PyR: Bunbury – Rolling Stone en Español
En 2025 Bunbury lanzó un álbum titulado Cuentas pendientes, y para esa grabación formó un equipo con el que logró “una conexión muy especial”. Nunca antes había trabajado con esos músicos, y ellos le acompañaron una investigación muy profunda del folclor y la cultura hispanoamericana. “Tanto los técnicos como los músicos disfrutamos muchísimo grabando ese disco”, dice el zaragozano. Después de eso se preguntaba si debía moverse una vez más hacia el rock, o algo más contemporáneo que gravitara hacia la electrónica, pero decidió que el camino estaba en en quedarse “un rato más en la música latina, porque había disfrutado mucho de la compañía de todos estos individuos, y del proceso de trabajo que fue Cuentas pendientes”. Finalmente, el nuevo álbum fue grabado con el mismo equipo humano, en el mismo estudio, ubicado en el Desierto de los Leones en México. Según Bunbury, se hizo “por el puro placer de continuar investigando y viviendo en el mundo del folclor hispano y latinoamericano”.
Es claro que no se trata de tu primer acercamiento a estos sonidos; ‘De un siglo anterior’ se siente como un son cubano, de pronto, ‘Peor que como estamos’ es una cumbia, y está la versión de ‘Zamba para olvidar’… Este proceso en el que continuaste explorando, ¿qué nuevos aprendizajes y/o lecciones te dejó en relación con la música latinoamericana?
Bueno, yo no utilizaría la palabra “nuevo”, digamos que fue una profundización. Yo no buscaba el factor sorpresa, no me parece interesante en esta ecuación; lo que buscaba era otra cosa. Primero, es una satisfacción mía personal, el seguir escribiendo canciones que me parece, a mí, muy demandante el trabajar con ciertas armonías, con ciertos ritmos, el comprender cómo se estructuran y cómo se trabajan determinados géneros concretos. Entonces, para mí, el factor novedad no estaba en la ecuación, estaba el factor profundidad, el “OK, es un terreno que ya hemos pisado en Cuentas pendientes”.
Claro, no es la primera vez que me asomo a la música latinoamericana e hispana, pero, hice un disco llamado Licenciado Cantinas, que era de versiones; estos son discos mayoritariamente de composiciones propias, exceptuando ‘Zamba para olvidar’, todas las demás son canciones propias, entonces, es una exigencia mía personal, quizá para el sonido ajeno es otro disco dentro de esa era en la que estoy, la era latina.
Eso podría llevarnos a una reflexión en torno al papel del artista, o tal vez a una comparación entre el artista y el artesano en términos de la preservación, la innovación, la conservación o la sorpresa, ¿qué pasa en esa reflexión para ti? Teniendo claro que en este álbum no te interesaba sorprender, innovar…
Bueno, la innovación por la innovación no es necesariamente un bien en sí mismo. Ahí hay una reflexión interesante acerca de si el progreso siempre es deseable. Toda progresión es siempre hacia adelante y hacia mejor, pero yo creo que donde está la pregunta que estás realizando, que es en el terreno del arte, a mí, particularmente, siempre me han interesado tanto la vanguardia como la retaguardia, la tradición como la innovación.
Me gustan los discos contemporáneos que aportan en sonido, en producción, en arreglos, en tecnología, en instrumentación o en forma de trabajar con cierta instrumentación; y me interesa también de dónde proviene la música que me apasiona. Lo he hecho con las raíces del rock, que a mí me interesan, me interesan de dónde viene, del country, del jazz, del blues, del hillbilly, todo eso me apasiona. Y las raíces de la música latina también, que es por lo que estoy en estos discos, pero no es un lugar donde yo me vaya a quedar eternamente, de hecho este es el cierre, digamos, de esa etapa latina.
En el próximo disco, posiblemente mi interés pase otra vez a lo contemporáneo, a qué es lo que puedo aportar dentro de lo contemporáneo. Siempre me ha gustado moverme entre las dos áreas, y creo que no se contradicen entre sí, aunque lo pueda parecer; creo que toda música actual, podemos nombrar cualquier género, desde lo urbano hasta el reguetón y la música electrónica, dance, todo tiene unas raíces, viene de algún lugar, y han bebido de unas fuentes. Entonces, a mí me interesa tanto la novedad como la raíz.
