Arde Bogotá propone en Manufacturas del club de la gente sola la idea de “hacerse un corazón que no sienta”
El mundo actual es raro y confuso. Parece existir entre las personas un impulso cada vez mayor por controlar las emociones, por no sentir más de lo que se está dispuesto a soportar. En medio del individualismo, de la fugacidad de los vínculos y de relaciones que muchas veces parecen construirse sobre lo inmediato, la posibilidad de blindarse del dolor empieza a resultar tentadora. Quizá por eso buscamos refugio en noches entre luces de neón, humo de cigarrillos y tragos baratos, en una sucesión de estímulos que nos permita sentir algo —pero no necesariamente demasiado.
Nace entonces una pregunta: ¿se puede construir un corazón que no sienta? O, más precisamente, ¿es posible fabricar una máquina que permita encender y apagar las emociones a voluntad?
Esa es la idea que atraviesa el último disco de Arde Bogotá, Manufacturas del club de la gente sola: 11 canciones que imaginan la construcción de un corazón artificial como una suerte de manual para blindarse del dolor, mientras exploran qué estaríamos dispuestos a sacrificar a cambio de dejar de sentir.
Desde su formación en 2017, la banda —conformada por Antonio García, Dani Sánchez, Pepe Esteban y José Ángel Mercader— no ha dejado de explorar nuevos sonidos, reunir influencias y, en general, evolucionar y madurar hasta consolidar una de las propuestas más destacadas del rock en español contemporáneo.
García atribuye ese crecimiento a que, junto a sus compañeros, son cuatro personas muy inquietas, creativamente hablando. “Siempre mantenemos el deseo de hacer algo más, de inventar algo nuevo, de ir a otro sitio”, dice el vocalista del grupo, quien también explica que, a partir de lo que van haciendo, se sienten cada vez más ambiciosos y con ganas de mirar hacia nuevos horizontes o de encontrar una forma distinta de expresarse. “Creo que nos vamos conociendo más y eso nos lleva a tener que buscar de otra manera”.
Para Manufacturas del club de la gente sola, Antonio revela que esas nuevas formas de crear y entender el arte son la columna vertebral del proyecto. “Hicimos un trabajo muy grande de decir: ‘¿Qué queremos ser?’, ‘¿Qué tipo de banda queremos ser?’, ‘¿Queremos ser una banda que evoluciona o queremos ser una banda que se mantiene en un estilo todo el tiempo?’”.
El cantante comenta que el resultado de todas esas interrogantes se tradujo en la intención consciente de evolucionar y encontrar otro camino. “Para eso hemos buscado en otras músicas. Aparte del rock and roll que nos gustaba, buscamos en el flamenco, en el pasodoble, músicas que nos rodeaban siempre, y con eso hemos armado este disco”, comparte.
Esa evolución de la que habla García también llevó a Arde Bogotá a trabajar con Joe Chiccarelli, reconocido productor estadounidense que ha trabajado con grandes agrupaciones como The Strokes, The White Stripes y U2, además de artistas de renombre como Morrissey. Para la banda, contar con una figura de su trayectoria significó no solo un privilegio, sino también un reto. “Es una persona que tiene una metodología muy clara. Nosotros veníamos de producir los discos, de tener mucho control sobre ellos”, explica Dani Sánchez. “Aquí había que hacer el ejercicio primero de saber también perder un poco el control de la situación, abrirse a nuevos caminos y tratar con una persona que tiene las ideas muy claras con nosotros”.
El proceso, reconoce el guitarrista, no estuvo exento de dificultades, pero terminó siendo igualmente reconfortante por todo lo que dejó más allá del resultado musical. La grabación en Los Ángeles les permitió, además, recuperar una dinámica más colectiva: tocaron juntos en la misma sala y construyeron el disco prácticamente como si se tratara de un directo.

“Todo el álbum habla de hacerse un corazón que no sienta”, afirma García sobre el concepto del disco, que nació a partir de las canciones que venían componiendo. “‘Señor Herrero’ y ‘El club de la gente sola’, por ejemplo, son temas que ya empezaban a explorar la idea de sentimientos que no deberían estar o que uno no quiere que estén, pero están y que te gustaría poder apagar”, explica. “A partir de ahí empezamos a investigar cómo sería hacer una máquina para la sensibilidad que uno pudiera elegir cuándo apagar y cuándo encender. Con eso hicimos este disco”.
