Fea. La banda de Sofía Gala entre el sentimiento freak, el punk y el cruce transgeneracional
“Se dice de mí. Se dice de mí. Se dice que soy fiera, que camino a lo malevo. Que soy chueca y que me muevo con un aire compadrón. Que parezco Leguizamo, mi nariz es puntiaguda. La figura no me ayuda y mi boca es un buzón. Si charlo con Luis, con Pedro o con Juan. Hablando de mí los hombres están. Critican si ya, la línea perdí. Se fijan si voy, si vengo o si fui. Se dicen muchas cosas, mas si el bulto no interesa, porque pierden la cabeza ocupándose de mí”. “Se dice de mí”, la milonga compuesta en 1943 con letra del poeta argentino Ivo Pelay, música del director de orquesta uruguayo Francisco Canaro e inmortalizada una década después en la versión de Tita Merello fue la principal fuente de inspiración para que este grupo adopte el nombre Fea (este viernes se presentarán en Sala 41, Bolivar 674).
“Yo soy muy fanática de Tita Merelo, la amo, y también es como una mujer súper referente en mi vida”, dice Sofía Gala, voz y líder espiritual de la banda. “La canción habla de las feas, o de las supuestamente feas, pero en realidad el personaje de la canción es fea porque se maneja no como una señorita, sino porque es arrabalera, porque tose, porque fuma, porque anda con los tipos, porque hace lo mismo que ellos. No es una minita, entonces es la fea, y la palabra fea es tan tabú en el universo femenino, que yo creo que hay mujeres que prefieren que les digan idiotas, antes que le digas que son feas. Como la palabra puta, que siento que es una palabra que las mujeres ahora pudieron tomar y reformular, o bruja. Palabras que fueron medio malas palabras durante un montón de tiempo, y ahora nos las apropiamos y las transformamos. Yo siempre me sentí una fea, nunca me supe manejar como una chica linda, siempre fui rara, siempre fui loca, temperamental, siempre tuve muchos amigos varones, entonces había algo de la idea de fea como de mover esa palabra. Yo siento que fea somos las pibas, o por lo menos en esta sociedad, que somos diferentes, ¿entendés?. Que no estamos dentro de los cánones de la normalidad. La banda se llama Fea pero podría haberse llamado Freak o Bruja o Puta. Siento que Fea es una idea mucho más fuerte que linda”.
Fea es más que una banda. Podría ser una comunidad en permanente recambio, un colectivo transgeneracional que se mueve escudado por la noche porteña o inclusive un laboratorio artístico. Fea es también la primera experiencia musical de Sofía Gala Castiglione (la actriz e hija de Moria Casán y Mario Castiglione), el nuevo proyecto de Leroy Rotman (el músico y productor hijo del Cadillac Sergio Rotman y la cantante Mimi Midnerely de Mimi Maura), la última apuesta de dos históricos del rock alternativo de los años 90 como Fabio Rey (Los Brujos) y Pablo Potenzoni (Todos Tus Muertos), y un espacio de juego y expresión de tres artistas inquietos como la sonidista audiovisual y bajista Lara Baldino (Sin Infancia), la performer Dulcinea Damevin (Kobra Kei) y la multifuncional artista visual y música Marté (Piba Berreta).
“Y somos muchos más”, dice Sofía sentada en el medio de la sala de operaciones/ensayo que Fea armó en la casa de Leroy, en Florida, provincia de Buenos Aires, ahí justo detrás de la cancha del Club Platense. “Porque las Dum Chicas son amigas, La Piba Berreta es una amiga y todos somos amigos y yo siento que Fea somos estas personas que estamos acá, en esta sala, pero también un montón de otras personas que no tocan y que están en nuestra vida cotidiana abajo del escenario, acompañándonos, influenciándonos, haciendo música paralelamente, ayudándonos. Como que siento que es algo más grande, como que la palabra ‘banda’ también me parece como medio pasada de moda”.
