Green Day en la portada de ROLLING STONE: “Trump no está capacitado para liderar a Estados Unidos, es un idiota absoluto”

Mediados de julio, Saint Paul, Minnesota. Green Day cierra el Yacht Club Festival, en Harriet Island Regional Park, ante más de 40.000 personas. Promedia el show y Billie Joe Armstrong le pregunta al público quiénes están viendo a la banda en vivo por primera vez. Las manos que se alzan en el aire revelan una estadística inesperada. Mike Dirnt, bajista y cofundador de Green Day, se sienta a charlar en una entrevista exclusiva con ROLLING STONE, por Zoom, y cuenta esta historia todavía con cara de asombro detrás de la tupida barba que solo se deja crecer entre gira y gira. “La mitad de los presentes levantó la mano y pensé: ‘Wow, ¿qué mierda está pasando acá?’”, confiesa para ilustrar el momento histórico que atraviesa el trío californiano. Son las 10:30 de la mañana en la Costa Oeste de Estados Unidos, pero el músico lleva largas horas despierto. Un pájaro vespertino picoteó incesantemente sobre su ventana y ya no pudo volver a dormirse. Así que, con un café en la mano, se dispuso a contemplar el amanecer y esperar a que su familia comenzara el día. Bajo un ventilador de techo blanco encendido para mitigar el calor del verano boreal, bañado de luz natural, Dirnt recurre a la anécdota de Minnesota para explicar que su música no solo sigue viva, sino que ha mutado a un estatus de clásico cada vez más convocante.  

El cantante, guitarrista y compositor Billie Joe Armstrong regresa de una sesión matutina de surf en la costa del Pacífico para hacer la llamada telefónica que resultará en esta nota. No nos vemos, pero nos escuchamos con atención como dos viejos amigos. “Tenemos familias enteras en el público. Madres y padres que tienen nuestra edad, o están en sus cuarenta, y traen a sus hijos. Son personas que nos escuchaban en la época en que lanzamos Dookie o Nimrod. Y ahora sus hijos comienzan a interesarse en la música. Jamás pensé que terminaríamos siendo intergeneracionales, pero es realmente algo hermoso”, reflexiona.

La actual gira de Green Day se basa en los discos Dookie y American Idiot, más algunas sorpresas.

Estas conversaciones con cada miembro de Green Day se dan en días y llamados separados, a un mes de su llegada a Buenos Aires para el concierto del 3 de septiembre, su quinta visita a territorio argentino. La cita se enmarca en el Saviors Tour, gira celebratoria del 30° aniversario de Dookie (álbum doble platino que los catapultó a la fama en 1994), 20° aniversario de American Idiot (séptimo disco de estudio publicado en 2004, el segundo más vendido en la historia de la banda), y el lanzamiento de su más reciente material, Saviors (2024). 

Esta gira de estadios comenzó el año pasado y repasa en vivo los tracklists completos de Dookie y American Idiot. Además, incluye la presentación de Saviors, con los cortes de difusión “Dilemma” y “The American Dream Is Killing Me”, junto con otros hits como “Brain Stew” (Insomniac, 1995) y “Minority” (Warning, 2000).

La escenografía del tour le da un condimento extra a la propuesta habitualmente minimalista de Green Day. Lo curioso es que hay una argentina detrás del concepto: la arquitecta rosarina Corinne Merolla ideó para la ocasión unos globos gigantes con las tapas de aquellos discos emblemáticos, que se inflan y desinflan en distintas instancias del recital, como separadores de diferentes capítulos.

El hongo de la explosión nuclear en la clásica tapa de Dookie se despliega al abrir el show con las primeras notas de “Burnout” y desaparece con la interpretación del track escondido “All By Myself”, a cargo del enérgico baterista Tré Cool

Luego del tramo conector del recital, donde Green Day explora otros álbumes y joyas de su repertorio, la mano con la granada hace su aparición a espaldas de la batería para que suene American Idiot de principio a fin. 