Hablas de cerrar un poco esta etapa de música latinoamericana y me causa mucha curiosidad entender, ya que has conocido tanto la música latina, a profundidad y en términos de diversidad, ¿qué perspectiva tienes ante la música que actualmente hace tan visible a América Latina en el mundo? A estos sonidos urbanos por los que hoy nos reconocen más en el mundo.
Bueno, digamos que mi interés individual nunca ha estado demasiado en el mainstream, en ningún momento, ni en los 80, ni en los 90, ni en los 2000, ni ahora mismo, en los 2020. No es la música que yo consumo, nunca me interesó lo que sonaba en los 40 más vendidos, o en la música que sonaba en la radio fórmulas, me interesan artistas más alternativos.
Ahora existe, incluso dentro del mainstream, un interés por lo alternativo, y hay artistas mainstream que tienen un interés por estrujar un poco las producciones, y que eso sea más demandante, que no sea una música meramente comercial por el hecho de que pueda llegar a más gente, y nada más; intentan buscar gente con mucho talento para aportar en sus terrenos.
También es una cosa interesante, ahora que estabas hablando de cómo la música latina ha entrado en el mainstream mundial, aunque mis artistas favoritos latinos no están dentro de ese mainstream. Pero, lo que me parece más interesante de todo eso es la evolución que está teniendo el género urbano hacia la mirada de lo tradicional, ¿no? Cómo grandes artistas del género urbano están viendo que tienen —o han tenido siempre— una conexión… como en el caso de Bad Bunny, de Karol G, de Nathy Peluso, de Milo J, el artista argentino, cómo están mirando hacia sus propias raíces y de ahí están encontrando un lugar intermedio, un puente entre el género al que ellos en teoría pertenecen y esa mirada hacia sus raíces, y creo que ahí están saliendo cosas bastante interesantes.
Que escuchen la música latina en Australia, pues, es una cosa simpática, ¿no? A mí me da igual, en realidad. Quiero decir, a mí me gusta la música del norte de África, y el hecho de que la escuche mucha gente, o poca gente, me es bastante indiferente. Creo que lo importante son los discos, lo importante es la música en sí, ojalá haya muy buena música, creo que en el continente hay muy buena música, fuera de lo que es el mainstream, y dentro también, pero lo que hay fuera y que no se escucha mucho es en lo que me gustaría que se pusiera más el foco.
“El arte es un lugar en el que me encuentro siempre seguro y del que siempre extraigo aprendizajes y conexión con otras personas…”
Desde tu perspectiva, ¿cómo definirías o cuál sería el espíritu, en términos líricos, de este nuevo álbum? ¿Hay algo que buscabas decir puntualmente? ¿Buscabas intencionalmente reflejar algo de tu vida actual? ¿Cuál era el foco en lo lírico?
Ninguno, es un disco cero conceptual, no hay ningún concepto. Hay canciones que tienen un componente más social, hay canciones que hablan de mí, hay canciones que no hablan de mí, hay canciones que hablan del presente, hay canciones que hablan del pasado… yo no veo una temática que las una de ninguna manera. Digamos que el concepto en este álbum es la mirada al folclor; es un concepto musical, no lírico.
Apenas empecé a escuchar el disco, encontré que decías “descubrí tarde las cosas importantes”, en ‘Creer que se puede creer’. Tan pronto te oí cantando eso, me pregunté, ¿cuál es la más reciente de las cosas importantes que crees haber aprendido?
Estoy en proceso de intentar aprender algo que, de alguna manera, nos permiten las nuevas tecnologías y el momento en el que vivimos, y es el cómo acomodar tu forma de ser a la estructura de la industria musical en la actualidad. Creo que, actualmente, podemos proyectar nuestra música de una forma mucho más personal e individual que en el pasado.
Quiero decir, en el siglo XX teníamos un ABC de promoción, un ABC de exposición; qué es lo que teníamos que hacer para comunicar que habíamos sacado un disco, para establecer una conexión con nuestro público. A día de hoy, creo que las posibilidades son, si no infinitas, muy amplias. Nos han hecho creer que las redes sociales se tenían que manejar de una manera, ahora vemos que se pueden manejar de muchas, que no tenemos por qué estar expuestos todo el rato, que podemos estar expuestos si lo deseamos, que podemos unir nuestro nombre a una marca si queremos, o no, o podemos alejarnos de las sponsorizaciones, que podemos hacer giras largas o cortas, o no hacer giras, que podemos hacer residencias, que podemos viajar por todo el mundo.