El concepto detrás, alrededor, dentro, de Fea terminó de gestarse en el invierno de 2023, pero todo comenzó bastante antes, coincidiendo con las primeras reuniones colectivas de estos amigos en la pospandemia. “Fue un proceso muy orgánico, porque siempre nos juntamos y siempre hay instrumentos dando vueltas y siempre hacíamos perfos. Pero bueno, en agosto de 2023, tuve una crisis”, cuenta Sofía, que lidera la charla, y la banda, pero pelea con su locuacidad, y con su notoriedad y fama, para que no sea así, para correrse del centro y constantemente jugar en equipo. “Por ese entonces estaba ensayando una obra y como que de repente escupí toda la letra de la primera canción que apareció, toda de una, que tres años después es parte de nuestro primer disco con el nombre ‘Volar bajito’. Yo nunca había escrito una canción antes, sí por ahí lo que hacía era performear con cosas que tenía escritas mías, cadáveres exquisitos, cosas que sacaba de libros”.

Esa misma noche Sofía llamó a su amiga Lara para que le pusiera una base al tema y enseguida surgió la primera reunión/jam, en la que “casualmente estábamos todos los que después íbamos a ser los que compusimos y salimos a tocar las primeras canciones, que son parte de nuestro disco debut. Pero en ese proceso entraron y salieron personas, porque todo fluye, porque como decía antes todos somos amigos y las cosas van decantando”.
Las reuniones informales eran tan formales que hasta tenían nombre: las fiestas Fobics. “Se llamaban así porque en nuestro grupo de amigos somos todos fóbicos. Las empezamos a hacer antes de la cuarentena, yo pasaba música casi todos los fines de semana y lo único que queríamos era volver a casa para hacer las famosas Fobics. En la pandemia eso se convirtió en algo casi obligatorio y de todas esas fiestas y de lo que pasó en la cuarentena sale la película Fobia, que dirigí con César González”, cuenta Sofía.
En esas fiestas entonces el grupo de amigos escuchaba música (cada uno tenía un tiempo para ser el DJ de la noche), charlaba, filosofaba y en algún momento se empezaban a enchufar instrumentos. “Improvisábamos por ahí cosas sobre canciones de Portishead”, recuerda Lara. “Y después empezamos a samplear discos y cada vez aparecían más instrumentos y llegó Dulcinea a sumar una segunda voz y ahí se armó medio la formación de lo que somos hoy. Pero pasaron muchos años hasta llegar acá. Muchas fiestas, ja”.
Fea se formó arriba de los escenarios en una suerte de nueva escena que apareció en los últimos años en Buenos Aires, compartiendo fechas, espacios e inclusive sonidos (el pospunk como guía para luego desmarcarse hacia otros géneros) con varias bandas nuevas que salieron al ruedo en tiempos de pospandemia. Aunque ellos, una vez más, rechazan todo tipo de encasillamiento. “No creo que haya que ponerle un nombre. A mí no me gusta tanto pensar en una escena, porque siento que, de hecho, somos tan diversas como nuestras prácticas que es imposible reducirlo a una escena. Es más como… una ciudad, eso”, replica Marté. “Es una ciudad del contexto y como están las cosas, no sé, es como la convergencia de un montón de ramas de la música. Sobre todo en este proyecto. Algunos vienen más de la electrónica, otros del dub, otros del rock alternativo. No participamos de una escena, sino más bien es como la convergencia de todo”. Para Sofía, “la escena es más una escena social, como algo que pasa entre las personas que estamos dando vueltas y que nos interesan”.
¿Y cómo fue saltar de las fiestas de amigos a los escenarios?
Lara: Creo que el choque, el impacto, con la gente, fue algo muy loco para Fea. Desde nuestro primer show, que fue ya bastante gente, hubo mucho amor y mucho odio. Las dos cosas, siempre muy extremo todo. O sea, gente diciéndonos que eras lo peor que les pasó en la vida y gente diciendo que nos amaban, que éramos lo que necesitaban. Y creo que eso es también parte del impacto de lo que la banda propone.
Sofía: Eso, por lo menos para mí, es necesario para cualquier expresión artística. Que sea intensa y no necesariamente siempre buena o mala. El impacto. Que al otro le pase algo con lo que estás haciendo, aunque sea que no lo entiendan bien, pero que los moviliza de alguna manera. En Fea, eso, pasa siempre.