Allí, en la convergencia de dos álbumes pivotales en la carrera del trío, se da el chispazo mágico del choque generacional: la reunión de dos grupos de fans bien definidos, más una oleada de nuevos oyentes, gracias al nuevo material. 

Esta nueva era de consagración se aleja poco a poco de aquella identidad netamente punk que los trajo por primera vez a la Argentina en 1998 para presentar su quinto álbum de estudio, Nimrod. Sin embargo, como compositor, Billie Joe sigue firme en su posicionamiento político, su sentido de propósito y su necesidad de denuncia a través del arte. Con catorce discos de estudio en su haber, Green Day no sólo atestiguó sino que también moldeó incontables cambios de paradigma en torno al punk-rock, sin perder su esencia en nombre de las tendencias.

“Al trabajar como una unidad creativa, lo que yo hago es traer canciones; nos juntamos los tres en una sala y ensayamos. Es lo mismo que venimos haciendo por más de 30 años”, cuenta Armstrong.

Billie Joe Armstrong comenzó a tocar con Mike Dirnt a los 14 años.

“Siempre estoy componiendo. Escribo canciones todo el tiempo, y con Saviors quise traer muchas melodías clásicas de Green Day, pero que también sea [un disco] más temático, con canciones cargadas de mensajes políticos y sociales”.

El baterista Tré Cool elige charlar con la cámara apagada desde la casa de su amigo y colega en los parches Branden Steineckert, de Rancid. Reflexiona con ROLLING STONE sobre el proceso creativo de la banda: “Es algo increíble de ver y de formar parte. No se puede ensayar lo que Billie, Mike y yo tenemos y que nos sale tan fácilmente. Cuando estamos juntos y enchufamos los instrumentos, surge un sonido que es inconfundiblemente nuestro. La forma de tocar el bajo de Mike es muy única. Y cuando se trata de Billie, no importa si es una canción que jamás escuchaste: sabés que es él”, señala.

“Creo que mi golpe tiene un carácter propio, sea cual sea la canción. Y cuando es momento de escribir nuestras partes y ponerle nuestra impronta, vamos en la dirección en la que la canción nos lleve. Venimos haciendo esto juntos desde hace tanto tiempo que podemos navegar fácilmente la respuesta emocional a medida que vamos creando”, dice Tré.

Al escuchar canciones de los primeros años de la banda,  como “Longview” y “When I Come Around” (Dookie), “No One Knows” (Kerplunk!, 1992) e incluso “J.A.R.” (International Superhits, 2001), queda claro que la columna vertebral de Green Day se sostenía, en gran medida, gracias al bajo de Mike Dirnt: un elemento infrecuente en el punk-rock, cuya composición no suele darle tal protagonismo a ese instrumento. 

Sin embargo, desde el lanzamiento de American Idiot a la fecha, Dirnt apostó a una función mucho más basada en las notas fundamentales. “Fue una decisión muy consciente”, admite. “Poco después de lanzar Insomniac (1995), aún trataba de tener momentos de protagonismo. Pero luego comencé a buscar una forma de servirle a la canción y convertirla en una gran paleta de sonido, en lugar de tratar de forzarle elementos. Un sonido que esté musicalmente unificado, en lugar de tres sonidos independientes. A veces es lindo subirse a una sola emoción”.

En Saviors, algunos tracks permiten la aparición de la antigua forma de componer de Dirnt. Canciones como “Suzy Chapstick” y “Strange Days Are Here to Stay” contienen guiños al Mike de los primeros años. “A veces es apropiado dejar que los dedos vuelen”, admite. 

A la hora de entrar por primera vez al estudio, con Reprise Records, para hacer Dookie, Green Day sabía exactamente lo que buscaba: amplificar el sonido lo-fi de sus primeros dos álbumes, 1,039 Smoothed Out Slappy Hours (1990) y Kerplunk!, grabados con el sello independiente Lookout Records. La identidad ya estaba ahí. Hoy, después de tanto tiempo, evolución y maduración, ¿qué sería lo que este nuevo álbum busca amplificar? “Una de las cosas que queríamos era tratar de componer un disco esencial de Green Day”, explica Mike. “Si se trata de componer, puedo trazar una línea desde cada canción de este álbum hasta otra canción de cualquier otro disco nuestro. Puedo verlas, literalmente. Y seguro que otros pueden también”, agrega. 