El concepto terminó por convertirse en un viaje completo, en el que cada canción hace avanzar la historia hasta llegar a su desenlace. Sobre el orden de los tracks, Antonio explica que la primera intención fue principalmente musical: “Que el viaje sonoro que hace un oyente sea emocionante y te vaya llevando de un sitio al siguiente y al siguiente y al siguiente”. Sin embargo, el orden también responde al proceso constructivo que plantea el álbum y a las distintas etapas que atraviesa su protagonista. “También se respeta bastante eso. Pasar por el deseo, por la culpa, por la tristeza, y finalmente llegar al consuelo en las últimas canciones”.
Sobre el proceso de creación de las canciones, la banda parte de semillas que pueden surgir desde cualquier lugar: la batería, el bajo, las letras o las guitarras. A partir de ahí, comienzan a improvisar en torno a cada idea hasta encontrar una canción que, según cuentan, logre emocionarlos. “Ese ha sido nuestro método desde el principio, y lo sigue siendo: tratar de investigar entre los cuatro algo nuevo”, afirma García.

“Elija con cuidado el material del crucial aparato / Un corazón de estaño no bombea igual que con otro metal / Siga con cariño y con rigor los siguientes pasos / Si se equivoca en el cuarto / Ya no podrá volver atrás” reza la introducción de ‘Instrucciones’, el primer tema del álbum. “Sentíamos que era la canción que mejor proponía de qué iba a tratar el disco. Trataba muy bien el principio de cómo armarse un corazón que no sienta y empezar a seguir ciertos pasos para conseguirlo. Además de que, si te equivocas, puedes acabar haciéndote un autobús en el pecho”, comenta Pepe Esteban. “Creíamos que era una buena introducción, tanto como primer lanzamiento como primera canción del tracklist, para meter al oyente de lleno en lo que iba a ser el proyecto”, concluye el bajista.
Luego llegan ‘El Tesoro’, ‘Judas’ y ‘Antifiesta’, tres canciones que continúan el recorrido emocional del álbum mientras amplían su paleta sonora. La primera introduce palmas y elementos flamencos para hablar de la entrega absoluta al amor; ‘Judas’, con sus aires de pasodoble, se adentra en el engaño y las heridas de una relación; mientras que ‘Antifiesta’ parte de una atmósfera electrónica que crece progresivamente hasta convertirse en una especie de celebración amarga de la soledad.
Después de atravesar el deseo, el engaño y la soledad, el recorrido llega a ‘Olivos’, una canción que marca un punto de inflexión dentro del álbum. “Es un tema profundo, con muchos sentimientos”, comenta Antonio. “Fue complejo llevarlo todo al mismo nivel de emoción. Que estuviéramos todos en la misma cantidad de tristeza, por así decirlo. Pero es una canción que nos encanta porque anuncia la llegada de la primavera dentro del álbum. Es el primer lugar en el que la máquina queda atravesada por el viento, por el agua del mar, por la luz del sol y por las flores. Eso es parte de la moraleja de esta fábula”.
Posteriormente llega el corte que da nombre al proyecto: ‘El club de la gente sola’. “Lo primero que tuvimos fue la canción. Teníamos una canción que nos gustaba, pero estaba en tierra de nadie. Tenía un concepto que sí que nos gustaba, que era ‘el del club de la gente sola’”, explica García. La idea terminó encajando con el concepto del manual de instrucciones: imaginaban que este había sido escrito y comercializado por ese grupo de personas, por el propio club de la gente sola. “Trabajamos este tema muchísimo con Joe, para llegar a un sitio donde quizás se contara la historia desde otro punto de vista, desde un lugar más solitario, más recluido, más suave de lo que había sido la primera intención de la canción”.