Lara: Una vez fuimos a un festival en Mar del Plata y nadie nos conocía, pero a nivel impacto todo el mundo estaba atento.
Sofía: Igual, la verdad, hay mucho respeto y mucha atención. Y eso está buenísimo.
Marté: Lo del odio, como siempre, lo vemos en las redes sociales. Pero cuando tocamos en vivo, siempre hay buena recepción.
Sofía: Sí, como que pasa algo ahí…
Leroy: Una vez, mientras tocábamos el tema “Volar bajito”, se desmayó una persona. O sea, esa es la intensidad que manejamos, ja.
Sofía: No es que había fuego ni nada, se desmayó de la situación. Lo divertido que nos cuentan después, porque nosotros no lo vimos, es que mientras se lo llevan al pibe a upa, yo en un momento empiezo a gritar: “¡Andate, andate, andate!”. Yo sin saber lo que estaba pasando, ja.
Leroy: Si bien muchas de nuestras canciones son fuertes, después también tenemos otro tipo de temas que son bastante más chill, más suaves. Pero nunca sin intensidad. Otros climas, pero siempre ahí. Porque hay algo más para el lado del reggae, el dub y eso.
Sofía: No sé. Yo la verdad es que técnicamente no entiendo nada. No pienso. No tengo ese registro.
De todas formas, cuando se habla de Fea, la palabra punk está involucrada. ¿Qué es ser punk hoy para ustedes?
Sofía: Para mí es una actitud. Es como un modo. Si yo pienso en punk, puedo pensar en Discépolo, con eso de que “el mundo fue y será una porquería, ya lo sé”.
Tu mamá le dijo recientemente a Rolling Stone que ella era la primera punk.
Sofía: También, sí. Gente transgresora que hace lo que quiere. Que no está atada a nada, supongo. Ni a las reglas ni a los motivos. Que se rebela. Y también está eso de que el punk surgió de un movimiento de pibes animándose a tocar sin la necesidad de saber tocar.
Fabio: Claro. Yo me inicié en el punk justo en la época cuando llegaron acá las primeras bandas, siempre un poco más tarde. O al menos así lo viví siendo de la provincia. Me acuerdo de que alguien me dijo que se podía armar una banda sin saber tocar. “Uh, buenísimo, me anoto”.
Sofía: No solo la posibilidad del error, sino el error como algo que está buenísimo. Porque siento que en el error hay vida, ¿entendés? Es donde ves al humano, donde ves la emocionalidad también de lo que estás escuchando, ya sea en un instrumento o en una voz. Como algo que va más allá de lo técnico, de que esté bien tocado, Y que viene también a romper con las cosas que pasaban y con la música que había en ese momento, cuando surgió el punk. Porque el punk, como género, tiene un momento social y cronológico específico. Pero después está el legado que nos dejó esa gente. Esa puta palabra. Y también pienso que ellos no tenían un legado de antes, que esa palabra aparece cuando se arma un movimiento más musical. Por eso decía que para mí el punk es gente que viene a romper. En un momento punk era la música experimental, las mujeres con las máquinas, los dadaístas. Todas esas personas siento podrían llevar ese mote y que, además, son así medio naturalmente. Es algo que sucede, no es que se propusieron ser punks.
Marté: A mí particularmente la categoría punk hoy en día me da un poco de pereza. Es como una sensibilidad que de repente cuando vos estás siendo consciente, ya deja de serlo.
Sofía: Exacto.
Marté: Y también pienso esto que decís y para mí punk no es tocar rápido y tener una cresta, sino tratar de generar un tipo de vida alternativa. Ya sea con esto como en la praxis hoy en día de nosotras de armar este proyecto musical porque nos da como cierto territorio, no sé, para explorarnos y ser un poco, sentirnos un poco más libres, sin tanto cuestionamiento de qué tan punks estamos siendo, porque la verdad es que yo no lo estoy pensando.
Sofía: No, y yo tampoco me identifico como que somos una banda punk ni somos una banda. No tenemos ese tipo de criterios, por lo menos no cuando estamos haciendo lo que estamos haciendo para presentarnos, como que no están esos pensamientos.