Según Tré, la plataforma para la creación de Saviors fue el aprendizaje de cada disco y cada gira anterior, sin perder la noción de quiénes son. “Se trata de celebrar la excentricidad y la rareza de nuestras personalidades, de nuestras bromas y de nuestros momentos de seriedad también”, explica. “Con toda esa experiencia a cuestas, nos queda mucha más tela para cortar. El entretejido se vuelve más complejo y más hermoso que nunca”. 

Eso se ve con claridad en la lírica. Una canción como “Coming Clean”, de Dookie, en la que Billie Joe explora su propia identidad, se relaciona directamente con “Bobby Sox”, de Saviors, corte de difusión que se hizo viral por ser reinterpretado por el público como un himno a la bisexualidad. 

Lo mismo ocurre con el concepto anti-Bush antibelicista del álbum American Idiot, y el motor detrás de canciones como “The American Dream Is Killing Me” y “Coma City”, desprendidas del último material. Se abren canales a través de los cuales dialogan el Billie Joe de 1994, el de 2004 y el de 2024.  Al hacérselo notar, el vocalista hace un pequeño silencio. “Bueno, supongo que hablo mucho conmigo mismo”, concluye y rompe en una carcajada. 

“La cuestión con canciones como ‘American Idiot’ es que, en Estados Unidos, se van haciendo más verdaderas con el correr del tiempo. Originalmente, esa canción fue escrita sobre la presidencia de George W. Bush. Pero creo que tiene mayor peso con la presidencia de Donald Trump: una persona que claramente no está capacitada para liderar al país… Es un idiota absoluto”, sentencia. 

Michael Pritchard, alias Mike Dirnt, formó con Armstrong Sweet Children, que luego sería Green Day.

Asu vez, Saviors da cuenta del viaje personal de Billie Joe con canciones que abordan de manera íntima su batalla contra la adicción, como “Dilemma”: “Bienvenidos a mis problemas, no es una invitación. Este es mi dilema y mi obsesión”. 

“Es cierto que algunas cosas cambiaron, pero otras siguen igual. Cuando escribo una canción, siempre lo hago desde una perspectiva jovial y vital. Ya no tengo 24 años, tengo 53. Pero el espíritu siempre ha sido el mismo. Creo que mientras sigamos diciendo la verdad, o buscando la verdad, eso es lo que más me importa, a mí como individuo y a todos como banda”. 

“Nunca sabés qué va a pasar cuando sacás un disco porque las tendencias son muy cambiantes”, señala Armstrong. Por eso, según Dirnt, al entrar a grabar se concentraron en las canciones, dejando afuera la presión externa. “Es todo un tema deshacerse de las distracciones, meterse en una sala, dejarse llevar y tocar. No hablamos, tocamos. Yo escucho con el cuerpo y con la mente”, asegura el bajista mientras se señala el pecho y la cabeza en un gesteo integrador.  

“A los 50, es difícil callar al mundo y sumergirte de lleno, ser estas tres personas solas en el estudio. Afuera todo está en llamas, pero nosotros tenemos un lugar donde podemos crear algo mágico y puro”, concluye de manera categórica. 

Dirnt analiza casi etimológicamente el concepto de banda. Entrelaza los dedos frente a la cámara y sus manos quedan unidas como dos piezas de encastre. “Te embanderás”, explica. Y es que, en definitiva, Green Day siempre fue una banda de amigos, que comenzó a ensayar canciones de Black Sabbath y Van Halen a mediados de los 80. Desde muy jóvenes, Billie Joe y Mike frecuentaron el club 924 Gilman Street, en Berkeley, semillero punk de la East Bay, en California. No pasó mucho tiempo hasta que se convirtieron en uno de los números habituales en ese escenario. Aún bajo el nombre de Sweet Children, lanzaron sus primeros EP junto al baterista John Kiffmeyer (más conocido como Al Sobrante), que dejó la banda tras la publicación del primer disco, dando paso a la entrada de Tré Cool en 1991. 

