Lollapalooza Argentina 2026: el cruce entre Paulo Londra y María Becerra y otros destacados del Día 2
Un festival es mucho más que una grilla de conciertos agrupados por horarios en distintos escenarios. Es, también, un reflejo de (parte) de la sociedad, de los nuevos usos y costumbres de la industria del entretenimiento, una oportunidad para que las marcas realicen un posicionamiento de sus productos frente a una audiencia determinada, un espacio de expresión artística y la lista podría seguir.
Históricamente, Lollapalooza se impuso como un espacio disruptivo frente a otros festivales, y una de las claves era la la diversidad de looks novedosos que se rastreaban entre el público. La audiencia entendía que era una oportunidad para mostrarse, un lugar para pelar estilos llamativos, novedosos, vanguardistas. Más de una década después, eso se mantiene. Nadie parece estar en el Lolla vestido con lo primero que encontró en el ropero. El outfit es un elemento fundamental, como si fuera parte de una tradición preparar los atuendos.
Las largas, larguísimas colas para hacer las “activaciones” que las marcas proponen en sus stands nos invitan a reflexionar en que hay una porción de esa audiencia cautiva que prefiere invertir una o dos horas de festival (lo que duran uno, dos o hasta tres sets musicales) para maquillarse con productos Natura o conseguir un vaso de plástico con una correa, como el que ofrecia Benetton en su stand.
“Activaciones” es la palabra clave, un término que la industria impuso para denominar todo eso que pasa en el festival, además de los looks y los conciertos. Así que, desde Rolling Stone, activamos diez momentos destacados de la segunda jornada del Lollapalooza Argentina 2026.
1. Invasión de abanicos
“¿Qué onda? ¿Toca Loco Mía?”, pensó el cronista que cruzó hace rato la barrera de los cuarenta. Se contuvo de hacer el comentario porque ni su hija adolescente, ni las amigas adolescentes de su hija, ni nadie entre el público centennnial hubiera entendido la referencia al grupo español de los 80 que hizo de su baile con abanicos una marca de fábrica. Y si bien el revival de ese accesorio empezó hace un par de veranos, este año fue, por lejos, el más destacado del festival. Algunos, distribuidos por Personal, en una de sus activaciones. Otros (¡muchos!) con los colores de la bandera del orgullo. Y muchos otros con diseños coloridos. Indispensables para combatir el calor y la humedad, y también, claro, para marcar tendencia.
2. Pappo x Marttein
Al final de su festejado set tempranero, Marttein descolocó a la audiencia con las voces de Nicolás Repetto y DJ Deró en su recordado paso por Sábado Bus a comienzos del nuevo milenio hablando sobre el arte de pinchar discos como la introducción a una potente versión electro-punk de “Sucio y desprolijo”, que el Carpo grabó con Pappo’s Blues en 1973.
3. Pinky Pony Club
Uno de los conciertos más esperados de la jornada del sábado era, claro, el de Chappell Roan. Por eso, otro de los objetos fetiche del festival fueron los sombreros de cowboy rosa que la cantante impuso desde la aparición de The Rise and Fall od a Midwest Princess, su álbum de 2023, que incluye el hit “Pink Pony Club”, himno fundacional de su fandom. Allí readapta la identidad rural del midwest norteamericano, su origen familiar, y su glamourosa indentidad queer.

