin embargo, como en cualquier proceso creativo, resulta entendible que en ese tiempo haya experimentado hubo puntos de quiebre. A los 24 años, la artista fue diagnosticada con trastorno bipolar, marcando un periodo caracterizado por episodios depresivos e hipomaníacos.
Durante mucho tiempo evitó hablar del tema, pero terminó por convertirse en una epifanía: una condición que, lejos de asumirse únicamente como enfermedad, se transformó en motor creativo. En su don. “Nunca quise decirlo porque no quería que se volviera un tema de morbo”, señala. “Siempre lo retraté, pero no lo expresaba como tal, hasta ahora.”

“Ahora quiero hablarlo de una manera mucho más libre, porque también me siento con la sabiduría de haber aprendido…de haberme aceptado a mí y a mi enfermedad mental, no desde la victimización, sino desde: ok, me tocó esto, pero ¿qué fue lo que aprendí?”
Este nuevo álbum se construye, en gran medida, desde esa aceptación. Si su primer disco estaba marcado por una atmósfera introspectiva, y el segundo por una tensión entre polos, este tercero se inclina decididamente hacia arriba. “Este es completamente manía”, dice. “Por eso todo es muy upbeat, todo es muy clubero, todo es muy maniático, muy acelerado”.
Esa intensidad se expande gracias a la colaboración con el productor Ferdinand González (MZCLBR), quien respeta la base tecno-electrónica oscura característica de la discografía de GRTSCH, pero la abre a ritmos latinos, estructuras urbanas y decisiones guiadas más por la experimentación que por la fórmula.
“Si yo hubiera hecho la música, me hubiera ido a lo seguro: a mis tonos preestablecidos. A ciertos acordes”, explica. “Quería que [Fer] me llevara a otros lugares a los que yo normalmente no me iría”.

El álbum también integra aportaciones de músicos como el venezolano Orestes Gómez en la percusión y el dominicano Yancis en los saxofones, entre otros, quienes enriquecen la propuesta con matices que amplían su espectro sonoro. “Este merengue no es el típico merengue, es más experimental”, comenta.
Y hablando de merengue, uno de los ejemplos más claros de esta búsqueda es ‘Street Fighter’, el sencillo que funciona como punto de entrada al álbum. Aunque el título remite al icónico videojuego noventero japonés, Street Fighter, la inspiración no parte explícitamente de él. “No la hice pensando en el juego”, aclara. “Partió más bien como de este juego de palabras”.
Sin embargo, la referencia conecta con elementos más profundos: recuerdos de infancia, la representación femenina en el gaming y una imagen que atraviesa todo el disco: la de una figura que enfrenta, resiste y avanza.
“Siempre escogía a Chun-Li”, recuerda. “Se me hacía muy chido que, siendo un game de morrillos, tenías la opción de elegir un personaje femenino y poder combatir con ellos.”
Así, tomando “el viaje del héroe” como ruta conceptual, tanto el sencillo como el título del álbum dialogan con el concepto de “monomito” propuesto por Joseph Campbell en El héroe de las mil caras (1949). En este planteamiento, el protagonista atraviesa una crisis decisiva, se transforma a partir de ella y regresa con una lección que redefine su identidad. “Creo que tiene que ver con cómo me siento enfrentando mis miedos. Me siento como una guerrera”.
Aun así, el álbum no es únicamente intensidad. Canciones como ‘Lluvia’ funcionan como pausas necesarias: espacios de respiro que equilibran la carga emocional del proyecto.
“Soy la heroína de mi propia historia.”
La construcción sonora de estos momentos refleja el método general del disco: capas que se superponen sin buscar homogeneidad. Un merengue reinterpretado, versos cercanos al trap y una instrumentación en vivo que dialoga con lo digital. “Quisimos hacer géneros que no habíamos explorado y no hacer lo típico”, comenta.
De hecho, las colaboraciones ocupan un lugar central en el proyecto, no como estrategia de mercado, sino como resultado de relaciones construidas a lo largo del tiempo. De los 12 tracks esperados, al menos siete incluyen voces invitadas: desde Mon Laferte hasta Tino el Pingüino, Cuauh, Jencko El Shinobi, y Karen Los Remedios.
“Siempre habíamos soñado con colaborar juntas”, recuerda sobre Laferte, una figura cercana a GRTSCH desde hace más de una década. “Fue la primera mujer que me dio trabajo”.
Además, el sentido de colectividad no se queda ahí. Ese énfasis en las redes de apoyo también se hace presente cuando habla de su lugar como mujer en la música. “Es un momento importante para la mujer dentro de la industria”, afirma, aunque reconoce que las condiciones siguen siendo desiguales. “Si ves carteles de festivales, solo el 2% corresponde a proyectos de mujeres”.
Frente a ese panorama, su respuesta ha sido práctica: generar espacios, colaborar con otras artistas, participar en proyectos colectivos y ofrecer talleres. “Ahora siento una mayor responsabilidad de visibilizar más”, afirma la artista.
Aun así, el álbum no se presenta como un manifiesto. Su apuesta es más ambigua: abrir posibilidades, sin necesariamente imponer lecturas. Gretsch insiste en que no busca que su música se entienda de forma cerrada. “Algunas personas me dicen que no saben qué género es, pero que se sienten eufóricos, libres”, comenta. Esa reacción, más que una etiqueta, parece ser el objetivo.
“Me gustaría que la gente se quitara prejuicios y barreras de género musicales, y que se abrieran a este increíble mundo de la música alternativa, que te lleva a muchos lugares distintos”.

Escuchado de principio a fin (como ella misma sugiere), el disco propone una experiencia progresiva y cronológica, no tanto como una historia en el sentido tradicional, sino un mero desplazamiento de energía, similar al de los cables. “Sí tienes que escucharlo de principio a fin, porque sí hay un movimiento, sí hay una energía”, dice. “Y para eso está pensado el álbum: para escucharlo completo y no por singles.”
Así, lo que permanece al final no es una conclusión cerrada, sino una sensación: la de una artista que, tras años de búsqueda, ha encontrado una forma de hacer las pases con sus propias contradicciones en lugar de resolverlas.
En ese equilibrio entre control y desborde, estructura y riesgo, aceleración y pausa, es donde XXI: Monomita encuentra su forma. Y, también, su audaz esencia.
“Yo seguiré creando música libremente y haciendo lo que amo desde lo más profundo de mi corazón y desde lo más sincero. Esa es la meta”.XXI Monomita está programado para lanzarse en mayo de 2026. Sus sencillos ya se encuentran disponibles en todas las plataformas digitales.