Cuando se escucha la música de Green Day a través de los años, es fácil descifrar los códigos de amistad que los mueven, aún más evidentes en las recientemente lanzadas ediciones deluxe de Dookie y American Idiot, que incluyen demos inéditos. Entre las joyas imperdibles se encuentra el clásico “Basket Case” con su letra original: una historia de amor mid-tempo alejada de la paranoia borderline del hit de los 90. También la versión seminal de “When I Come Around”, una balada dulce y nostálgica, despegada de toda distorsión y potencia.

“Billie tenía esta estación de trabajo donde maquetaba los temas en un casete de cuatro pistas. Era lo que teníamos a disposición. Es genial tener esos demos después de todos estos años –reflexiona Tré–. Me transportan a nuestra sala de ensayo, al living de la casa de la mamá de Billie o a lo de mis padres, donde también solíamos ensayar. Distintos momentos, como cuando tocábamos nuestras canciones por primera vez en Gilman Street”. 

Con los demos de American Idiot, la calidad y la apuesta eran mayores. El puntapié inicial para la concepción del álbum fue un día en que Mike llegó puntual a trabajar al estudio. Pero sus compañeros nunca aparecieron. Todos se habían ido, desestimando el trabajo por completo, a resolver cuestiones personales. Solo y enojado, Mike garabateó unas pocas líneas sobre cómo se sentía. Así nació “Homecoming”, track número doce del álbum, hermano mayor del corte de difusión de nueve minutos, “Jesus of Suburbia”

En su versión original, publicada finalmente en octubre de 2024, vemos el germen del álbum conceptual American Idiot desarrollarse a raíz no solo de esa canción, sino de esa anécdota traducida en poesía. Con claras influencias de The Who, divertida e íntima, el trío nos abre la puerta al estudio del año 2003, y nos deja participar del juego entre amigos que derivó en el álbum que definió una nueva etapa en su carrera. “Todos se fueron del estudio, me dejaron acá solo. Todos se fueron del estudio, menos yo”, escribió Dirnt. Y el resto es historia. 

“Nos estábamos desafiando entre nosotros. Era como jugar a la papa caliente musical”, describe Mike. “Una competencia donde el objetivo era impresionar al otro y despertarle ideas. Se volvió un juego muy divertido. De nuevo, eso no sucede si no vamos al estudio todos los días, en persona, como un trabajo… Bueno, en verdad sí porque me dejaron plantado y después hicimos una canción a partir de eso [risas]”. 

Lo lúdico en el proceso creativo perduró en el tiempo y tomó nuevas formas para Green Day. “Solíamos tener un redoblante en la pared, agujereado en el centro con un clavo, convertido en una pequeña rueda. En un parche, armamos una especie de gráfico circular con distintas eras musicales: 50, 60, 70, 80…”, recuerda el bajista. “En el otro parche determinábamos la emoción que queríamos evocar. Cuando hicimos ‘Hearts Collide’ [B-side de 21st Century Breakdown (2009)] no se nos ocurría cómo encarar la composición. Así que giré la rueda. Salió ‘triunfal’ y ‘mid-tempo cincuentoso’. Y a partir de ahí comencé a escribir. Surgió algo que sonaba un poco a los Everly Brothers, le mostré la melodía a Billie y le pregunté si quería hacerle una letra. Lo hizo, y la rompió”.  

Con más de 35 años de carrera, es imposible comprimir todo un repertorio en un show de dos horas. Aun así, hay muchos álbumes de Green Day que se resignifican al insertarse en un nuevo contexto. Un ejemplo de esto es Insomniac, sucesor de Dookie, que aborda temáticas como la salud mental, la autodestrucción y el comentario social. Sin embargo, tiene poco protagonismo en vivo. ¿Cómo hace una banda como Green Day para elegir qué destacar de su historia? 