4. El túnel
En un viejo pasadizo que unía las caballerizas con la pista del Hipódromo de San Isidro funciona El túnel, una instalación que combina audio, luz y video. Parece una fiesta clandestina, en la que suena techno industrial. Son las cuatro de la tarde, y esto podría ser “el after del after” (Cerati dixit) de la fiesta que empezó anoche: son unos doscientos los cuerpos que bailan un techno industrial en este espacio creado por el videoartista visual Pedro Blumenfeld, conocido por su alias Melon Manga. “En la parte de adelante hicimos un mural que emula un glitch de video analógico”, le cuenta a Rolling Stone. “También pusimos un par de flechas en la entrada que apuntan para todos lados y eso es una referencia a una serie de videoarte mía que se llama Señalética expandida. También en la entrada pusimos un pórtico, dos torres que tienen televisores PVM con glitches analógicos dándole la estética y adentro hicimos como una combinación de tres unidades. La primera es una TV Wall de televisores, son 23 televisores que están atrás del VJ. Hay televisores de tubo y arriba hay unas mangueras que forman unas venas con iluminadas por una tecnología que se llama Pixel LED. Y esas venas terminan juntándose con tres columnas de tubos. Yo pensé en las teles como el corazón de un sistema circulatorio de un cuerpo tecnohumano”.
5. Arte, arte, arte
“Nos vemos ahí, entre las dos esculturas inflables de Marta Minujín”. El arte, en el Lolla, funciona como ambientación pero también como puntos de encuentros, de referencia y, en algunos casos, de relax. Tras su paso por el festival en 2019, Marta Minujín vuelve a aportar su mirada lúdica con dos piezas inflables de grandes dimensiones: “Escultura de los sueños azules” y “Golosina Emocional”, que puede entenderse como una adaptación a sus icónicos colchones eróticos en technicolor con los que ganó el Premio Di Tella a mediados de los 60.
En el horizonte, para el lado de los escenarios Samsung y Alternative, asoma el moño dorado que parece coronar una torre de merengues, creada por Daniel Basso. Y un poco más a la derecha, el Pabellón WOO, diseñado por el estudio de arquitectura Adamo Faiden: una glorieta monumental, una burbuja extra large, construida a partir de grandes globos transparentes.
6. “La cigarra” y la senadora
“Me parece importante decir que estamos a 50 años del 24 de marzo de 1976”, dijo Ángela Torres durante su presentación. “Es una época que muchos de nosotros no vivimos, y por eso siento que es muy importante que en los próximos años y para siempre nos hagamos responsables de la memoria, la verdad y la justicia. Que nunca más vuelva a pasar lo que pasó”. Luego, se despachó con una conmovedora versión de “La cigarra”, el clásico de María Elena Walsh popularizado por Mercedes Sosa (también había hecho una buena versión de “Una luna de miel en la mano”, de Virus).
Casi al mismo tiempo, la senadora de La Libertad Avanza Patricia Bullrich, con una campera de jean celeste y rodeada de custodios, conseguía lo que había ido a buscar: una selfie con un grupo de jovencitas. “Qué quilombo lindo el Lolla”, tuiteó desde su cuenta de X la ex Ministra del Interior, a un año de la represión que ordenó y que casi le cuesta la vida al fotógrafo Pablo Grillo (otro quilombo, no tan lindo).

7. El nuevo Perry’s Stage
El Perry’s Stage ofreció un rediseño técnico de pantallas circulares y luces envolventes, apostando por un formato inmersivo y multisensorial. Una arquitectura sonora y visual de 360° que fue el escenario ideal para ver a Six Sex o Skrillex, quienes supieron explotar este nuevo lenguaje de “máxima cercanía”. Una isla de vanguardia tecnológica en medio del caos festivo, en parte por su nueva ubicación en el predio. ¿Otra isla? El Kidzapalooza, que este año estuvo montado de espaldas a la tribuna del Hipódromo.

8. Tu propio cielo
Tenías que acreditar ser mayor de 18 años para acceder al Corona Sunset, una instalación de diseño pendada para hacer una pausa en medio del vértigo del festival. Tomar una cerveza y experimentar un espacio de chill-out con espíritu playero y relajado, un refugio sensorial para la hora del crepúsculo. Una especie de pulmón, con un juego de visuales que a partir de una proyección con rayos laser, armaban un cielo propio. Entre esa calma, ahí estaban Andrés Ciro Martínez, con una campera de jeans con la lengua de los Rolling Stones estampada en la espalda, y su pareja, la bajista Luli Bass, relajando en medio de tanto bullicio.

9. Festi-feats
El sábado, el Lolla ofreció un par de cruces memorables. Por un lado, La Sole invitó a su set a Miranda!. Juliana Gattas y Ale Sergi, compañeros de la vocalista en su rol de jurados y coachs en La Voz Argentina, subieron a cantar el valsecito criollo “Que nadie sepa mi sufrir” (Cabral/Dizeo), que Edit Piaf había incorporado a su repertorio. También subió al escenario al ascendente folclorista formoseño Lázaro Caballero para cantar “Hoja en blanco”. Pero fue el cordobés Paulo Londra, en su regreso al Lolla desde su primera presentación de 2019, invitó a cantar a María Becerra. Juntos interpretaron “Ramen para dos”, en el que ella utilizó el alter ego “Shanina” y una versión compartida del clásico “Cuando te besé”. Y por si fuera poco, al final de la noche, Skrillex invitó a Bizarrap.
10. El terror fantasy de Chappell Roan
El debut de Chappell Roan en Argentina fue una ceremonia de terror fantasy que transformó el escenario Flow en un set de filmación ochentoso. La puesta, cargada de una estética camp y gótica, estuvo dominada por un cementerio de utilería neón y gárgolas que parecían sacadas de un videoclip perdido de Bonnie Tyler. Con un maquillaje de drag queen espectral, Chappell se movió entre lápidas de colores pasteles y proyecciones que homenajeaban al cine de clase B, logrando esa síntesis perfecta entre la nostalgia de los ochenta y el pop confesional. De lo más interesante, a nivel escenográfico, de la jornada.

















