Paul Rudd: “John Carney siente la música de una forma tan profunda que termina dirigiendo como un músico”

Pocas figuras en Hollywood generan tanta simpatía como Paul Rudd. Dueño de una carrera que ha transitado con naturalidad entre la comedia, el drama y las grandes franquicias, el actor estadounidense se ha convertido en uno de esos intérpretes capaces de aportar humanidad incluso a los personajes más imperfectos. En Power Ballad, su nueva colaboración con el director irlandés John Carney, vuelve a demostrar esa capacidad para explorar emociones complejas bajo una apariencia de ligereza.

La película aborda temas como la creación artística, los sueños aplazados y la autoría musical, asuntos que conectan directamente con el universo cinematográfico de Carney, responsable de títulos tan queridos como Once, Begin Again y Sing Street

Durante nuestra conversación, Rudd habló sobre la forma en que el director entiende la música, el desafío de interpretar a un hombre enfrentado a aquello que pudo haber sido y el debate sobre quién merece realmente el crédito detrás de una canción.

Cortesía de SXSW

John Carney tiene un don muy particular para convertir el acto de crear música en algo emocionante y profundamente emocional. Como actor, ¿cuál crees que es el secreto de esa magia?

Creo que, antes que nada, John es músico. Así empezó todo para él. La música es algo absolutamente fundamental en su vida. Además, tiene un gusto musical extraordinario. Pero más allá de eso, la música forma parte de quien es. No es un director que simplemente incorpora canciones a sus películas. Él siente la música de una manera muy profunda.

En el set suele tener una guitarra cerca del monitor y se pone a tocar entre toma y toma. A veces incluso se detiene porque necesita tocar unos minutos. Está en su ADN, en la médula de sus huesos. Y como cree en ello de forma tan auténtica, esa pasión termina reflejándose en las películas que hace.

Incluso dirige como un músico. Y cuando digo eso me refiero a que trabaja como una banda en un estudio. Si encuentra algo interesante en una escena, quiere explorarlo. Puede olvidarse por completo del plan de rodaje. Alguien le dirá: “John, estamos perdiendo la luz” o “tenemos que grabar esto”, y él responderá: “No, esto es interesante. Veamos qué pasa si vamos por aquí”.

Muchas veces cambia diálogos o situaciones sobre la marcha porque siente que hay algo más vivo ocurriendo. Esa energía tan espontánea proviene directamente de su naturaleza como músico.

Cortesía de Lionsgate

¿Qué fue lo más atractivo de interpretar a un personaje que debe aceptar aquello que pudo haber sido y nunca fue?

Me interesaba mucho explorar esa línea tan fina que existe entre la satisfacción y la insatisfacción. Entre sentirse contento con la vida que uno tiene y preguntarse qué habría pasado si las cosas hubieran sido diferentes.

Imaginar a alguien que deseó algo con todas sus fuerzas, que estuvo tan cerca de conseguirlo y que finalmente lo vio escapar, resulta fascinante. Más aún cuando ese sueño había permanecido guardado durante años, como si estuviera olvidado en un cajón.

Eso puede afectar profundamente a una persona. Intentar entender cómo reaccionaría alguien en esa situación y vivir durante un tiempo dentro de ese estado mental fue un desafío muy interesante. Y también muy divertido como actor.

Cortesía de Lionsgate

Después de ver la película queda una pregunta inevitable. ¿Quién crees que es el verdadero dueño de una canción: quien la escribe o quien la vuelve famosa?

Es una gran pregunta. Y creo que no tiene una respuesta sencilla.

Cuando escuchas hablar a algunos de los compositores más importantes del mundo, muchos dicen algo parecido: que ellos son simplemente un canal, que la música viene de otro lugar. Además, la realidad es que todos los músicos trabajan con los mismos elementos básicos. Todos hemos escuchado canciones antes, todos absorbemos influencias.

Cada persona que escribe una canción está mezclando, consciente o inconscientemente, todo aquello que ha escuchado y amado a lo largo de su vida. Por eso es un terreno muy gris.

Supongo que quien desarrolla la idea original y construye la canción merece una parte importante del reconocimiento. Pero la verdad es que rara vez una obra pertenece completamente a una sola persona. Normalmente hay muchos participantes en el proceso creativo.

Muchas gracias, Paul. Y déjame decirte que Power Ballad es una película maravillosa. Además, Sing Street cambió mi vida. Es una de mis películas favoritas de todos los tiempos y una de las razones por las que admiro tanto a John Carney.

¡La mía también!. Me encanta Sing Street. De verdad. Es una película hermosa.

Gracias por tu tiempo.

Gracias a ti.

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