Dante presenta ‘Día 3’: “Hay una cruza entre el R&B y el tango que es el dolor de las ciudades”
La noche cae en Villa Urquiza. Ahora ya no llueve, y en la calma que sucede a una tormenta de dimensiones bíblicas que azotó a Buenos Aires hace cuatro horas, Dante Spinetta habla de Día 3. Y dice: “Yo estoy muy contento con el álbum, bro, porque me representa hoy y está cargado de emociones. Y es mortal, porque ahora que terminé el disco, a nivel emocional, estoy en el mismo lugar que estaba cuando lo empecé. Es reloco eso. Es un garrón pero, bueno, es la que me toca. Ya vendrán tiempos mejores”.
Algunas de las canciones de un álbum recubierto por un aura de melancolía surgieron como actos catárticos. Por ejemplo, “Solos en la oscuridad”. Dante lo cuenta así: “Llegué al estudio y le dije a Saga: ‘Che, voy a hacer una canción acá, desde cero’. Y la hice en una noche: la escribí, compuse la música y la canté. Y nos fuimos a las 6 de la mañana. Y al otro día, me levanté y me había olvidado de que había hecho la canción, como si hubiera sido un sueño, ¿entendés? Fue un acto de catarsis. Pero cuando volví al estudio y la escuché, dije: ‘Esta canción es para el disco’”.
El “Saga” al que hace mención Dante es su ingeniero de grabación y confidente, Oscar “Saga” Herrera. El estudio, donde estamos ahora, es La Diosa Salvaje, el que fundó su padre, Luis Alberto Spinetta. Y el entusiasmo que transmite el hombre que empezó su carrera a principios de los 90 junto a Emmanuel Horvilleur al frente de Illya Kuryaki & the Valderramas está a la altura del álbum superlativo que me acaba de mostrar. Es una noche de fines de noviembre y aunque faltan tres meses para la salida del disco, Dante se ceba hablando del vértigo que le produjo grabar “Solos en la oscuridad” en apenas unas horas: “Fue una sensación diferente a trabajar una canción con tiempo. La hice como si me hubiera tenido que subir a un avión sin poder continuarla al día siguiente. Tenía que hacerla así: me la jugué y me encantó. No retoqué nada de la grabación, es la tocada original. Me senté ahí en el sillón, me puse un micrófono con la acústica, que no quedó perfecta, pero me gusta que sea así, humana, realista. Y todo en una nochecita”.
Dante había pensado este álbum como una continuación de Mesa Dulce, que lanzó a fines de 2022 y por el que obtuvo cuatro estatuillas, incluyendo Productor del Año e Ingeniería de Grabación, en los premios Gardel. También viajó a los Latin Grammys, ganó el premio a Mejor Canción Alternativa por “Sudaka”, su colaboración con Trueno, y fue nominado a Mejor Álbum de Música Alternativa. “El día 3 es el día que la luz le gana al caos. Y es el día también del renacimiento, en el que Jesús se levanta. En verdad, empecé haciendo otro disco, como si fuera un Mesa Dulce 2. Y estaba buenísimo”, explica.
Fue con el disco casi terminado, cuenta Dante, que empezaron a aparecer otras canciones (“más sentidas, con otra nostalgia”), con una nueva paleta sonora, como si se tratara de un nuevo álbum. Se desató, entonces, una batalla en la cabeza del artista y productor. “Lo tuve que dejar fluir, y, de golpe, lo que eran trece canciones que estaba grabando se convirtieron en veintiséis”, relata.
Empezó, entonces, un trabajo de selección, de curaduría, de enfoque. “Hubo un momento de caos, porque todas las canciones estaban producidas full: con cuerdas, vientos, lo que sea. Así que me separé del material como dos meses y medio, lo dejé estacionado y sin escucharlo, para volver a pensar en frío qué quería para este disco”.
Así apareció el concepto: el Día 3. “De alguna manera, el tres del disco tiene que ver con Pyramide también, con ese trazado de número de balance. Al mismo tiempo lo siento como el tercer capítulo de una trilogía que empezó con Puñal (2017). Es más, me pidió sangre este disco, esa es la verdad”, dice. Y en tono confesional, agrega: “Me costó un montón terminarlo, estuve más de un año metido en el estudio con Saga, viniendo todas las semanas. Algunas veces no hacía nada, porque me había peleado con mi novia, y aunque llegaba como el orto, estaba acá. Porque si la inspiración golpeaba, quería tener la herramienta en la mano”.