Marté: Siento que de hecho, hoy en día, las categorías punk o la que sea, más bien sirven como géneros.
Sofía: Sí, pero desde ese punto de vista, si lo pensamos con ese código, te dicen “esto que hacen no es punk, punk son los Ramones”. Por un lado está la visión amplia de la palabra, el concepto, y por el otro el de un pensamiento más estructurado que decide qué banda es punk y cuál no.
Dulcinea: Para mí el punk es una energía. Es la energía que uno transmite y está con esa libertad de la que habla también Marté, que es la que nos gusta, donde nos refugiamos en algún punto más general. Siento que es como un lugar de refugio eso de poder hacer sin saber. Hacer música sintiendo, creo que lo nuestro viene por ahí.
Marté: Y hay algo capaz interesante en el proyecto concreto. Si me pongo a pensar en el punk como tradición, hay algo interesante que sucede en la banda, que de repente se está armando un lenguaje que es transgeneracional. Porque ahora estamos tocando con Fabio, de Los Brujos, tocamos con Rotman. Somos gente entre los 20 años hasta los 60, y todos compartimos cierta tradición o cierta sensibilidad.
Sofía: Porque somos eso, por eso nos juntamos primero, como amigos. Ya había una naturalidad o una camaradería o lo que quieras antes de todo. Esto es como una especie de consecuencia de aquello, más que un proyecto decidido, de armar una banda, tocar, grabar un disco.
Después de un show de Fea en Niceto Club, en febrero de este año, en el que contaron con Fito Páez como invitado (del que se viralizó, y se chusmeó más aún, el momento en que el músico y Sofía se besaron en la boca luego de varias semanas de rumores de romance), el rosarino escribió en sus redes: “Hay una nueva Buenos Aires salvaje, under y sofisticada. ¡Volvió Baires a ser ese laboratorio dislocado de siempre! ¡Qué alegría, la rabia, el amor, la música y las palabras tan vibrantes otra vez! Todo de la mano de Fea, Les amo. ¡Gracias x dejarme ser con ustedes!”.
Dos meses después, otra leyenda, ahora de la música internacional como John Lydon, también mencionó a la banda en sus redes luego de que Fea abriera los conciertos de P.I.L. en Buenos Aires y Montevideo. El posteo llegó acompañado por una fotografía en la que Sofía muestra su tatuaje del logo de P.I.L. y Lydon se acerca a él con su lengua: “¡Buen tatuaje!”.
Para coronar esta suerte de padrinazgos de famosos, la misma Moria Casán, en la entrevista con Rolling Stone en la que se autodefinió como “la primera punk”, contó: “Cuando John Lydon, el padre del punk, vino con P.I.L. y teloneó Fea, murió por ellos y los agasajó diciendo que era la mejor banda”.
Sofía dice haber tenido una conexión muy especial con la voz de los Sex Pistols y P.I.L. “Me pasó algo que no me esperaba. Cuando terminó el show de Fea en Buenos Aires, básicamente él se acercó a mí. Tuve un encuentro con él en su camarín y él estaba fascinado con Fea. Parecía que él hubiese venido a ver nuestro show y no se hubiera mandado tremendo concierto con su banda. Me hablaba de la originalidad, de que hace un montón que estaba harto de ver las bandas haciendo lo mismo y yo no lo podía creer. Para mí siempre fue un referente y un modelo de conducta, y todo lo que pensaba de él, él me lo estaba diciendo a mí, como que le pasaba conmigo lo que a mí me pasó siempre con él”.
Cuando empezaron a tocar, ¿el circuito rockero no te miró de reojo por ser famosa o por venir de otro palo?