“Lo que venimos haciendo es agregar pequeños momentos a las listas de temas. Metemos algo que no tocamos muy seguido, como en este último tour, que hicimos ‘86’”, recuerda Billie Joe. “Uno de los beneficios de usar Instagram es que los fans que no estuvieron en ese show pueden ver recortes y dejan comentarios diciendo: ‘Dios, no puedo creer que tocaron esa canción’. También hicimos ‘I Was There’ un par de veces durante esta gira, y la reacción fue la misma. Estuvo genial”. 

El baterista Frank Edwin Wright III, conocido como Tré Cool, se sumó a Green Day en 1990.

Tocar ante 60.000 personas de distintas generaciones dificulta el buceo en las profundidades de cualquier discografía. Lo seguro es ir a los hits. “Pero vamos desperdigando las gemas de manera estratégica en algunos setlists”, confiesa el cantante. 

“Muchas veces digo: ‘Hey, toquemos esta’, y Mike y Tré me dicen: ‘No la tocamos hace quince años’. Y pienso: ‘¿Qué? ¿No se la pueden acordar y ya?’ [risas]. Así que nos sentamos y tratamos de descifrarla juntos. Pero sí, cuando estemos en Argentina definitivamente vamos a meter algunos easter eggs”, adelanta.

Para Tré Cool, la fórmula varía: “A veces queremos tocar temas que no hacemos tan seguido y sacudir un poco el setlist. Otras, decimos: ‘Este es nuestro show, y es realmente bueno’, y confiamos en eso y en la forma en la que la audiencia interactúa con nosotros. Siempre hay factores. ¡Pero no te voy a adelantar cómo va a ser el show en Argentina!”, amenaza en tono exagerado, propio del batero famoso por su humor.

Puede que Green Day venga a nuestro país a sorprendernos más de lo esperado. Puede que el show ponga sentimentales a muchos, en un viaje evocativo de su juventud, con canciones que nos hagan reflexionar sobre nuestro presente político. Será un misterio hasta el 3 de septiembre. Sin embargo, apalancarse en la nostalgia es un arma de doble filo.

“Creo que mucha de nuestra música ‘vieja’ puede enriquecer lo que estamos haciendo ahora. Álbumes como American Idiot y Dookie son tan grandes que a veces la gente los toma como pináculos en nuestra carrera. Y creo que hay otros discos que envejecieron bien, como Warning, o la trilogía ¡Uno! ¡Dos! ¡Tré!… Se empiezan a convertir en clásicos”, reflexiona Billie Joe.

El tiempo pone las cosas en su lugar. Pero lo cierto es que la trilogía lanzada en 2012 ha sido obviada por completo de los shows en vivo desde el año 2017. Lo mismo pasó con Father of All Motherfuckers (2020), que prácticamente no llegó a los escenarios. Estos cuatro álbumes tienen un factor común fácil de percibir incluso para el oído inexperto. En 2007, Green Day lanzó… Perdón, no, Green Day no: Foxboro Hot Tubs lanzó Stop, Drop and Roll, un álbum de garage y surf- rock fresco, brioso, enérgico. ¿Quiénes son Foxboro Hot Tubs? ¡Green Day! “Pero con un disfraz musical”, según Tré Cool.

Seis años más tarde, el trío finalmente combinaría este sonido con el suyo propio, en una trilogía caprichosa, enriquecida con matices rocanrroleros, desnudo y despojado de toda pretensión. “Cuando miro para atrás, desearía que ese disco de Foxboro Hot Tubs fuera directamente de Green Day. Porque, de todos los que grabé en mi vida, es de los que más me gustan”, confiesa Armstrong. “Tratamos de derramar un poco de eso en ¡Uno! ¡Dos! ¡Tré! y tirarnos al garage-rock y al Green Day clásico”. 