La melancolía es uno de los ejes de Día 3, con postales de amor y desamor, alguna excursión espacial y, también, cierta crítica social. Dante le da play al segundo tema del disco, “Maldito frenesí”, y se escucha esto. “Plantaron una farsa en tu inconsciente, el dron que sobrevuela tu ansiedad. Mataron las ideas de repente…”. Dante lo explica así: “Está hablando del frenesí con el que nos están quemando la cabeza, con la invasión de data, los algoritmos y los experimentos sociales para dividir y manejar a la gente. Está pasando algo muy peligroso para mí, que es la ruptura del núcleo familiar y que toda la gente esté separada, incluso en su núcleo más íntimo. Siento que hay una desconexión cada vez más heavy y lo veo en las relaciones humanas, en las relaciones de amor…”.
La interpretación de esta época en la obra de Dante tiene vasos comunicantes con el mensaje del disco que Divididos sacó a fines del año pasado. Una elección que ratifica el radar que comparten algunos artistas. El zurcido visible de una bandera argentina en la portada del álbum de la Aplanadora, diseñada por Alejandro Ros, grafica también el anhelo de unión que propone Spinetta. Pero no es el único nexo estético. “Yo ya tenía este título, Día 3, que de alguna manera tiene algo de religioso, porque está la situación del caos, la luz, Jesús. Y Rosalía sacó Lux. Cuando vi eso dije: ‘Loco, hay una coincidencia’. Y también escuché a Ysy A hablando de que hay que volver a conectar, que no puede ser que todo el mundo esté haciendo música nada más que por la guita. Yo estoy hablando de eso también. Y está buenísimo que nos estemos despertando, porque las antenas, es decir, la información está en el aire y de golpe en la frecuencia la agarran algunos que pueden comunicarlo, pero también la agarra un montón de gente. Yo veo un montón de gente que también habla de esto, que está sintiendo un vacío grosso, o una especie de minidepresión. Porque, de golpe, perdemos la humanidad, ¿viste? Y eso es heavy metal”.
Resumen porteño
“Pensando en ella”, que Dante lanzó a modo de single en 2025, ostenta una cruza singular, que une dos universos, uno público, vinculado a su trayectoria artística, y otro mucho más íntimo, que conforman igualmente su identidad. “Hay una cruza entre el R&B y el tango, que es el dolor de las ciudades, una conexión de dolor, de añoranza, de dejar algo en el camino”, explica Dante. “La parte de la letra que dice ‘muero dentro de su estrella’, la hice pensando en esos libros de dibujo que tenés unos puntos con unos números y que cuando los juntás con una birome, se forman constelaciones. Y como morís dentro de sus coordenadas, morís dentro de la luz de alguien, de la estrella, de su brillo. ‘Tu estrella es tu ángel’, muero dentro de lo que sos, de tu energía, y me gustaba eso. Y, a la vez, mezclado con el rap: con la corrupción, con los billetes, con lo que van diciendo en la calle, con toda esa cosa paranoica de la ciudad, que es muy tanguero. Yo hoy me pongo a escuchar tangos y creo que son claramente hiphoperos”, argumenta.
El vínculo con el tango es atávico. Su abuelo paterno, Luis Santiago Spinetta, fue cantor de tangos. “Yo viví con mis abuelos a fines de los 80. Pero además, desde bebé iba a dormir una vez por semana, cuando mi viejo tenía un concierto y mi vieja lo acompañaba. Para mí era el mejor plan del mundo. Y mi abuelo se levantaba todos los días a la mañana y se iba cantando tangos. Caminaba por el barrio y la gente lo saludaba”.
Luis Santiago llegó a cantar en Radio Nacional, pero abandonó la práctica profesional para mantener a su familia. La impronta de su abuelo es un recuerdo vívido para el artista. “Tenía muchos hermanos y algunas veces venían varios y andaban con el pelo negro, algunos con canas, con la gomina y había uno al que le faltaba un pedazo de dedo, una falange, y ponía el cigarro en el hueco del dedo que le faltaba. Eran como una mafia italiana, todos muy altos, y hablaban con las voces retangueras. A mí me recopaba eso, parecían los personajes de Goodfellas”, evoca, citando la película que Martin Scorsese dirigió en 1990.
