Artistas que debes conocer: Francisco Victoria
Criado en Victoria, en la Región de La Araucanía, Chile, Francisco Victoria desarrolló un profundo arraigo musical desde muy temprana edad. Su madre y su abuela, ambas maestras de música, fueron su primera puerta de entrada a una amplia diversidad sonora, donde no existían barreras ni estructuras rígidas. Entre sus primeros referentes se encuentran Violeta Parra, Charly García, Placebo y Radiohead, entre muchos otros. Desde sus inicios, no se inclinó por un género en particular; por el contrario, fue esa riqueza y diversidad musical la que lo marcó profundamente desde la infancia.
“Tenía una mezcla muy curiosa desde que recuerdo. Me gustaba mucho la música andina, también lo alternativo, el rock, pop. Todo se mezcló en una licuadora. Me sigo encontrando y sorprendiendo todos los días con el alcance que tienen estas referencias. Yo no sé si uno sigue absorbiendo después de cierto tiempo, pero sí sigo visitando los lugares donde me siento cómodo”, comparte Francisco Victoria a ROLLING STONE en Español.
Posteriormente, su voz comenzó a destacar en el coro de la iglesia de su colegio. Esa experiencia marcó su primer acercamiento formal al mundo musical y, con el tiempo, se convirtió en un punto de inflexión que lo llevó a decidir dedicarse a la música de manera profesional. El amor, como un sentimiento poderoso y transformador, llegó a cambiar su mundo a los 14 años. Y si bien dicen que la música habla más que mil palabras, Francisco lo demostró con su arte. Empezó a desvelar sus sentimientos a través de sus primeras composiciones durante la adolescencia, lo que surgió como una necesidad. “Necesitaba hacer esas cosas. Cuando uno es tan chico, uno no piensa en hacer una carrera, solo necesitaba hacerlo. Tuve la suerte de arrojarme para llenar esa necesidad. Fue un impulso y la manera más adecuada para poder expresarme. Suena fácil, pero no es tan común hacer lo que uno necesita hacer”, dice. “Apenas terminé el colegió y dije: ‘Adiós’”.
A los 18 se mudó a Santiago de Chile para iniciar el camino de descubrirse con cada material musical que realizaba. Si bien fue una decisión compleja, la música siempre lo llamó, aún cuando trató de convencerse de lo contrario. La música es su principal motor: “Creo que lo más difícil es encontrar algo que te identifique. Con escuchar a David Bowie, yo cambiaba de personalidad con cada álbum que lanzaba. Me acomoda no comprometerme o no definirme completamente en cada paso que doy con respecto a mi identidad porque creo que es algo más líquido. Creo que por eso me dedico a producir y a escribir al mismo tiempo. También lo hago para otros artistas”.
“La música es lo único que me hace querer estar vivo”
Con su faceta de músico, cantante y productor, Francisco ha encontrado cierta libertad musical que le genera un autodescubrimiento para su trayectoria artística. Su año musical se divide en tres partes: producir para otros artistas, producir para su proyecto y hacer shows para su carrera. Asegura que este balance es una necesidad para estar en equilibrio, tanto física como mentalmente. Si bien se podría tomar como una ventaja musical, el chileno también se lo cuestiona como una desventaja. “No puedo estar todo el año hablando de mí, pensando en mí y haciendo cosas para mí”, dice. “Suena como una pesadilla. Yo creo que podría ser una ventaja para el proyecto porque me tiene con los pies en la Tierra y me quita mucha presión al no querer complir las expectativas de nadie, pero al mismo tiempo me hago otras preguntas”.
Para no perderse en sí mismo, Francisco comparte su talento al contribuir en los proyectos de otros artistas. Y si bien esto le permite expandir su visión artística, también lo libera de su mente. “Me siento cómodo en mi estudio trabajando, moviendo perillas y pensando. En este estado de productor me siento mejor. Tampoco me rindo fácil ante la comodidad, por eso digo que mantengo el equilibrio en el resto del año, sino sería un ermitaño en una caverna”, comparte entre risas. “Nada se compara a la euforia del en vivo. Es algo que me intimida, pero me parece muy interesante. Es una tensión constante entre esas tres partes que me parece adecuada”.