La trilogía no solo trajo de manera tangible ese cambio de sonido, sino que también fue una apuesta a lo grande en términos de lanzamiento. Tres álbumes concatenados, y un DVD del making of. Pero cuando comenzaron las giras de presentación, Billie Joe fue ingresado en rehabilitación. Y el envión se frenó.  

Para Mike Dirnt, no tocar ciertos álbumes en directo esconde una aventura para el oyente. “Podríamos abordar esos capítulos en vivo. Los tenemos a nuestra disposición. Pero también creo que es especial tener discos ‘para descubrir’. Me pasó con el álbum Muswell Hillbillies de The Kinks [su noveno disco de estudio lanzado en 1971, que incluye el track ‘20th Century Man’]. Cuando encontré ese disco me volví loco. Porque se aleja de lo que la gente conoce, lo que suena familiar. Y cuando te metés de lleno, te das cuenta de que es un disco increíble”.

Los 2000 pegaron la vuelta, y estamos en pleno revival del pop-punk, género que definió el sonido de MTV y las radios a nivel mundial hacia principios del milenio. Postpandemia, álbumes consagratorios de bandas como Blink-182, My Chemical Romance, Fall Out Boy y Good Charlotte –principales representantes de este estilo, con letras sobre la adolescencia, el sexo y la muerte– cumplen 20 años. Y traen consigo el regreso a los escenarios de bandas que hicieron un parate en sus carreras y ahora aprovechan el impulso de la nostalgia. 

En 2023 también se consolidaron nuevas propuestas que celebran al género, como el festival When We Were Young, que reúne artistas como Avril Lavigne, Yellowcard, All Time Low y Panic at the Disco; y que contó con Green Day como número de cierre en su primera edición. Además, nuevos solistas como Yungblood y Mod Sun definen un nuevo camino para el pop-punk en el mainstream. 

Es en este contexto que el Saviors Tour se pone en marcha. Para una banda que siempre se mantuvo activa y supo distinguirse de la circunstancial popularidad del subgénero pop-punk, la propuesta de revisitar sus álbumes emblemáticos puede ser una trampa donde la melancolía opaque la vigencia del mensaje. “Hay muchas bandas ahora que son mucho más grandes de lo que eran hace 30 años, como Jawbreaker. Eran una banda bastante importante a principios y hacia mediados de los 90 y luego se separaron. Cuando se volvieron a juntar, crecieron muchísimo más”, señala Billie Joe. “Lo mismo con Bikini Kill. Su nombre era popular en su momento, asociadas con el movimiento feminista Riot Grrrl y los fanzines. Pero cuando se separaron, la mitología de la banda creció y creció, e inspiró incluso mucho más a las nuevas generaciones. Y lo maravilloso de la buena música es que no se borra”.

Pero los tiempos cambiaron. Y en la era digital, términos como el acrónimo DIY (Do It Yourself) que mueve al punk ahora mutan de significado cuando TikTok te muestra sus trucos para mantener la casa limpia y el jardín prolijo. Las herramientas para la autogestión están cada vez más a mano, pero la medida del éxito se relativiza en un contexto de hiperconectividad y valores atravesados por los likes y las tendencias efímeras. 

“El concepto de punk-rock varía de persona a persona, de año a año. Pero esa es su belleza”, analiza Tré. “Es caos, es corazón, es energía, es amor, es ira. Nadie jamás ha escrito sobre el punk de manera que realmente sintetice su esencia. Podés hablar del punk, lo podés mencionar, podés rendirle tributo… Pero ninguna banda, ninguna persona, ninguna música ni ninguna escena jamás podrá representarlo en su totalidad”. 

Para Dirnt, el punk se encuentra en lo pequeño. En clubes chicos, en una banda que toca en el patio de sus amigos. En alguien grabando demos en su habitación. “Creo que eso es el punk- rock. No es un sonido per se, sino una actitud. Una autenticidad en la manera de encarar las cosas. Hay que preguntarse, ¿es serio? ¿Viene desde un lugar de libertad personal?”.

