‘Bruma’: León Larregui revela otro adelanto de su Manifiesto de un tremendo delirio
‘Bruma’, la nueva canción de León Larregui, es el segundo adelanto de Manifiesto de un tremendo delirio, su próximo disco como solista, cuyo lanzamiento está previsto para el 26 de marzo de este año.
Para este material, Larregui volvió a reunir a parte del equipo con el que trabajó en Solstis, uno de los discos más representativos de su carrera solista. La producción contó nuevamente con Adán Jodorowsky, además de la colaboración de Rob, Yan Gorodetzky y Vincent Polycarpe, un equipo que el músico retomó no con la intención de repetir fórmulas, sino de construir una identidad distinta a partir de nuevas herramientas, sonidos y procesos.
En entrevista, Larregui habla sobre el origen de ‘Bruma’, la búsqueda sonora del disco, el proceso de grabación que se extendió por casi dos años y el momento personal desde el que nacieron estas canciones. También reflexiona sobre el concepto del álbum, el trabajo con su equipo creativo y la diferencia entre su universo solista y su trabajo con Zoé.
Compartiste en redes algunas fotos de unos paisajes muy bonitos. ¿Hiciste algún viaje inspirador en estos días?
Sí, me fui unos días a Islandia. Ya había ido como en 2010 y ahora me lancé otra vez, y está increíble. Es un lugar que no te lo acabas. La belleza, la naturaleza y esos espacios, unos paisajes impresionantes, la aurora, obviamente. Muy inspiradora.
Empiezas fuerte el año con el lanzamiento de ‘Bruma’. Cuéntame del sonido. ¿Qué estabas buscando a nivel musical?
Estaba buscando encontrarle una nueva personalidad a este disco, que fuera diferente a los otros proyectos que he hecho. Se logró; obviamente suena a mi música, pero creo que a nivel de sonido encontramos una nueva identidad, en cuestión de instrumentos y efectos.
También tratamos de hacer mi voz mucho más clara que en los otros discos. En los dos discos pasados mi voz había tenido muchos efectos y quisimos regresar un poco a la claridad de Solstis, al menos en el sentido vocal.
Volví a trabajar también con el team, el Dream Team de Solstis, que es Adán Jodorowsky, Rob, Yan Gorodetzky y el baterista Vincent Polycarpe. Entonces quise volver a juntar este equipo para hacer este disco, no para volver a hacer Solstis, sino algo diferente.
¿Qué crees que funcione tan bien con ellos? Y ahora que mencionas la relación con Solstis, ¿tiene algo de relación o solo algunas referencias a ese estilo?
No, para nada. Por ejemplo, la producción es de Jodorowsky, que tiene un sonido muy de él en sus producciones. Tratamos de no repetir Solstis, obviamente, porque precisamente no era lo que queríamos, lo que yo quería.
Yo quería encontrarle una nueva personalidad y tratar de no olvidar del todo lo que había logrado con PRISMARAMA, que era un poco más de elementos electrónicos, algo más extraño.
Creo que encontré ese balance entre lo que ofrece el sonido de Adán y lo que Rob y yo, en cuestión de ritmos y sintetizadores, podíamos aportar. También encontrar nuevos sonidos de guitarras usando guitarra sintetizadora, sampling, un montón de cosas que creo que son diferentes a lo que ya he hecho.
¿Cómo dirías que dialoga ‘Bruma’ con lo que viene en esta nueva etapa? ¿Podemos esperar cosas similares o es un disco versátil en estilos?
Sí, es un disco muy versátil, pero es mucho más una obra que, por ejemplo, comparado con PRISMARAMA, que tenía muchos colores, estilos y géneros, este nuevo disco tiene un sonido mucho más unificado. Se me hace más una pieza, que en ese sentido sí es como Solstis.
Todas hablan casi de lo mismo, que fue un momento de mi vida duro, de separación. Entonces sí habla de cosas muy personales, que en ese sentido también se parece a Solstis. Todo el álbum muestra momentos de mi vida que están impresos en estas canciones. Hablamos de dos años en acabar el disco, donde grabamos cosas, volvimos a mezclar. Fue un proceso largo para encontrar justo lo que yo quería.
‘Cometas de luz’, el primer vistazo del disco, fue parte de una campaña para apoyar a la población infantil de Gaza. Háblame un poco de esa decisión.
La canción desde el inicio se trataba de esto. Fue difícil escribir las letras sin caer en cuestiones medio sensibles. Creo que es muy puntual y habla muy generalmente de la condición humana. Del poder y cómo corrompe a la gente, y un poco del genocidio en general y de los niños de Gaza.
Estuve bien asesorado porque tenía amigos de ONGs que habían estado allá; entonces me pasaron audios, me explicaron cosas, me facilitaron imágenes de lo que se vive allá. Después, a la hora de hacer los videos, también me prestaron imágenes y cosas que habían grabado mientras estuvieron allá, justo antes de que empezara realmente el genocidio.
Lo mejor de todo es que cuando se unió esta ONG, resultó que salió el propósito de poder ayudar a construir este hospital. Es tan delicada la canción que la saqué antes, la filtré meses antes de que saliera, porque sentía que no quería que saliera como un sencillo normal, como ‘Bruma’, por ejemplo. Quería que fuera algo más de protesta. La filtré y después, obviamente, a la disquera no le gustó nada lo que hice, pero a mí me pareció apropiado por el corte de la canción y de lo que habla. Ya después la sacaron en noviembre de forma oficial, pero no hicimos mucha bulla porque no se trata de monetizar para mí con eso, sino solo levantar la voz.
El disco se llama Manifiesto de un tremendo delirio. La palabra “delirio” se asocia con confusión, con la pérdida de certezas. ¿Qué representa ese delirio para ti?
Me separé justo a principios de 2023, y ahí fue cuando empecé a escribir estas rolas. Yo no tenía planeado hacer un disco, pero más bien como que dije: “Bueno, si no escribo canciones me voy a volver loco con todo lo que me está pasando”, y así fue como empecé a procesar todo. Fueron momentos difíciles.
Viví dos años mientras hacía el disco con una maleta entre Airbnbs y hoteles. Andaba en unos estados muy delirantes, la verdad, muy confundido, entonces por eso se llama así. Al final sí termina siendo un manifiesto. Cada canción es un punto para un manifiesto artístico.
Háblame también de esa maleta que mencionas, que se ve también en la portada.
Era mi vida, mi casa; ahí estaba todo con lo que viví dos años: la ropa, las cosas del baño, los zapatos. Mi vida se restringió a una maleta.
Fue muy interesante ver cómo uno puede sobrevivir con casi nada, o con pocas cosas, pero sí era muy confuso lo que viví esos dos años. Despertarme en medio de la noche y no saber dónde estaba. Me despertaba preguntándome si estaba en México, en Rusia o en París, en qué hotel, en qué puto Airbnb. Estás como en un alucine medio raro. Sientes que no le puedes decir “casa” a nada más que a esa maleta.
En tu mente, ¿cómo se separan los universos creativos de tu trabajo solista y tu trabajo con Zoé? ¿Cómo se diferencian en tu cabeza?
Cuando escribo canciones para Zoé, pienso más en Zoé como una entidad, en lo que todos queremos decir. Cuando hago mis discos escribo realmente hablando de mí, nada más. Aunque con Zoé también lo hago, tengo más cuidado porque tengo que representar a todos. Entonces hablo de cosas con temáticas más generales o, en algunas, más personales, pero trato de representar aspectos íntimos que todos estamos viviendo en ese momento.