El viaje que propone la agrupación llega a su destino al son de ‘Sacude’, donde las guitarras marchan sobre un tambor golpeado, casi como una marcha. “Eso que te molesta ahí dentro / No es raro, no es turbio, no es malo, no es desamor / Eso que te molesta ahí dentro es simplemente un corazón / Que no duele / No duele, sacude / Simplemente un corazón que no duele / No duele / Sacude”, canta Antonio en el último verso del tema, mientras varias voces femeninas se suman para repetir la parte final del estribillo, en un claro homenaje al flamenco. Un cierre que, para la banda, difícilmente podría haber sido mejor.
“‘Sacude’ al final es una manera de cerrar el disco a modo de moraleja”, afirma José Ángel Mercader, quien aclara que, aunque la “enseñanza” que buscaban dejar también aparece en otras canciones, como ‘Asidero’, en ‘Sacude’ adquiere un significado especial. “Se dice que el corazón, que cada uno quizá se ha podido construir siguiendo el manual de instrucciones, no duele como tal, sino que solo sacude; y si sacude es porque siente, o también puedes sacudir porque quieres dejar de sentir algo que te incomoda. Entonces, al final está a modo de cierre”, explica el baterista.
“Nos gusta mucho también terminar los discos con ese tipo de canciones. Sin duda, esta es una manera muy bonita de concluir la historia: donde antes no había nada y todo era artificial, pueden crecer las flores”, concluye Mercader.
Con el disco ya terminado, el siguiente paso para Arde Bogotá será descubrir cómo lo recibe el público. José Ángel reconoce que tienen especial curiosidad por comprobar cómo evolucionan esas canciones con el paso del tiempo, pues consideran que no se trata de un trabajo de consumo rápido. “Es un disco que creo que la gente apreciará mejor con el tiempo, tras varias escuchas, y eso lo queremos saber, pero para ello tienen que pasar meses, y lo bueno es que vamos a poder ver la respuesta del público de cerca”, cuenta el baterista.
La banda se embarcará en una gira de salas bajo el formato de Hervideros, en la que buscarán acercar todavía más al público al escenario, y después cruzará el Atlántico para llevar su música a Nueva York, Los Ángeles, Ciudad de México y Miami. Para el próximo año, además, preparan una gira de mayor escala con la intención de llegar a la mayor cantidad de lugares y personas posibles. “Si algo nos ha dado la música es el conocer otros lugares, y eso es una cosa que nos gusta llevar en la memoria”, añade Mercader.
Ese tiempo que la banda reclama para que las canciones encuentren su lugar también responde a una manera de entender la música que parece ir a contracorriente de una industria cada vez más obsesionada con la inmediatez, los lanzamientos constantes y la búsqueda del próximo hit. Para García, sin embargo, tomarse el tiempo necesario para construir un disco es parte fundamental de su proceso creativo. “Siempre hemos movido el proyecto a partir de lo que era el impulso creativo, ese ‘¿qué queremos hacer?’, ‘¿qué se nos ha ocurrido?’, y en función de eso damos nuestro siguiente paso”.
Por eso, explica, Arde Bogotá no publica un disco hasta sentir que las ideas que lo sostienen han alcanzado el punto que necesitan. “Hemos sacado un disco cuando hemos sentido que lo teníamos, y no lo hemos tenido hasta que no hemos podido desarrollar bien las ideas, los conceptos o los mensajes de los que queríamos hablar”, afirma. “Creo que eso nos permite tener en nuestro repertorio siempre trabajos de los que estamos orgullosos porque están hechos con el cariño y con el tiempo que necesitamos”.

Después de todo ese tiempo de construcción, de las 11 canciones y del corazón que atraviesa el álbum, queda finalmente aquello que la banda espera que sobreviva cuando la música termine: la emoción. “Yo creo que lo principal es el deseo de que les emocione tanto como a nosotros”, dice García sobre lo que espera que sienta el publico al escuchar el disco. “Creo que se puede ver en las canciones que nos hemos emocionado mucho y hemos puesto una parte muy fuerte de nosotros dentro de los temas. Ojalá que eso llegue a causarle emoción a la gente que nos escuche”. La esperanza es que, al escuchar Manufacturas del club de la gente sola, los seguidores pueda compartir con ellos “la alegría, la diversión, el deseo, pero también la tristeza y el consuelo”.



