“Hay muchas bandas, como nosotros, que te pueden gustar. Pero que también son la puerta de entrada para hacer lo tuyo y formar una escena que esté enraizada en la filosofía de házlo tú mismo”, agrega Armstrong. 

“Donde están tus amigos o creás una comunidad de personas a las que les gusta la música rápida, la ropa loca. Donde se hable con la verdad, donde se escriban canciones de amor. Eso es muy emocionante para mí. El núcleo del punk- rock está en la cultura joven”, señala. “Hay mucha gente, como yo, a la que todavía le gusta eso. Los viejos punks nunca mueren [risas]”.

Argentina sabe que ese interés de Billie Joe en construir comunidad en torno al punk no se limita solo a su ámbito, sino que es internacional. En el show que brindó Green Day en el estadio Vélez Sarsfield en 2022, la banda sub-21 Bastardos del Under fue elegida personalmente por el trío californiano como telonera. El contacto se había dado a través de Instagram. El sonido casero y filoso de Bastardos del Under captó tanto la atención de Armstrong, que cada vez que la banda de Moreno lanzaba nuevo material, no tardaba en compartirlo en sus redes. 

“¡Es muy loco!”, exclama Billie al escuchar el nombre de la banda argentina. “[La cantante y guitarrista Karen Argüello] es genial. Te das cuenta de que está muy involucrada en su proyecto. Y no solo en su banda, sino en su comunidad. Siempre incluye a sus amigos. Veo muchas veces imágenes de ellos tocando en algún club chiquito, con gente transpirada que corre de un lado para el otro… Es genial. A veces me da envidia”.

Esta proyección en Bastardos del Under de un joven Billie Joe dando sus primeros pasos en la música está directamente relacionada con el lugar que Green Day ocupa en la conversación actual. “Creo que el lugar que tomamos es el de inspirar a la gente más joven a no sentarse a quejarse de las cosas, sino ser quien toma las riendas. Armar una banda, hacer lo tuyo. Si no te gusta lo que hay, hacé algo vos. Creá, ayudá al otro, sé bueno, sé piola, sé inclusivo”, reflexiona Tré.

En medio de nuestra charla, aparece desprevenida la hija adolescente de Mike a preguntarle dónde está su madre. El músico pide disculpas por la interrupción. “Mi hija y mi gato”, me los presenta informalmente. El bajista es padre de tres, dos de los cuales están en plena adolescencia. Y ahí, en una escena tan cotidiana, es que se deja ver la fina línea entre el autocuidado, la vida familiar y el contrapeso de la fama y el rock and roll. 

“Tratamos de no quemarnos, de ahorrar nafta para eso que llamamos Green Day”, dice Dirnt. (Foto: Alice Baxley).

“Es gracioso porque, cada vez que regresamos de una gira, inmediatamente la gente nos pregunta cuándo nos volvemos a ir. O, cuando sacamos un disco, la pregunta es cuándo sacamos el próximo. Y no, no podemos complacer a todos todo el tiempo”, cuenta el bajista. 

Con tantos años de trayectoria, el balance entre la vida de gira y la vida familiar se convirtió en una estrategia pulida y aceitada. “Tratamos de ser inteligentes con nuestros tiempos y no quemarnos. Ya nos ha pasado. Tratamos de ahorrar nafta para el tanque de esta cosa que llamamos Green Day”, agrega. 

Para Billie Joe, su refugio está en casa. Con su hijo mayor ya casado, su hijo menor en pareja, la vida familiar no para de crecer. “Mi esposa, mis hijos y sus parejas son todo para mí. Me da mucha felicidad estar con ellos. Y con las viejas amistades que he tenido por años. Me mantienen cuerdo. Tengo suerte de tener una familia unida. Todos disfrutamos de estar juntos, nos reímos mucho”.  

