Artista que debes conocer: Siloé

El año 2016 fue clave para la consolidación de la escena urbana en España. Figuras como C. Tangana o Yung Beef comenzaban a sonar con cada vez más fuerza, no solo en las calles, sino también en las radios y en las plataformas digitales. En ese contexto, resultaba difícil imaginar proyectos que decidieran moverse por fuera de esa línea. Sin embargo, mientras todas las miradas estaban puestas en la explosión del reggaetón y el trap, se abrió un terreno fértil para que otros géneros crecieran desde un lugar más silencioso y orgánico, construyendo identidad lejos de la lógica del hit inmediato. Uno de los grupos que mejor supo aprovechar ese espacio fue Siloé.

Cortesía.

La banda nació en Valladolid cuando el vocalista y compositor Fito Robles conoció al guitarrista y productor Xavi Road. Tras regresar a España después de una beca en el Berklee College of Music, Fito tenía claro que quería iniciar un proyecto musical alejado de lo mainstream, y encontró en Xavi al compañero ideal. “Comenzamos haciendo música para otros artistas e incluso para películas”, cuenta Road. “Creo que lo que nos motivó a empezar fue la inquietud de hacer algo con un sonido que nadie nos dejaba explorar, algo que quizá no encajaba con otros cantantes, pero que nosotros sentíamos como propio. Fue una apuesta por hacer algo en lo que creíamos de verdad, algo personal, algo nuestro”.

Durante sus primeros años, Siloé funcionó como dúo y fue así que publicaron sus primeros trabajos. Su camino comenzó con La Verdad (2016), su álbum debut, seguido por La Luz (2018) y Metrópolis (2020). Este último disco fue reeditado en 2021 como Metrópolis 2.0, una versión ampliada que incluyó colaboraciones de artistas como Miss Caffeina, Belén Aguilera, Varry Brava, Dani Fernández y Delaporte, entre otros. 

Finalmente, en 2022 llegó la incorporación del baterista Jaco Betanzos, un movimiento que supuso un punto de inflexión en el sonido del grupo. “La propia incorporación de Jaco, para mí, es una evolución de nuestro sonido”, explica Fito. “Los dos —o incluso los tres— primeros álbumes estaban basados en un tipo de batería muy concreto, y creemos que incorporar a Jaco funciona casi como un arma identitaria de la banda en el sentido en que tiene una forma de tocar muy americana, con un sonido grande y potente” detalla el vocalista.

Jaco se sumó al proyecto gracias a Xavi, que a raíz de un amigo en común pudo conocer el trabajo del baterista, sobre todo a través de los vídeos que subía a su canal de YouTube y a sus redes sociales. “Jimmy (el amigo) me pasó un clip de Jaco haciendo un cover de ‘Welcome to the Jungle’ de Guns N’ Roses y me encantó la energía y la identidad que transmitía. Tuve muy claro que lo quería en la banda”, recuerda el guitarrista.

Ya con la banda consolidada como trío, Siloé publicó Santa Trinidad, un álbum que funciona como síntesis de sus trabajos anteriores y el comienzo de una nueva etapa. El disco recoge aprendizajes de sus distintas eras y los ordena en un sonido más contundente, donde la batería gana un peso central y las canciones apuestan por un tono más introspectivo y pausado, aunque con sus momentos de frenetismo. Entre el folk, el rock alternativo y el pop, el álbum explora temas como las raíces, la fe, el paso del tiempo y la identidad, conectando de forma directa con el público y confirmándose, para la propia banda, como “el disco de sus vidas”. El trabajo es un reflejo directo de la forma en que los músicos entienden la música y también como una toma de posición frente a la inmediatez que domina la industria actual. 

Para la agrupación, apostar por discos que se construyen desde la introspección y el tiempo —y no desde la urgencia del hit— ha implicado asumir riesgos concretos. Fito reconoce que el principal desafío ha sido económico, al sostener un proyecto que es, ante todo, una forma de vida para muchas personas. A eso se suma la necesidad constante de defender una identidad propia, incluso cuando llegan voces externas para suavizar el sonido, reducir la intensidad o ajustarse a fórmulas que ya demostraron funcionar. “Cuanto más grande te vas haciendo, con más fuerza tienes que proteger lo que tú eres”, explica. Desde la producción, Xavi amplía esa idea al hablar de un equilibrio permanente entre lo inmutable y lo que puede transformarse: experimentar sin miedo, intercambiar roles entre instrumentos y priorizar siempre lo que la canción necesita. Una manera de crear que rehúye la repetición y que entiende la evolución no como una estrategia para agradar más al mercado, sino como una búsqueda honesta.

Esta nueva etapa también ha servido para reafirmar una forma de crear fuera de lo común. Lejos de un método rígido, su proceso de composición funciona como un espacio abierto donde las canciones pueden nacer de múltiples lugares: una letra, una melodía, una progresión de acordes o incluso una sola frase. 

Xavi explica que muchas veces todo parte de un embrión que trae Fito, ya sea una letra, una melodía o una estructura básica. “De alguna manera es como diseñar una casa: decidir si va a ser más minimalista o más barroca, si tendrá más o menos colores”, explica. No es extraño que una misma idea pase por distintas versiones explorando el folk, rock, pop o incluso sonidos más sinfónicos antes de encontrar su forma definitiva. Ese trabajo de prueba y error, especialmente presente en los temas más recientes, les ha permitido construir un repertorio versátil, capaz de moverse entre lo íntimo y lo épico sin perder identidad.

Esa dualidad se refleja con claridad en los dos sencillos con los que abrieron el año. ‘Quédate esta noche’ llegó como una canción luminosa, marcada por la energía y la idea de las decisiones valientes que muchas veces no nos atrevemos a tomar. Para la banda, no fue casualidad publicarla en enero: “Este primer mes del año no es el más feliz ni el más positivo, y muchas veces la música nos ayuda a entender que en nuestra vida también podemos tomar otras decisiones”, explica Fito.

Poco después apareció ‘Amor infinito’, un tema que baja el pulso y propone una conversación más pausada, sin renunciar del todo a la intensidad del rock. Fito lo resume como un juego de contrastes necesario en el que no todo puede ser velocidad y volumen, sino que también debe haber espacio para el silencio, la calma y la emoción contenida. En el fondo, esa alternancia es parte de lo que define al grupo y de cómo entienden la comunicación con quien escucha.

Con el paso de los años, Siloé ha aprendido a pensar su música sin encasillarse en un público específico. Más que apelar a una tribu urbana, prefieren confiar en las canciones y en la capacidad de la gente para reconocer cosas buenas, vengan de donde vengan. Esa idea se materializa especialmente en los shows, donde el encuentro con el público termina de completar el sentido de cada tema. 

Tras una gira extensa y exigente en España, la banda se prepara ahora para reencontrarse con su audiencia —y descubrir nuevas— en Latinoamérica. Sin grandes expectativas prefabricadas, pero con la intención clara de compartir historias y emociones, Siloé cierra este capítulo mirando hacia adelante: nuevas canciones, un próximo álbum en el horizonte y la convicción de que el verdadero viaje sigue siendo el que se construye canción a canción y persona a persona sobre el escenario.

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