Del tango, Dante rescata las letras y esa especie de melancolía tan intríseca a la ciudad de Buenos Aires. “El arte de tango es tan genuino: la lírica, el sonido, cómo tocaban, los músicos que había, y adónde llevó Piazzolla, de golpe, todo eso. Y eso continuó también en pedazos de temas de Fito, de Spinetta… Bueno, la versión de ‘Gricel’, que está en La la la [1986], es uno de mis temas favoritos de toda mi vida. Y aparte, cómo mandan esa voz de androide de golpe, ¡es mortal!”.
En la misma senda vintage que “Pensando en ella” está “El Reset”, un tema que lanzó a las 0 hs. del primero de enero de 2026 y que lógicamente se transformó en el primer single del flamante año. “Es un bolero y tiene una conexión con el tango, por la época”, explica Dante. “¡Reseteemos! Yo viví eso varias veces: tener que resetear la vida, resetear el corazón, apretar un botón y que se rompa todo: es el send que apretás cuando mandás ese mensaje que ya sabés que marca el final. Lo lanzamos en esa fecha para resetear el año, y habla de la situación onírica del amor. Tiene la parafernalia psicológica del rap y del tanguero. Pero si le sacás el beat, es un bolero”, asegura. Y destaca el rol clave que juega el bajista, Matías Méndez, en el tema. “En vez de apoyar como un bolero, el bajo está acompañando un ritmo más hiphopero, pero con una intención bolerística. Y Mati sabe tocar latino y salsa. Es muy picante, Mati. Para mí es clave que los músicos sepan tocar música latina más salsera, tienen un plus. Y Mati lo tiene, ¿viste? Es el mejor bajista con el que me tocó laburar”.

Dante se fascina hablando de estilos que emergieron en las primeras décadas del siglo pasado. “Hay muchos boleristas que cantan como Gardel. Al mismo tiempo, yo escucho a muchos cantantes de salsa que tienen influencia de los boleristas, que tienen un vibrato medio tanguero, también. Y hay una cruza de info y una intensidad muy dura. Lo que más escucho en la vida, hoy en día, te diría que es la Fania. Es la música que pongo cuando llego a mi casa. Busco una playlist de Tidal o de Spotify, y la dejo sonando horas. Si hago una reunión en mi casa, suena eso. Y cada vez compro más discos. Me encanta la salsa puertorriqueña, básicamente. Roberto Roena, Willie Colón… Me parece que este mestizaje del que tanto hablo desde hace tanto sigue siendo esto. Jugar con los elementos y revolver las culturas que me han atravesado”.
—Tu música está muy marcada, además de Buenos aires, por Nueva York. La salsa nació en los mismos barrios que nació el hip-hop…
—¿Sabés lo que me pasó? Un día, sería el año 99 o 2000, ponele. Acabámbamos de separarnos los Kuryaki. Yo tenía un chaleco con el logo de la Fania bordado en la espalda. Yo estaba soltero e hice una fiesta en mi casa. Vino un montón de gente. Había conocido una chica, americana, que vino con un grupo de amigas. Y, de golpe, ella señala el chaleco y me dice: “¡Eso es mío!”. Pense que tenía un chaleco igual, pero resulta que era la hija de Jerry Masucci [fundador del emblemático sello discográfico en 1964]. “Mi padrino es Willie Colón”, me dijo. Yo no lo podía creer. Me acuerdo que le dije: “Che, ¿por qué no hacemos Fania Hip-Hop?”. Hubiese sido revolucionario en ese momento. Estamos hablando hace 25 años. Pero ella no quería meterse en ese business.
—¿Cómo recordás aquellos años?
—Me acuerdo de Big Pun y Fat Joe, que también eran latin. Eran durísimos. Estaba Nore. Y estábamos a un par de años de que aparezca Tego Calderón. El caldo estaba en la calle, hacía rato. Lo que pasa que no había llegado al mainstream. Pero vos llegabas a Nueva York y ya escuchabas. Claro. En el Bronx, en Washington Heights, escuchabas raperos en español. Y eso fue mortal. Pero, de alguna manera, ese mestizaje de culturas que siento que también es producto de haber viajado y de haber conectado, hace que sienta la libertad de la música. De alguna manera, me gusta representar a mi ciudad, pero también me gusta tener sabores del mundo dentro de mi flash, porque la verdad es que la música es magia, y si conectás con algo de una manera real, eso es amor. No hay marketing detrás de eso, no hay un marketing del amor real. ¿Por qué yo me puse a rapear en vez de seguir haciendo rock como mi familia? ¿Por qué quise tocar funk? Porque fui atravesado por eso. Entonces, hay algo como que esa música te elige a vos también. Son frecuencias con las que uno conecta por algo. “You can’t fake the funk”: es real eso. Vos no podés fankear de mentira. Si no lo sentís, se nota.