Sofía: Mirá, a mí siempre me miraron medio mal. Pero estoy acostumbrada a que me miren mal o que me miren bien. Siento que soy una persona como Fea, o me aman o me odian. Creo que hay algo así por mi manera de ser, por cómo soy yo. Siento que despierto eso. Hay algo así visceral, viste. Lo que me pasa es que yo no me siento incómoda incomodando a los demás, menos a unos boludos que se hacen los rockeros, ¿entendés? Es una actitud lo más anti-rock, como también hay algo de la figura del rockero que envejeció mal. Los rockeros que no se modificaron y siguen siendo iguales desde hace 30 años. Como todo ese universo machirulo, con las minas y eso que por ahí pasaba en los 80 hoy de alguna manera es medio vergonzoso. Por otro lado, siento que lo más lindo de cualquier expresión artística es que la persona que te esté viendo, escuchando, lo que sea, se modifique de alguna manera. No importa si es incomodándolo, que no le guste, que no te entiendan, no le gusta porque sos mina, o sos la hija de Moria, o sos famosa, o sos actriz, no importa.
Parte del arte…
Yo siento que hay una confusión muy grande, y más en esta época con el tema del arte. Un artista cuando se subía al escenario o era porque quería decir algo, porque estaba enojado, porque se quería rebelar. Ahora es como que si la gente no te quiere te ponés a llorar, y es tipo, ¿what? Parece que importa más eso que subir a decir lo que querés decir, y siempre cuando uno sube a un escenario o se planta a decir algo que es verdadero, siempre vas a tener gente en contra, o que les pegue mal, porque estamos todos metidos adentro de un sistema que aplaca justamente la idea de los pensamientos que pueden salir de la norma. Probablemente si haya gente que dice ‘uy, esta que se pone a hacer esto porque es famosa, es la hija”, pero a mí eso no me mueve la aguja.
¿Cuando empezaste con la actuación te pasó lo mismo?
Sí, obvio, pero aparte porque siempre siento que me pasa. Me pasa porque soy la hija de Moria, porque soy famosa, porque soy famosa desde que nací. La gente que lleva un prejuicio a partir de ahí es estúpido, pero si no hubieran sido estas condiciones y hubieran sido otras, siento que me hubiera pasado lo mismo, porque soy ese tipo de persona. Por eso cuando empecé a trabajar me hice enseguida amiga de Fer Peña, que fue el que también me llevó al teatro, que era una persona que le pasaba lo mismo. Hay una especie de desprecio, de prejuicio, que se hace siempre con la gente diferente, agarrándose de las cosas más terrenales, ¿entendés? En mi caso, porque soy la hija de Moria, en el caso de Fer, porque era puto y decía en la tele que era sidoso. Son excusas para generar prejuicios, porque a veces cuando no podés entender algo, lo combatís.
Sofía dice que escribió todas las canciones del disco “de toque”, que algunas fueron en plan cadáver exquisito y que en general eran “textos más largos que iba metiendo en las improvisaciones que hacíamos con los chicos” y que después se acortaban a medida del tema. “Era algo que fluía, pero también siento que si en vez de músicos hubiésemos sido un grupo de amigos poetas, esto capaz terminaba en una edición de un libro. Y así con cualquier otra práctica artística”, asegura Marté.
“Siento que me caigo del planeta, siento que me caigo del planeta y no tengo ganas de caer”, canta, más bien recita, Sofía en el inicio de “Volar bajito”, esa primera canción que compuso. Sentir parece el verbo favorito de esta banda y sus distintas conjugaciones aparecen una y otra vez en la charla, en la voz de cada uno de sus integrantes.
“Esa forma de componer todos juntos, mientras improvisamos, es muy importante para nosotros”, dice Sofía. “Porque siento que tiene como eso que pasa cuando tocamos en vivo, que nosotros sentimos que es fuerte y que es potente. Transmitir eso cuando grabás las canciones a veces es difícil, porque la música pierde por ahí la energía o lo que sea. Por eso decidimos grabar el disco en vivo, tocando todos al mismo tiempo y construir el sonido que nos llevó muchísimo tiempo crear. Fue mucho trabajo, de verdad. Yo aprendí un montón, porque soy como muy random, tipo más instintiva. Por ahí les decía: ‘Quiero que sonemos como que estamos abajo de la tierra’ y no tengo ni idea cómo se hace, pero para eso están los chicos, que saben más desde la técnica”.



