Hay muchas opciones a día de hoy, eso nos lo ofrece un mundo nuevo que se está abriendo. Y el gran problema al que nos enfrentamos es el compararnos con los demás, el pensar, “Bueno, pues si Karol G ha hecho esto y le ha salido bien, pues a lo mejor lo debería hacer yo también”, y mi aprendizaje viene por ahí. El decir, “No, yo no quiero compararme con Karol G, ni con Robert Smith”, no me puedo comparar con ninguno, tengo que encontrar cuál es mi forma verdadera de expresarme, cuál es mi necesidad, dónde me encuentro a gusto, qué es lo que quiero hacer, qué es lo que no, y ser consecuente con ello; aceptar las consecuencias de lo que eso traiga.
Obviamente, hay cosas que te pueden hacer más popular, y digamos que cierto ostracismo te puede hacer mucho menos popular. ¿Dónde está tu lugar? Encontrar tu lugar es, para mí, el gran descubrimiento, el saber que existe un lugar para mí, y que ese lugar no necesariamente es compartido por los demás.

Esta gira en la que estás, de las Nuevas Mutaciones, ¿irá enmarcada en esto que defines como esta etapa latinoamericana, en términos del formato y del repertorio?
No, es una decisión que tomé recientemente en las dos últimas giras. Decidí que quería hacer cada gira de una manera muy concreta, con unos arreglos y una banda especiales para la ocasión, con un espectáculo especial, pero que no necesariamente fuera la gira de apoyo o presentación del disco. El disco que se las apañe él solo, que encuentre su lugar entre el público, y la gira tiene sus propias características.
Esta se llama Nuevas Mutaciones y, de alguna forma, tiene una conexión con el disco que hice para la MTV, que era Unplugged: El libro de las mutaciones, y con la gira que hice, que se llamaba Mutaciones. Esta gira es de las Nuevas Mutaciones, porque tenemos una banda electroacústica con metales, con violín, con instrumentos acústicos, y revisamos todo el cancionero. Hay canciones de este nuevo disco, canciones de la época latina, pero hay canciones de todas las etapas, con unos arreglos muy específicos para esta ocasión.
Ahora se siente un ambiente pesado en todo el mundo, es un mundo en guerra, una vez más, y todo el tiempo nos están recordando una amenaza de la inteligencia artificial, por ejemplo. Desde tu perspectiva, ¿qué lugar tiene la esperanza en todo esto? Hacer música para mantener viva la esperanza, hacerla para sobrellevar la resignación, ¿qué relación tiene, en este momento, para ti, la música con la esperanza?
Es que el arte es una tabla de salvación, ya no solo con respecto a lo que socialmente o políticamente puede ocurrir en el mundo, sino con respecto a nuestras vidas reales, la vida de tener que llamar al fontanero, o la vida de tener que pagar impuestos, y llevar el coche a arreglar y todo este tipo de cosas; digamos que, para mí, desde luego, el arte es un lugar en el que me encuentro siempre seguro y del que siempre extraigo aprendizajes y conexión con otras personas que han creado música libros, películas, cuadros que me llenan.
Entonces, creo que siempre he pensado que el arte es un servicio social, tiene una labor, digamos, que está por encima del entretenimiento, y por encima de la mera conexión y diversión que puedes extraer de “me voy a un concierto y me lo paso bien”. No, es algo mucho más profundo, más etéreo. Entonces, tú hablas de esperanza y a mí me parece una palabra maravillosa, pero creo que alcanza a más temas aparte del social, abarca también la parte cotidiana nuestra de nuestras relaciones humanas, nuestras desdichas familiares. Todo, de alguna forma, es un oasis de emoción y de seguridad, un lugar maravilloso donde vivir. Yo creo que, a mí, por lo menos, es el lugar que me salva de todo pensamiento apocalíptico.
