—Pero si bien con Emma estaban haciendo rap y escuchando música de Nueva York, siempre lo hicieron con una mirada local. Desde el nombre tenía un condimento latino el proyecto. Marcaron a una generación, pero también fueron muy resistidos…
—Nos cagaron a piedrazos varias veces, mal. Pero resistimos un montón, y lo loco es que valió la pena. En ese momento nos dolía, porque íbamos a México o a Colombia y teníamos un pogo gigante, pero en nuestro país era el único lugar donde nos agredían, y era redoloroso eso.Porque yo siento que Kuryaki es superargento. Es una banda que tiene una concepción argentina, y la Argentina es revolucionaria, también. Hay que entender eso. Cuando salió Piazzolla revolucionó y los tangueros clásicos lo criticaban. Cuando salió Spinetta, cuando salió Charly, revolucionaron. Pero los otros rockeros, quizás más pesados, tampoco los bancaban. No están entendiendo que hay algo en movimiento. Y justamente Argentina siempre fue punta de lanza, y lo sigue siendo. En el urbano, en el pop, en el rock, sigue habiendo cosas increíbles. Algo que aprendí a los golpes, con esos piedrazos o cuando me comí un cachetazo cuando salía de rapear con Divididos en Cemento. Yo tenía 14 años, nos echó la policía a todos afuera y vino un gigante, me pegó un cachetazo y me dijo: “Hacer rock and roll, pibe”. Yo me fui con ganas de comprarme una 9 mm y meterle un coso. Te juro, fui a una armería a preguntar y estuve por comprarla, pero Emmanuel me dijo que no, me convenció. Pero la cuestión es que me hizo mucho más rapero eso.
Yo también lo escuché a mi viejo, muchas veces, putear, porque se tuvo que hacer de abajo un montón de veces siendo el mejor. Mi viejo era el mejor, loco. Corta. Spinetta era el fuking mejor. Ya había hecho Invisible, Almendra, Pescado Rabioso, Spinetta Jade y no teníamos plata para pagar las cuentas. Y mi viejo nunca fue un hippie que no laburaba. Sacó discos todos los años, y de golpe tocaba en Shams, que era así chiquitito, para mantener a la familia. Y aun así, mí tía me pagaba un colegio. Por eso fui a tantos colegios distintos. Pero mi viejo se bancaba su camino y a mí eso me forjó mucho.
Argentina Power
“Este es uno de mis temas favoritos del disco”, dice y dirá Dante cuando desmenuzamos cada una de las canciones. Así de cebado está con el álbum que se trae entre manos. Pero cuando suena “Me quedo acá”, tiene un brillo especial en su mirada. “¡Es muy funkero! Y Juanse la rompe. Yo iba a ver los Ratones a Obras, siempre. Me iba solo. Tenía 15 años, ya era un Kuryaki, pero me metía en medio del público a verlo a él. Siempre me encantó cómo escribe, cómo canta, todo…”, celebra.

Cuenta, Dante, que cuando salió Mesa Dulce, Juanse se re copó, lo escuchó un montón y un día le dijo: “¿Cómo no hicimos algo?”. Así que, una noche, llegó a La Diosa Salvaje y el resultado es este tema que incluye un sample de Charly García. “Cuando estaba haciendo el beat, de alguna manera, sentía que tenía algo medio del funk nacional, pero llevado como a un límite, más Minneapolis. Obviamente, con los vientos picantes. Y Charly, a través de Mecha, también me mandó mucho cariño con Mesa Dulce. Así que, como es uno de mis ídolos, sentía que era el momento de meter ese guiño. Pero tuve que buscar cuál era el sample original de ‘No me dejan salir’, que es una vocecita de James Brown”.