Francisco Victoria está en una constante búsqueda. Como un artista que no busca ser encasillado en un género o estilo, el camino de encontrar un sonido que capte su esencia y visión ha sido un proceso complejo, pues un ritmo monótono o repetitivo no encaja con su propósito artístico. “Sigo buscando. Definitivamente, no está dentro de mis intereses establecer un sonido y repetirlo en siete álbumes. Me aburre eso. Con cada álbum, me interesa decir lo que tenga que decir”, aclara. “Cuando uno cambia constantemente, uno empieza a ver qué se mantiene y qué lo define melódicamente, en producción, en temática y perspectivas. Creo que no se trata de hacer discos y lanzarlos, sino de descubrir qué quiero hacer con cada canción que hago. Cada proyecto es una piedra en esta construcción que eventualmente me gustaría desarmar de nuevo. No me interesa establecer una arista estética. Creo que estoy en el camino contrario”.
Sobre una de las partes más esenciales del proyecto, Francisco Victoria asegura que Violeta Parra es una mentora con respecto a la lírica. La artista chilena es una figura excepcional para el cantante, y sigue apareciendo en el imaginario poético que Victoria ha creado. “Creo que algo que me ha movido, y que me sigue moviendo aún con todos los cambios de estilo, es la influencia de Violeta Parra en mis letras”, dice con seguridad. “Me interesa mucho de qué manera uno puede tomar una emoción, momento o imagen para exponerla lo más posible. Creo que Violeta me ha enseñado a ser súper honesto para examinar cómo viene la información y la emoción”.
Si bien las experiencias personales suelen ser, en muchos casos, la principal fuente para construir un imaginario lírico, Victoria sostiene que la vida no es tan dramática como a menudo se la representa. La entiende más bien como una fotografía: cada persona puede elegir el lente desde el cual mirar y asumir las situaciones, y a partir de esa perspectiva, decidir cómo actuar y recorrer su propio camino. “Al final, no se trata de mí, sino de las canciones y de la poesía, de sentirse humanos. Quiero hacer obras que se conecten con el ser humano. Ahí, podremos empezar a ver a las demás personas y lo que de verdad importa en el mundo. Todo se pondrá en perspectiva”, reflexiona. “Es el arte de existir. Esto es lo que se queda con las personas. Las canciones no se tratan solo de los artistas”.

Desde su álbum debut, Prenda (2018), hasta la actualidad, Francisco Victoria ha atravesado una evolución artística caracterizada por una mayor calma y seguridad creativa. Aunque no se adscribe a un sonido o estilo estrictamente definido, el cantante afirma que hoy su propuesta se percibe más auténtica, conectada con las referencias que siempre han delineado su esencia sonora, sin filtros ni pretensiones. “Creo que mi estándar de autenticidad se ha alzado. Cada álbum que hago es menos pretencioso, menos claro en estilo y más experimental. Me parece que soy una persona muy distinta desde mi debut. Obviamente hay cosas que se mantienen y se acomodan, pero creo que ha sido un proceso complejo. Con el pasar del tiempo, me doy cuenta de que las cosas no son blanco y negro, sino más grises. Me interesa abordar los grises con claridad”, reflexiona.
Si aún no has escuchado la música de Francisco Victoria, acércate sin prejuicios y con la disposición de reconocer esos ecos emocionales que habitan en tu interior, incluso aquellos que no sabías que estaban ahí. El artista chileno ha construido una travesía sonora que invita a explorar y comprender la culpa, el deseo, la ansiedad, el amor y otros sentimientos profundos. Su obra traza una línea directa y honesta hacia la vulnerabilidad, proponiendo dejar el miedo en la puerta y permitirse sentir sin juicios ni cuestionamientos. Sonoramente, tienes una amplia gama de géneros y sonidos para escoger.
“Para mí, el mensaje de mi música es: ‘Mantengámonos humanos y sintiéndonos, siempre’”, finaliza.