Tré no solo ha formado una nueva familia junto a su esposa, Sara Rose, con quien tiene al pequeño Mickey, de seis años, sino que también fue abuelo recientemente de su hija mayor, Ramona. “Tenés que planificar todo. Cuanto más grande es la banda, más hacia el futuro tenés que proyectar. Y lo que le recomendaría a cualquier banda, grande o chica, es que no salgan de gira si no la pasan bien. Si te está matando, no lo hagas. Tomate un tiempo”, sugiere de manera categórica. 

Pero nada llega fácil si no es con planificación y en conexión con los deseos personales. El baterista afirma que es importante estar presente en cada decisión que se toma en conjunto, y darle un 100% de la energía a lo que hacen. “Porque cuando solo se trata de tener éxito, la salud mental queda en segundo plano. Lo he visto muchas veces”.

Y claro, renunciar hemos querido todos, en algún punto u otro. Green Day no es la excepción. “Te cansás. Nos hemos agotado hasta el hartazgo”, confiesa Mike. Pero algo lo mueve desde adentro, y es la necesidad de dejar un legado. “Sé qué soy afortunado. Veo el mundo a mi alrededor y todo es caos. Hoy estamos, mañana no. Me encanta hacer shows, pero también sé que el cuerpo no dura para siempre. Los discos son para siempre. Creo que solo somos un pestañeo. Pero nuestra vida sí tiene influencia. Y lo que hace Green Day hoy va a influir en algo realmente hermoso más adelante. Y con suerte inspirará a otros a crear”.

“Nosotros nos amamos y nos divertimos mucho cuando salimos de gira. Nos gusta conocer lugares juntos y volver a ciudades que nos gustan, como Buenos Aires, por ejemplo”, agrega Tré. Y sí, ¿cómo no querer volver a Argentina? Si acá la música de Green Day se siente como parte del cancionero autóctono: un país que lleva el caos político casi como bandera, con un rock nacional con una fuerte identidad y voz propia, y una sociedad atravesada por el constante cambio… Sudamérica en sí se apropia de la música del trío californiano como si fuera el consejo de un hermano confidente. 

“Crecimos escuchando punk-rock y nutriendo nuestros puntos de vista políticos. Y creo que todo está en un punto de inflexión ahora. El siglo XXI busca definirse y eso viene con caos. Tal vez es muy simplista pero, con el gobierno de Trump, hemos tenido la tasa de empleo más baja los últimos dos meses”, cuenta el compositor. “Y al gobierno no le importa. Les da el dinero de la gente a los multimillonarios. Hay un genocidio en Gaza, pero [Trump] quiere hablar de Sydney Sweeney”, expresa con indignación en la voz.

“Sé que este tipo de caos está fuera de nuestro control. Pero la música puede darte un lugar de pertenencia, un lugar de reunión para que la gente pueda encontrar consuelo, tratar de relacionarse con el mundo un poco mejor. ¡Y con suerte no tirarse de un puente con el auto!”, concluye entre risas.

Para Dirnt, la barrera idiomática no existe. La melodía es un medio de transporte de la emoción muy poderoso. Sin embargo, siempre le ha sorprendido la forma en la que Sudamérica se relaciona con la música internacional. “¡Ustedes entendieron todo! Ustedes hicieron que los Ramones tocaran en estadios”. 

Y sí, no solo los pusimos en estadios sino que nuestro país protagonizó el Ramones + Coca Cola-gate: una anécdota que incluye una movida de marketing solo concebible en los 90, un público ramonero enardecido por intercambiar tapitas de Coca por entradas, y un sistema que no dio abasto ante la demanda. ¿El resultado? Saqueos y caos en el centro porteño. Somos un país hermoso. Al escuchar la historia, Mike estalla en una carcajada. 

“Creo que lo que más buscamos es darle un respiro a la gente del mundo caótico en el que vivimos –reflexiona Mike–. Dicen que la ignorancia es felicidad. Estamos en la era de la información, y todo lo que vemos son incendios por todos lados. Y, al final, el único lugar seguro está entre nuestras orejas y la música toma un lugar clave allí”.

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