Con Juanse se unieron en la fe: “Hubo una energía muy real y, aparte del clip, hicimos un visualizer que está buenísimo. Juanse era amigo de mi viejo, y me cuenta mil anécdotas muy graciosas. Pero además, a nivel artístico, es muy picante su lapicera. Me parece increíble cómo escribe, cómo canta y cómo toca la viola. Para mí, Juanse es una bestia y que esté en el disco es un sueño. Aparte vino y escribió su estrofa acá en el estudio. Y puso: ‘Te quiero llevar ahora a un lugar donde los precipicios vuelan. Dame de tomar, te doy mi maldad, mi secretaria está enferma. Y ahí cantamos juntos: ‘Me quedo acá que afuera los pálidos controlan esta ciudad’. Me gusta que aparezca la palabra ‘pálidos’, porque es muy ochentera, muy de la época de Charly también. Y hacia el final tiene una cosa medio gospelera”.
El último tema del disco se llama “El duelo” y es netamente cinematográfico. El soundtrack ideal para los títulos de una película que nunca se filmó. Aires de las bandas sonoras que Henry Mancini compuso en los 60, pero con una atmósfera porteña, potenciada por el sonido de la armónica del virtuoso Franco Luciani. Dante recuerda la grabación con un dejo de fascinación: “Franco escuchó el tema, tiró tres tomas y entendió todo. Antes habíamos hablado y le pedí que en una parte sonara más como Stevie [Wonder] y en otro más como si fuera un fueye. Entendió todo. Es un capo. Llegó a conocer a Toots Thielemans, que tiene un disco a dúo con Bill Evans que me encanta”.
Entre la melancolía y la adrenalina funkera, Día 3 nos deja en un estado de gracia. Dante reflexiona, entonces, sobre la música bailable. “Siento que hubo un menosprecio muchas veces hacia la música que te mueve los pies. Y eso, el arte de moverte, es algo mágico para mí, y tiene una conexión con la tierra muy fuerte. Yo tengo esa conexión desde que nací porque yo nací tocando la batería, primero. Yo fui batero al principio, y mi viejo me compró una batería muda porque golpeaba todo. Y cada vez que se levantaba [Luis] Ceravolo o Pomo, yo me sentaba en la batería. Yo no sabía ni hablar y ya había grabaciones mías en casete tocando un ritmo y a tempo. Por eso creo que hago la música que hago”, explica. “Había un lado muy conectado con la música en mi familia, y no solamente por el lado de Spinetta. Mi abuelo materno, Armando Salazar, era chaqueño y moro. Tenían un tablao flamenco en el Chaco, imaginate. Y Spinetta, la etimología del apellido, viene de espineta, es un instrumento parecido al clavicordio, que inventó un antepasado mío. O sea que hay una conexión muy loca. Así que había música por todos lados”.De Los Beatles a Michael Jackson, de Prince a la Fania All Stars, De D’Angelo a Curtis Mayfield, Dante habla con conocimiento de causa y pasión melómana. Y más allá de la devoción por su padre, se deshace en amor a su madre, Patricia Salazar. “Mi mamá fue la primera que me escuchaba. Si yo me quedaba escribiendo una letra para mostrarle a Emma cuando éramos chicos, la primera que la leía era mi mamá. Y me daba mucho valor. Mi viejo era Dios, eso me lo decía todo el mundo. Y si yo pude vencer ese miedo por no crecer a la sombra de mi papá, fue porque ella estuvo ahí. Mi papá también, ojo. A veces se dormía y dejaba un teclado al lado de la cama con auriculares porque había estado haciendo algo. Y lo levantaba golpeándole las teclas, aprendiendo a samplear, aprendiendo las cosas que veía. Y siempre me tiraban para adelante. A veces también me corregía, o me decía que una letra era muy violenta. Y yo le discutía: ‘Papá, vos también hacías letras violentas antes, vos escribiste flotan restos de una cuna [risas].’ Pero a lo que me refiero es que fue reimportante que tanto mi mamá como mi papá me hayan apoyado. Porque con un comentario negativo me hubiesen destruido. Yo los admiraba a los dos, y ellos siempre me cebaron. Yo me acuerdo de eso: de levantarme e ir a cantarle una letra a mi mamá. Y mi mamá, toda dormida, me decía: ‘¡Está buenísima!’. Y eso me dio mucho power”.














